En las últimas
semanas se han producido varias rectificaciones de naturaleza política
del presidente Chávez. Algunos dirán que se trata de un proceso táctico
con motivo de las elecciones de gobernadores a finales de año, lo cual
puede ser parcialmente cierto pero en absoluto le reduce valor a las
decisiones tomadas. No se puede decir entonces que, en materia política,
el Presidente no rectifica. Los casos del currículo bolivariano, del
decreto-ley sobre inteligencia y contrainteligencia y de las FARC, son
muy claros y precisos como para ignorarlos olímpicamente.
Lo más importante
en relación con esta materia son tres hechos que están presentes alrededor
de toda rectificación: Las causas que la motivaron, que pueden ser
de naturaleza táctica o estratégica; las consecuencias políticas
que se derivan del hecho, pues rectificar no necesariamente retrotrae
la situación al momento previo a la toma de la decisión que se rectifica,
y las enseñanzas que se derivan del hecho, que permiten prevenir la
aparición de errores y mejorar la construcción del proceso revolucionario.
Los tres procesos:
Causas, efectos y enseñanzas deben ser abordados inmediatamente en
la discusión y no dejarlos pasar como si no fueran importantes. Es
aquí donde pienso que el Gobierno no ha sido lo suficientemente diligente
y no le ha prestado la atención debida y necesaria a estos procesos,
en cada uno de los casos mencionados, en el entendido, por supuesto,
que existen motivaciones en todas las decisiones que no pueden ventilarse
públicamente, lo cual no constituye un impedimento para la realización
de otras discusiones sobre las materias.
¿Por qué,
por ejemplo, se cometieron todos los errores señalados por el Presidente
con el Decreto-Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia?
¿No conocía el Presidente el contenido del instrumento legal que promulgaba?
¿Cómo es posible que la Procuraduría, organismo que tiene que revisar
todo instrumento normativo proveniente del Ejecutivo, no se haya percatado
de que el mismo era claramente inconstitucional? ¿Quiénes fueron los
autores de este desastre? ¿Dónde está la responsabilidad de Rodríguez
Chacín?
El Presidente
ha asumido todas las culpas en este caso particular, mientras los responsables
no han asumido las suyas, como ocurren en otras latitudes, pues la aprobación
inicial, así como su derogatoria, tienen costos políticos importantes
para el proceso revolucionario, que no pueden seguirse repitiendo. A
la rectificación política del Presidente ha debido seguir una rectificación
administrativa en relación al personal que, por ignorancia o negligencia,
coloca a la revolución en una situación difícil y de peligro.
No se trata
del castigar por castigar, se trata de buscar gente eficaz y preparada
para ponerla al frente de los diferentes campos de batalla.
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