Jornada de Discusción Política: “Emancipación versus
Globo-Fascismo”
Movimiento Utopía 78, Facultad de Ciencias Jurídicas y
Políticas,
Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela
Del 6 al 7 de
noviembre de 2003
Ponencia: El “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano” y sus
Incidencias sobre América Latina
Ponente: Jutta Schmitt
Introducción
En esta ponencia, en el marco de la Primera Jornada de Discusión Política que
se realiza en nuestra Facultad, titulada “Emancipación Latinoamericana versus
Globo-Fascismo”, nos proponemos dilucidar uno de aquellos factores, que, según
nuestro criterio, más impactan sobre y amenazan a los nuevos procesos y
tendencias de reconstitución política, renovación económica y profundas reformas
sociales, que hoy se viven en algunos países de América Latina, específicamente
en Venezuela.
El trasfondo general de nuestro análisis lo constituye una realidad
compleja. Aún cuando estamos convencidos de que todos conscientemente vivimos y
compartimos el mismo tiempo y el mismo espacio, aún cuando escribimos la misma
fecha en todas partes del mundo, aún cuando pareciera que ningún rincón de la
tierra haya escapado a la ya notoria “globalización”, la realidad y actualidad
global no es homogénea, ni tampoco unidimensional. Existe, debido a los
diferentes niveles y grados de desarrollo de las fuerzas productivas en el
mundo, un mismo proceso global que consiste de diferentes
realidades - iguales, desiguales y combinadas a la vez. Este proceso global lo
hemos denominado el proceso histórico de trabajo, basado en los seis ejes
de la destrucción de la naturaleza, explotación económica, opresión política,
discriminación social, alienación humana y militarización y aniquilación de la
propia especie humana. En su etapa actual, “capitalista-corporativa”, la
“clásica” explotación de la fuerza de trabajo física ha empezado cederle el
terreno al trabajo intelectual, siendo la energía intelectual la que
progresivamente sustituye a la fuerza de trabajo físcia y perfilándose así la
condenación de billones de seres humanos en el planeta - vendedores de su fuerza
de trabajo física - a la obsolencia, marginalidad y eventual extinción.
Dentro de la totalidad de este proceso igual, desigual y combinado
sobreviven, conviven y combaten todavía realidades determinadas por fuerzas
productivas que corresponden primordialmente a etapas anteriores a la
actual-predominante, que es la del trabajo intelectual, aún cuando también y
necesariamente contengan elementos de ésta última. Es esto el caso de la vasta
mayoría de los países y regiones del mundo que constituyen el llamado “Tercer
Mundo” o “Sur” del planeta, y que conforman el otro lado de la misma moneda que
se llama, eufemísticamente, “progreso y desarrollo”, es decir, el estancamiento
y subdesarrollo. Ambos lados desiguales y contradictorios son producto del
desenvolvimiento histórico del mismo proceso de trabajo en su etapa capitalista,
con el establecimiento del mercado mundial y su intercambio forzado y desigual.
Las características del “progreso y desarrollo” las encontramos en los
centros de producción “más avanzados” del mundo, es decir en los países de la
alta tecnología, y también es allí donde encontramos tanto la más marcada
concentración de capital en manos de unas pocas corporaciones transnacionales,
como la más sofisticada tecnología aplicada al proceso de producción. Como la
capacidad de la tecnología de producción es equivalente a la capacidad de
la tecnología de destrucción, los centros de producción también
concentran los más sofisticados arsenales de armamento, complemento
indispensable, hoy más que nunca, para garantizar su predominancia “productiva”
en el mundo.
Ante la declarada ausencia de alternativas al modelo único de “producción”
reinante en el mundo, que es el modelo capitalista-corporativo, y ante la
prohibición tajante, por parte de los poderes económicos establecidos, de
cualquier esfuerzo que apunte en otra dirección, se ha estado imponiendo,
progresivamente y bajo el concepto del “mundo libre, democrático y próspero”,
una verdadera dictadura de la libertad, que no es otra cosa que la
libertad del inmenso capital perversamente concentrado en las más grandes
corporaciones transnacionales, de abrirse paso en todas las esferas que todavía
quedan por conquistar, para transformarlas en propiedad privada, mercancía y
ganancia, desde el conocimiento ancestral-indígena hasta el genoma de cualquier
ser vivo en el planeta.
Detrás de los eternamente propagados “valores” de la “libertad” y de la
“democracía” se esconde, a fin de cuentas, la apertura a cualquier costo de
mercados para el capital transnacional, y en última instancia, la apertura a
la fuerza por medio de la invasión militar de aquellos mercados, que se
muestren reacios al propósito neoliberal. La expresión político-militar de este
cuadro económico global, la vemos en un verdadero globofascismo, que tiene su
“epicentro” actual en los EE.UU. y que promueve de manera abierta y agresiva los
intereses económicos de la cada vez más reducida clase social que sustenta los
medios de producción, en detrimento de la cada vez más numerosa clase social,
que vende su fuerza de trabajo, primordialmente física, a escala mundial. Han
vuelto las guerras, como mejor remedio no sólo para enfrentar las crisis
económicas de sobreproducción y sobrecapacidad por medio de la destrucción de
capital, fuerzas de trabajo y una posterior fase de “reconstrucción” y
“recuperación” económica, sino en miras de eradicar de la faz de la tierra el
vasto “ejército de reserva”, ya obsoleto, de billones de seres humanos,
vendedores de su fuerza de trabajo física.
Esto es, de manera muy comprimida, la esencia de lo que hemos denominado el
“globofascismo”, que constituye el trasfondo el cual tenemos que necesariamente
considerar a la hora de estudiar las tendencias y los procesos tanto
progresistas que se dan en el mundo, específicamente en nuestra América Latina,
como también aquellas fuerzas, que agresivamente promueven, profundizan y
radicalizan los intereses que empujan el orden mundial existente hacia su
extremo letal, como lo es el caso del Proyecto Para un Nuevo Siglo
Americano, que vamos a presentar en seguida. Cualquier diseño de un futuro
que sea distinto del horizonte nefasto, que se está perfilando en estos momentos
a escala global, tiene que conocer en toda su magnitud las fuerzas adversas que
operan en contra de las propuestas alternativas. Por esta misma razón, hemos
dedicado la mayor parte de nuestro trabajo a dar a conocer el Proyecto para un
nuevo Siglo Americano.
1. ¿Qué es el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano?
El Proyecto para un Nuevo Siglo Americano o PNAC[1] por sus siglas en inglés es, lo que denominan en inglés un
“think tank”, una especie de “fábrica de pensamientos”, subordinable bajo la
categoría “investigación y análisis de política exterior, estudios estratégicos
e internacionales”, de la corriente “neo-conservadora” en los EE.UU. Sus
miembros propagan una ideología militarista, que se centra en el uso de la
presión y persuasión basada en la fuerza militar como instrumento primordial de
la “diplomacia”, descartando rotundamente que las relaciones internacionales
puedan ser reguladas de manera efectiva por el derecho internacional. En su
“Declaración de Principios” y sobre todo en su documento clave, titulado
“Reconstruyendo las Defensas de América: Estrategia, Fuerzas y Recursos para un
Nuevo Siglo”, el PNAC expone sus ideas, partiendo de la premisa de una
supremacía estadounidense incontestada en el mundo.
