3 de diciembre de 2002. 5 y 40 de la madrugada, en el sector 23 de Enero,
cerca de Maracay, estado Aragua. Se iniciaba el segundo día de un paro
insurreccional cuyo objetivo era el derrocamiento del primer mandatario
venezolano, promovido por la central de trabajadores y las cúpulas
empresariales, y respaldada plenamente por buena parte de los medios de
comunicación privados. El día anterior, el paro había sido relativamente exitoso
en algunos sectores, pero un absoluto fracaso en otros. El transporte público no
se había plegado a la huelga, lo que dificultó las cosas para la oposición.
El sol aún no salía en las tierras aragüeñas. Jacinto Peña, humilde y anciano
conductor de una camioneta por puesto que cubría una ruta en el sector,
trabajaba como todos los días cuando, al pararse para cargar pasajeros, fue
víctima de alguien que roció con gasolina su unidad de transporte colectivo y le
prendió fuego. Los pasajeros lograron bajarse de la camioneta, y Jacinto recibió
fuertes quemaduras tratando inútilmente de salvar su medio de trabajo.
Los hechos fueron vistos por todos los venezolanos,
pues “casualmente” un equipo reporteril de un canal privado, Radio Caracas
Televisión, se estaba trasladando en ese apartado lugar, a tempranas horas de la
madrugada. Las llamas estaban en todo su apogeo cuando el lente de RCTV grabó
las penosas imágenes del Sr. Peña, lleno de quemaduras, y con un rostro que
reflejaba un gran pesar tras haber perdido su medio de sustento.
Cuando el chofer salió de la destrozada unidad, la periodista Anahis Cruz no
dudó en entrevistarlo. ¡Que eficiencia periodística! Llegaron antes que los
bomberos. ¡Llegaron antes que la policía!
Leamos el diálogo.
Anahis: Señor, señor, ¿qué le pasó?
Jacinto: Me quemaron mi autobusito, me arruinaron mi
vida.
Anahis: ¿Y por qué, señor?
Jacinto: ¡Por nada! Yo iba cargando pasajeros.
Anahis: ¿Es porque usted estaba trabajando?
Jacinto: Yo no sé, no sé.
Bombero (llegando): ¿Quedaron pasajeros ahí?
Jacinto: ¡No! Los pasajeros se (no se entiende) … yo tuve
que … de la candela pa’ fuera.
Anahis: Buenos días amigos, esta es una situación irregular
que se ha presentado en el estado Aragua. A este señor le quemaron su unidad de
transporte y prácticamente se salvó. Miren como está todo quemado, vamos a
escuchar qué le pasó.
Jacinto (mientras contaba la historia al bombero): … se
metió otro tipo …
Anahis: ¿Qué le pasó señor? Coméntenos qué le pasó, lo vemos
todo quemado y todo…
Jacinto: Bueno, ¿no ves? Bueno… ¡hasta los papeles se me
perdieron!
Anahis: ¿Pero qué le pasó? ¿Por qué se encendió su
autobús?
Jacinto: Bueno, yo vengo trabajando, yo vengo trabajando con
pasajeros, entonces un tipo me dice “déjeme en la parada aquí”, entonces en lo
que yo me paro se montó otro con una bicha de gasolina, échenle gasolina y ahí
mismo le metieron fuego, yo no me maté de casualidad, yo salí …
Coordinadora: ¿De qué ruta es esta, señor?
Jacinto: 23 de enero.
Anahis: Bien amigos, ya escucharon. Señor, ¿cuál es su
nombre?
Jacinto: Jacinto Peña Dávila
Anahis: ¿Y qué piensa usted de esta situación? ¿Piensa
usted que es porque usted estaba trabajando?
Jacinto: Tiene que ser.
¿Notó algo extraño en el diálogo? Leámoslo otra vez.
“¿Y por qué?”
Lo primero que me extrañó al ver la grabación fue la temprana pregunta de la
periodista: “¿Y por qué, señor?”, apenas al comenzar. Ella aún no sabía lo que
había pasado. Hubiera sido más lógico preguntar: ¿Cómo se quemó el autobús? ¿Fue
un accidente? ¿Alguien le prendió candela? ¿Cómo era esa persona? ¿Hacia dónde
huyó?
No soy periodista, pero tengo entendido que en la teoría informativa se
maneja mucho el estándar de “las cinco W” para armar las noticias (Quién,
cuándo, cómo, dónde y por qué), y si bien no hay rigurosidad en el orden en el
que se respondan dichas preguntas, siempre se trata de dejar el “por qué”
para el final, pues se desea que el receptor maneje bien lo que pasó para
entonces explicarle las razones.
Pero sigamos leyendo el diálogo, para toparnos con otra pregunta de
Anahis:
“¿Es porque usted estaba trabajando?”
Aquí sí perdí la compostura. ¿Cómo pudo una periodista saber tan rápido, sin
ni siquiera haber averiguado lo ocurrido, que el señor Jacinto había sido
víctima de un ataque por no haber acatado el paro de la CTV? Nótese también que
la periodista hizo la pregunta dos veces en la corta entrevista de setenta
segundos.
