"Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero
la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera, para
cambiar un país de bolsillo… Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a
los gritos, o escrita a los gritos… Hay que lograr que se despierte en los demás
la vergüenza de sí mismos… Ese día se convertirá en algo útil."
Mario Benedetti (1960): "La Tregua"
Introducción
El discurso reaccionario de la derecha venezolana ha resucitado el viejo mito
del "castrocomunismo" para desacreditar el proceso de desarrollo bolivariano que
lidera el presidente Chávez. Esta percepción anacrónica perteneciente a
los anales de la Guerra Fría, ha sido auspiciada y reforzada por los medios de
comunicación corporativos y compartida por la vieja política socialdemócrata, e
incluso por quienes en algún momento comulgaron con el ideal socialista.
En este ultimo grupo cohabitan aquellos izquierdistas "convertidos al
neoliberalismo" que hoy rechazan toda aproximación progresista con la misma
vehemencia con que en el pasado defendían el totalitarismo estalinista, y una
"entelequia moderada" que reclama la fundación de una "izquierda moderna", a la
europea, que desde el aparato burocrático ataque con la exquisitez reformista
que la caracteriza, los problemas relativos a la pobreza, desempleo y deterioro
de la calidad de vida.
Recientemente, Teodoro Petkoff - quizás el personaje mas emblemático de esta
"izquierda exquisita" - señaló en un acto político del partido reformista de
centro-derecha "Unión", en el que también se dio cita la crema de la derecha
cristiana venezolana – léase Salas Römer y Eduardo Fernández - que "hay que
reconstruir una nueva referencia de izquierda moderna… y el partido Unión, está
llamado a hacerlo… En estas circunstancias es más necesaria que nunca la
presencia de una referencia de izquierda que no permita que alguna de las más
nobles ideas y aspiraciones de justicia y libertad, puedan ser confundidas con
esta payasearía incoherente, llena de concepciones anacrónicas, del actual
gobierno nacional." (Últimas Noticias, 3 de Agosto de 2003). Resulta
irónico, por decir menos, que la "izquierda" de Petkoff – que si a ver vamos muy
poco ha contribuido al desarrollo de Venezuela a pesar de haber sido co-gobierno
en la administración Caldera-Alfaro - asuma hoy el "reformismo" como la única
expresión valida de la izquierda venezolana, excluyendo y segregando
deliberadamente a organizaciones políticas como el MEP, PCV, PPT, Podemos, Liga
Socialista y la nueva composición del MVR que conforman numérica y
cualitativamente la izquierda venezolana que apoya decididamente el proceso de
desarrollo bolivariano.
Al igual que tantos otros reformistas de izquierda, Petkoff desea ignorar las
repercusiones del contexto internacional actual sobre el proceso democrático de
los países pobres, desestima la nueva concepción progresista de la participación
democrática en el diseño, implementación y vigilancia de las políticas publicas,
y rechaza el proyecto bolivariano como vía hacia la consolidación de una nueva
izquierda que viene emergiendo con fuerza desde hace mas de una década en
América Latina, y que a diferencia de las concepciones estalinistas y leninistas
del modelo soviético y de la aproximación reformista de la "izquierda moderna"
en Europa y Canadá, propone la disminución acelerada de la explotación, la
reivindicación de los derechos humanos y la justicia e inclusión social como
consecuencia directa de la participación política democrática y no como parte de
un paquete reformista impuesto por aparato burocrático de manera vertical bajo
la ilusión de una "democracia representativa" que solo ha servido para afianzar
el totalitarismo neocorporativista de la derecha reaccionaria.
Este trabajo se propone enmarcar el proceso de desarrollo bolivariano que
lidera el presidente Chávez de Venezuela como vía hacia la consolidación de la
nueva izquierda en América Latina basada en la "democracia participativa" que
toma cuerpo y filosofía a partir de la experiencia de Chiapas y Porto Alegre
como respuesta al contexto internacional actual y la crisis de la "democracia
representativa". Finalmente, el trabajo plantea la construcción del
capital social como instrumento socio-político y socio-económico que permita la
viabilidad y sostenibilidad del nuevo modelo democrático de izquierda.