Poco conoce la llamada “opinión pública” de los propios EE.UU. sobre el PNAC,
aún cuando esta organización haya llegado a determinar decisivamente la política
exterior de la actual administración George W. Bush, ocupando muchos de sus
miembros cargos centrales en el gobierno de este último. Por eso mismo, el PNAC
lideriza la lista de los 25 objetos noticiosos más censuradas por los medios de
comunicación de masa estadounidenses en el período 2002-2003.[2]
Según su propia definición, el PNAC es una “organización educacional sin
fines de lucro, que tiene el propósito de promover un liderazgo americano
global”, y su origen data del mes de junio de 1997[3], cuando la presidencia de los EE.UU. la ejerce Bill
Clinton. Los 25 firmantes del Proyecto[4], de algunos de los cuales hablaremos más adelante,
deploran en su “Declaración de Principios” la política exterior y de defensa
incoherente de la administración Clinton, y la falta de propuestas para
directivas claras por parte de los sectores conservadores, y es así como llegan
a constatar la ausencia de una visión estratégica para el rol de América en
el mundo. Urgen, de que América asuma un rol decididamente protagónico de
liderazgo global, en función de velar activa y sobre todo preventivamente
por sus intereses en el mundo. Constan los firmantes, que, al finalizar el siglo
XX y al haber vencido en la Guerra Fría, Norteamérica se encuentra en la
posición única y sin precedentes de constituir el poder global preeminente sin
competidor, y que el reto para el siglo XXI es indudablemente él de aprovechar
estos mismos logros, fruto de las décadas pasadas, para moldear un nuevo siglo
favorable a los intereses y prinicipos Norteamericanos.[5]
Sin embargo, consideran los firmantes a la hora de elaborar su Proyecto, que
Norteamérica corre el peligro de perder esta única oportunidad, al
solamente consumir y gastar el “capital” ya acumulado, es decir, al vivir de las
inversiones militares y de los logros de la política exterior obtenidos en el
pasado, más no enfrentar y prevenir los retos futuros. Entre los obstáculos para
que Norteamérica mantenga su influencia en el mundo, figuran, según los
firmantes, los cortes en el presupuesto para asuntos exteriores y gastos de
defensa, la nula atención que se le presta al arte de gobernar a la altura de
los requerimientos de la época, un liderazgo inconsistente y la preferencia del
cortoplacismo sobre consideraciones estratégicas de largo plazo.[6]
A partir de estas observaciones surge entonces la propuesta de un liderazgo
global firme, que se edifique sobre un sector militar fuerte, sobre una política
exterior, que audaz y agresivamente empuje hacia la realización de los
“principios” (léase intereses) norteamericanos en el mundo, y sobre un liderazgo
nacional que acepte y asuma las responsabilidades globales de los EE.UU. en el
mundo.[7] Consideran los firmantes
al final de su Declaración de Principios, que es imperativo, primero,
aumentar considerablemente el presupuesto militar para poder enfrentar tanto las
responsabilidades de la actualidad como los retos del futuro; segundo,
estrechar los lazos con sus aliados democráticos y retar a régimenes, que son
hostiles a los intereses y valores americanos; tercero, promover la causa
de la “libertad política y económica” en el exterior[8]; y cuarto, mantener la “paz y seguridad” en Europa,
Asia y Medio Oriente y preservar y extender un orden internacional propicio a y
reforzador de la seguridad, prosperidad y de los principios americanos.[9]
La Declaración de Principios del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano
concluye urgiendo, que se aprenda la “lección de la historia del siglo pasado”,
que es, para los firmantes, la de reconocer la importancia de moldear las
circunstancias antes de que surgan las crisis y contrarestar amenazas
antes de que estas se agudicen, con lo cual quedan sentadas las bases
para la posterior “Doctrina Bush” o doctrina de las “guerras
preventivas”, como en efecto fue establecida por medio de la Estrategia de
Seguridad Nacional de los EE.UU., el 20 de Septiembre del 2002.
Ahora bien, ante los lineamientos generales trazados por el PNAC en el verano
de 1997 para garantizar la preeminencia de América en el mundo, y más aún
teniendo en cuenta su documento clave, “Reconstituyendo las Defensas de
América”, publicado por el PNAC en el año 2000, que constituye su pilar
ideológico-militarista y que trataremos más adelante, el 11 de Septiembre de
2001 pareciera como un verdadero “regalo del cielo”, en términos de brindar
la base objetiva y absolutamente indispensable para poder justificar la
realización del “Proyecto para un nuevo Siglo Americano”, para romper además
cualquier resistencia que pretendiera interponerse ante semejantes aspiraciones,
y para obtener el major consenso “psico-político” posible por parte de la
población Norteaméricana. Surgió, gracias al 11 de Septiembre, el cuadro óptimo
de un enemigo omnipresente, peligrosísimo, impredecible, con múltiples
colaboradores, con cara identificable pero difuso en cuanto a su definición, que
es la del “terrorismo internacional”[10]. El 11 de Septiembre de 2001 fue el “evento
catalizador” tan urgentemente requerido para poder cumplir con las tareas
trazadas, y gracias a la consiguiente declaración de la „guerra contra el
terrorismo“, que se lanzaba desde un principio en términos de una guerra
perpetua, se permitió la rápida implementación de un sistema de control y
vigilancia que opera a nivel doméstico-estadounidense y progresivamente a nivel
mundial, y la abierta militarización de la política exterior de los EE.UU.[11] Estaba finalmente dado el
necesario “fondo teatral” ante el cual los EE.UU. podían avanzar sus intereses
geoestratégicos bajo el disfraz de la “guerra contra el terrorismo” y de
neutralizar y si fuese necesario, eliminar de manera efectiva cualquier forma de
disidencia o restistencia en relación a su proyecto totalitario-global.[12]
Sin embargo y en cuanto a los personajes que están detrás y empujan al
Proyecto de un Nuevo Siglo Americano, es absolutamente menester de aclarar, que
aquí no se trata de un grupito de locos, soñadores de un imperio global
americano y conspiradores contra la “paz mundial”, sino que se trata de la
expresión lógica de un sistema económico-social basado en la producción
de ganancias, la competencia y la creciente concentración y centralización del
capital, establecido a nivel mundial. Ante una situación objetiva que requiere,
para su funcionamiento “óptimo”, primero, el acceso irrestricto a recursos
energéticos y naturales, segundo, la apertura sin límites de los mercados
económicos y financieros a escala global, tercero, la desaparición de políticas
económico-sociales a nivel de los estados nacionales, es decir, la aniquilación
del estado nacional como ente regulador; y cuarto, el fortalecimiento de entes
supranancionales como lo son la OMC, el FMI y el Banco Mundial, organos
representantes de los intereses de las corporaciones transnacionales más
competitivas, pero donde la última garantía la brinda la apertura de mercados
forzada por las armas, es lógico que tales “requerimientos objetivos” encuentren
su correspondiente expresión subjetiva, en forma de proposiciones tal
como el proyecto propuesto por el PNAC.
