Era el 30 de septiembre de 1963 y el gobierno adecopeyano venía de sufrir una
derrota parlamentaria pues no había logrado el control de la Comisión Delegada
colocando allí a una ficha suya como “hombre-congreso”, cargo que recayó en
Miguel OTERO SILVA.
El padre de la estrategia gobiernera fue Carlos Andrés PÉREZ, quien
había sido incorporado al Congreso bajo la protesta generalizada de la
oposición, pues era la cabeza visible de toda una política represiva y
antipopular que había costado numerosas vidas, mantenía las cárceles llenas de
presos políticos y había institucionalizado la tortura como método en los
diferentes cuerpos policiales civiles y militares, con los cuales competía en
ferocidad terrorista una serie de grupos partidistas llamados comúnmente “las
bandas armadas”.
Los Senadores y Diputados del Partido Comunista de Venezuela y del Movimiento
de Izquierda Revolucionaria (MIR, grupo desgajado de AD) eran sistemáticamente
hostigados con seguimientos/registros policiales y sus hogares asaltados. El
gobierno mantenía una permanente suspensión de garantías constitucionales que
facilitaban los desmanes policiales y partidistas.
Ese día 30 de septiembre fueron asaltadas las casas de habitación de
Gustavo MACHADO (PCV), Jesús VILLAVICENCIO (MIR), Eduardo
MACHADO (PCV), Jesús María CASAL (MIR) y Jesús FARÍA (PCV), y
los jefes de las comisiones asaltantes eran Carlos José VEGAS DELGADO (a)
“capitán”, Inspector General de la DIGEPOL y el ex-cubano Orlando GARCÍA
VÁSQUEZ, Jefe del Departamento de Investigaciones del mismo cuerpo
represivo.
Entre los funcionarios más agresivos estaban: Régulo MARTÍNEZ,
Carlos FARRERA, Alí RUIZ, Mario Segundo LEAL y Marco
Antonio SABINO PÉREZ, del Departamento de Jefatura de la DIGEPOL. Todos esos
atracadores con apoyo institucional eran conocidos como “los muchachos de
Carlos Andrés” y sus nombres habían trascendido al conocimiento público por
los innumerables delitos por ellos cometidos, entre los cuales podemos resaltar
el asesinato del camarada Alí José PAREDES, ametrallado el 5 de abril de
1963 en su casa, frente a su madre y hermanas por una comisión encabezada por el
“capitán” VEGAS y Marco Antonio SABINO PÉREZ.
Esa era la “democracia” que pendía sobre los venezolanos cuando no era
posible hacer efectivo derecho alguno pues las garantías constitucionales se
hallaban permanentemente suspendidas, había partidos políticos inhabilitados o
ilegalizados y el presidente de la República vociferaba en radio y televisión
que las calles no eran del pueblo sino de la policía y ordenaba “disparar
primero y averiguar después”, en apego a las enseñanzas de su mentor
estadounidense Joseph MCCARTHY, implacable perseguidor de intelectuales,
científicos, artistas, militantes políticos, trabajadores y cualquiera que osara
emitir una opinión contraria al imperio estadounidense.
Una de las víctimas de esas ejecutorias “maccartistas” increpó una vez al
senador MCCARTHY preguntándole si tenía idea de lo que significaba
decencia.
Ministro del Interior era Carlos Andrés PÉREZ, bastante ducho en
trampas, indecencias y conjuras como aquella de colocar “pruebas” en hogares y
locales allanados para luego armar expedientes contra militantes y simpatizantes
de los partidos que adversaban al gobierno. Uno de esos “descubrimientos” fue un
documento titulado “Operación Loto contra Macuare” que Carlos VEGAS
DELGADO declaró haber encontrado en la residencia del dirigente del PCV,
Gustavo MACHADO. En el documento “descubierto” se exponía la presunta
orden para que un sector del PCV actuara contra otro u otros bajo la
justificación de “línea dura” contra “línea blanda”. La policía política quedaba
exenta de ser acusada por los crímenes que cada día se incrementaban.
En esa práctica el Ministro del Interior, Carlos Andrés PÉREZ, jefe
directo de la DIGEPOL, favorecía una militarización de la sociedad en desmedro
del poder civil, como evidenció un episodio protagonizado por el jefe de la
Guardia Nacional, general José Agustín PAREDES MALDONADO, quien ordenó
imprimir y distribuir un volante mediante el cual ordenaba detener vivo o muerto
a un militante revolucionario. Un Fiscal del Ministerio Público intentó
atenuar esa barrabasada haciendo uso de malabarismos leguleyescos, llegando a
sostener que la orden de asesinato públicamente dictada no era violatoria de la
Constitución Nacional pero al final quedó en ridículo por partida doble pues el
militar dio una rueda de prensa en la cual un periodista comentó la
interpretación hecha por el Fiscal, a lo cual el militar increpó al “fiscalito”
que no le adornara lo dicho, pues era bastante claro su significado.
