Nueva York, 5 de junio. En lo que se considera como la peor crisis
reciente en el periodismo estadunidense, el New York Times anunció este
jueves la renuncia de su director ejecutivo, Howell Raines -quien tomó el mando
del rotativo desde septiembre del 2001, mes de los fatídicos atentados contra
las Torres Gemelas-, y de Gerald Boyd, director gerente, como secuela del
escándalo por fraude, plagio e inexactitudes del ex reportero Jayson Blair,
quien fue despedido el primero de mayo.
Las renuncias de Raines y de Boyd se suman a la dimisión del corresponsal del
diario en Nueva Orléans, Rick Bragg, quien ganó el Premio Pulitzer, máximo
galardón del periodismo estadunidense. Bragg dimitió en medio de acusaciones por
falta de ética en su trabajo periodístico. El propio Howell Raines obtuvo el
Premio Pulitzer en 1992 y cuenta en la actualidad con 60 años.
El diario se vio envuelto en otro escándalo a comienzos de esta semana: el
Departamento de Justicia de Estados Unidos lo acusó de citar en forma errónea a
un alto funcionario de esa dependencia en un artículo sobre la lucha contra el
terrorismo.
''Este es un día que me rompe el corazón'', declaró el propietario del
rotativo, Arthur Sulzberger Jr. Subrayó que esas renuncias ''son lo mejor para
el Times'' y anunció que Joseph Lelyveld, un ex director ejecutivo del
diario, asumirá el cargo de director ejecutivo interino y el cargo de director
gerente quedará vacante.
Sulzberger Jr. está al frente de un periódico que cuenta con 152 años de
historia, que se caracterizó durante muchos años por su alto nivel crítico, que
compitió permanentemente con el Washington Post por exclusivas políticas
y los escándalos más importantes en la historia de Estados Unidos, y que
presumía internacionalmente su código de ética.
Sin embargo, desde el comienzo de la ''guerra contra el terrorismo'' el
Times se ha vuelto más consecuente con las posiciones gubernamentales, ha
obviado reportajes de fondo sobre las consecuencias de la invasión a Irak y,
como se vio en el caso de Blair, bajó la guardia al cometer serios problemas
éticos frente a sus lectores.
Los dos directivos que hoy renunciaron fueron acusados de pasar por alto los
errores de Blair y las advertencias sobre la calidad de su trabajo que hicieron
otros editores. Entre algunos de esos ''errores'' se incluía el plagio de
información publicada en otros periódicos, fabricar declaraciones de personajes
que nunca entrevistó, escribir del francotirador de Washington cuando estaba en
Nueva York.
Para los más acérrimos críticos y observadores, los errores de Blair no
fueron producto de un fraude individual sino del creciente descuido y de la
falta de ética que se ha registrado en el New York Times, considerado el
periódico más influyente de Estados Unidos y uno de los tres de mayor
circulación. Además, el escándalo ocurre en medio de un creciente alineamiento
del rotativo a los criterios de autocensura y de censura ordenados por el
gobierno de George W. Bush, que han afectado a todos los grandes medios
estadunidenses.
Según una encuesta difundida por la agencia británica Reuters, sólo 36 por
ciento de los estadunidenses confía en los periodistas, comparado con el nivel
de credibilidad y confianza de 54 por ciento que existía en 1989.
En comentarios realizados a la cadena televisiva CNN, Blair lamentó que
''haya caído más gente en esta secuencia de hechos que desencadené. Hubiera
deseado que no hubieran rodado más cabezas que la mía''.
Las invenciones de Blair
Los fallos de Jayson Blair fueron detectados por otros editores, pero los
directivos que lo protegieron y ascendieron no los tomaron en cuenta. En abril
del 2002, Jonathan Landman, editor del diario, envió por correo electrónico un
mensaje a los administradores de redacción: ''Tenemos que evitar que Jayson
escriba para el Times. Ahora".
En los últimos días de octubre dos importantes redactores en jefe del
periódico creyeron que Blair había cambiado su vida después de problemas
personales y lo enviaron a la sección nacional, que necesitaba redactores, donde
le pidieron que ayudara en la cobertura informativa del francotirador que
aterrorizó Washington.
Pero al final del mes, algunos reporteros del mismo periódico empezaron a
desconfiar de sus informaciones. Para noviembre, la investigación había
encontrado que fabricaba citas y escenas. En marzo de 2003 mentía en sus
despachos informativos y en mayo, después de encontrar "inexactitudes" en 36 de
sus 73 artículos, Blair fue despedido del periódico.
La técnica de Blair consistió, en muchos casos, en elegir el material de
otros periódicos y agencias de noticias para tomarlas como suyos. Seleccionó
detalles de fotografías para crear la impresión de que había estado en el lugar
o que lo había visto, cuando en realidad nunca se presentó.
"Usó estas técnicas para hacer una falsa escritura cargada de momentos
emotivos de la historia reciente, desde el francotirador de Washington hasta el
drama de las familias afligidas que soportaban la muerte de un ser querido en
Irak", explicó el diario cuando anunció su renuncia.
The New York Times publicó la noticia de su propio "fraude" a
principios de mayo. "Un reportero -comentaba la nota de ese día- cometió
frecuentes engaños en importantes coberturas de noticias en los meses recientes.
Algunos editores denunciaron el comportamiento de Blair, quien llegó a estar
borracho en horas de trabajo y ausente en su puesto sin justificación, pero la
dirección hizo caso omiso de las quejas y el periodista siguió una carrera
fulgurante en la que pasó de colaborador a redactor de plantilla en la sección
nacional.
Una de las polémicas que ha desatado el caso Blair es si su rápido ascenso y
la protección de sus jefes no constituye una especie de "racismo a la inversa",
ya que se le apoyó más por pertenecer a una minoría étnica y no por sus logros
profesionales.