Más específicamente, “think tanks” como el PNAC y toda una red a nivel
financiero, organizacional, personal e ideológico de “fábricas de pensamientos”
del espectro “neo-conservador”,[13] constituyen la “vanguardia intelectual” o mejor dicho,
las maquinarias de promoción agresiva y directa de los intereses de las
grandes corporaciones norteamericanas de los sectores energía, militar,
electrónico-computación, químico, agri-biofarmacéutico y también
telecomunicación, en otras palabras, del “complejo
energético-militar-postindustrial”, para utilizar la versión actualizada de un
viejo concepto.[14] Estos “think
tanks” están íntimamente ligados a las grandes e influyentes fundaciones
conservadoras, que a su vez constituyen la plataforma de promoción de políticas
que favorecen a los intereses económicos de las grandes corporaciones. Entre las
más conservadoras, “prominentes” e influyentes figuran la Bradley Foundation, la
Heritage Foundation, la Smith Richardson Foundation, la Olin Foundation y la
Scaife Foundation,[15] quienes
junto a los “think tank” patrocinados por ellos, no sólo han llegado a formular
los principios centrales de la política doméstica y exterior del gobierno
repúblicano de turno, sino a “delegar” representantes de sus intereses a las más
altas esferas políticas.
El propio Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, cuya “casa madre” es el
“American Enterprise Institute” (AEI),[16], ha sido patrocinado, por tres de las fundaciones antes
mencionadas, la John Olin Foundation, la Sarah Scaife Foundation y la Lynde and
Harry Bradley Foundation,[17] y
muchos de sus miembros, estrechamente ligados al “complejo
energético-militar-postindustrial”, han llegado a ocupar cargos de alto rango en
la actual administración Bush, con lo cual sus principios se han convertido en
la doctrina oficial de política exterior y seguridad nacional.
2. Personajes detrás del PNAC - Project for a New American Century
El grupo de personas e intereses corporativos de diferente índole que
constituyen el PNAC fueron empujados a la cúspide de sus ambiciones, primero,
gracias a las acciones preventivas en materia electoral de Jeb Bush[18], intregrante del PNAC,
gobernador de la Florida y hermano del posteriormente ascendido George W. Bush a
la presidencia de los EE.UU. por designación de la Corte Suprema de Justicia de
este país; y segundo y como ya indicado anteriormente, gracias al 11 de
Septiembre del 2001, que se convirtió en base objetiva para la justificación y
realización del proyceto. En un breve y comprimido recorrido, vamos a dilucidar
entonces algunos de los personajes más importantes detrás del Proyecto para un
nuevo Siglo Americano.
El “padre ideológico” del PNAC es el actual Secretario Adjunto de
Defensa, Paul Wolfowitz, y entre los miembros fundadores del grupo
figuran el actual Vicepresidente de los EE.UU., Dick Cheney, el actual
Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; y Richard Perle, miembro eminente del
Policy Defense Board (panel de políticas de defensa), del cual fue director
hasta hace poco. Paul Wolfowitz es un Republicano ultra-conservador,
feróz defensor de una política exterior agresiva para contrarrestar cualquier
amenaza que se interponga a los intereses de los EE.UU. en el mundo en forma de
una posible potencia competidora, es además un teórico de la supremacía militar
estadounidense, un fiel creyente en la lógica del poder absoluto y el arquitecto
principal de la “reconstrucción” del Iraq de la postguerra.[19]
Dick Cheneyes el ex-director general de la empresa productora de
equipos para la industria petrolera, Halliburton y de su subsidiaria, Kellog,
Brown & Root, hoy empresas ganadoras de billonarios contratos para
“reconstruir” la infraestructura petrolera Iraquí y para la exploración y
perforación de nuevas fuentes petroleras en Iraq.[20] Cheney además es elencargado del “Plan Energía” de la
administración Bush; ha movilizando sus vínculos con las grandes corporaciones
del sector energía, como por ejemplo con Ken Lay, ex-director ejecutivo del
quebrado gigante energético, “Enron”; ha diseñado un plan energético para la
nación de acuerdo a los intereses de los sectores petrolero, gas y energía
nuclear, combinando sus alianzas corporativas con su visión estratégica del
petroleo y gas como parte integral de la política exterior de los Estados
Unidos.[21]
Donald Rumsfeld, ex-piloto de la Marina de los EEUU, burócrata y
político veterano no sólo con vasta experiencia en gobiernos anteriores sino
también como director y gerente de empresas farmacéuticas y de teconología de
comunicación, lideriza, en su función de Secretario de Defensa, la revisión
general que hace el Pentágono de las fuerzas armadas estadounidenses, y promueve
una nueva estrategia militar “adecuada al siglo XXI”, que consiste en la
reorganización de su estructura de comando establecida a nivel mundial, el
“Unified Command Plan”, y la modernización de los equipos militares; contando
para todo ello con un presupuesto equivalente al presupuesto de defensa
combinado de los siguiente ocho poderes militares más grandes del mundo.
Rumsfeld es, además, un apasionado defensor de un ambicioso sistema de defensa
anti-misíl.[22]
Richard Perle, consejero principal de Rumsfeld, fue conocido en los años 80
por su convicción de que EE.UU. podrían ganar una guerra nuclear, por lo que fue
tildado de “Príncipe de la Oscuridad”[23]. Perle es miembro del Defense Policy Board, organo con
gran influencia sobre la política exterior militar del Pentágono, y aboga por el
uso de la fuerza en los asuntos internacionales, abiertamente despreciando la
noción de un orden mundial basado en el derecho internacional, noción que la
considera blanda, ineficiente y hasta peligrosa.[24] Perle es, además, una especie de “consejero para
inversionistas” en asuntos de sacarle ganancia a conflictos bélicos que se
perfilan en el futuro.[25]
El presidente del PNAC es William Kristol, anterior jefe de personal
del vicepresidente Dan Quayle bajo la presidencia de Bush-Padre, influyente
personaje neo-conservador, promotor de un conjunto de ideas para una nueva
política exterior que, después del 11 de Septiembre, se ha convertido en la
“Doctrina Bush” del presidente Bush-Hijo. En los años 90, Kristol fue integrante
de un proyecto de la Bradley Foundation y actualmente es editor del semanario
neo-conservador “Weekly Standard”, propiedad del imperio mediático de Ruppert
Murdoch. Kristol, además, es uno de los miembros del PNAC que integran el
“Comité para la Liberación de Iraq”, surgido a iniciativa del propio PNAC y que
ha sido calificado como la punta de lanza del lobby pro-guerra estadounidense.[26]
Bruce Jackson, uno de los directores del PNAC, ex-funcionario del
Pentágono bajo la presidencia de Ronald Reagan y anterior vicepresidente (de
1993 a 2002) de la empresa productora de armamento y equipo militar, Lockheed
Martin, preside el mismo “Comité para la Liberación de Iraq”.
Otro de los directores del PNAC es John Bolton, anterior
vicepresidente del “think tank”
American Enterprise Institute, actual Subsecretario para el Control de Armas
y Seguridad Internacional; en la era Reagan apoyó a los Contras Nicaragüenses;
actualmente aboga por un “cambio de regimen” en Corea del Norte, y es
abiertamente hóstil a los tratados internacionales a los cuales considera, junto
a las Naciones Unidas, como una amenaza a la soberanía de los EE.UU. Bolton
liderizó el esfuerzo dentro del Departamento de Estado de sabotear la Corte
Criminal Internacional, al retroceder del Estatuto de Roma, y recientemente ha
acusado a Cuba de poseer un programa de guerra biológica ofensivo, acusación por
cierta descartada por funcionarios anónimos del servicio de inteligencia
estadounidense.[27]
Finalmente, entre muchos otros personajes importantes que integran la larga
lista de personas vinculadas al PNAC, queremos resaltar a Elliot Abrahams
y Vin Weber, por ser vinculados de una u otra manera con los eventos
desestabilizadores y promotores de corrientes adversos al proceso de la
Revolución Bolivariana, que se vive en Venezuela.
