Nota: El presente no fué escrito como artículo,
sino como un mensaje a una de las listas de corro-e identificadas con la revolución bolivariana.
Posiblemente algunos de ustedes creerán que a mi me paga el gobierno para
seguirle los pasos a Chávez y hacer artículos de todo cuanto haga.
O a lo mejor alguien más pensará que soy un infiltrado. Yo personalmente
pienso que tengo demasiada suerte para algunas cosas, y que, en vista de que no
es normal que me encuentre con eventos tan extraordinarios, lo menos que puedo
hacer es hacérselos llegar a ustedes, para que sientan al menos una parte
de las alegrías que pude presenciar hoy.
Total que me dirigía a la 1 de la tarde al centro de Caracas a reunirme
con unos amigos de la universidad, y tuve que pasar frente al Teatro Municipal.
Desconocía que en ese momento el Foro Social Nacional estaba siendo inaugurado,
y el Presidente Chávez estaba allí dando las palabras de apertura.
Hasta allí todo lo normal: unas doscientas personas en las afueras del
teatro esperando ansiosas la salida de Chávez ... los gritos de "volvió
volvió volvió" ... los reporteros gráficos ... los guardaespaldas
... los techos de los edificios custodiados por soldados con binoculares y rifles
con miras de precisión ... Aún así, para mí era emocionante
poder ver a Chávez a menos de 20 metros de distancia, ver en vivo su comportamiento
con la gente sin tener que soportar las tijeras de Globovisión (que enfocan
sólo lo malo) o de VTV (que enfoca sólo lo bueno). Y de verdad,
después de verlo en vivo, les digo que siento muchísima más
admiración por nuestro presidente.
Pero el toque especial del momento en realidad no lo puso Chávez.
Para sorpresa de algunos, los gritos de "¡Volvió volvió
volvió!" se comenzaron a mezclar con consignas hechas en un tono que,
aún cuando era marcadamente de reclamo, nunca dejó de ser amistoso:
"¡Libertad, Libertad, Libertad para Nicolás!", "¡Rivera
pa' la calle, Rebolledo pa' la cárcel!"
En efecto, Carlos Carlés y los muchachos de Radio Perola estaban allí,
de una forma sentida y emotiva, exigiendo la libertación de su amigo el
locutor y dirigente comunitario Nicolás Rivera. Este joven de 26 años
fue apresado la semana pasada cuando acudió a la CICPC a averiguar en qué
estado se encontraban las denuncias que había realizado contra cuatro policías
que el 13 de abril le habían detenido imputándole falsos cargos,
torturándole y causándole politraumatismos. Lejos de recibir respuesta
a sus denuncias, Rivera fue apresado bajo las acusaciones de haber disparado desde
el Puente Llaguno el 11-A. La solicitud fue hecha por el juez Alejandro Rebolledo
del Tribunal 45 de Control.
"Perola está en la calle, y no la saca nadie" -gritaban luego
los "peroleros" esgrimiendo unas pancartas improvisadas en cartulinas
blancas. La gente comenzó a notarlos más.
"¡Pueblo, escucha! ¡Esta es también tu lucha!" -Y
no faltaba más... todos los presentes allí comenzamos a gritar con
los compañeros el grito de libertad para Nicolás, en el preciso
momento en el que el presidente baja las escaleras del teatro para entrar al vehículo.
Carlés estaba sostenido en hombros por alguno de sus colegas, y el presidente
no tardó en reconocerlo. A ratos, mientras bajaba las escaleras, trataba
de divisar lo que decían las cartulinas. Hasta que al fin Chávez,
de un lado del carro protegido por sus guardaespaldas y rodeado de decenas de
personas, le preguntó a Carlés, alzado en hombros del otro lado
del carro, algo que podía entenderse como "¿Carlos, qué
pasa?"
Los compañeros de Carlos no tardaron en acercarlo más al carro,
pero lo hicieron con tanta brusquedad que terminaron echándolo de panza,
con todo y pancarta, sobre el techo del automóvil presidencial. CAGANTE,
considerando que habían media docena de francotiradores encima de los edificios
custodiando la vida del primer mandatario.
Pero he aquí el hecho que más me asombró: Carlos, visiblemente
emocionado, sin darse cuenta de que su vida corría peligro y a pesar de
haber sido echado sobre el techo del automóvil, no paraba de hablar. Tenía
que explicarle al primer mandatario lo que sucedía con su amigo Nicolás.
Hugo nunca temió a pesar de ver que el muchacho casi se le abalanzó
encima; todo lo contrario, le escuchaba atentamente. En un momento dado, le quitó
a Carlés la cartulina de la mano y comenzó a anotar allí
varios datos que el director de Radio Perola le indicaba. "Te prometo que
mandaré a averiguar ahora mismo qué fue lo que pasó".
Se metió en el automóvil con todo y cartulina al tiempo que Carlés
se bajaba del techo del carro para reencontrarse con sus amigos y contarles, abrumado
por la adrenalina y casi al borde de las lágrimas, lo que le dijo el presidente.
"Dijo que va a mandar a averiguar ya, que eso no se queda así"
mientras que sus amigos los abrazaban con ojos que brillaban llenos de esperanza.
Allí comprendí que Radio Perola no es simplemente una emisora comunitaria;
es UNA FAMILIA.
Y en cuanto a Chávez, no hay nada adicional que pueda decir. Ya lo vi,
y no en el canal 8 o en el 33, sino con mis propios ojos; tenemos el presidente
más humano y con mayor sensibilidad social que jamás haya podido
concebir la historia. Y para mí, eso cuenta mil veces más que todos
los títulos y postgrados que Carmona, Borges, Ledezma, Salas Römer,
Peña o Mendoza puedan tener todos juntos.
Ojalá y Hugo no defraude a los amigos de la Perola: