Ley de Aborto en Venezuela ¿por qué no?

De acuerdo a estadísticas publicadas por la Universidad Central de Venezuela el 16% de las muertes maternas son por abortos clandestinos. El tema ha decidido dejarse en un tabú de años que tanto la iglesia como sectores favorecidos de la sociedad siguen obviando la realidad actual del país. 

El aborto no se trata únicamente de un problema de la clase media y populares en el país, simplemente son ellas las que al verse sin todos los recursos deben acceder a cualquier vía que pone en peligro su vida. Las mujeres de clase alta tienen medios para trasladarse hasta otros países donde puedan hacerlo libremente o pagarle cantidades exorbitantes a los médicos de clínicas privadas para su aborto asistido. 

El tema del aborto no se trata de un asunto de recursos disponibles, se trata del derecho de toda mujer a decidir sobre su vida de acuerdo no sólo a las condiciones socio económicas. 

La asamblea Nacional ha dicho que la ley de igualdad de género no consideraba la aplicación y evaluación de la despenalización del aborto, y cuándo lo comenzará a considerar. Movimientos sociales y revolucionarios así como otros partidos políticos que han llegado al poder, como Cuba y países de la comunidad europea, han brindado la posibilidad en primera instancia a la mujer de ejercer su derecho al aborto, ciertas premisas y ciertas condiciones para su aplicación (que luego se podrían cuestionar) pero el derecho estaba planteado. 

La iglesia siempre ha querido retrasar e inmiscuirse en un asuntos que compete exclusivamente a la sociedad civil decidir alegando el derecho a la vida, pero y qué ocurre con el derecho a la calidad de vida de la mujer que tiene que parir?, ¿qué ocurre con el derecho a la elección que tiene una mujer cuyas condiciones no permiten soportar otra vida?, ¿qué tipo de vida le espera a una criatura que no tiene buenas condiciones de vida?. Parece absurdo las razones que en el siglo XXI la iglesia católica brinda para opinar en materia de Estado y para negar un derecho de elección a parte de la sociedad. Ciertamente es aceptable para la ideología de la iglesia que ha relegado a la mujer al papel de mantenedora de vida y sumisión ante las condiciones dadas por la naturaleza, relegándola únicamente a especie humana.  

La iglesia muestra siempre cifras de abortos en países donde está legalmente permitido el aborto inducido. Esas cifras serían imposible de determinar sino fuera por su legalidad, en su lugar tendríamos quizás el número de mujeres muertas que tratan de escapar a un aborto no deseado, sea cual fuere su causa. Hay que recordar a la iglesia y a grupos anti-aborto que en esta sociedad existen mujeres en matrimonios disfuncionales donde la muestra de legitimación es un hijo. Mujeres que en el matrimonio no tienen poder de decisión sobre el control natal, oprimidas por maridos que no permiten el libre desarrollo de su condición de mujer sino únicamente encasillada en el estereotipo de madre. 

Una vez más el aborto en Venezuela es un hecho clandestino desde hace años, en lugar de satanizarlo deberían preocuparse porque la legislación se haga de manera que permita a la mujer realizarlo en las mejores condiciones sanitarias posibles sin que su vida corra el riesgo de infecciones, infertilidad (esterilidad), entre otras complicaciones o muerte. 

El carácter ético de la legislación menciona la responsabilidad que se tiene de inclusión de los distintos sectores y opiniones en la realización de una ley. Son respetables las razones religiosas que posea cada individuo para distanciarse o no en esta toma de decisión pero no compete al Estado laico tomar medidas con justificaciones religiosas. 

El aborto es un asunto que atiende a carácter social, la estructura social en un país en un proceso revolucionario cada vez mas debería abrir puertas a la mujer en materia de igualdad de género, brindar derechos y potenciar su situación. El estado debe ser capaz de poder brindar asistencia a una mujer en las mejores condiciones sin importar el status socioeconómico. Actualmente no tenemos cifras ciertas de la cantidad de mujeres que abortan en Venezuela, con una legalización del derecho de aborto a la mujer se abriría la posibilidad no sólo de poder registrarlo sino también de poder brindar distintas políticas que permitan la prevención de embarazos principalmente en adolescentes. 

No se puede mezclar las ideas. El aborto no es un método anticonceptivo es simplemente una interrupción de un embarazo por ende conlleva una decisión al que se prepara la mujer, que acarrea un conjunto de complejidades también psicológicas. No puede pensarse en 'la ligereza del aborto' como algunos anti-abortistas han difundido. Sencillamente se trata de educar sexualmente a una población que está llena de tabúes, con una juventud globalizada en explosión. ¿Por qué las altas clases sociales reniegan de una ley de aborto en Venezuela pero vanaglorian las posibilidades  que dan los países desarrollados o llamados del 'primer mundo'?. Se ha logrado con una construcción colectiva no por iluminación selectiva. 

Las reformas estatales no pueden ser únicamente propuestas por los legisladores, porque no se trata de una democracia representativa sino de un proceso revolucionario hacia la democracia participativa, en la que el poder del pueblo y de los distintos poderes populares tiene que manifestarse y en la que se busca alcanzar objetivos para los distintos grupos de la sociedad. 

Las mujeres necesitamos ejercer la libre asociación y manifestación para luchar por el derecho de ejercer sobre nuestro propio destino, sobre nuestro cuerpo. Distintas organizaciones se han encargado de comenzar a movilizar a las mujeres en la búsqueda de espacios sociales. Es necesario que nos organicemos en bloque para pedir los cambios que como mujeres de esta sociedad necesitamos y que nuestra vida o la vida de nuestras hijas, hermanas, sobrinas y amigas no corra peligro. Y lo más importante que podamos elegir con las oportunidades que debemos tener legalmente. Es una realidad simplemente tenemos que legalizarla para que se le de el respeto a la vida y las buenas condiciones que nos merecemos las mujeres cuando nuestra decisión es el aborto.

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