Sistematizando los saberes sociopolíticos

Hacia una praxis emancipadora del pueblo contralor

Desde que se aprobó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999 la cual definía nuestro Estado democrático participativo, en oposición a la constitución de 1961 que apostaba por la democracia representativa, se dio inicio a un proceso que ha exigido nuevos aprendizajes a partir de la propia realidad. Esta tarea y compromiso ha hecho que ciudadanos, grupos, comunidades y colectivos se incorporaran en diversos ámbitos de la vida pública (social, política, económica, cultural, educativa, etc.) lo que ha significado el encuentro de saberes y prácticas que de modo dialéctico, antagónico y contradictorio se producen para reproducirse o recrearse, para reconstruirse o destruirse.

Estos saberes populares y prácticas sociales no sólo van a incidir en la visión de la realidad sino en la construcción efectiva de la misma. Van a formar parte de los diálogos cotidianos de los ciudadanos, además de la conformación de identidades personales y sociales pues se constituyen en generadores de tomas de posicionamiento y producen los significados que la gente necesita para comprender, actuar y orientase en su vida cotidiana. Generalmente estos integran las novedades del pensamiento y acción social.

Estos productos socioculturales van acompañados de utopías e imaginarios contenidos en diversas visiones paradigmáticas (religiosas, filosóficas, políticas, económicas) que determinan las condiciones bajo las cuales la sociedad se percibe y asume algo como problema o carencia, y al mismo tiempo alberga la capacidad de encontrarles una solución. La utopía y los imaginarios juegan en la vida de una sociedad como pilar sobre el que se apoyan tanto la identidad que la constituye como los fines que la orientan.

La utopía, tomada más desde la perspectiva de la forma que del contenido, se revela como una manifestación de lo imaginario. A través de esta, el hombre se recrea en el pasado o edifica un futuro renegado de su realidad cotidiana. Comprende la utopía como una apertura siempre inacabada de posibilidades de realidad alternativas a la institucionalizada socialmente, y que se desencadenan como resultado de la insatisfacción que esta provoca. Tras cualquier tipo de proyecto revolucionario late siempre el germen de la utopía como medio de trascendencia de lo real y apertura a lo posible, lo que ofrece una resistencia a todo intento de imposición de la evidencia presente bajo el pretexto de única posible realidad.

Lo imaginario es lo que dota de fuerza a la utopía. Desde lo imaginario, se consigue movilizar la potencia social, cuestionando el orden social establecido. Ocurre así en todos los movimientos de transformación social, los cuales se enraízan en un imaginario que dinamiza la capacidad de movilización de la sociedad. Mientras la utopía trasciende lo real el carácter eternizador de la ideología contribuye a inmovilizar la realidad social.

Con este binomio utopía e imaginario no se puede comprender una praxis emancipatoria desde la Contraloría Social debido a que comporta esta acción no solo en una acción contralora en sí misma, sino porque deviene la necesidad de algo que inspire y permita transformar aquello que no responde a las necesidades, intereses y expectativas de un pueblo, y que más bien resultan un obstáculo.

Desde nuestra venezolanidad vamos a encontrar diversas miradas que van a troncarse y todas permiten favorecer una visión y utopía que sustente una praxis emancipatoria de la Contraloría Social cuyo fin último consiste en construir una nueva ciudadanía y nuevas instituciones.

Como se trata de visibilizar los argumentos del pueblo que son tan válidos como los de los líderes del proceso bolivariano. Solo que los primeros deben constituirse en nuestro punto de partida: expresiones sencillas pero profundas están en el sentipensamiento del pueblo como: “Buscar mejoras”, “colaborar para el buen vivir”, “contribuir en el desarrollo y al bien común”, “contribuir al ejercicio pleno de las facultades humanas”, “buscar la calidad de vida de toda la comunidad”, “dar lo mejor con el concurso de todos”, “por un cambio positivo”, “para que vivamos mejor”, “transformar la realidad para el bienestar y beneficio de todos”, “mejor vivir”, “para superarnos y construir la identidad colectivamente”. Si estas expresiones resultaran simples para muchos que hablan desde los discurso ideológicos sobre el “poder popular”, o “el socialismo”, etc. es que aún no han entendido que la fuerza no están en las palabras en si misma sino en el valor que un pueblo le da y que generalmente no usan argumentos de otras latitudes, pues el sistema siempre oferta una mirada que puede resultar para ellos “enajenante” si no es fruto de un proceso de concienciación política que permita la discusión profunda desde el sentipensar venezolano. Así también encontramos otra tendencia también legítima como la de un pueblo que se suscribe en cambios paradigmáticos, propuestas desde el liderazgo del Presidente Hugo Chávez Frías como ha sido la propuesta del Socialismo del XXI, no obstante, la novedad es que el ideal bolivariano y la felicidad suprema hecho revolución resultan un potencial utópico en el pueblo y que bien es asumido bajo otras miras como el Socialismo humanista, la democracia socialista, el hombre nuevo; la Revolución moral de las conciencias y de las instituciones, el Poder Popular, la Revolución moral de las conciencias y de las instituciones, el desarrollo endógeno y la Patria libre e independiente.

