El 19 de Abril de 1810

No es en esta fecha, como mucho lo creen, cuando Venezuela proclama su independencia. El 19 de abril de 1810 es derrocado de la Capitanía General Vicente Emparan, la mayoría de los venezolanos no deseaban separarse de España y no querían que Emparan siguiese gobernado porque muchos de ellos consideraban que no representaba al gobierno español sino al francés. Los conspiradores no reconocían a otro gobierno que no fuese el que representase al Rey Fernando VII.

En España sucedían terribles acontecimientos: a fines de 1809 los franceses fueron ocupando la mitad de España, José I volvió a Madrid, en tanto que la Regencia española se refugiaba en Andalucía; poco a poco la Península quedó anegada bajo el empuje invasor, solo algunas ciudades fortificadas pudieron resistir, como islotes de la independencia española, durante algún tiempo. Zaragoza se defendió con heroísmo increíble, y rechazó varios ejércitos franceses hasta sucumbir. La hazaña de Palafox en Zaragoza la repitió en Gerona Álvarez de Castro, todavía con menos medios de resistencia. Pero una tras otra fueron cayendo todas la plazas españolas, excepto Cádiz, realmente inexpugnable para un enemigo que no dominase el mar; allí se refugió la Junta Central y se convocó a una reunión de Cortes. Finalizada la etapa de sitios y perdida Ocaña, España entera estaba a merced de los franceses. Surgió el espíritu de rebelión en contra de los franceses y los españoles que apoyaban a Napoleón, los llamados afrancesados que se sumaban a la Revolución Francesa que apoyaban sus ideas políticas. Este afrancesamiento cobró tintes de tragedia en España. Mientras esto sucede en la Madre Patria a Venezuela llegan las noticias en un barco de la marina real británica que atraca en nuestras costas, y la tripulación informa a los venezolanos el levantamiento de España contra las tropas de Napoleón, la creación de una junta en Sevilla y la alianza de Gran Bretaña.

Encargado del gobierno interinamente, el 15 de julio de 1809, estaba don Juan Casas militar anciano y escaso de carácter. En esa fecha llegaron dos agentes franceses con instrucciones de Murat para hacerlo reconocer como lugarteniente del reino en nombre de José Bonaparte, titulado rey de España y de las Indias. El capitán general tuvo con ellos una conferencia secreta, en la que le explicaron las causas de la abdicación de Fernando VII, y le ponderaron el inmenso poder del emperador francés y la absoluta imposibilidad en que se hallaba la Península de oponerse a sus miras. Don Juan Casas estaba inclinado a secundar los deseos de los comisionados franceses, pero el pueblo lo supo y se amotinó contra él. Los amotinados obligaron a jurar en seguida a Casas que ellos no reconocían otro gobierno que el de Fernando VII. Como señalé en el párrafo anterior, las noticias del alzamiento llegan a través de la tripulación de un barco británico. Don Juan Casas, vaciló, no sabía que hacer y convocó una Junta compuesta de los personajes más notables de Caracas para oír su dictamen. No introdujo novedad alguna, hasta que en agosto llegó a Caracas un comisionado de la junta de Sevilla, el cual exhibió pliegos de aquella corporación que se titulaba Suprema Autoridad de España y de las Indias que confirmaba en sus empleos a todos los funcionarios públicos y exigía que la reconociesen en el carácter que había dado. El Capitán General reconoció la autoridad de dicha Junta y obligó al Ayuntamiento a reconocerla a su vez, pero un gran número de venezolanos, jóvenes en su mayoría, protestaron este acuerdo y pidieron que se formase en Caracas un gobierno propio, que no era otra cosa que una Junta para conservar los derechos de Fernando VII, como único medio de conservar al país fuera de disturbios. El capitán general Casas rechazó la petición de los comisionados, y como la Audiencia la consideró subversiva, mandó a desterrar a la Península a uno de ellos y al otro lo mandó fuera de la capital.

El 13 de enero de 1809 la Junta Central instalada en la Península nombró como gobernador y Capitán General a don Vicente Emparan, militar instruido y valeroso, que se había destacado por su acertado mando en Cumaná. Emparan era hombre enérgico por lo que llegó a desterrar a aquellos que les resultaran sospechosos de ser revoltosos y de alterar el orden público, esto trajo como consecuencia el enojo de los criollos que conspiraron para derrocarlo e hicieron correr la versión de que Emparan vendería el país a los franceses. Para evitarlo, según aseguraban, trazaron un plan que consistía en seducir el batallón militar de Aragua, cuyo jefe era el marqués del Toro, y destituir por ese medio a Emparan. El complot se había fijado para del 1º al 2º de abril de 1810, pero los principales conspiradores fueron delatados y detenidos. Emparan se mostró benigno con los más comprometidos y tan solo los desterró a Maracaibo, Margarita y otros puntos de la provincia.

