No
acostumbro a ventilar en público asuntos relativos a VTV, canal donde
he trabajado en los últimos años, y del que se me percibe como una de
sus “imágenes”, mucho menos aquellos que puedan considerarse parte de
su dinámica interna. La sabiduría popular aconseja lavar los trapos
sucios en casa.
La
obligada excepción obedece al desagradable episodio en el cual el
presidente Hugo Chávez increpó, en forma tan sorpresiva como injusta, a
uno de los camarógrafos de VTV que trabajaron en el Aló, Presidente del domingo 28 de julio.
Seguramente
la rabia del presidente Chávez por lo costoso que resulta al Estado un
canal como el 8 tenga alguna justificación racional, y que los
millardos que recientemente le aprobó en un crédito adicional le luzcan
mejor invertidos si se destinaran, digamos, a alguna política social.
Puede,
también, que la molestia presidencial tenga base en el anacronismo de
algunas cláusulas del contrato colectivo, heredadas de tiempos en que
no se exigía al personal una cantidad y frecuencia de trabajo
extraordinario como el de hoy.
Un
esquema de horas extras diseñado, por ejemplo, para que éstas fuesen
cosa realmente extraordinaria –unas pocas al mes, si acaso- y no algo
más bien cotidiano, que para una minoría de los trabajadores puede
significar la duplicación o más de su salario base, y para la nómina un
factor de crecimiento exponencial año tras año.
Las
apariciones y actividades públicas de Rafael Caldera, por ejemplo, no
sólo ocurrían una vez a la cuaresma –llegó a pasar semanas sin
mostrarse en público- e infinitamente más cortas que las maratónicas
jornadas de Chávez, todas cubiertas por algún equipo de VTV. De aquel
letargo viene esta corredera.
Cláusulas
que, también es posible, recuerden la tendencia de los gobiernos
neoliberales a firmar compromisos económicos inviables con los
trabajadores para luego justificar la privatización de una empresa,
como ocurrió con Sidor o Cantv, hoy de nuevo en manos estatales.
Tal
vez el Presidente imagine que además de los trabajadores honestos y
entregados a su trabajo, que abandonan pareja e hijos por días o
semanas enteras para seguirlo a él con cámaras, luces, micrófonos y
microondas, haya algunos que se aprovechen del contrato colectivo y
dejen para el domingo tareas que podrían realizar entre semana, sólo
para agrandar su quince y último. De todo hay en la viña del señor.
Vapuleados
Todo
eso puede haber estado detrás de la molestia presidencial, pero, por
más vueltas que se le dé, no hay argumento que justifique la escena del
mandatario increpando a Efraín Castro, que así se llama el camarógrafo
vapuleado.
Quiso
la historia, tan llena de paradojas, que el mandatario dirigiera su
descarga contra uno de los más abnegados trabajadores del canal y le
exigiera demostración de compromiso revolucionario y de disposición al
trabajo voluntario a quien no necesita darla, porque ya la ha dado y
con creces. Que después de siete años no se acuerde de su rostro es
otra cosa.
Ese
mismo camarógrafo fue el que estuvo en el Salón Ayacucho del Palacio de
Miraflores en la madrugada del 13 de abril de 2002, tomando las
imágenes del recién liberado presidente Chávez con crucifijo en mano
pidiendo perdón por sus errores y llamando a la reflexión a los dueños
de los medios de comunicación. Detrás de esa cámara estaba ese ser
humano.
Nadie
tuvo que ordenárselo, ni en ese momento él ni nadie tenía en mente
salario, contrato colectivo ni mucho menos horas extras. Más bien, el
fascismo criollo lo había dejado desempleado, con su cámara en off
y un futuro incierto, pues Enrique Mendoza había cerrado el canal 8 y
nadie apostaba por su reapertura en la dictadura –mediática- de
Carmona. Lo más probable era que lo privatizaran. Algún grupo económico
lo estaría explotando hoy.
Efraín
pudo quedarse en casa, como muchos lo hicieron, pero junto a otros
resolvió ocupar su humilde puesto de combate en una historia cuyo
desenlace hasta entonces nadie podía predecir. Una historia plagada de
anónimos heroísmos, sin soles, estrellas ni condecoraciones, como el de
Efraín.
Tal vez no lo maneje como concepto, pero en ese momento crucial Efraín realizó una memorable jornada de trabajo voluntario.
He
conversado con él y, a pesar de las burlas que vecinos antichavistas le
prodigan ahora en Guatire, de donde todos los días sale a trabajar
antes de las 4:00 am, y regresa cuando ya los hijos duermen, me ha
dicho que volvería a hacer lo mismo, pues el 13 -A lo hizo pensando en
el futuro de esos mismos niños.
Desde
el domingo, al resto de los trabajadores de VTV ya no sólo los vapulean
los antichavistas –llevar ese logotipo encima puede significar riesgo
físico en ciertas zonas acomodadas de Caracas-, sino también algunos
fanáticos chavistas que ahora los señalan como símbolos de
“vagabundería” y “sinvergüenzura” (Chávez dixit), causantes de todos los males del país. Peores, pues, que Alberto Federico Ravell.