Elliott Abrams es un especialista en guerra sucia de los años 80 con
vínculos a los escuadrones de la muerte en Centroamérica; fue condenado por
mentir ante el Congreso norteamericano respecto al escándalo Irán-Contra,
perdonado por Bush-Padre y empleado en el 2001 por el gobierno Bush-Hijo como
director mayor para “Democracia, Derechos Humanos y Operaciones Internacionales”
en el Consejo de Seguridad Nacional. En el 2002 fue nombrado director mayor para
Asuntos del Medio Oriente y Africa del Norte para “promover la paz y seguridad”
en la región.[28] En unartículo
publicado en The Observer International el 21 de Abril 2002, titulado “Golpe en
Venezuela vinculado al Equipo Bush”, se resalta la figura de Elliot Abrams, que
tuvo una esencial importancia en relación al golpe, según el autor.[29]
Vin Weber, anterior congresista Republicano de Minnesota, co-fundador
y vicepresidente del “think tank” neoconservador, “Empower America”, encabeza
actualmente la dirección del National Endowment for Democracy (NED), una
institución fundada en 1983 por el Congreso estadounidense para “hacer de
algún modo abiertamente lo que la CIA había hecho de manera cubierta durante
décadas”, como lo formula Bill Berkowitz, observador del movimiento
conservador en los EE.UU.[30]
Según Barbara Conry, del “think tank” Cato Institute, del mismo espectro
conservador, el National Endowment for Democracy
“tiene una historia de corrupción y mala administración, es, a lo mejor
supérfluo y a menudos destructivo. A través de esta fundación, el contribuyente
norteamericano ha financiado grupos con interéses especiales para acosar a
gobiernos debidamente electos de países amigables, interferir en elecciones
extranjeras, y fomentar la corrupción de movimientos democráticos.”[31]
En palabras de Berkowitz:
“El National Endowment for Democracy … proporciona dinero, soporte
técnico, provisiones, programas de entrenamiento, conocimiento de medios,
asistencia en relaciones públicas y equipamiento sofisticado para seleccionar a
grupos políticos, organizaciones cívicas, organizaciones sindicales, movimientos
disidentes, grupos estudiantiles, editores de libros, diarios y otros medios. Su
objetivo es desestabilizar a movimientos progresistas, particularmente aquellos
que tienen una inclinación socialista o democrático-socialista.”[32]
Aprovechando sus lazos con el National Endowment for Democracy, la
administración Bush, abiertamente adversa al gobierno legítimo y democrático de
Hugo Chávez en Venezuela, les ha concedido en el año 2001, a través de este
mismo instituto, centenares de miles de dólares a las fuerzas y organizaciones
venezolanas que adversan al presidente y a su proyecto político, y que llegaron
a crear las condiciones que condujeron al golpe de estado del 11 de Abril del
2002, cuyo líder empresarial, que por un breve lapso llegó a usurpar la
presidencia, fue inmediato y abiertamente reconocido por la misma administración
Bush.[33]
Conste, y como detalla su propia página web, el National Endowment for
Democracyen cuya dirección figura, repetimos, Vin Weber, integrante del Proyecto
para un Nuevo Siglo Americano, sigue canalizando dineros a Venezuela, que el año
pasado abarcaron a 15 organizaciones que operan dentro de los sectores
campesino, sindical, justicia, educación, comercio y empresa privada, y
totalizaron un monto de 1.097.000 dólares americanos.[34]
3. Reconstruyendo las Defensas de América: Estrategia, Fuerzas y Recursos
para unNuevo Siglo [35]
En Septiembre de 2000, año de las elecciones presidenciales en Norteamérica y
con miras a que la nueva administración, una vez investida, tendría que elaborar
y presentar un “Reporte & Revisión de Defensa” (Defense Review) para su
período de gestión, el PNAC oportunamente publicó un documento correspondiente,
que contiene su verdadera “esencia” en terminos de una ideología profundamente
militarista, partiendo de la convicción, de que Norteamérica debería tanto
preservar en la actualidad como expandir hacia el futuro su liderazgo global y
su posición de preeminencia económica, tecnológica y militar.[36] Consta el documento en la introducción:
“En la actualidad, los Estados Unidos no enfrentan rival alguno a nivel
global. La gran estrategia principal de América debería tener como objetivo la
preservación de esta posición ventajosa y extenderla, lo más lejano posible,
hacia el futuro”[37]
Partiendo de la premisa principal, de que sus capacidades militares
son las decisivas para poder asegurale a Norteamérica su actual preeminencia
global y también futura, se establecen cuatro misiones centrales para las
Fuerzas Armadas estadounidenses en función de lograr este objetivo, y para lo
cual se considera imprescindible un presupuesto militar que sea lo más amplio y
menos restrictivo posible.[38]
Estas cuatro misiones centrales son, primero, defender la
Patria Americana[39];
segundo, combatir y ganar de manera decisiva múltiples y simultáneas
guerras de gran escala; tercero, realizar misiones “policíacas” y de
vigilancia en función de moldear el entorno de seguridad en “regiones críticas”
del mundo; y cuarto, transformar las Fuerzas Armadas Estadounidenses en
aprovechamiento de la “revolución tecnológica”, progresivamente reemplazando su
armamento y equipo militar con una nueva generación de sistemas de armas y
equipos de combate ultra-tecnologizados.[40]
En este sentido, se concibe la tarea de las fuerzas militares estadounidenses
en los terminos generales de:
“asegurar y expandir las zonas de “paz democrática”, contrarrestar el auge
de una nueva gran potencia competidora, defender regiones claves en Europa, Asia
del Este y Medio Oriente, y preservar la preeminencia Americana a través de la
venidera transformación de la guerra, posibilitada por nuevas
tecnologías.”[41]
Específicamente, el documento propone, primero, mantener la
superioridad nuclear-estratégica, segundo, elevar el personal de servicio
activo de 1,4 a 1,6 milliones de miembros activos; tercero, reposicionar
las Fuerzas Armadas estadounidenses de acuerdo a las realidades estratégicas del
siglo XXI, moviendo sus bases permanentes hacia la Europa del Sudeste y hacia la
Asia del Sudeste; cuarto, modernizar selectivamente las actuales fuerzas
armadas estadounidenses; quinto, desarrollar y desplegar sistemas de
defensa anti-misíl de alcance global, tanto para defender la “patria Americana”
y a sus aliados, como para proveer una base segura para la proyección del poder
norteamericano alrededor del mundo, previéndose un “sistema escalonado” de
componentes basados en tierra, mar, aire y espacio; sexto, controlar los
nuevos “ámbitos comunes internacionales” del espacio y ciber-espacio, preparando
el camino para la creación de un nuevo servicio militar – las Fuerzas Espaciales
de los EE.UU., con la misión del control espacial y con miras al surgimiento del
espacio como un futuro “teatro de guerra”clave; séptimo, aprovechar la
revolución tecnológica para asegurar la superioridad a largo plazo de las
fuerzas armadas convencionales estadounidenses -- especialmente con miras a
nuevos métodos de ataque, electrónico, “no-letal”, y biológico, enfocando nuevas
formas de guerra biológica dirigida hacia genotipos específicos,
“transformando la guerra biológica del ámbito del terror en una herramienta
políticamente útil”[42] --; y
octavo, incrementar los gastos militares a un nivel mínimo de entre 3.5 y
3.8 por ciento del producto interno bruto.[43]
Vale destacar, que las “grandes potencias competidoras” potenciales, a las
que hace referencia explícita el documento, son China y Europa, al constar:
“Hoy se entiende comunmente, que la información y otras tecnologías - como
también la extensa proliferación de tecnología y armas - están creando una
dinámica que podría llegar a amenazar la capacidad de América de ejercer su
poder militar dominante. Rivales potenciales, tales como la China, están
ansiosos de explotar a estas tecnologías transformadoras dentro un ámplio
espectro ....”[44]
... “Particularmente, las fuerzas militares Chinas buscan aprovechar la
‘revolución en asuntos militares’ para compensar las ventajas Americanas en
cuanto a poder aéreo y naval, por ejemplo.” ...[45]
“Aumentar el poder militar estadounidense en Asia del Este es la clave
para hacer frente al auge de China como una gran potencia.”[46]
En cuanto a Europa se refiere, el documento observa:
“A pesar de que el foco de conflicto en Europa haya cambiado, queda una
necesidad de estacionar Fuerzas Estadounidenses en el norte y centro de Europa.
