Sociólogo Luis Enrique Alcalá: Capriles no tiene altura, preparación, ni carácter para ser un estadista

Sociólogo Luis Alcalá

Sociólogo Luis Alcalá

Credito: Ciudad Caracas

3 de septiembre de 2012.- Es sociólogo, no tiene doctorado, pero se le conoce como el “Doctor político” porque hace sus análisis con enfoque médico. Una de las preguntas que más frecuentemente dirigen sus lectores al blog de Luis Enrique Alcalá (Caracas, 1943), www.doctorpolitico.com, es la que abre el diálogo:

—¿Cómo ve la vaina?

—Lo dije en marzo de 2011, cuando había una veintena de aspirantes a la candidatura opositora pescueceando por ahí: se pueden distinguir virtudes en muchos de ellos, pero no suficientes para ganarle a Hugo Chávez ni condiciones para administrar bien el Estado en el improbable caso de que esa tarea cayera en sus manos. Además, advertí que sería muy difícil porque el Presidente repetiría y acentuaría su conducta ventajista.

—¿Qué virtudes les faltan a los dirigentes opositores?

—En 2008 hice un retrato hablado de una contrafigura que pudiera, más o menos, discutir con “el señor” y revolcarlo en el plano argumental. Debe ser todo-terreno, tener una preparación redonda, porque Chávez opina sobre toda vaina. Pero lo principal es que no justifique su presencia como lo contrario de Chávez, que tenga una personalidad propia. Esa es la falla de origen de la oposición: su único propósito es salir de Chávez y por eso están alienados por él, dependen de Chávez para ser ellos. Eso es muy negativo: en política, o traes algo sustancial qué decir o estás raspa’o.

—¿Por qué no les ve capacidad para administrar el Estado?

—Lo dije sobre las figuras que veía en marzo de 2011. Ahora ya tenemos una sola y puedo decir que el señor Capriles no es un estadista, no tiene carácter ni preparación, ni altura para serlo.

—Concretamente, ¿en qué se observa el ventajismo oficial?

—¡Uf!, un ejemplo: si pongo una gigantografía de mi comandante en Pdvsa, del tamaño del edificio y el lema “¡Pa’ lante!”, estamos jugando con los dados cargados…

—¿Qué valor le atribuye a las encuestas para el diagnóstico médico?

—Apartemos los extremos como GIS XXI, dirigida por Jesse Chacón, y Consultores 21, uno de cuyos directores, Pedro Cabrera, es miembro del comando de Capriles. En el medio están IVAD, Hinterlaces, Datos y Datanálisis, y las cuatro le dan ventaja a Chávez, algo muy explicable porque en las presidenciales, más que las promesas y los programas de gobierno, lo que pesa es la impresión que el elector se forma del carácter, de la personalidad del candidato. Yo creo que Chávez ganará, aunque tal vez por menos de diez puntos porque su campaña no ha sido buena, le ha puesto demasiada atención a pendejadas que dice el señor Capriles; y tiene el mismo discurso, muy repetitivo. Pero su ventaja es estructural.

—¿Y en lo personal cómo se siente al respecto?

—Hace meses escribí que si la victoria es inevitable, lo ideal sería que Chávez tuviera menos de seis puntos de ventaja y por debajo de 40% de los votos, con abstención de 30% para que se sienta la señal de una suerte de indignados que ni le comen el cuento al gobierno ni se lo comen a los otros, y así preparar el terreno hacia una “tercera opción”, una nueva propuesta post-ideológica, que deje atrás las benditas ideologías, esas recetas del siglo XIX. La más reciente, la Doctrina Social de la Iglesia, es de 1891. Todos los partidos de la MUD están anotados en alguna opción ideológica y, por supuesto, el Gobierno es muy ideologizante.

—¿Fue Amuay el evento que puede cambiar la tendencia?

Es un tema importante, pero dependerá de cómo lo maneje cada sector hasta las elecciones. Chávez es relativamente inmune a los escándalos. Aparece el maletín de Antonini, se pudre la comida de Pdval, se produce una crisis eléctrica y él tan campante. De todos modos, aún en el más catastrófico de los escenarios para él, no creo que permita revertir la ventaja tan grande que tiene.

—Usted ha dicho que el Presidente sufrió la enfermedad de la victoria (síntomas: sensación de omnipotencia, menosprecio del adversario y otros por el estilo) luego de ganar en 2006 y hasta el absceso pélvico. ¿La enfermedad física lo sanó de la otra?

—En un primer momento, sí. A fines de 2011 bajó la agresividad de su discurso. No es raro, porque un cáncer le quita la pea y el ratón al más pinta’o. En 2012 ha estado de nuevo agresivo, pero emitiendo señales de no dormirse en los laureles, contra el triunfalismo.

—¿De ganar la oposición, aplicaría un ajuste neoliberal?

—No creo que nadie, ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario, esté proponiendo eso. Hasta gente como Joseph Stigliz y Jeffrey Sach critican el Consenso de Washington, dicen que “pusimos la cagada con eso”. Lo único que ha medio aprendido la oposición es que el elemento social debe estar presente. Ningún gobierno opositor, en el supuesto negado de que ganara, podría emprender un plan neoliberal.

—¿Los medios de comunicación curan o enferman?

—Los del gobierno son un exceso total. La mejor muestra es La Hojilla. Del otro lado tienes un canal de oposición, no de información, que te mantiene neurotizado desde que amanece hasta que te acuestas. Están metidos dentro de unas cajas perceptuales absolutamente antagónicas, se autolimentan. No son objetivos ni neutrales. Hoy no son tan sesgados como entre 2001 y 2003 porque entonces cubrieron el vacío de unos partidos en estado catatónico. Ahora Venevisión está acomodadita, Televén ya no hace los programas que hacía, Unión Radio se autocensura… Son menos sesgados porque cogieron su tequichazo.

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El síndrome del Ni-ni

Luis Enrique Alcalá, además de sociología (carrera en la que se graduó), ha estudiado medicina, diplomacia, ciencia política, lógica, filosofía de la ciencia, gerencia de la innovación y música. Ocupó cargos importantes tanto en el sector privado como en el público. En 1998 dirigió El Diario de Caracas, recién adquirido por el suizo-venezolano Hans Neumann (para quien Alcalá había trabajado en Corimón). Sin embargo, al comenzar el 99, Neumann resolvió cerrarlo y abrir Tal Cual, un periódico hecho a la medida de Teodoro Petkoff. “Hans me dijo que lo lamentaba por El Diario y por mí, pero que fundaba Tal Cual porque había una última cosa que quería hacer en la vida: joder a Chávez”, revela Alcalá.

Autor de los libros Krisis, Dictamen, Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela y Las élites culposas, el “Doctor Político” padece el síndrome del Ni-ni, caracterizado porque los revolucionarios le dicen escuálido y los opositores le dicen chavista. Sus opiniones y propuestas ayudan a reforzar esa sensación. Por ejemplo, dice que cuando se hizo a Chávez, se rompió el molde y que no hay nadie entre sus partidarios que reúna sus habilidades y talentos. Pero también se atribuye el mérito de haber puesto en discusión, a principios de 2002, la idea de que una mayoría de la sociedad podía abolir un gobierno que había causado demasiada irritación. “Lástima que otros malinterpretaron esa idea y quisieron usarla para un golpe de Estado”, se lamenta.


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