1. El contexto internacional: de la
globalización neoliberal al neomercantilismo
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética
emergieron como potencias mundiales, pero sus diferencias ideológicas condujeron
a una pugna de intereses que devino en lo que se conoce como la Guerra
Fría. Durante este periodo, Estados Unidos ofreció apoyo financiero y
logístico a todos aquellos países que se distanciaran de la influencia
comunista, y estableció una política de "contención" basada en el crecimiento
desproporcionado de la capacidad militar nuclear con el objeto de neutralizar la
expansión soviética y limitar su área de influencia en los territorios que ya
dominaba. Tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión
Soviética, surgió la noción del "fin de la historia" de Francis Fukuyama que
suponía la consolidación del capitalismo y la estabilización del sistema
internacional. No obstante, al dejar de orbitar sobre el modelo bipolar,
la anarquía y caos socio-económico se apoderó de los países satélites generando
pobreza, terrorismo y el deterioro progresivo del medio ambiente.
En este contexto de post-Guerra Fría, la política exterior de Reagan y Bush
padre se basó en la promoción del neoliberalismo en América Latina a través del
"Mercado Común de las Américas", conocido hoy como ALCA, cuyo aspecto militar
fue auspiciado por Bill Clinton a través de la guerra contra el narcotráfico y
el Plan Colombia, y en lo político con la aplicación del "Consenso de
Washington" que contemplaba la homogenización de las economías regionales de
acuerdo al paradigma neoliberal. Por su parte, el nefasto gobierno de
George W. Bush dio sus primeros pasos hacia una política aislacionista que la
librase del principio de responsabilidad internacional: abandonó el Protocolo de
Kyoto, se negó a firmar el tratado que establece la Corte Penal Internacional,
se retiró unilateralmente del Tratado de Mísiles Antibalísticos que tenía con
Rusia, se desentendió del conflicto palestino-israelí, desestimó el problema
sobre inmigración ilegal que le planteaba México, arreció su política de
hostigamiento hacia Cuba y puso en el congelador su política de "compromiso
constructivo" con China. En este contexto, la administración ultra reaccionaria
de Bush profundizó la implementación del "Plan Colombia", ha ejercido presión
sobre América Latina para que de pasos definitivos hacia la materialización del
ALCA, y tras el ataque terrorista perpetrado contra Estados Unidos el 11 de
septiembre de 2001, desató una campaña ofensiva imperialista en el Medio Oriente
cuyo propósito es tomar el control de los recursos energéticos y posicionarse
militar y estratégicamente en el escenario mundial para evitar que potencias
emergentes como China, India y Corea del Norte lleguen a disputar su hegemonía
mundial. Bajo la premisa de que "la agresión es la mejor defensa" contra
el infundado y manipulado pretexto de unas inexistentes "armas de destrucción
masiva", Estados Unidos se enfrentó a Francia, Rusia, China, Alemania y el resto
de la humanidad a fin de llevar a cabo una ocupación neomercantilista en Irak.
El contexto internacional actual se caracteriza por un acelerado proceso de
expansión hegemónica, donde la globalización neoliberal ha venido subordinando
progresivamente los principios democráticos y la soberanía de los países a los
intereses de las grandes corporaciones y poderosos centros financieros.
Para el sociólogo norteamericano James Petras (2002), la ofensiva militar
estadounidense en el escenario internacional obedece a "la transición desde el
neoliberalismo hacia el neomercantilismo, donde el Estado figura como el
principal instrumento de dominación, expansión y control de mercados,
organizando espacios con la expansión y penetración de capitales... [para]
excluir y marginar a sus competidores… una forma de monopolizar los
mercados." Petras argumenta que el "neomercantilismo" viene a
constituir un "muro de contención" para los sectores económicos norteamericanos
no productivos, que de otra manera no podrían colocar sus productos en los
mercados de la periferia. De esta manera, se produciría de manera
instantánea "la liquidación de los mercados internos de los países del Tercer
Mundo", como ha sucedido en México tras su adhesión al Tratado de Libre Comercio
con Estados Unidos y Canadá. En este sentido, la creación del ALCA como
una imposición a las relaciones comerciales Norte-Sur, viene a apuntalar la
nueva política estadounidense de dominación hegemónica sobre América Latina en
detrimento de la soberanía, democracia y desarrollo.