La región es estable, sin embargo, una presencia estadounidense contínua ayuda a
asegurarles a los poderes Europeos centrales, especialmente Alemania, que los
Estados Unidos conservan sus intereses de seguridad a largo plazo en el
continente. Esto tiene especial importancia a la luz de los pasos nascientes de
Europa hacia una ‘identidad’ y política de defensa independiente; es menester
que la OTAN no sea reemplazada por la Unión Europea, dejando a los EE.UU. sin
voz en los asuntos de seguridad Europeos.”[47]
En resumen, el “Manifiesto Militar” del PNAC, “Rebuilding America´s Defenses:
Strategies, Forces and Resources for a New Century”, diseña, en sus 90 páginas,
una estrategia para preservar y extender un orden mundial unipolar, basado en la
predominancia militar incontestada de Norteamérica. El “manifiesto”, elaborado
en el año 2000, no sólo “augura” el “evento catastrófico y catalizador”
de 11 de Septiembre de 2001, sino “anticipa” la política exterior de la
administración Bush-Hijo en cuanto al incremento marcado del presupuesto de
defensa, el estacionamiento de fuerzas militares estadounidenses en bases
permanentes y semi-permanentes alredeor del globo para realizar “tareas
policíacas y de vigilancia”, el retiro del tratado ABM, y el desarrollo de una
nueva generación de armas nucleares tácticas.[48]
Las líneas trazadas por el PNAC han sido adoptadas por la administración de
George W. Bush, gracias a las estrechas interrelaciones existentes entre sus
integrantes no sólo con las grandes fundaciones privadas, los “think tank”
neo-conservadores y también con los medios, sino con las grandes corporaciones -
específicamente del sector energía y defensa -, con el propio establishment
militar y con las más altas esferas del mundo político. Así es como la
Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, publicada en
Septiembre de 2002, un año después del 11 de Septiembre, constituye el fiel
reflejo de la visión de “Full Spectrum Dominance” (dominancia del espectro
completo), elaborada por el PNAC.
4. ”Estrategia de Seguridad” Estadounidense e Implicaciones sobre América
Latina
En la implementación de su nueva política exterior explícitamente
“preventiva” y agresiva en función de asegurar y perpetuar la incontestada
preeminencia estadounidense a nivel mundial, el gobierno norteaméricano parte de
la premisa, de que la “guerra contra del terrorismo global” difiere de cualquier
otra guerra en la historia de los EE.UU., en cuanto que durará por un tiempo
indefinido y se dirige en contra de un enemigo, que es particularmente
“evasivo”, con lo que quedan sentadas las bases para la “justificación” no sólo
de la militarización del propio homeland, sino y en primer lugar de la
militarización de las relaciones internacionales mediante la guerra
preventiva-perpetua, constando el documento, que “nuestra mejor defensa es
una buena ofensiva”.[49]
Lo que hay que asegurar y perpetuar en el fondo, sin embargo y como lo
expresa la propia National Security Strategy en sus capítulos VI y VII, es, como
hemos observado en nuestra introducción, la apertura de mercados a toda
costa para las grandes corporaciones estadounidenses en beneficio de la
misma clase social que hoy ve a su “manifiesto militarista” convertido en
estrategia de seguridad nacional - que es la clase cada vez más reducida que
concentra los medios de producción y el capital en sus manos, en detrimento de
la cada vez más numerosa clase social, que vende su fuerza de trabajo a nivel
mundial.
Así que para la Norteamérica Corporativa y como lo reza el capítulo VI de su
Estrategia de Seguridad Nacional, “Ignite a New Era of Global Economic Growth
through Free Markets and Free Trade” (Encender una nueva era de crecimiento
económico mediante mercados libres y libre comercio),
“las lecciones de la historia son claras: economías del mercado, no
economías de comando y control bajo la mano pesada del gobierno, constituyen la
mejor manera de promover prosperidad y reducir la pobreza”.[50]
¡Y esto lo dice precisamente una administración íntimamente fusionada con las
grandes corporaciones transnacionales, la cual, mediante un sistema de comando y
control implementado a nivel mundial por la mano pesada del propio gobierno
estadounidense, promueve la prosperidad de la América Corporativa y
reduce efectivamente la pobreza al asegurar el exterminio de los pobres
del planeta, de billones de fuerzas de trabajo obsoletas, por medio de la guerra
en permanencia.
“Seguridad nacional” se traduce entonces en asegurar las ganancias
para las grandes corporaciones transnacionales con base en EE.UU., “interés
nacional” se traduce en los intereses económicos de la clase social reducida,
que concentra en sus manos el capital, “democracia” se traduce en "la imposición
de la dictadura del capital” y “libertad” en esclavitud. En este mismo sentido
hay que comprender la aseveración hecha en el capítulo VII, de que
“mercados libres y libre comercio son prioridades de nuestra estrategia de
seguridad nacional.”[51]
Ahora bien, en lo que concierne específicamente a América Latina y
como establecido en el capítulo VI de la Estrategia de Seguridad Nacional, los
EE.UU., con miras a promover el comercio libre en función de velar por su
“interes de seguridad nacional”, se proponen “presionar
iniciativas regionales”, constando que “los EE.UU. y otras democracias en
el Hemisferio Occidental han acordado crear el Área de Libre Comercio para las
Américas, intentando su terminación para el 2005.”[52]
Las inciativas hemisféricas como el ALCA, las iniciativas regionales como la
Iniciativa Regional Andina y “planes” particulares como el “Plan Puebla-Panamá”,
el “Plan Colombia” y el “Plan Dignidad”, son, esencialmente, estrategias de
expropiación bajo diferentes disfraces, con un impacto nefasto para la gran
mayoría de las poblaciones de los países afectados, es decir, para las fuerzas
de trabajo físicas.