Ese era el “respeto a la Constitución y a las leyes” que observaban los
representantes de los gobiernos adecopeyanos, cuyas direcciones no dudaban en
cometer cualquier acción delictiva si ello le garantizaba el control, como lo
demostraron dando el golpe de estado al Parlamento el 30 de septiembre de
1963.
Allí está la crónica escrita para quienes deseen verificarlo y también para
constatar el silencio cómplice de los organismos “defensores de los derechos”
ante la censura de prensa, la permanente suspensión de garantías
constitucionales, el arrinconamiento de los sectores populares a una peor
calidad de vida, la tortura y el asesinato de militantes políticos y sociales.
Importante también para indagar por qué los autores intelectuales y materiales
de aquellas acciones antidemocráticas claman hoy desde una sedicente
“Coordinadora Democrática” por una libertad y unos derechos que ellos
desconocieron y conculcaron durante todos los años de sus gobiernos.
Y no se trataba de algunos “excesos policiales” como intentaban justificar a
veces. Era la aplicación de una política, como quedó demostrado luego de la
transición entre el gobierno presidido por Rómulo BETANCOURT y aquél
encabezado por Raúl LEONI.
Se recrudece la violencia de los cuerpos represivos y el gobierno
institucionaliza una figura tenebrosa: los “desaparecidos”, ciudadanos
venezolanos que fueron detenidos por la Dirección General de Policía (DIGEPOL) y
por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), muchos de los
cuales aun no se conoce dónde están, a pesar de las diligencias adelantadas por
familiares, compañeros de militancia, amigos y algunos diputados, especialmente
el hoy Vicepresidente de la República, José Vicente RANGEL VALE, a quien
alguna vez denominamos “Fiscal Moral de la República” por su incansable y
vertical defensa de los derechos humanos, la cual salvó la vida de más de
uno.
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| Alberto Lovera como era en
vida, antes de ser secuestrado y asesinado por la
DIGEPOL. |
Así las cosas, el 18 de octubre de 1965
a eso de las 18:00 horas es detenido cerca de la Plaza de las Tres Gracias el
camarada
Alberto LOVERA, dirigente del Partido Comunista de Venezuela,
quien circulaba en su automóvil, un “Mercedes-Benz” color azul cuando fue
interceptado por una comisión de la DIGEPOL encabezada por el “capitán”
Carlos VEGAS DELGADO. Era Ministro de Relaciones Interiores el doctor
Gonzalo BARRIOS.
Alberto fue de inmediato trasladado a la sede de la DIGEPOL en el Edificio
“Las Brisas” donde comenzó a ser torturado. El director de esa policía política
era J. J. PATIÑO GONZÁLEZ. El auto de Alberto fue visto aparcado en el
estacionamiento (sótano) del cuerpo represivo por otros detenidos, y comenzó
entonces el calvario para el preso, sometido a crueles tormentos por “los
muchachos de Carlos Andrés”, entre quienes se mencionó entonces a Roberto
ROMERO, Miguel AGUILAR, Pedro CISNEROS, Alberto
OCHOA, José Ramón ANTÚNEZ, Carlos FERRARA, Douglas
RODRÍGUEZ, Eduardo ARMENTEROS GONZÁLEZ y Mario Segundo
LEAL.
El 23 de octubre a tempranas horas de la noche Alberto es llevado al Retén
“Planchart” en Puente Mohedano y allí continúan torturándolo hasta que sus
captores deciden trasladarlo al Campo Antiguerrillero de “Cachipo” en el Estado
Monagas, donde fue rechazado su ingreso debido al estado físico en que se
hallaba por los maltratos recibidos.
La otra parte de la tragedia fue para la esposa de Lovera, María del Mar
ÁLVAREZ, quien comenzó el via-crucis acostumbrado en esos tiempos para saber
el paradero de cualquier preso político sin obtener respuestas concretas sino
evasivas o simples negativas pues la complicidad de los representantes del
gobierno era total.
La inmoralidad de adecos y copeyanos era tanta que llegaron a esparcir la
especie de que Lovera se había “ablandado” en su línea política y por ello había
sido ejecutado por sus propios compañeros de línea “dura” (recordemos el
documento “Operación Loto contra Macuare” que fue ‘descubierto’ en uno de
los allanamientos practicados por los mismos asesinos de la DIGEPOL en la casa
de Gustavo MACHADO en septiembre de 1963), infundio convertido en
información oficial por parte del Jefe de la DIGEPOL, J. J. PATIÑO
GONZÁLEZ, quien para ello se valió de un exmilitante del PCV, el delator
Helímenas CHIRINOS, y de otro policía de su misma calaña, Ramón Ovidio
ATAIDE OLVERA.