De acuerdo al intelectual Noam Chomsky (1994), la estructura vertical
corporativa del Estado neoliberal donde el poder reside en la mano de los
banqueros, inversionistas y empresarios, emula las características del
totalitario sistema fascista. Chomsky argumenta que cualquier forma de
poder concentrado no desea ser sujeto del control democrático popular, así como
tampoco a la disciplina del mercado, por lo que sectores poderosos y ricos se
oponen naturalmente al funcionamiento de la democracia, así como se oponen al
funcionamiento del mercado debido a que es natural que las empresas rechacen
"las restricciones externas a su capacidad de tomar decisiones y actuar
libremente." En el neofascismo, quien no es empresario o inversionista "no
tiene mucho que decir." Para el intelectual norteamericano, el pueblo es
espectador y no participante de las políticas publicas, y solo debe pronunciarse
periódicamente para ratificar las decisiones que se toman en la cúpula política
y empresarial al seleccionar a los representantes del sector dominante. En
este sentido, encontramos una estrecha relación entre la "democracia
representativa" como modelo político que permite el secuestro de la
representación democrática, y la conformación de un estado neofascista que vele
exclusivamente por los intereses de la minoría. El propio Chomsky (1987)
define la "democracia liberal" norteamericana como un "sistema de decisión de
las elites y ratificación del colectivo basado en el control del estado por
parte de la dominante sociedad privada, mientras la población observa quieta."
Chomsky argumenta que el "nuevo orden internacional" propuesto por el
establecimiento político no se diferencia mucho del "neue Ordnung" de Hitler o
el "ordine nuovo" de Mussolini, que se caracterizan por la "conglomeración de
gobierno y grandes corporaciones, así como por la dirección del estado en la
economía que define el fascismo." En este sentido, Chomsky sostiene que
Hitler consolidó su poder político haciendo alianzas con la clase industrial de
Alemania, a la cual protegió y extendió un tratamiento favorable.
No obstante, Estados Unidos enfrenta serias dificultades económicas internas,
un creciente antinorteamericanismo en Europa, Asia y el Medio Oriente, protestas
en su propio suelo - que según Chomsky han sido las de mayor envergadura en toda
la historia de este país -, y una difícil situación política-militar en Irak y
Afganistán que ha obligado a la administración Bush revisar su política
aislacionista para acceder a la colaboración internacional y revitalizar su
economía interna de cara a un proceso electoral. En este contexto, resulta
indispensable para Estados Unidos defender y auspiciar su proyecto ALCA para
enfrentar con eficacia a sus contrapartes de Europa y Asia. Para ello, la
administración Bush considera sumamente esencial neutralizar las apetencias
nacionalistas y populares de la izquierda en América Latina, y garantizar la
permanencia del modelo de "democracia representativa" que como veremos a
continuación, le permita penetrar la estructura del Estado y subordinar el
interés colectivo a su propio interés.
2. Degeneración del pluralismo político y crisis de la "democracia
representativa."
En su libro "La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y
extranjeros", Sartori (2001) establece el pluralismo político como un principio
democrático basado en "la dialéctica del disentir" en contraposición al
"consenso" o "conflicto" entre los distintos entes políticos y sociales. Sartori
concluye que en una sociedad pluralista, "las mayorías deben ejercer su poder
sobre las minorías con moderación." Es precisamente por el temor a la
"tiranía de las mayorías" que los defensores del liberalismo han mantenido una
actitud pasiva frente al tema de la democracia, y usualmente se refieren a ella
con cierta incomodidad temiendo que las masas "irracionales y desatadas" tengan
poco respeto por los derechos liberales, por lo que "el principio de la mayoría
limitada se convierte en un principio democrático." (Linz, 1998)
Bajo esta concepción liberal surge el modelo de "democracia representativa",
que teóricamente comprende un limitado numero de personas que participan en la