Negociación
El lunes, la moral de todo el canal amaneció por el piso.
El
martes, el ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, en
compañía de la directiva del canal, se reunió con los trabajadores en
una asamblea donde cada quien expuso sus puntos de vista.
Ambas
partes convinieron en establecer una mesa de diálogo para revisar el
impacto económico de las horas extras y el resto de las cláusulas del
contrato colectivo, en busca de fórmulas consensuadas.
Una
cámara del canal grabó tanto la razonable argumentación de los
funcionarios, como también las dramáticas historias individuales que
los números no suelen mostrar.
A
primera vista, la discusión pareciera entrampada en un círculo vicioso:
las horas extras terminan siendo un complemento permanente del salario
–sólo para aquellos que las generan-, y a su vez el salario no puede
aumentarse en una proporción mayor porque con él aumenta también el
costo de la hora extra.
De
acuerdo con la empresa, el contrato impide o dificulta el
establecimiento de horarios o turnos diferenciados, de modo que un
personal distinto al regular pueda dedicarse exclusivamente a las
jornadas dominicales o extraordinarias.
Los
trabajadores sostienen que sólo a partir de la séptima hora laborada en
domingo es que se contabiliza cada hora extra como un día adicional de
salario. Parte de esa paga se les iría en las tres comidas, cuando se
trata de transmisiones remotas, es decir, fuera del canal, pues los
viáticos apenas pasan de 20 mil bolívares viejos por día.
Como
en toda relación obrero-patronal, cada quien tiene sus razones.
Imaginación, buena voluntad, buenos negociadores y un buen mediador
podrían zanjar el asunto.
Disciplina
Antes
de continuar, aclaro que quien esto escribe no es beneficiario del
contrato colectivo de VTV, de modo que jamás he percibido pago alguno
por las maratónicas jornadas de trabajo extraordinario durante 8 años
en ese canal.
Mi
contrato individual, que no contempla prestaciones sociales, ni caja de
ahorros, ni HCM, ni horas extras, ni viáticos, se limita a la
conducción del programa “En Confianza” –este lunes 4 de agosto debe
estar de vuelta al aire al mediodía-, pero los directivos del canal, y
sobre todo sus usuarios, son testigos de que he estado allí las veces
que se ha requerido mi trabajo, en incontables operativos de prensa y
programas especiales, sin límite de horario o exigencia de compensación
económica alguna.
De
todos modos, y también lo saben los directivos del canal, mi puesto
está a la orden, cuando VTV lo disponga me iré por mis propios pasos y
sólo quedará la satisfacción de haberle sido útil al pueblo en su lucha
por la verdad desde la simple posición de periodista. Ah, y no ando
buscando cambur alguno, ni designado ni por elección popular. Porsia.
Dicho
esto, paso a hacer votos porque el Presidente haya reflexionado sobre
la injusticia cometida con Efraín Castro y en general con la mayoría de
mis compañeros de trabajo. Si aquel 13 pidió perdón, nada le costaría
hacerlo de nuevo con gente que merece un desagravio.
En su Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano,
el historiador británico Edward Gibbon cuenta que el carácter guerrero
de los soldados romanos derivaba, entre otras cosas, de una disciplina,
tan, pero tan férrea que los centuriones estaban autorizados a
sancionar con golpes a sus subalternos y los generales a castigarlos
con la muerte.
“Era máxima inflexible de la disciplina romana que un buen soldado temiera más a sus superiores que al enemigo”, cuenta Gibbon.
Ojalá esa máxima no esté en el ánimo del Presidente cuando se permite “patear” en público a sus colaboradores.
Puede
que el regaño a un ministro le gane el aplauso de masas insatisfechas
con la gestión pública, pero al enfilar contra gente del pueblo, como
Efraín Castro este domingo y hace meses Nelson Mora en el barrio
Federico Quiroz, no hace sino causar mella entre sus propias filas.
Filas que uno confía tengan más miedo a un triunfo de la derecha que a un regaño de Hugo Chávez.
TAQUITOS
CONDOLENCIAS. Sabás
Rosas, un combativo dirigente sindical petrolero, militante del PCV por
cinco décadas, murió en El Tigre el 28 de julio. Hasta nuestro amigo y
colega Alexis Rosas, así como a todos sus camaradas y familiares,
nuestra palabra de condolencia. En días pasados también se nos fue Omar
Villegas, primo nuestro mejor conocido como El Búho. Omar no
dejó hijos, pero sí una estela de bonhomía y mejor humor. Como decía
Alí Primera, los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. CITA:
“¿A quién le es dado realizar un sueño? En el cielo debe haber
elecciones para esto; todos somos candidatos sin saberlo; los ángeles
votan…” Víctor Hugo, en Los Miserables.
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