Este punto de partida debe ser un elemento central en la reconstrucción de “Nuestra utopía” que exige la actuación contralora. Buscar integrar y cohesionar para una praxis emancipadora y transformadora, evitando así la desarticulación y fragmentación a la que hemos sido víctimas en la historia.

A esta reconstrucción debe ir respaldada de la memoria histórica preexistente desde nuestros originarios, la del proceso de invasión y colonización española y la resistencia ofrecida por los grupos étnicos indígenas y negros, así como también las etapas de la emancipación, independencia, republicanismo, liberalismo, dictadura, democracia y neoliberalismo en los últimos 200 años que nos permite visualizar nuestras capacidades libertarias y humanistas pero también el reconocimiento de un orden cultural subyacente que fracturan y bloquean nuestro ser y quehacer y al cual debemos concienciar los saberes y las prácticas emancipatorias y transformadoras a modo de actúan como fuerza para subvertir de modo colectivo los saberes y las prácticas hegemónicas y de sujeción.

Este paso es esencial para reivindicar los poderes originarios del bravo pueblo de Bolívar que lo impulsa a un “verdadero empoderamiento popular, ya que es el pueblo común, el vulgo general, educado o no, profesional o no, instruido o no, quien, sencillamente, dirá si un servicio funciona o no, si un servicio es legal o no, si un servicio es necesario o no, al final, será como un sistema de auto reparación del mismo sistema social superior, ya que cuando esté presente leves o grandes anomalías, serán los usufructuantes de esta sociedad. Además de usar “los iniciales mecanismos de alarma, de alerta temprana, que permita a los organismos competentes, en unión siempre con el pueblo, el poder subsanar los problemas, tanto vitales como los comunes del día a día, dentro de la sociedad, que en resumen harían de “La Contraloría Social el instrumento legal fundamental para el funcionamiento de una sociedad realmente social y humanista”.

El aspecto cultural que favorece la práctica de la Contraloría Social es la necesidad de lograr la refundación de la República, la cual es efectiva con la participación protagónica del pueblo. Es decir, los cambios se harán efectivos con la actuación de los ciudadanos y las ciudadanas y que ahora tienen el derecho de ejercer control sobre las políticas públicas. Para promover la refundación de la República, seria esencial profundizar el pensamiento de Bolívar, la construcción de una cultura política cónsono a los tiempos y bajo el eje identitario de la venezolanidad. Todos los aspectos inscritos en la cosmogonía de nuestro originarios, deben ser rescatados, para aplicarlos a nuestra cosmogonía actual, ya que de esa manera nuestro sentido de pertenencia a nuestra Pachamama y nuestro Abya Yala, será verdaderamente autóctono, porque no hay nada más extraño a nuestros orígenes ancestrales, que la cosmogonía en la cual nos han sumido los conquistadores, que de paso son las aberraciones que debemos erradicar, de nuestras costumbres para poder ejercer un control más efectivo para nuestro vivir. Para promoverlo se propone educar, educar y educar.

En una investigación basada en 400 artículos de Aporrea encontramos el significado que tiene la Contraloría Social para nuestro pueblo.

1. Es una manifestación del poder popular que persigue la transformación moral de la sociedad.

2. Es simple y llanamente una herramienta de revisión y supervisión tanto de la función pública, como de la función privada de servicios a la comunidad. La razón para llevarnos a ejercerla se fundamenta en obtener los resultados para los cuales fueron creadas estas políticas públicas y de servicios.

3. Es un deber y un derecho constitucional, que consiste en una corresponsabilidad entre las instancias del Poder Público y los ciudadanos y ciudadanas que se encuentren organizados o no en instancias de Poder Popular, con el fin de garantizar que la inversión pública se realice de manera transparente y eficiente en beneficio de los intereses sociales de una colectividad.