elaboración y ejecución de las políticas publicas, así como en la conducción del
Estado en representación de un electorado plural que las elige en elecciones
libres. En este sistema, los partidos políticos se desempeñan como
intermediarios entre la sociedad y las instituciones que dirigen sus
representantes, quienes participan solo de manera pasiva e indirecta en la
conducción del Estado. El científico social Joseph A. Schumpeter (1947),
define la "democracia representativa" como "el arreglo institucional para tomar
decisiones políticas en donde los individuos adquieren el poder para decidir por
medio de una lucha para obtener el voto del pueblo." Los defensores de este
modelo sostienen que en una sociedad moderna con múltiples y diversos intereses,
los partidos políticos y organizaciones civiles y empresariales representan a
cabalidad los intereses de la sociedad, por lo cual, su influencia en los
asuntos públicos debe ser vista como una característica necesaria y positiva de
la vida social. (Schwarzmantel, 1994)
Sin embargo, el modelo de "democracia representativa" que ha dominado el
ejercicio del poder en el mundo occidental, se ha caracterizado mas bien por la
delegación del poder a una elite política que sin el control popular ha ido
degenerando progresivamente hacia un gobierno de minorías cuyo único propósito
ha sido el de mantenerse en el poder protegiendo los intereses particulares de
las clases oligarcas, excluyendo a la mayoría de la población en la elaboración
e implementación de las políticas publicas, subordinando el interés público al
interés particular, y ocasionado la degeneración del pluralismo político en una
suerte de "elitismo democrático." (Bacjrach, 1969)
En 1956, Wigth Mils ya observaba como el sistema político norteamericano era
dominado por una elite de poder que ocupaba posiciones claves en el gobierno,
instituciones y en el campo militar, la cual no tenía que rendir cuentas de sus
acciones a los políticos ni al pueblo. En 1857, la Corte Suprema de Justicia de
los Estados Unidos ordenó el retorno de Dred Scott a su "dueño", porque "nunca
había dejado de ser esclavo", a pesar de residir en un Estado que ya había
abolido la esclavitud. Esta decisión se basó en que el principio al
derecho de la "propiedad privada" debía privar sobre los derechos colectivos de
un grupo de ciudadanos, en este caso el derecho de los negros a ser libres.
(Zett, 2000) Recientemente, durante la batalla legal por la presidencia de
Estados Unidos en 2000, la Corte Suprema de Justicia sentenció de manera
"unánime" - 5 votos republicanos contra 4 demócratas - a favor del entonces
candidato Bush, obviando las irregularidades ocurridas en los barrios de negros
y latinos mas pobres de Florida que impidió contabilizar el voto de mas de 15
mil electores; y como el conteo manual no tenía reglas "uniformes", se habría
violado el derecho individual del actual presidente estadounidense, el cual
privó sobre el derecho de un grupo de ciudadanos a ejercer el voto.
Desde la perspectiva marxista el secuestro de la democracia por parte de una
elite político-empresarial obedece a un problema estructural del sistema
capitalista donde el Estado sirve de instrumento para la dominación de las
clases. En el Manifiesto Comunista, Marx expresa que "el ejecutivo del
Estados moderno no es mas que un comité para manejar los asuntos comunes de toda
la burguesía", la cual ejerce su poder a través de los grupos de intereses y sus
redes clientelares insertadas en las instituciones publicas secuestrando la
democracia y servir exclusivamente a los intereses de las grandes corporaciones
y centros de poder financieros.
La crisis sistémica del modelo de "democracia representativa" es consecuencia
directa de la degeneración del pluralismo político y la instauración del
totalitarismo neofascista que hoy sirve como fundamento político de la nueva
ofensiva hegemónica estadounidense. Sin embargo, en el "patio trasero de
Estados Unidos" están surgiendo nuevos obstáculos que en el pasado resultaban
impensables para la administración norteamericana: la conformación y
consolidación de una nueva izquierda revolucionaria basada en el modelo de
"democracia participativa."
