Tu peor pesadilla

Como cada jueves, Ana Julia se dirige a su clase de yoga. Espera al ascensor mientras se queja con su vecina de los últimos atropellos del rrrégimen, con los que se acaba de desayunar en Globovisión. Su vecina sonríe, le contesta cualquier cosa y se afana enderezar un moñito de su pequeña que nunca estuvo torcido.

Al llegar a la clase de yoga le implora a su instructora: Profe, porfa, necesito una clase doble a ver si puedo olvidar, aunque sea por un segundo, que ese dictador volvió a robarnos las elecciones. La profe respira hondo, Ana Julia la imita, ambas tratando de olvidar.

No puede olvidar nuestra estresada Ana, así que corre a la terracita de siempre, donde están sus amigas de siempre, remojando ociosas de los temas de siempre en espumosos capuccinos.

Ahora si nos van a meter cubanos en la casa, Maru. Te lo juro amiga que esta vez no nos salvamos. Y nos van a prohibir los blackberries, el internet y el botox, eso es seguro, me lo dijo el primo de la cuñada de una señora que está ‘’adentro’’…

Shhhh, baja la voz loca, -suplica Maru aterrada- que el mesonero te va a escuchar y ese, como todo mesonero, es chavista.

Silvia juega con la espuma de su café y mira su reloj distraída.

Silvy, amigui, no dejes que la tristeza te tumbe que si hay que tumbar a alguien es al que te conté.

Ana Julia tiene que retocarse la cabellera. Gianfranco, además de estilista funge de pañito de lágrimas para sus clientas desesperadas.

Gianni, perdimos, my friend!!! Te traigo mi pelo que está igualito al panorama que tenemos por delante, o sea, ¡HO-RRI-BLE!

Gianfranco, tijeras en mano, siempre concentrado en su trabajo, calla y corta, un poquito aquí, un poco más allá, clip, clip, clip, y zuas! un mechón grandote que si no fuera porque Gianni es un artista Ana Julia pensaría que la ha trasquilado.

Luego al colegio a recoger a los niños. ¡Ay! Carmen, yo todavía no lo puedo creer. Me parece que no he despertado de una pesadilla. Pellízcame, pellízcame para ver si despierto y, en lugar de este petrodictador-castro-comunista, tenemos en Miraflores a Henrique Capriles Radonsky, plis.

Carmen aprovecha el pedido y pellizca con saña. ¡Cónchale no tan duro! Yo sé que también estás frustrada con esto de la enmienda pero no la pagues conmigo…

Carmen, amorosa, se despide de sus alumnitos hasta mañana. Ana Julia se los lleva feliz de poder pagar un colegio donde sus hijos estén solo entre gente como ella.

En la sala de espera del pediatra no se habla de otra cosa: Cinco madres enfermas de angustia porque van a expropiar las clínicas privadas. Vacunas cubanas con burundanga adoctrinadora, santeros, médicos brujos, ramazos en lugar de Tachipirín…

No puedo más Carlos Augusto, este rrrégimen me tiene al borde. Mira que hablar de medicina cubana como si en Cuba hubiera medicina. Salud gratuita, por Dios! Si todo el mundo sabe, digo todo los que somos pensantes, que lo bueno se tiene que pagar.

Carlos Augusto receta al niño Tachipirín cada seis horas y valeriana para la mamá. Podía haber recetado acetaminofén genérico pero no. De paso le cobra completo para que no quede dudas de que el niñito solo tiene gripe y que se va a curar.

Ana Julia pasa el día arrastrando su penas en sus círculos cerrados y seguros. Conoce a los chavistas y se cuida bien de evitarlos. Deja al vigilante con el saludo en la boca, a la señora de servicio la tiene en la mira, al del kiosco donde compra sus revistas, al muchachito que empaca las bolsas del mercado, mesoneros, motorizados que se le cruzan irreverentes en las calles que antes eran de ella, negros, feos, pobres, brutos… chavistas todos.

Pasadas las once de la noche Ana Julia sufre las malas noches de Buenas Noches. Temblorosa, ofuscada, no llega a oír el son de La Hojilla que se mete por su ventana desde la ventana de la vecina y la de profe de yoga, y la de Silvia, Giancarlo, Carmen, Carlos Augusto…

Estamos en todas partes, Ana Julia. Tomamos café contigo, enseñamos a tus hijos, los curamos, vamos a tu club, a tu terracita, ¡a tu casa!. Votamos juntos en el mismo centro, hicimos la misma cola, nos tocó la misma mesa… Y muérete del susto, mi ya aterrada Ana: Aunque tu no lo notes, amigui, nosotros votamos que SI.

Carola

carolachavez.blogspot.com
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