Pocos días después llegaron a la Guaira y Puerto Cabello dos buques mercantes españoles, trayendo la noticia de la disolución de la Junta Central, a consecuencia de la invasión de Andalucía por parte de los franceses y de todo el resto de la Península. Esta fue la ocasión propicia para excitar el Cabildo Municipal, compuesto por mitad españoles y criollos; se alteraron los ánimos por las discusiones y el 19 de abril, Jueves Santo, so pretexto de acudir a los oficios religiosos que se celebraban en la Catedral, algunos concejales, comprometidos en la conjuración, insinuaron ocuparse de las novedades del momento para calmar al pueblo y evitar grandes complicaciones. De inmediato se constituyó una sesión extraordinaria. El Cabildo envió a Emparan un aviso para que se presentase a presidir la reunión. Emparan, pudo haberse negado a ello, porque la Junta había sido ilegalmente constituida, solo él tenía la autoridad para convocar esa clase de reuniones, y con ello hubiese dado al traste con la conspiración, no lo hizo así, y se presentó a la asamblea. comenzando el debate, en el cual los concejales le expusieron la urgente necesidad de organizar en Venezuela un gobierno propio, toda vez que el de la metrópoli había sido dispersado por las tropas francesas. Emparan supo eludir esta imposición, manifestando a los concejales que sí había cesado en España la Junta Central, no por eso se hallaba el reino sin gobierno, pues había sustituido un Consejo de Regencia; que no habiendo en Venezuela partidos enemigos, no eran de temer desordenes anárquicos, ya antes de tomar una medida aventurada había que aguardar la llegada de los comisionados de la Regencia, los señores Montufar y Villavicencio, que traían instrucciones y que ya habían desembarcado en el puerto de la Guaira.

Los conspiradores fueron sorprendidos por las explicaciones de Emparan, éste abandonó la sala de sesiones para encaminarse a la Catedral, mas lo obligó a regresar Francisco Salias quien lo tomó enérgicamente del brazo y le gritó que volviese al Ayuntamiento. El capitán don José Ponte trató de defender a su jefe pero Emparan le ordenó deponer las armas, y regresó al Ayuntamiento. Allí en una sesión tormentosa, Emparan no pudo oponerse más a la proposición de la formación una Junta suprema gubernativa, subordinada a la Regencia que funcionaba en la Península. En tanto que el doctor don Juan Germán Roscio, diputado del pueblo, redactaba el acta de la sesión en la que tal disposición se había aprobado. En eso entró el sacerdote chileno don José Cortez Madariga, canónigo de la Catedral de Caracas, hombre de fácil y vehemente palabra, el cual apoyado por muchos amigos que tenía allí impugnó el acuerdo del Ayuntamiento, diciendo que confiar en la presidencia de la Junta a Emparan equivalía a poner la revolución y la vida de todos a merced de su despotismo, y que como las noticias de España eran todas falsas lo que convenía era, hacer sin rodeos ni consideraciones de ninguna clase, deponerlo del mando por ser además la voluntad del pueblo.

A Emparan no le quedó más remedio que apelar al mismo pueblo y asomándose al balcón preguntó en alta voz a la muchedumbre que llenaba la plaza que sí estaba contenta con su mando. Pero Madariaga se había colocado, astutamente, detrás de él haciendo señas a la multitud, la cual secundando los gritos de los conspiradores mezclados entre ellos, gritaban “No, no queremos.” Contestando, entonces Emparan: “Pues yo tampoco quiero mando.” Estas palabras se consignaron en el acta, bastaron para considerarlas como una renuncia voluntaria de autoridad, y sin más dilación se constituyó el Ayuntamiento de la Junta Gubernativa, en defensa de los derechos de Fernando VII.

El 21 de abril fueron desterrados del país don Vicente Emparan, el Intedente Vicente Bassadre, el auditor José Vicente Anca y otros colaboradores del Ex Capitán General.

El 19 de abril de 1810, no fue una declaración de independencia de España, pero sí sembró la semilla que más tarde germinó el 5 de julio de 1811.


(*)Economista

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 32527 veces.