3. La Nueva Izquierda
En su estupendo articulo "Lula: el nuevo tiempo de la izquierda", el
intelectual brasilero Frei Betto (2003) clasifica los tres tipos de militantes
de izquierda que surgen a partir de la caída del Muro de Berlín: 1) los
adaptados "que se acomodaron al socialismo con el mismo espíritu oportunista con
que se adaptaron después al capitalismo"; 2) los ideológicos que "sabían de
corazón toda la cartilla marxista, citaban de memoria una extensa bibliografía,
adoraban tener infinitas reuniones, rendían culto a sus jefes en el poder, pero
no demostraban amor al pueblo, trataban a sus subalternos con la misma
arrogancia con que un burgués lo hace en las obras de Gorky, y nunca estrechaban
vínculos con los sectores más pobres de la población"; y 3) los orgánicos que
"se mantenían permanentemente sintonizados con el movimiento social, ayudando a
fortalecer las organizaciones de la sociedad civil, como fue el caso, en Brasil,
de los comunistas que actuaron junto a sindicatos rurales y urbanos y de los
cristianos vinculados a las comunidades eclesiales de base y a las pastorales
populares, que ayudaron a expandir el movimiento popular." Para Betto,
"sólo los orgánicos sobreviven en las izquierdas en los ex países socialistas;
sólo ellos, en Brasil, no se sintieron derrumbados con la desaparición del
socialismo en el este europeo, como si el Muro de Berlín hubiese caído sobre sus
cabezas." (Bretto, 2003)
Por su parte, James Petras (2002) logra caracterizar muy bien a la izquierda
reformista "euromoderna" como "la corriente política que busca aumentar los
ingresos de los trabajadores, disminuir el grado de las desigualdades sociales,
promover políticas de distribución del ingreso y políticas sociales por la vía
de buscar un mayor peso del estado, y promoviendo estos objetivos dentro del
marco del propio sistema capitalista"; lo cual deja inalterable el mecanismo
interno del sistema político de la "democracia representativa", germen del
atraso y pobreza que impide el avance progresista. Por el contrario, la
noción revolucionaria de la nueva izquierda tiene métodos de lucha basados en la
"acción extraparlamentaria, creación de nuevas formas de organización popular…
la posibilidad de transferir a estas organizaciones populares el control de las
relaciones de producción y de las formas de gestión de la producción
social." (Petras, 2002) De esta manera, las transformaciones
sociales se producen como consecuencia directa e inmediata de la acción política
social participativa, dejando de ser un fin intangible de la elite política,
muchas veces inalcanzable e incompatible con las necesidades reales de la
sociedad.
En este sentido, la nueva concepción de la izquierda en América Latina
propone la "democracia participativa" como reemplazo al modelo de "democracia
representativa", lo cual no significa necesariamente la erradicación de la
representatividad y el pluralismo político, sino su rescate.
Desde el siglo XVIII, pensadores políticos de la talla de Rousseau,
Robespierre y Jefferson defendieron la necesidad del control publico directo
sobre la conducción del Estado. El investigador Cornelius Castoriadis (en
Tafalla y Valenzuela, 2000) señala que la "democracia representativa" debe ser
complementada con la cogestión y participación real, organizada y efectiva de
los ciudadanos. En este sentido, surge una propuesta alternativa que sobre
la idea de desarrollar una opinión publica informada, y capaz de participar y
deliberar, concibe la democracia como un "un modelo para organizar el colectivo
y el ejercicio publico del poder basado en el principio de que las decisiones
que afectan el bienestar de la colectividad son el resultado de un proceso de
libre y razonada deliberación entre individuos considerados como iguales, moral
y políticamente." (Benhabib, 2000) Los que están en el poder ofrecen
razones por sus acciones, porque a diferencia del modelo de "democracia
representativa" se busca asegurar el consenso de todos los afectados. Los
ciudadanos por su parte, deben "retener su poder de juicio sobre materias
publicas" para evitar las distorsiones que ocurren cuando estas son colocadas al
servicio de intereses privados que dominan el espectro político amparados en el
mal-llamado "pluralismo político." Los ciudadanos y sus representantes
debaten y deliberan sobre problemas y soluciones de acuerdo a una reflexión
razonada y un desarrollado juicio, una predisposición mutua de entender los
valores, perspectivas e intereses del otro, y la posibilidad de rediseñarlos a
través de la búsqueda de intereses comunes y soluciones mutuamente
aceptadas. En oposición al enfoque liberal de la "democracia
representativa", la propuesta participativa cuenta con un potencial enorme para
transformar intereses ya que es un proceso de descubrimiento y no la
ratificación de intereses o posiciones rígidas preestablecidas. Los
ciudadanos no tienen un orden de preferencia fijo cuando entran a la esfera
publica, y existen oportunidades para formar, redefinir y revisar preferencias a
través de múltiples perspectivas orientadas hacia un mutuo entendimiento y
acción común. El resultado debe ser una propuesta colectiva, diseñada,
implementada y vigilada por la comunidad junto a sus representantes y la
administración publica local, regional y/o nacional que como política publica
responda a sus necesidades inmediatas.
