Yo recomendaría a todos los amigos y amigas de los colectivos sociales no sentirse ofendidos por las partes conflictivas de las palabras del Presidente Chávez emitidas anoche en el programa La Hojilla.
Cada quien sabe si es un infiltrado o no, cada quien sabe por quién
lucha, y cada quien debe evaluar constantemente si sus acciones
benefician al proceso social que intentamos construir en Venezuela, o
si lo perjudica. Y si alguien cometió un error, pues debe rectificar,
sea miembro de un colectivo social, sea miembro del gobierno, o sea el
propio Presidente.
Como siempre, a las palabras de Chávez hay que analizar su
FONDO,
no su forma. El Presidente evidentemente estaba enojado porque, al
sintonizar anoche CNN, no se hablaba de la liberación de retenidos por
las Farc-EP, sino de la protesta que colectivos chavistas estaban
realizando en Globovisión. Chávez hacía un esfuerzo por demostrar
los esfuerzos de su gobierno por la paz,
pero unos movimientos que no están bajo su control realizaban una
protesta muy bien fundamentada, con toda la justificación del mundo,
pero que fue usada por medios internacionales para proyectar una imagen
de
"chavismo violento".
Es,
obviamente, un conflicto comunicacional entre el Estado y los
colectivos sociales, que en lo personal no veo por qué tuvo que
trascender tanto. En La Hojilla le dedicaron mucho más tiempo al tema
del que le dedicó Leopoldo Castillo en Aló Ciudadano... no entiendo por
qué.
Lo que no tomó en cuenta el Presidente es que la manifestación contra Globovisión se estaba convocando para el 27 de febrero
desde hace casi un mes;
quienes la convocaron no tenían culpa de que las Farc-EP anunciaran el
lunes que la liberación de rehenes se haría el mismo día.
¿Debieron los movimientos sociales suspender la protesta en Globovisión o moverla para otra fecha? No lo sé, eso quedará para la discusión.
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Creo que el Presidente también se equivocó en condenar
la toma del Palacio Arzobispal.
¡La toma de dicho palacio no fue mala de por sí! Todos los días se
realizan tomas pacíficas en muchas partes del país, como forma de
protesta. Hace un mes, por ejemplo,
ex trabajadores de Viasa tomaron la sede de Iberia en Parque Cristal por varios días,
protesta más que válida dado que, después de tantos años, aún no se
hace justicia en el caso de más de dos mil trabajadores a quienes
Iberia se negó a pagarle sus prestaciones sociales.
¡No podemos criminalizar las protestas ni las tomas pacíficas, por Dios!Lo
malo de la toma tampoco estuvo en que Lina Ron criticara los
allanamientos al 23 de Enero, o que se refiriera a Héctor Serrano como
"mártir". El
FONDO de las palabras de Lina Ron tampoco era criticable:
ella protestaba contra Globovisión, contra la Iglesia Católica y contra Fedecámaras.
Lo malo de la toma, tal vez,
era la FORMA:
- Que
Lina Ron declarara a Globovisión "objetivo de la Revolución" y entonces
dijera: "mande usted mi Comandante", dando a entender que esa amenaza
directa y todo el acto era ordenado por el Presidente cuando claramente
no fue así.
- Que amenazara e insultara con groserías a Rafael
Fuenmayor, y le dijera que iba a tener que ponerse un traje de Robocop,
lo que fue usado por ese canal para afirmar que hubo una amenaza de
muerte indirecta.
Si esa toma se hubiera realizado de
forma distinta, si sólo hubiera sido una lectura del comunicado y unas
palabras sobre los allanamientos, todo hubiera sido un acto tan
legítimo y válido como los actos por el 27 de Febrero que la Asamblea
Nacional realizó en Petare o en Guarenas. Es por ello que me parece mal
que Chávez
condenara las tomas pacíficas: lo malo no fue la toma. Fueron algunas de las palabras que se usaron en ella.