Dentro de este cuadro, el ALCA constituye el “plan maestro” para abrirle el
paso a las corporaciones transnacionales al tesoro latinoamericano,
garantizándoles el acceso irrestricto a los recursos naturales e inclusive
biológicos, para su privatización bajo los derechos de la propiedad intelectual,
interfiriendo en la soberanía de los países particulares al modificar
sustancialmente sus constituciones nacionales. La Iniciativa Regional Andina es
compuesta de planes particulares como el “Plan Colombia” y “Plan Dignidad”,
reforzando los objetivos trazados por el ALCA.[53]
La Iniciativa Regional Andina básicamente consiste en asistencia
financiera estadounidense en el orden de 800 millones de dólares (año 2002) para
financiar “programas anti-narcoticos”, fomentar la “cimentación de instituciones
democráticas” y brindar “asistencia de desarrollo” para las siete naciones
latinoaméricanas que forman parte de esta inciativa, es decir, Panamá, Colombia,
Venezuela, Ecuador, Peru, Bolivia y Brazil.[54]El mero hecho de que la mitad de la “ayuda financiera” se
destina a la asistencia en materia de seguridad y “ejecución de la ley” deja
entrever, que esta iniciativa busca sobre todo reforzar y extender las
capacidades militares y de vigilancia policíaca desde Panamá hasta Bolivia en
nombre de la “lucha contra las drogas”.
El plan de interés geopolítico y miltar estadounidense más “prominente” es,
sin duda, el ya notorio “Plan Colombia”, con sus 750 millones de dólares (año
2002) de “asistencia financiera” casí equivalente al valor monetario de la
entera Iniciativa Regional Andina (del año 2002), y que promueve abiertamente
los intereses del las grandes corporaciones estadounidenses como los
contratistas de equipos militares y de defensa DynCorp, United Tecnologies
Corporation, Bell Helicopters y Lockheed Martin, cuyo Director de Comunicaciones
e Iniciativas Estratégicas, vale recordarlo aquí, es Thomas Donnelly, autor
prinicpal del “manifiesto militarista” emitido por el Proyect for a New American
Century. Otro grupo beneficiario del nefasto Plan Colombia son las productoras
de agentes químicos y biológicos como la Monsanto, punta de lanza completamente
desapercibida de una guerra biológica,[55] dirigida no sólo hacia la destrucción sistemática de las
“siembras ilícitas” o plantaciones de coca, sino potencialmente dirigida hacia
la propia agricultura colombiana y de los países vecinos. Conste, de paso, que
Robert J. Stevens, miembro del panel de directores de la Monsanto, es, al mismo
tiempo, presidente y funcionario operativo mayor (COO) de la Lockheed Martin
Corporation.[56] El Plan Colombia
es él que exhibe más claramente los líneamientos militaristas de la política
exterior estadounidense en función de resguardar sus intereses económicos y
geoestratégicos, y el Plan Dignidad en Bolivia es sino su extensión hacia el sur
de la región, bajo el mismo disfraz de la “lucha contra las drogas y el
narcotráfico”.[57]
Finalmente, el Plan Puebla-Panamá, que abarca la región sur de México
y todos los países de Centroamérica, comprende una zona geoestratégica de suma
importancia por constituir la parte geográficamente más angosta del continente
Americano, apta para crear nuevas rutas de transporte que conectan los mercados
del Atlántico y del Caribe con los del Pacífico, y consiste en una serie de
proyectos de privatización de recursos naturales estratégicos y de
desplazamiento de las poblaciones locales, entre los cuales destaca la
privatización de lo que se conoce como el “corredor biológico mesoaméricano”,
contenedor de una de las biodiversidades más importantes del mundo y lucrativo
potencial para las grandes corporaciones estadounidenses del sector
biotecnología y agri-farmacéutico.[58]
5. Conclusión
Hemos visto el estrecho engranaje que existe entre el Project for a New
American Century, su declarado objetivo de garantizar y prolongar en el tiempo
la incontestada supremacía estadounidense en todos los ámbitos de la vida
planetaria, el reflejo de estos lineamientos globofascistas en la Estrategia de
Seguridad Nacional estadounidense, y su traducción en la actual política
hemisférica de la administración Bush, a través de una serie de “iniciativas
regionales” y “planes”, aquí brevemente esbozados, con nefastos impactos sobre
la mayoría de la población Latinoaméricana.
Sin ánimo de desalentar a las fuerzas progresistas que están luchando para un
futuro mejor en todo el mundo, específicamente en América Latina y en nuestra
querida Venezuela, tenemos que tener bien claro el tamaño del problema al que
nos estamos enfrentando, en toda su magnitud, extensión e implicación, como
conditio sine qua non, es decir, precondición rudimentaria, antes
de poder formular, con serenidad y seriedad, dentro y fuera de nuestra realidad
histórica desigual y “atrasada”, posibles alternativas que apuntan hacia la
emancipación frente al globofascismo, fase final de “capitalismo corporativo”.
En este sentido concluimos nuestras indagaciones con una cita, que sintetiza
la lógica perversa inherente al capital, su “misión histórica”, que es la de su
auto-revolución constante, que es, al mismo tiempo, el proceso de su propia
auto-aniquilación.
A quienes esperan ahora una famosa cita de un par de famosos pensadores
barbudos, autores del famoso Manifiesto Comunista, los tenemos que decepionar. -
En palabras de Michael Ledeen, anterior consultor del Consejo de Seguridad
Nacional estadounidense en la era Reagan y actual miembro del “American
Enterprise Institute”, la “casa madre” del Proyecto para un Nuevo Siglo
Américano:
“Destrucción creativa es nuestro segundo apellido. Tanto dentro de nuestra
sociedad, como en el exterior. Diariamente estamos derrumbando el viejo orden,
desde los negocios hasta la ciencia, la literatura, el arte, la arquitectura y
el cine, hasta la política y la ley. Nuestros enemigos siempre han odiado este
hurracán de energía y creatividad, el cual amenaza a sus tradiciones
(qualesquiera que sean) y los avergüenza por su incapacidad de llevar el paso a
nosotros. Al observar a la América borrar las sociedades tradicionales, nos
temen, por que no desean ser borrados. No pueden sentirse seguro mientras que
nosotros existimos, por que es nuestra existencia misma – nuestra existencia, no
nuestras políticas – que amenaza a su legitimidad. Tienen que atacarnos para
poder sobrevivir, al igual que nosotros tenemos que destruirlos para avanzar
nuestra misión histórica.”[59]
[1]PNAC – Project for a
New American Century
[2]Véase “Project Censored”, un
proyecto investigativo de sociología y análisis de medios de la Sonoma State
University, California, que expone el grado de censura existente en los medios
de comunicación de masas en los EE.UU. El PNAC lideriza su lista de los “Top
25”, bajo el título “The Neoconservative Plan for Global Dominance” (El Plan
Neoconservador de Dominación Global). http://www.projectcensored.org/publications/2004/;
revisado el 26/10/03.
[3]William Kristol es el
presidente del Proyecto; sus directores son Robert Kagan, Devon Gaffney Cross,
Bruce P. Jackson and John R. Bolton; el director ejecutivo es Gary Schmitt;
véase “About the PNAC” en “Rebuilding America´s Defenses. Strategy, Forces and
Resources for a new Century”: http://www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf;
revisado el 24/10/03.
[4]Firman: Elliot
Abrahams, Gary Bauer, William J. Bennett, Jeb Bush, Dick Cheney, Eliot A. Cohen,
Midge Decter, Paula Dobriansky, Steve Forbes, Aaron Friedberg, Francis Fukuyama,
Frank Gaffney, Fred C. Ikle, Donald Kagan, Zalmay Khalilzad, I. Lewis Libby,
Norman Podhoretz, Dan Quayle, Peter W. Rodman, Stephen P. Rosen, Henry S. Rowen,
Donald Rumsfeld, Vin Weber, George Weigel, Paul Wolfowitz.
