Días antes se fijó la ruta y el destino de la marcha. Opositores acatan a
la Guardia nacional para intentar superar el anillo de seguridad. “Son unos
malandros” dijo José Vicente Rangel.
Cuando el Viceministro de Interior tomó la palabra en la rueda de prensa del
viernes 27 de febrero, pasaban ya de las 8:40 de la noche. La televisión privada
seguía mostrando a esa hora, imágenes grabadas durante la mañana y la tarde,
intercaladas con unas nocturnas donde podía verse a un grupo de 15 ó 20
revoltosos que no se cansaban de lazarle piedras, bombas molotov, cohetes “Bin
Leaden” y clavos a la Guardia Nacional.
Carlos Vettiol, el viceministro, se mostraba decepcionado por el irrespeto a
la palabra empeñada que, apenas el día anterior (jueves 26), habían ofrecido los
representantes del grupo opositor al gobierno bolivariano. El acuerdo al que
había llegado era simple, respetar los límites del perímetro de seguridad
establecido para garantizar la integridad de los presidentes llegados a
Venezuela para la reunión del Grupo de los 15.
Esa tarde, la del jueves, el ministerio de Interior y Justicia invitó a una
reunión de coordinación policial –incluidos los representantes de los partidos
opositores- en la que se habló del recorrido de una marcha, los límites de la
misma y se expuso “a los organizadores que el Estado venezolano tiene el deber
de hacer cumplir los tratados internacionales, en especial la Convención de
Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que nos obligan a garantizar la integridad
física de los diplomáticos enviados en misiones”,
Pero para la hora en que el viceministro Vetiol se dirigió a los periodistas,
era evidente que el acuerdo no importó mucho a los opositores, ya que intentaron
superar el dispositivo de seguridad implementado por las Fuerzas Armadas
Nacionales para atender las exigencias de la Cumbre del G-15 y por lapso de 7
horas, realizaron disturbios en las inmediaciones de Plaza Venezuela y el
Distribuidor Maripérez al final de la avenida Andrés Bello de Caracas.
De la marcha a la violencia
Cerca de las 11:35 de la mañana del viernes 27 de febrero, un grupo se
desprendió de la marcha cerca del elevado de Maripérez y sin mediar negociación
alguna lanzaron improperios, piedras y cohetones contra los efectivos militares.
“Parecían decididos a llegar hasta el Teatro Teresa Carreño” apuntó luego el
coordinador nacional de investigaciones penales de la Policía Científica
(Cicpc), comisario Henry David Zerpa Roa.
La manifestación había salido una hora antes desde el Parque del Este, con la
intención de entregar un documento a los presidentes visitantes, en el cual
desconocen desde ya, una negativa del Consejo Nacional Electoral a su petición
de referéndum revocatorio contra el presidente Chávez, tal y como anunciaron
insistentemente a través de la televisión los miembros de la Coordinadora
Democrática.
Cuando moría la mañana, de nuevo en Venezuela convivieron dos países en uno.
El que ocupaba la franja que va desde la Plaza Venezuela hasta maripérez, que se
veía en vivo y directo por las pantallas de televisión y el que nunca salió al
aire, es decir, el país que trabajó, se movilizó y transcurrió su día con
normalidad.
Así lo entendió el diputado emeverrista Nicolás Maduro, quién después del
mediodía ofreció una entrevista telefónica que transmitió Venezolana de
Televisión, y en la que dijo: “aquellos que intentaron incendiar el país, no
lograron levantar ni una chispa. Lo único que pretendieron fue generar imágenes
de violencia para empañar la realización de la cumbre presidencial y por ello se
enfrentaron a las Fuerzas Armadas”.
Y mientras encapuchados lanzaban su arsenal contra la fuerza pública, el
diputado Tarek William Saab se preguntaba “dónde están los dirigentes que
convocaron a esa marcha, los que llamaron a la insurrección, a desconocer
al CNE y derrocar a Chávez”.
“Estaban sentados en tremendas sillas, diputado, refrescándose con aire
acondicionado, dando entrevistas en los canales de televisión. De allí veían a
la gente, que sacaron a marchar, corriendo para escapar del gas lacrimógeno”
exclamó desde su casa en Bello Monte, la señora Almeris Mendible, cansada de
pulsar el control remoto del televisor para ver que transmitían los canales.
Protagonistas del caos
Pero no había mucha variedad, los canales de televisión de Caracas mostraban
en vivo y en directo al grupo violento que se enfrentó a la Guardia Nacional. La
programación habitual fue modificada. No se transmitieron telenovelas, ni los
programas acostumbrados. La agenda de los medios privados restó importancia a la
instalación de la Cumbre del G-15 y jerarquizó como importante.
En medio de esa lluvia de imágenes violentas, concentradas en unas cuántas
calles de Caracas, surgió la voz del Vicepresidente de la República, José
Vicente Rangel. De forma tajante y firme, como acostumbra a declarar aseguró:
“no existía ninguna razón para convocar esa marcha. Las personas que se
observaron en las pantallas de los canales de televisión, son un grupo de
malandros, de forajidos, el lumpen actuando contra el orden constitucional y
democrático”.
Pero regresemos a las horas de la mañana del viernes, cuando la marcha estaba
por comenzar y los líderes de la oposición soltaban sus amenazas de no respetar
el cordón de seguridad activado por las FAN en torno al G-15.
El Ministro de la defensa, General en Jefe Jorge Luis García Carneiro,
convocó a rueda de prensa rodeado del alto mando militar donde recordó que las
medidas se acordaron para garantizar la seguridad de los Mandatarios
participantes en el Grupo de los 15 (G15), no deben tomarse como extrañas.
Desde la noche del jueves ya se habían desplegado 10.800 efectivos militares
pertenecientes a los diferentes componentes de las FAN los cuales activaron un
patrullaje preventivo por tierra, aire y mar. A pesar de esto, los organizadores
arengaban a sus seguidores a “pasar hasta el Teresa Carreño a como de
lugar”.
Al descubierto
La línea informativa declarada por los medios cerró filas en torno “la
agresión de los cuerpos de seguridad del estado contra manifestantes pacíficos”,
desconociendo la actitud violenta de un reducido grupo de manifestantes que
desató los ataques contra la GN.
Pero no todos lo percibieron así. “Como no llegaron a generar el caos que
ellos querían, se retiraron a sus reductos. Quemaron cauchos y basura en la
Plaza Altamira y frente a la alcaldía de Baruta”, nos dijo Gustavo Díaz luego de
caminar desde Plaza Venezuela hasta su casa en la calle Caurimare de Bello
Monte, porque el metrobus no podía pasar.
“Lo único que consiguieron este viernes fue quedar al descubierto. Se dejaron
ver las costuras. Hace un rato el General García Carneiro lo dijo en cadena, la
guardia tiene 15 detenidos, dos eran policías de Baruta. A esos debe caerles
todo el peso de la ley, pa que se acabe el bochinche de una minoría”, aseguró
Gustavo.
XXXCcas, 28 / 02 / 04