Protestas contra Globovisión... causadas por la impunidadLas diferentes protestas
pacíficas
contra Globovisión son más que válidas, dada la actitud que ese canal
toma contra la población y el gobierno bolivariano, y el hecho de que
los entes creados para regular los medios (en particular Conatel y el
Directorio de Responsabilidad Social) no toman la más mínima medida,
ni siquiera una multita contra ese canal. Hay gente que se ha sentido muy mal de ver la impunidad con la que se desenvuelven allí, o en otros casos:
No hay detenidos de importancia por el caso de los alimentos de Mercal en la Policlínica Metropolitana. Ni por ningún otro causante del desabastecimiento (sólo detienen al gafo que estaba cuidando la bodega).
- A
seis años de los hechos de abril y diciembre de 2002, no hay presos de
importancia y todo lo contrario, muchos han sido amnistiados.
- En cambio, la parroquia 23 de Enero sí es allanada buscando a los "ponebombas".
Eso tiene molesta a mucha gente, pues
lo malo no es que se busque a los ponebombas,
sino que a los oligarcas que causan problemas de desabastecimiento o
que llaman a la violencia desde los medios no se les allana.
Por
otro lado, también molesta un poco que en La Hojilla hayan criticado
una protesta que ellos mismos convocaron el día 26 de febrero. Desde La
Hojilla se critica constantemente a Globovisión (y con razón). Desde
allí Mario Silva preguntaba todos los días:
"¿Quién detiene a Globovisión?".
Mario es una de las personas más valiosas del proceso, pero aquello de
echar la culpa únicamente a los movimientos sociales de algo de lo que
somos responsables todos -él incluido- de verdad cayó mal.
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Creo
que existen espacios suficientes para que el Estado y los movimientos
sociales realicen actos simultáneos y bien pensados sin que nos
interfiramos mútuamente; sólo tenemos que buscar la forma de
coordinarnos, respetarnos y pensar muy bien en cómo hacer las cosas. No
debería venir Chávez a llamar infiltrados a los movimientos sociales,
ni los movimientos sociales deben irrespetar al Presidente.
Infiltrados vs. paranoia: buscando el balance
En
cuanto a los infiltrados, recordemos que es tan fácil infiltrar un
movimiento social, como lo es infiltrar cargos vitales del gobierno.
Sin mencionar que en los ministerios ya hay mucha gente de oposición
que colabora con la contrarrevolución activamente, amparados además en
leyes venezolanas que los protegen.
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El
PSUV tampoco puede declararse libre de infiltraciones; de hecho, miles
de empleados públicos pro-oposición se inscribieron en el mismo, ante
los falsos rumores de que el gobierno sólo permitirá que los inscritos
en el PSUV ocupen cargos públicos.
Pero el problema de acusar a camaradas de infiltrados
es que se crea paranoia y desconfianza. A
partir de hoy, muchos en el chavismo no confiarán en Lina Ron ni en el
UPV pues los calificarán de agentes de la CIA. Cada vez que un
movimiento social proponga un acto, o una manifestación por su cuenta,
o hable de algo controversial, siempre saldrá alguien a acusarlo de contrarrevolucionario. Esta
actitud (que muchos hemos sufrido incontables veces en carne propia)
aumenta el riesgo de volvernos paranoicos, desconfiar entre nosotros y
de dividir al chavismo.
Por ello, hay que buscar el balance: no
ser ingenuos, pero tampoco desconfiar de aquellos que han mostrado, vez
tras vez, su apego al Proceso Bolivariano.
De que hay infiltrados, los hay. Pero
no están en los movimientos sociales únicamente. Los hay en el
gobierno. Los hay en el Estado. Los hay en el PSUV. Y también todos
tenemos un pequeño "infiltrado" dentro de nosotros mismos, proveniente
de las miles de horas de exposición a la televisión y otros medios que
promueven valores en contra del socialismo.
Pero
de ninguna manera podemos permitir que la existencia de infiltrados se
convierta en excusa para que el gobierno deje de confiar en el pueblo,
ni el pueblo en su gobierno.