Es aquí donde me declaro escéptico ante las casualidades: era el segundo día
del paro. El transporte público no se había paralizado, y como consecuencia,
muchísimas personas habían asistido a sus trabajos. El oeste caraqueño trabajó
aquel 2 de diciembre como cualquier otro día. La gente iba y venía por montones.
En vista de que los gremios de transporte público habían acordado no plegarse
al paro (y ayudó mucho que el gobierno autorizara un incremento del pasaje en
100 bolívares), la única forma de paralizar a los conductores era
intimidándolos. Es por ello que algunos sindicalistas ordenaron atacar a
conductores de transporte público con el fin de amilanar a sus compañeros.
Pero si los hechos no son reseñados por los medios, es como si nunca hubieran
ocurrido. ¿Cuánto sabía RCTV sobre el ataque contra Jacinto Peña?
Transmitido inmediatamente
Veamos otros indicios. Los hechos ocurrieron a las 5:40 de la madrugada del 3
de diciembre. Luego, fueron transmitidos por RCTV. No sé la hora (se puede
averiguar en Conatel), pero en aquel momento yo era voluntario para Aporrea, y
el primer e-mail que llegó a puebloalzao
aporrea.org avisándonos de haber visto esta tragedia arribó a las 7:18
de la mañana. En Venezolana de Televisión retransmitieron la grabación a las
10:04 am.
¿Por qué la quema del autobús de Jacinto ocurrió tan temprano, en horas de la
madrugada? ¿Por qué RCTV se afanó en transmitir esta grabación lo más pronto
posible? ¿Era normal que RCTV transmitiera agresiones contra personas que
“estaban trabajando”, cometidos seguramente por manos opositoras? Como todos
sabemos, y como nos lo han explicado destacados comunicólogos como Earle Herrera
y Luis Britto García, los medios de comunicación en aquel momento actuaban como
medios de propaganda. Sólo transmitían una noticia si esta beneficiaba de
alguna forma al paro golpista de la oposición.
Y en efecto, el transmitir esa noticia a tempranas horas de la mañana
amedrentaría a muchas personas que se dirigían a sus trabajos en camionetas por
puesto, quienes evitarían salir, temerosas de ser víctimas de otro ataque.
También achantaría a los choferes. En efecto, ¿qué mejor ayuda que esa para
apoyar el paro?
Por supuesto, no tengo pruebas para demostrar las acusaciones. Pero no creo
que haya pasado una sola vez.
Complicidad en ataques a buhoneros
Corría el lunes 23 de diciembre de 2002, en medio del debilitado paro. Y si
alguien nunca se paró, ese alguien fueron los buhoneros, sobre todo los
apostados en ambos lados de la avenida Universidad, frente al Metrocenter. Justo
allí pasaba ese día con mi novia, cuando explotaron cuatro bombas lacrimógenas
lanzadas desde el interior del centro comercial. Y nuevamente llegaron los
reporteros del canal 2, aún antes que la policía. Tardaron dos minutos, sin
exagerar. Hicieron algunas tomas y luego se fueron. No entrevistaron a
nadie.
Y tanto mi novia como yo seguimos de malpensados, negándonos a creer en las
casualidades. El que los buhoneros chavistas y trabajadores hayan sido atacados,
es algo que mediáticamente no beneficiaba a la oposición… a menos que los
buhoneros comiencen a tener miedo a ir a trabajar porque puedan ser víctimas de
los atentados opositores.
¿Casualidad o “Causa-lidad”?
Y usted, ¿sigue creyendo en las casualidades? No puedo dejar de mencionar a
una amiga bolivariana, quien una vez me contó con decepción: “Sabes chamo, yo
vivo cerquita de la plaza Francia, y me la paso con una filmadora en el balcón
pendiente de que algún golpista haga algo malo para grabarlo… ¡y lo más
impactante que grabé durante el paro fue a dos escuálidos borrachines cayéndose
a golpes!” Realmente, pareciera que un camarógrafo raras veces en su vida
grabará algo impactante "por casualidad". Sino, podemos preguntarle al
camarógrafo de Venevisión que estuvo en la azotea de un edificio en la avenida
Urdaneta el 11 de abril de 2002, o a los camarógrafos que estaban dentro de un
hotel el 4 de febrero de 1992 y grabaron las tanquetas que entraban al palacio
de Miraflores. Todos estaban "dateados".
Realmente, el señor Marcel Granier y su combo fueron inteligentes. Los medios
de comunicación privados cometieron una gran cantidad de delitos y ofensas
contra la población que tal vez nunca puedan demostrarse. Y en medio de un manto
de impunidad tan galopante, donde aún quienes son atrapados por la justicia
tienen la oportunidad de escapar usando los asilos políticos como recurso,
realmente el recolectar pruebas no se ha vuelto tan importante hoy día. Sólo
esperemos que esta situación cambie pronto.
Mientras tanto, el pueblo venezolano sólo puede hacer algo: perder la fe en
los Marcer Granier y las Anahis Cruz (sí, en dueños de medios y periodistas) que
se prestan para este tipo de crímenes.