[7]Llama poderosamente la
atención en este contexto, de que la persona menos apta para representar
de modo alguno un liderazgo global de tales proporciones, es, precisamente, el
actual presidente de los EE.UU., G.W. Bush. Resulta además grave y preocupante,
que la mayoría de los norteamericanos apoyen, todavía a estas alturas, lo que
podría denominarse la caricatura o antítesis de un “líder”, una persona política
y diplomáticamente inepta.
[8]Los “intereses y valores
americanos”, al igual que la promoción de “libertad política y económica en el
exterior”, corresponden, como es notorio, en lo económico a la total
deregulación de los mercados y en lo político al desmantelamiento de lo que
todavía queda de las políticas económicas y sociales reguladoras de los estados
nacionales - visión neoliberal, que choca frontalmente con el concepto de la
“libre autodeterminación de los pueblos” y la “soberanía nacional”, y que se
traduce explícitamente, para América Latina, en el proyecto del ALCA.
[9]Si se estudian con detención
las consecuencias de la política exterior estadounidense, implementada a lo
largo de décadas en todo el mundo y específicamente recientemente en Medio
Oriente para asegurar la “paz y seguridad”, se perfila exactamente lo
contrario: asegurar, por décadas a venir, la desestabilización e
inseguridad, intimidando y desconcertando a poblaciones de países y regiones
enteras con el fin de que acepten, al final de la cuenta y en medio del caos
inducido por la propia política exterior estadounidense, la “inevitable” “mano
fuerte”, sea ésta impuesta por un cuerpo supranacional como la ONU,
indirectamente respondiendo a intereses y presiones de los EE.UU., o por los
mismos EE.UU., como ha pasado en el caso escandaloso y trágico de Iraq.
[10]Sustituto bienvenido para
el difunto fantasma del comunismo.
[11]Véase la erosión de las
libertades civiles ancladas en la Bill of Rights bajo los “Patriot Act” I y II
(http://www.aclu.org/SafeandFree/SafeandFree.cfm?ID=12126&c=207,
revisado 24/10/03); y la progresiva consolidación y unificación de vastos bases
de datos que recogen información sobre ciudadanos comunes y corrientes en todo
el mundo, y su conversión en bancos de datos accesibles sin restricciones a los
servicios de inteligencia y de defensa de los EE.UU. (ejemplo “Choice Point”, http://www.politechbot.com/p-01917.html)
[12]Proyecto, que no sólo está
diseñado en función de excluir, sino propiamente eliminar, bien sea por
orden económico-social, bien sea por guerras, la gran masa de la población
mundial, vendedores de su obsoleta fuerza de trabajo física en una época cuya
generación de “riqueza” se basa primordialmente en el trabajo intelectual; véase
mi trabajo, “Acerca de la función objetiva del terrorismo y racismo en la era de
la globalización”, en: http://www.geocities.com/juschmi/publications00012.html.
[14]“Military-Industrial-Complex”; famoso termino empleado por
el presidente estadounidense Dwight Eisenhower en su discurso de despedida, al
terminar su mandato en 1961.
[16]Más de una docena de
personas del AEI han sido nombradas por el actual presidente George W. Bush a
ocupar altos cargos en su administración. La mayoría de la junta directiva del
AEI la constituyen directores de grandes companías como la ExxonMobil, Motorola,
American Express, State Farm Insurance y Dow Chemicals. Entre los donadores
poderosos figuran las fundaciones conservadoras como precisamente las
fundaciones Lynde and Harry Bradley, Smith-Richardson, Olin, and Scaife. Entre
los patrocinadores corporativos figuran: General Electric, Amoco, Kraft, la Ford
Motor Company, General Motors, Eastman Kodak, Metropolitan Life, Proctor &
Gamble, Shell Companies, Chrysler, Charles Stewart Mott, General Mills,
Pillsbury Company, Prudential, American Express, AT&T, Corning Glass Works,
el Morgan Guarantee Trust, industrias PPG. Kenneth Lay, director de la quebrada
mega-corporación energética, Enron, figuraba hasta hace poco en el directorio de
los administradores de bienes del AEI. Y entre estos últimos se encuentra además
el actual vicepresidente de los EE.UU., Dick Cheney. Véase: http://www.pfaw.org/pfaw/general/default.aspx?oid=4456;
revisado el 28/10/03.
[24]Véase un artículo publicado
por Perle en The Guardian, el 21 de Marzo del 2003 titulado “Thank God
for the Death of the UN”, (Gracias a Dios por la muerte de las Naciones Unidas)
donde, al examinar los escombros de las Naciones Unidas en el marco de la guerra
de agresión estadounidense contra Iraq, consta lo siguiente: “Al cerner los
escombros, será importante de preservar, aún mejor de comprender, la ruina
intelectual de la ficción liberal de (garantizar la) seguridad mediante el
derecho internacional y administrado por instituciones internacionales.”
(traducción propia del inglés). En: http://www.guardian.co.uk/Iraq/Story/0,2763,918812,00.html;
revisado el 31/10/03.
[25]Véase un artículo de Ken
Silverstein y Chuck Neubauer en la Los Angeles Times del 07 de Mayo del 2003,
titulado “Consulting and Policy Overlap - Advisor Perle has given seminars on
ways to profit from possible conflicts discussed by defense board he sits
on.”publicado en: http://home.earthlink.net/~platter/articles/030507-perle.html;
revisado el 31/10/03.
[30]Véase Bill Berkowitz, "Back
to the Future", http://www.workingforchange.com/article.cfm?ItemID=11645;
revisado el 31/10/03. El National Endowment for Democracy ("Fundación Nacional
para la Democracia") era un colaborador activo durante la administración Reagan
en la desestabilización de Centroamérica y su conversión en campos de exterminio
en los años 80. Entre el grupo de directores del NED figuran, aparte de Vin
Weber, Francis Fukuyama, científico político, asesor a la Rand
Corporation (un "think tank" creado en 1946 por la US Air Force y hoy asesor
estratégico de todas las ramas del sector militar estadounidense), autor del
conocido libro "El fin de la Historia y el último Hombre", y también integrante
del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano; el general Wesley K. Clark,
anterior comandante supremo de la OTAN en Europa, ahora asociado a la Stephens
Group, un consorcio bancario; y Frank Carlucci, anterior Secretario de
Defensa y Consejero de Seguridad Nacional bajo la administración Reagan, y
actual director de la Carlyle Group, un consorcio banquero que está profitando
de la "guerra contra el terrorismo" (véase http://www.hereinreality.com/carlyle.html;
revisado el 01/11/03). Información detallada en: Berkowitz, ibidem; y en la
propia página web de NED, http://www.ned.org/about/who.html ;
revisado 01/11/03
[31]Citado en Berkowitz,
ibidem; traducción propia del inglés.
[35]Rebuilding America´s
Defenses: Strategy, Force and Resources for a New Century. El autor
principal de este documento es Thomas Donnelly, director de
comunicaciones e iniciativas estratégicas de la Lockheed Martin Corporation
(desde 2002); escritor y analista de asuntos militares, de defensa, seguridad
nacional y política exterior, miembro eminente del PNAC y también miembro del
American Enterprise Institute (AEI). Documento entero disponible en formato
*.pdf en: http://www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf;
consultado el 10/10/03; una versión “online” se consigue en: http://cryptome.org/rad.htm; consultado
el 24/10/03.