Así lo decidió hacer el pueblo de indígenas, campesinos y campesinas de
Chiapas tras el alzamiento en armas contra el poder de dominación neocolonial;
mas tarde lo puso en practica el Partido de los Trabajadores de Brasil,
específicamente en Porto Alegre, de manera institucional, y hoy se desarrolla
como mandato constitucional en la Republica Bolivariana de Venezuela.
4. El Alzamiento Zapatista: génesis de la nueva izquierda
En 1960, un grito de angustia del insigne escritor uruguayo Mario Benedetti
en su laureada novela "La Tregua", de alguna manera reclamaba la participación
directa de los ciudadanos en la conducción del Estado:
¿Usted ve alguna salida?", pregunta y vuelve a preguntar, con franca,
provocativa ansiedad. "Lo que es yo, por mi parte, no la veo. Hay gente que
entiende lo que esta pasando, que cree que es absurdo lo que esta pasando, pero
se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo
democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido
serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el
mundo, ni siquiera, para cambiar un país de bolsillo como este.. Hace falta
pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay
que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de
autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí
mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día que el
uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se convertirá en algo
útil.
Debieron pasar unos 30 años para que comenzara a gestarse en el ciudadano
latinoamericano ese asco por la desidia, conformismo y pasividad, y participar
activamente en el mejoramiento de su entorno inmediato.
El 1ro. de Enero de 1994, a tan solo tres años del desmembramiento del bloque
soviético, los indígenas, campesinos y campesinas de Chiapas que conforman el
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se alzaron en armas contra el
poder constituido por los "502 años de injusticia y represión", y contra la
política neoliberal impuesta por el PRI tras la entrada en vigor del Tratado de
Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá, que colocaba en serio
peligro a las comunidades indígenas, su cultura, tradición y costumbres.
Lo que a primera vista aparentaba ser un vestigio de la lucha armada insurgente
marxista-leninista, se reveló como una nueva forma de lucha que logró deslumbrar
al mundo entero por su originalidad y honestidad, pero sobretodo, por los
mecanismos políticos utilizados para lograr su emancipación del sistema
neoliberal que venía abriéndose paso desenfrenado en América Latina, y
especialmente en México. A diferencia de las luchas revolucionarias
tradicionales que parten de una élite intelectual y un centro de poder militar,
la estrategia insurreccional del ejercito zapatista surge de las asambleas de
comunidades indígenas donde se debate y delibera la acción política, social y de
defensa. El zapatismo propone la sociedad civil – bien entendida (BUSCAR
ARTICULO Y NOTA A PIE) - como el vinculo esencial de unidad y lucha contra las
pretensiones neoliberales del gobierno central. En este sentido, el EZLN
ha organizado eventos políticos en todo el territorio mexicano, donde
organizaciones no gubernamentales y ciudadanos discuten y elaboran propuestas de
acción política conjunta para la transformación social.
La estructura horizontal del movimiento zapatista se basa en el sistema de
asambleas comunitarias que conforman la base política y militar. Es en
esta instancia donde las acciones se consultan y se toman decisiones de manera
democrática. Aun cuando el "comandante Marcos" es visto desde afuera como
el líder del movimiento zapatista, quizás por los propios vicios de la cultura
política occidental que suele verticalizar los movimientos políticos, en la
realidad solo representa un hombre mas en el complejo conglomerado
insurreccional. Tal y como lo manifestara el propio Marcos, "el Ejército
Zapatista no puede ser la voz de los que mandan, aunque manden bien y
obedeciendo. El EZLN es la voz de los de abajo". (La Jornada, 9 de Agosto de
2003) En este sentido, el uso del pasamontañas pasó a convertirse en un
símbolo que invita a desmontar la percepción individualista del movimiento
zapatista para convertir a cada uno de los indígenas, campesinos y campesinas en
líder de su propia revolución. Es así como las reivindicaciones del
movimiento zapatista no incluye solo el derecho a tierra, trabajo, vivienda,
educación y salud, aspectos que suelen ser parte de los programas populistas,
sino el ejercicio de la democracia participativa que les permita diseñar,
implementar y vigilar de manera directa los aspectos relativos a su identidad,
cultura y condición socio-económica.
Aun cuando el alzamiento zapatista se realizó a través de la vía armada para
resguardar su legitima defensa, la negociación política pacifica ha sido su
principal instrumento de acción. No obstante la mayor peculiaridad que
define este movimiento y que lo convirtió en el embrión que mas tarde tomará
cuerpo y filosofía en Brasil y Venezuela, es que el EZLN no busca la toma del
poder político central.
