En la
última década de la historia de nuestro país, el debate sobre las
ideologías políticas ha pasado a formar parte importante de los
temas de conversación del venezolano en su diaria rutina.
Siempre
se discute si somos una sociedad enferma por el capitalismo, que si
vamos rumbo al socialismo, el impero, el hombre nuevo, y pare usted
de contar.
El
punto cierto es que lo único que somos y de lo que estamos enfermos
es de una “electoralismitis”, de ser una sociedad que practica la
cultura del electoralismo.
Los
planes de los líderes políticos nacionales, regionales,
locales e incluso estudiantiles, desde sus inicios están viciados de
esta cultura que va fuertemente ligada con el personalismo. Y es que
ni siquiera las autoridades y los representantes estudiantiles tienen
la suficiente fuerza de voluntad para no sucumbir ante la necesidad
de alimentar su ego poniendo su nombre en cuanta valla publicitaria y
obra llevan a cabo o de mantener una línea de poder detrás de sí
que pueda tomar su lugar cuando deba dejar su cargo llevando a cabo
obras de gran impacto principalmente cuando ya se acerca el momento
de un nuevo acto electoral.
¿Acaso
es una victoria alcanzada por esa persona? ¿No es más adecuado
afirmar que ese objetivo alcanzado, es gracias a todos aquellos que
mediante su apoyo o su voto lograron llevarlo hasta donde se
encuentra hoy?
Los
líderes, que verdaderamente merezcan ese título, no se deben a lo
que hagan a su nombre sino a nombre de todo ese grupo de personas, de
todo el pueblo, que le brindó su apoyo, su respaldo, y sin el cual
no son más que habitantes de esta sociedad que aún no logra marcar
un rumbo fijo y estable.
Hasta
que la conciencia de los líderes, actuales y futuros, no logre
evolucionar y superar este mal, que sólo beneficia y satisface el
ego de unos pocos y no las necesidades y exigencias de otros
muchísimos más, no importará si somos capitalistas, socialistas,
pobres, ricos, agnósticos o creyentes. Simplemente seguiremos siendo
lo que somos, una sociedad electoralista y personalista.
Lo
que se hace en nombre propio y por sí mismo, sólo tiene la fuerza
de uno. Lo que se hace en nombre de todos y con la participación de
todos, tiene la fuerza de un pueblo.
* Estudiante UCV/Ciencias.
Participante en el Modelo Parlamento UCV 2008 por la Facultad de Ciencias
marcogonzalo@gmail.com
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