El escritor Norman Mailer (1923), considerado por muchos como el novelista
vivo más carismático de Estados Unidos (ha recibido dos premios Pulitzer y en su
extensa obra se encuentran títulos reconocidos como Los desnudos y los muertos,
Los ejércitos de la noche y la más reciente El evangelio según el Hijo), muestra
en esta entrevista su férreo rechazo al imperio mundial que está construyendo la
Administración Bush.
- Se está hablando mucho de Irak...
- No soy partidario de la guerra. Siempre pensé que tenía que haber algo por
debajo de la inquina de la Administración Bush hacia Irak. Hace algún tiempo se
decía que Irak constituía una amenaza nuclear. Ahora se dice que ya no lo es.
Después, la gente de Bush comenzó a proclamar el enorme peligro de un ataque
bioquímico contra nosotros, pero no consiguió demostrar que Irak esté dispuesto
a realizar esta terrible posibilidad. Y por último, han lanzado otra acusación:
Irak es la cueva de los terroristas. Si yo fuese Saddam, las últimas personas a
las que querría en mi país sería a los terroristas de otros países.
Me ha sorprendido un artículo que subrayaba que todo el mundo se pregunta por
qué no hay un plan sobre lo que se hará en Irak después de ganar la guerra. Y el
autor sostenía que ese plan existe. Ocupar Irak durante mucho tiempo. Todo
comienza a tener sentido. Porque eso significa que estamos inaugurando el
imperio mundial americano. Eso es lo que hay debajo. Y tenga en cuenta que le
está hablando un conservador de izquierdas.
-Todo estaba mucho más claro cuando usted se decía anarquista.
Entonces se sabía qué significaba eso. Pero, ¿qué significa conservador de
izquierdas?
-Creo que en lo que queda de la filosofía de la izquierda (que no ha tenido
muchas ideas nuevas en los últimos 30 años) hay elementos que todavía vale la
pena mantener.
-¿Por ejemplo?
-La idea de que un hombre muy rico no debe ganar en un año 4.000 veces más
que un pobre. Últimamente, en Norteamérica hay dos tipos de conservadores.
Aquellos a los que yo llamo conservadores de valores, porque creen en los
valores comunes conservadores: la familia, la casa, la fe, el trabajo, el deber,
la fidelidad y las virtudes humanas. Y después están los conservadores de
bandera, de los que la Administración actual es un ejemplo perfecto. Le gustan
palabras como 'mal'. Uno de los peores errores de la retórica de Bush es
utilizar la palabra 'mal' como si fuese un botón que se puede pulsar para
aumentar su propio poder.
-Volvamos a la cuestión del imperio...
-Detrás de los conservadores de bandera no hay locura, sino lógica. Yo no
estoy de acuerdo con ella, pero hay que reconocer que es una lógica potente.
Según los conservadores de bandera, Norteamérica se está debilitando. Los medios
de comunicación son demasiado libres e incitan al vicio. En el fondo, lo que
pretenden es que Norteamérica vuelva a ser una inmensa máquina militar, en la
que cada cual tenga su cometido, y donde la libertad sexual se vaya a hacer
puñetas. Trabajo y dedicación se convertirán necesariamente en los valores
nacionales.
-¿Qué habrían hecho los constructores del imperio sin el 11 de
septiembre?
-No habrían procedido de esta forma. Sin el 11 de Septiembre no se habría
planteado una guerra contra Irak. Pienso que la Administración Bush estaría
pasando apuros. La atención de los medios estaba centrada en los problemas
económicos, en el aumento del paro, en los escándalos de la Iglesia y de las
empresas, en los asesinos en serie de los colegios y en la droga.
-En los periódicos de la derecha americana se suele decir a menudo
que el Islam es una religión maligna. Dígame qué piensa del Islam, cómo se sitúa
el Occidente cristiano y postcristiano respecto al Islam y cómo podría terminar
todo esto.
-Los conservadores de bandera no son cristianos. Porque uno de los
fundamentos del cristianismo es la comprensión, que, a menudo, suele brillar por
su ausencia. Pues bien, lo mismo se puede decir de los musulmanes. En teoría, el
Islam es una religión igualitaria. Pero la realidad es muy diferente. Nosotros
damos la espalda al cristianismo en cada momento y lo mismo hacen los musulmanes
con el Islam. ¿Me pregunta usted si, al final, habrá una guerra? Creo que
sí.
- ¿Podemos afrontar el problema de Israel y de su inevitable dilema
existencial que son los palestinos? Creo que no ha escrito mucho sobre
esto...
- No. Nunca estuve allí. Por una razón: siempre estoy escribiendo un libro.
Ir a Israel querría decir otro libro a escribir, y me haría dejar de lado lo que
estoy haciendo, que es algo que me interesa mucho.
-Pero usted nunca fue antisionista...
- No. Le diré unas cuantas ideas sencillas sobre Israel. Cuando nació era un
país muy pequeño. Si los jefes árabes hubiesen tenido un poco de corazón,
habrían dicho: 'Estas personas han estado en el infierno, tratémosles con
caridad islámica'. Pero lo que hicieron fue declararlos sus enemigos. Y los
israelíes no han tenido más remedio que reforzarse y buscar nuestra alianza. Y
al hacerlo, algunos de los mejores aspectos de la naturaleza hebrea, como la
ironía, el amor por la verdad, por la sabiduría y por la justicia, perecieron en
el intento. Israel se convirtió en otra potencia mundial y ahora trata a los
palestinos como si fuesen los hebreos del gueto. Es una de las grandes ironías
de la Historia.
-¿Cree que hay alguna manera de terminar este conflicto?
- No la veo. Al menos, no por ahora. Si la guerra contra Irak termina con los
americanos instalados en Oriente Próximo, Israel se sentiría mucho más seguro
durante las próximas décadas. Pero el apoyo americano podría revelarse
peligroso. Porque los americanos del imperio se preguntarán en qué medida el
apoyo a Israel puede serles ventajoso y en qué medida puede perjudicarles.
-¿Qué piensa de Ariel Sharon?
- Es lo que es. Un bruto. Un general bravucón. Si hubiese vivido en el gueto,
probablemente habría sido uno de los hombres más fuertes y menos amados. Pero
ahora es un israelí. Y lo que prima en la mayoría de los israelíes es el
patriotismo. Todos son muy patriotas. ¿Cómo no iban a serlo, después de Hitler?
En este sentido, estoy seguro de que Sharon piensa que está haciendo lo único
que puede hacer, que está haciendo lo justo.