[37]Ibidem; mi traducción. Cabe
destacar aquí y como lo señala el documento en la introducción, que éste se basa
en la estrategia de defensa delineada por el Departamento de Defensa bajo Dick
Cheney en los últimos días de la administración “Bush-Padre”. La Defense
Planning Guidance (Guía de Planificación de Defensa), elaborada en los
primeros meses de 1992 por Paul Wolfowitz, hoy Secretario Adjunto de Defensa,
declaró como prioridad y primer objetivo de la política exterior y militar
estadounidense en el mundo post-Guerra Fría, el evitar a toda costa el auge de
una nueva gran potencia rival, bien sea a nivel regional, bien sea a nivel
global, figurando entre los posibles candidatos considerados en aquél entonces,
países como la propia Rusia, Alemania, Japón y la India. El segundo más
importante objetivo lo constituía el velar por los intereses y promover los
“valores” de América en todo el mundo, incluyendo la posibilidad de emprender
“acciones unilaterales” por parte de los EE.UU. si así lo considerasen
necesario. El documento fue filtrado a la New York Times, causó una controversia
pública y fue posteriormente re-elaborado en terminos menos tajantes. – Véase
también la entrevista con el presidente del PNAC, William Kristol, en: http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/iraq/interviews/kristol.html;
revisado 24/10/03.
[38]En la calculación y
proyección de lo que se consideraba un presupuesto militar “adecuado” en cuanto
a los retos trazados, se partía, por cierto, del primer superávit presupuestario
federal en tres décadas, acumulado por la administración Clinton (en el orden de
236,4 billones de dólares americanos) , y que se proyectaba hacia por lo menos
una década, es decir, hacia el futuro cercano; véase http://www.bushwatch.org/deficit.jpg;
revisado 10/10/03.
[39]Nótese bien, que el termino
patria (“homeland” en inglés) no está precisamente “de moda” en los
países industrializados, ya que ha adquirido una connotación eminentemente
fascista a partir de la Segunda Guerra Mundial, y desde entonces casí ha
desaparecido del uso idiomático de estos países. En la historia de los EE.UU. es
la primera vez que se emplea este término en los asuntos de seguridad nacional,
de manera semi-oficial en los documentos del PNAC, y oficialmente después del 11
de Septiembre de 2001, cuando se formula la Estrategia Nacional de Seguridad y
se crea, en tiempo récord, una especie de departamento de seguridad, defensa e
inteligencia unificado, el Department of Homeland Security.
[40]Con respecto al proceso de
transformación militar y de la guerra misma por las nuevas tecnologías, el
documento, en su capítulo V, titulado „Creating tomorrow´s dominant Force”
(Creando la Fuerza Dominante del Futuro), teme, que “aún cuando (el proceso
de transformación) lleva a un cambio revolucionario, muy probablemente será un
(proceso) largo, en ausencia de un evento catastrófico y
catalizador – como un nuevo Pearl Harbour.” Véase “Rebuilding
America´s Defenses”, op.cit., pág. 51, traducción propia del inglés; nuestro
énfasis. - ¡Esto es ni más ni menos que una “profesía magnífica” del 11 de
Septiembre del 2001!
[41]Rebuilding America´s
Defenses, op.cit. págs. 2/3; traducción propia del inglés.
[42]Ibidem, págs. 59/60;
traducción propia del inglés.
[43]Véase el capítulo „Key
Findings“; ibidem, páginas iv, v.
[44]Y sigue la frase:
...mientras que Iraq, Iran y Corea del Norte se están apresurando en desarrollar
misíles balísticos y armas nucleares como disuasión a las intervenciones
Americanas en regiones, las cuales ellos buscan dominar.” - Rebuilding America´s
Defenses, op. cit., pág.4, traducción propia del inglés.
[45]Ibidem, pág. 12. Para un
asesoramiento bastante detallado en lo referente a la constelación de fuerzas
tecnológico-militares entre China y EE.UU. en el “teatro de guerra del espacio”,
véase el artículo de Dr. Larry M. Wortzel, “China and the Battlefield in
Space”, publicado en la página de Investigación & Análisis de la
Heritage Foundation: http://www.heritage.org/Research/AsiaandthePacific/wm346.cfm;
revisado el 02/11/03.
[46]„Rebuilding America´s
Defenses“, op.cit., pág.19
[47]Ibidem, pág. 16; traducción
propia del inglés. - Cabe destacar aquí, que ante la visión estratégica esbozada
y elaborada por el PNAC hace exactamente tres años, que busca evitar el auge de
posibles potencias competidoras en cualesquiera sea el ámbito, se presenta la
invasión y ocupación estadounidense del Iraq desde otra óptica. Si bien es
cierto, que el petróleo ha sido un factor clave de por sí sólo en su calidad de
ser fuente de energía y por supuesto fuente de enormes negocios para los
consorcios energéticos estadounidenses, también es cierto, que juega un papel
aún mayor en cuanto que se convierte en un factor directo de dominación: “El
control sobre el Golfo Pérsico se traduce en el control sobre Europa, Japón y
China.” Véase Michael Klare, profesor de Hampshire College en Massachusetts y
autor de Resource Wars, (Guerras de Recursos) citado en: http://www.motherjones.com/news/feature/2003/10/ma_273_01.htmly
http://www.greenleft.org.au/back/2003/531/531p14.htm;
revisados el 01/11/03
[48]La Heritage
Foundation, padrocinadora del PNAC, reclama en su página Investigación &
Análisis, que “la creciente amenaza de ataques de mísiles balísticos es la
razón principal por la cual el presidente Bush retiró los EE.UU. del Tratado ABM
de 1972” (http://www.heritage.org/Research/MissileDefense/index.cfm;
revisado el 02/11/03 ); mientras que Dr. Helen Caldicott, la figura líder del
movimiento anti-nuclear, y autora del libro “The New Nuclear Danger: George
Bush´s Military Industrial Complex”, considera, que la abrogación unilateral del
Tratado ABM por la administración Bush, por el contrario, incrementa la amenaza
de ataques de misíles balísticos, al fomentar la proliferación. La razón
principal del retiro de la administración Bush del tratado es la de establecer
las bases para que las grandes corporaciones de defensa como la Lockheed Martin
puedan proceder con la militarización del espacio. (http://home.earthlink.net/~platter/neo-conservatism/heritage.html);
revisado el 29/10/03. En este contexto es pertinente recordar, que el autor
principal del “manifiesto militarista” del PNAC es, precisamente, el ahora
Director de Comunicaciones e Iniciativas Estratégicas de la Lockheed
Martin, Thomas Donnelly. – En cuanto al desarrollo y la
implementación de “armas nucleares tácticas” por parte de los EE.UU., véase la
Nuclear Posture Review, http://www.globalsecurity.org/wmd/library/policy/dod/npr.htm;
revisado el 02/11/03.
[57]Una de las mejores fuentes
en internet que ha reportado sobre y desenmascarado la “lucha contra las drogas”
es The Narco News Bulletin de Al Giordano y su equipo de periodistas
auténticos, documentado en: http://www.narconews.com/.