Esa inmoralidad, sin embargo, no era exclusiva ni propiedad intelectual de
los adecos y sus socios copeyanos. Era parte de las enseñanzas impartidas por la
C. I. A. (Central Intelligence Agency o Agencia Central de Inteligencia
estadounidense), muy bien aprendidas por Carlos Andrés PÉREZ cuando fue
amanuense de BETANCOURT en la Cuba de BATISTA, toda vez que en esa
oportunidad el organismo terrorista del gobierno de los Estados Unidos le
impartió el curso de “protección a individualidades” bajo tutoría del policía
batistiano y agente de la C. I. A., Orlando GARCÍA VÁSQUEZ, a quien luego
veríamos como Jefe de Investigaciones de la DIGEPOL y socio de la empresa de
armas “Margold”, esa misma que “nunca le había vendido ni una navajita”
[Carlos Andrés PÉREZ dixit] a sus colegas de las FAN, hoy
flamantes dirigentes del Frente Ibáñez-Matos.
Cuando el gobierno de los Estados Unidos necesita fabricar una “noticia”
recurre a sus agentes CIA distribuidos por todo el mundo. La Estación CIA en
Caracas puede, por ejemplo, cablegrafiar a la Estación Santiago de Chile una
información específica que allá es manejada por sus enlaces con la prensa y
convertida en noticia o editorial de cualquier diario. En este caso la
“noticia”, sin identificación de fuentes (“propaganda negra” en las Operaciones
CIA-Medios de Difusión) apareció en el diario chileno “El Mercurio” y asentaba
lo que el gobierno de Venezuela, entonces fiel aliado del Departamento de
Estado, quería y necesitaba que dijera: que el camarada LOVERA había
sido asesinado por sus propios compañeros de militancia por disensiones internas
respecto a la lucha armada.
Y mientras aquí, en el diario “El Nacional”, el dirigente adeco Carlos
CANACHE MATA, quien por la responsabilidad que tenía en el partido y en el
gobierno era difícil que ignorara lo que con LOVERA ocurría, escribía
ristras de sandeces mal intencionadas tratando de negar la responsabilidad de su
gobierno, su partido y su policía política en las torturas que sufría el
desaparecido, sembrando dudas respecto a la presunta huida de Alberto, su
incorporación a la guerrilla y la posible muerte a manos de los mismos
comilitantes del camarada preso por disensiones internas, desarrollando el
esquema que sus jefes le habían ordenado.
La verdad surgió del mar en una playa de Lechería, Estado Anzoátegui, donde
un grupo de criminales con chapas policiales y apoyo institucional había lanzado
el cuerpo sin vida después de haberlo sometido a insoportables tormentos. La
exhumación indicó que las yemas de sus dedos habían sido rebanadas, tenía
vértebras cervicales desprendidas y para que se hundiera le ataron una cadena
con un pico de los usados en construcción.
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| Alberto Lovera, tal como
fue devuelto por el mar luego de su horrendo crimen, hasta hoy impune.
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Hoy, a treinta y nueve años de cometido ese horrendo crimen de la
“democracia” tal como la entienden los adecos y copeyanos de vieja y nueva
(de)generación, rendimos homenaje, en nombre de Alberto [a quien rememoramos
como “el camarada Pipote” allá en la primera sede el PCV en Caracas, creo que
entre las equinas de Llaguno y Bolero] a todas las víctimas de la represión
impuesta por los gobiernos adecopeyanos para acallar las voces de protesta de un
pueblo que nunca dejó de manifestarse contra la violencia del hambre, del
desempleo, de la inequidad.
Esos males aún perviven y seguirán golpeándonos por bastante tiempo, pues ese
ochenta por ciento de pobreza que fue asentado sobre la superficie de nuestro
pobre país rico no será posible borrarlo a corto plazo, tomando en cuenta que no
solo se trata de miseria física. También es un gigantesco problema cultural en
el cual juegan papel importante los vicios de paternalismo, irresponsabilidad e
indiferencia social [esa indiferencia de ayer que hoy lamentablemente brota como
fascismo entre quienes consideran “derroche” invertir en cancelar una inmensa
deuda social contraída para que ellos vacacionaran en Miami], antivalores
inculcados a varias generaciones de venezolanos en un proceso de fragmentación
del movimiento popular y atomización de la memoria colectiva.
Es duro el camino de reconquistar espacios perdidos, reestructurar nuestra
moral ciudadana duramente golpeada y construir una colectividad solidaria y
justa, estructurando una economía que privilegie a la satisfacción de las
necesidades colectivas.
Pero como solía decir Argimiro GABALDÓN, el comandante “Carache”, es
el camino.