Sí los cooperativistas se organizaran y expresaran: ¿cuál sería el escenario?

La vieja SUNACOOP: un organismo colapsado

Ya hace tiempo que Sunacoop pasa a ser otra Dirección del Ministerio de las Comunas, pero también hace tiempo que es evidente su disminución operativa y falta de capacidad para promover un cooperativismo más vinculado al socialismo.  Perdió su rol orientador y sigue rebasada peligrosamente por un sector de trabajadores tercerizados que necesitan algo más que un trámite de registro o una certificación de cumplimiento.

Su estructura funcional está tutelada por jefes que tienen más tiempo en sus cargos que los cuatro últimos Superintendentes, lamentablemente reacios a toda ética socialista y carentes de capacidad política para proponer una misión que trascienda la rutina burocrática, al tiempo que se acumulan los problemas y el cooperativismo se desprestigia cada vez más.

No se trata de remozar las mismas y fracasadas estrategias de gestión con discursitos y tecnicismos contables para envolver a cada superintendente que llega, tampoco de cambiar de la noche a la mañana trámites y procedimientos. Se trata más bien de asumir con prontitud una Institución que tiene posibilidades orgánicas para apoyar el desarrollo nacional y no para tramitar la inscripción de cualquier cooperativa, o lo que es peor; permitir que empresas mercantiles se escondan en la figura del cooperativismo.   

Se necesita compromiso revolucionario para promover un cambio de mayor alcance Institucional. Por tanto, ahora cuando más se plantea la necesidad de profundizar la democracia revolucionaria y cambiar la cultura capitalista a través de un aprendizaje ideológico más profundo, no se puede pensar que el registro muchas cooperativas solape todo el espectro de organizaciones socioproductivas para demostrar eficiencia. Sólo los recitadores de discursos pueden justificar como misión institucional un número estadístico para competir con otro ente. Esa no puede ser la línea, se trata de transformar por completo el cooperativismo en Venezuela para darle cabida en el ámbito del sistema industrial y el agro-productivo. Pero pareciera que hay una lucha de intereses que sobrepasa a la institución y pospone un nuevo marco legal para mantener el cooperativismo opuesto al socialismo.

El cooperativismo no puede quedar simplemente como un gazapo en la Constitución, aunque seamos conscientes de que no es la vía directa al socialismo y que plantea un campo concreto de contradicciones e intereses propios de toda forma capitalista; bien acompañado y fiscalizado puede fortalecer adecuadamente el proceso productivo nacional, alejándolo de ser absorbido por las redes del capitalismo.

Lamentablemente, desde años se han venido promoviendo empresas cooperativas que prefieren una Institución que no fiscalice, que sólo agilice trámites de certificación, dejando los principios y valores a la retórica. Nadie se atreve a parar esto porque es funcional a intereses particulares, pero facilita la corrupción y consolida estructuras anti revolucionarias que tarde o temprano enfrentarán la rabia de un pueblo que se sintió manipulado. Cuál sería el escenario sí los miles de cooperativistas que trabajan para el estado se organizan y decidieran presionar porque no les pagan o porque los términos de su contratación los fijan los gerentes; qué pasaría sí los miles cooperativistas que no consiguen trabajo decidieran agruparse en una instancia mayor para protestar porque después que los obligaron a constituirse en cooperativa, ninguna empresa del Estado los contrata.

Por eso cuestionamos la alegre conformación de más cooperativas para salir del paso, como también cuestionamos que los trabajadores agrupados en las que existen sigan siendo explotados, todo porque que el ente encargado no tiene capacidad para insertarlos al modelo socialista. Entonces, es urgente el re-direccionamiento de la vieja Sunacoop, porque sigue amarrada a una visión capitalista y tecnocrática.

Para lo anterior, la vía más aconsejable es la reforma de la Ley especial de Asociaciones Cooperativas, pero con cambios de fondo y no de forma, pues no se trata sólo de mejorar procedimientos para agilizar trámites para más de lo mismo, se trata de un cambio verdaderamente revolucionario. Es impostergable un debate al respecto.


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