A propósito de la ineficiencia

Desde el mismo momento de su aparición en la Tierra, hace 35.000 años, el ser humano (Homo sapiens) ha tenido que proporcionarse los bienes para la satisfacción de sus necesidades básicas mediante el esfuerzo conocido como “trabajo”. Esta actividad ha debido ejercerla utilizando siempre directa o indirectamente los servicios otorgados por la madre naturaleza (principal proveedor de los recursos para la producción material realizada por el humano) y estableciendo relaciones específicas con sus semejantes en tal acto, atendiendo a su condición de ser eminentemente social. De la primera interacción, surgen y se desarrollan las Ciencias Naturales; de la segunda, las Ciencias Sociales. Asimismo, la primera interacción origina los conceptos de eficiencia, productividad, efectividad y eficacia; mientras la segunda da origen a los referidos a la ética, la moral y la estética. Además, en ambas interacciones, como un todo abarcante, el de calidad.
Cada una de tales expresiones conceptuales se interrelacionan y deben ser tomadas en consideración para no caer en comportamientos extremos al momento de realizarlas, por cuanto éstos siempre derivan en resultados catastróficos.

El criterio de eficiencia puede ser utilizado en dos acepciones: o bien para indicar el nivel de uso de los recursos o bien para dar cuenta del grado de cumplimiento de actividades mediante la utilización de recursos. En la primera acepción, se usa como la relación entre la cantidad de recursos utilizados y la cantidad de recursos programados; en la segunda, como el grado de aprovechamiento de los recursos utilizados transformándolos en productos. Como se observa, cada una de las referidas acepciones se relaciona con uno de los aspectos involucrados en la definición de productividad. La Productividad, según la definición simplificada del profesor Kasukiyo Kurosawa, consiste en el aprovechamiento productivo de la naturaleza para reproducir y mejorar la raza humana. La Productividad evalúa la capacidad del sistema productivo para elaborar los productos requeridos (eficacia) y a la vez, el grado de aprovechamiento de los recursos involucrados (eficiencia). Es decir, se debe producir el producto valorado por el cliente/usuario y hacerlo con el mejor consumo de recursos.

La efectividad se concibe como la relación entre los resultados logrados y los resultados propuestos e indica el grado de logro de los objetivos trazados. Por otro lado, la Calidad (al igual que la ética) representa un dique de contención ante “formas perversas” de incrementar la Productividad. También se demuestra matemáticamente que la Calidad y la Productividad representan, cada una alternativamente, las dos caras de una misma moneda y que el incremento de la productividad constituye la única actividad que puede cortar el circuito inflacionario ascendente. La Calidad puede a su vez coincidir en algunos aspectos con la ética, la moral y la estética. Por tanto, es el aspecto más abarcante de todos los anteriormente expuestos y, por consiguiente, el de mayor impacto integral en el mejoramiento de las organizaciones.

Todo lo anterior, como fundamento para prevenir, ahora que nos aprestamos a trabajar por el logro de mayores niveles de eficiencia (dada nuestra forma alegre y facilista de ver las cosas) sobre la posibilidad existente de caer en el llamado eficientismo obtenido por el exagerado énfasis en la administración de los recursos a costa de, por ejemplo, el cumplimiento de los objetivos, o de los resultados de la Calidad y la Productividad.

Cuando el énfasis recae sobre la efectividad, entonces se llega al efectivismo; en donde lo importante es el resultado sin importar a qué costo pueda lograrse el mismo. Pero además, sin la presencia de la moral, la ética y aún de la estética, tales actividades se alejarían cada vez más de su condición humana.

Todos estos conceptos deben ser cuidadosa e integralmente manejados para su implantación adecuada, tomando en consideración que la Calidad y la Productividad, por una parte, y la ética y la moral, por otra, constituyen el pivote para el logro de un sistema altamente eficiente y, sobre todo, eminentemente humano.

La gran ignorancia existente con respecto a lo anteriormente planteado ha hecho que muchos esfuerzos realizados, grandes recursos invertidos y no pocos deseos sinceros, se hayan desvanecidos al tratar de establecer un sistema adecuado, en nuestras empresas y organizaciones, en el cual los conceptos anteriores puedan convertirse en direccionadores del quehacer gerencial. El estado de tales organizaciones, en las cuales la burocracia exagerada es el pan de cada día, es la demostración más fehaciente de la necesidad de abordar esta nueva etapa con sumo cuidado y mucha sindéresis.

Soy, como cualquier ciudadano común, víctima de la gran abulia burocrática existente en nuestras oficinas públicas: He escrito en las últimas semanas, cada vez un mensaje al mppeu a fin de indagar sobre el estado de mi historia laboral para el pago de los intereses sobre mis prestaciones sociales y ni siquiera por educación han tenido la cortesía de contestarme. Del mismo modo, llevo registrado mucho tiempo en la Gran Misión En Amor Mayor y no he podido hacer aún efectiva mi pensión. Sé que como yo, otros muchos ciudadanos viven la misma degradante situación, sin tener forma de expresarse al especto.

La necesidad imperiosa de incrementar los niveles de calidad de servicio en nuestras instituciones públicas, ha sido acogida por el Presidente Chávez quien está exigiendo mucha más eficiencia a sus inmediatos colaboradores.

Sin embargo, tal exigencia amerita un plan de capacitación a la Alta Gerencia sobre los diferentes intrínguilis de tal concepto. Así por ejemplo, el eficientismo produce más daño que los bajos niveles de eficiencia, al reducir la cantidad de insumos atentando contra la calidad del producto. Ambos, sin embargo, son efectos de un comportamiento reactivo; comportamiento excesivamente frecuente en nuestra gerencia, tanto la de la oposición, como la del gobierno. La primera, esgrimiendo ese exagerado orgullo que le hace pensar que “lo sabe todo” y no necesita de nadie, y la segunda, copiando exactamente lo que no debiera de la primera. El Presidente ha llamado nuevamente la atención sobre la necesidad de profundizar en la conformación del poder comunal.

Ciertamente, desde ese sitial, será muchísimo más fácil introducir comportamientos cónsonos con la eficiencia, la calidad de servicio, la productividad, la efectividad, la eficacia, la ética, la moral y la estética; comportamientos entrelazados con todas y cada una de ellas. Esperemos que así sea para beneficio de la Patria.


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