4. Es el elemento clave para impedir la desviación de los objetivos del proceso de transformaciones y su razón de ejercer la Contraloría Social es evitar todos los tipos de corrupciones que existen y los beneficios individuales con recursos públicos que deben estar destinados a intereses sociales.

5. Es el ejercicio de vigilar y acompañar las actuaciones económicas, administrativas, jurídicas y operativas de las instituciones públicas del Estado y del Gobierno, por parte de la ciudadanía individual o en colectivos organizados comunitarios u organizaciones sociales en general para garantizar el cumplimiento de los objetivos institucionales y sociales, la reducción de la corrupción y el evitar el entorpecimiento burocrático de planes y proyectos.

6. Es la forma de participación activa que puede enarbolar la ciudadanía, el pueblo en conjunto a los efectos de evaluar, controlar, y sancionar en los casos que así lo requieran el uso adecuado o inadecuado de los recursos públicos, de la gestión pública y del ejercicio de la función pública, a la vez de garantizar el uso racional, económico, transparente, eficiente y eficaz de dichos recursos por parte de los administradores, per a la vez debe tornarse en un nivel decisorio, deliberante, por supuesto hay que dotar a la ciudadanía en pleno de los conocimientos que garanticen que esta función no se convierta en una peña de desacreditación, vilipendios o falsos testimonios y chismes.

7. Es una especie de instrumento de control, que debe ser ejercida por el ciudadano común en solitario o en conjuntos, como ejemplo, consejos comunales, comunidades, comunas, etc. Que, aunque hoy parezca, – la C.S - una entidad sin fuerza y sin poder, tenemos que convertirla mediante la ley orgánica en un arma contundente para defender, no solo la inversión del estado, sino proteger a todo el país, en conjunto. Todo lo relacionado con el estado es competencia del pueblo (potentia), en su condición de soberano y autentico dueño del poder.

8. En la práctica nos permite tener puntos de prueba y/o corrección del ejercicio de gobierno de nuestro país, y que establece una especie de señalizador donde se pueda monitorear el avance de la gestión de gobierno en todos sus aspectos y actuar en consecuencia para promover correctivos donde fuese necesario. Debe motivarnos a ejercer la Contraloría Social el deber y el derecho de ejercer el poder, que como pueblo nos confiere la constitución nacional en el articulado y el concepto político de poder; que radica en el pueblo (potentia) y que es ejercido por las personas delegadas para ejercer ese poder (potestas). Todo ello para hacer palabra buena el precepto de gobernar obedeciendo.

9. La Contraloría Social es el derecho que otorga el estamento jurídico establecido en una sociedad determinada a las personas de esta sociedad para que las mismas participen en la vigilancia, seguimiento y control de la gestión pública. En la República Bolivariana de Venezuela este derecho está consagrado en la Carta Magna, el espíritu de nuestra Constitución plasmado en los Principios Fundamentales, artículos del 1 al 9 y muy explícitamente el artículo 2 que expresa “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. Además en el Artículo 62. “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica”. También los artículos del 130 al 135 correspondientes a nuestros deberes, cada venezolano y/o venezolana tiene el deber de ser contralor del respeto y cumplimiento de estos deberes. El artículo 139. “El ejercicio del Poder Público acarrea responsabilidad individual por abuso o desviación de poder o por violación de esta Constitución o de la ley”. Así mismo el artículo 143. Es importante resaltar que todo el articulado de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela faculta la Contraloría Social, por lo tanto es un derecho y a la vez un deber de todos los venezolanos y todas las venezolanas ejercerla, por lo que la Ley Orgánica de Contraloría Social fortalecerá aún más el Poder Popular.

10. La Contraloría Social a través de información y conocimiento de causa realiza un conjunto de acciones voluntarias para ejercer el control, la vigilancia, la supervisión y la evaluación para contribuir con la gestión gubernamental, dado que busca la democratización de los servicios, el manejo de los recursos en beneficio de la colectividad, la capacidad de respuesta y pretende evitar que los recursos sean utilizados por intereses particulares de algún grupo.
La densidad y profundidad del pensamiento de nuestro pueblo representado en estas voces y miradas conmina a la gestión pública bajo el mandato constitucional de la democracia participativa a considerar su sentipensar en el momento de construir leyes, políticas y planes y donde el pueblo es el protagonista y el Estado gobierna obedeciendo.

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