En entrevista al diario Pagina 12 de Argentina, John Holloway, catedrático
escocés radicado en México y autor del libro "Cambiar el mundo sin tomar el
poder", aborda el tema del antipoder en la concepción de la nueva
izquierda. De acuerdo Holloway, la transformación de las relaciones
sociales deben originarse desde la propia sociedad.
El partido político es una forma de organización orientada hacia el Estado y
hacia la toma del poder estatal o hacia la influencia estatal. Ahora, el Estado
y su existencia implican ciertas formas de relación, cierta jerarquía, cierta
jerarquización incluso del descontento, y una forma de integración en el mundo
de las relaciones sociales capitalistas.
En el último siglo, los intentos de transformar las relaciones sociales a
través del Estado fracasaron. Cien años atrás, Rosa Luxemburgo discutía con
Edward Bernstein cómo tomar el poder estatal, si por la revolución o por la
reforma. Bueno, ambos fracasaron. Los revolucionarios en Rusia no lograron
cambiar la sociedad en la forma en que ellos querían. No lograron instalar una
sociedad más vivible. Pero tampoco los reformistas.
En este sentido, Holloway señala que lo que haga Lula en Brasil, por ejemplo,
no dependerá del gobierno, "sino de la fuerza de las luchas sociales y del modo
en que las luchas sociales estén arraigadas en la cotidianidad de la
existencia…"
Enfocar todo hacia el Estado implica normalmente un debilitamiento de estos
movimientos sociales y sus luchas. En casi todos los casos una elección de un
gobierno de izquierda termina en fracaso: trata de conciliar las presiones
sociales y las demandas del capital global…En general elegir a un gobierno de
izquierda es ineficaz porque subordina las luchas sociales a los fines
electorales.
Para Holloway, la clave para la transformación social por la que luchan los
zapatistas en Chiapas, los piqueteros en Argentina y los Sin Tierra en Brasil,
no se traduce únicamente en la consecución de bienes materiales, sino en
desarrollar en el individuo la autoconfianza, dignidad y participación política.
Obviamente en ningún caso eso ha conducido a un cambio radical de la
sociedad. Todavía estamos viviendo dentro de una sociedad capitalista. Pero me
parece que la única forma de lograr un cambio de esa sociedad es a través de
luchas para construir otras formas de sociabilidad, ya dentro del marco de una
sociedad capitalista.
Holloway también caracteriza el movimiento zapatista como una política de
izquierda que logra separar la revolución y el Estado, o como bien lo definiría,
el "fin del leninismo" ya que bajo esta concepción se planteaba la revolución a
partir de la toma del poder político.
Los zapatistas dijeron:
Queremos cambiar el mundo pero no tomar el poder. La idea misma de revolución
implica un respeto a la dignidad de otros. Mientras el capital camina dictando,
el zapatismo avanza preguntando… Decir que uno se involucra en el Estado para
lograr cambios es no entender al Estado. Uno se incorpora sí o sí a una red de
relaciones sociales capitalistas. Si uno quiere cambiar la educación
orientándose más a los niños que a la rentabilidad del capital, muy pronto el
capital se irá a otro país porque usted no está produciendo el tipo de gente
considerada como un buen trabajador, como un tipo disciplinado.
[Debemos] tratar de cambiar el mundo sin tomar el poder. Porque pensar en la
toma del poder implica posponer la revolución hasta el día mágico. Y el problema
es que tal día mágico no existe… Eso es postergar la revolución hasta quién sabe
cuándo.
El catedrático venezolano Domingo Alberto Rangel (2003) coincide con Halloway
cuando señala que tras el fracaso del leninismo que establecía la toma del poder
político como condición necesaria para la consecución de la revolución
socialista, las transformaciones sociales solo pueden ser logradas "desde abajo,
no esperar la toma del poder para cambiar la sociedad." En este sentido,
Rangel sostiene que "la tragedia del leninismo es que descansó en la falsa
estrategia de tomar, ante todo, el poder para cambiar la sociedad. La sociedad
hizo del leninismo que había sido revolucionario, un desecho histórico. La
sociedad hay que empezar a cambiarla desde el primer momento." Para
Rangel, “el leninismo, la socialdemocracia y la estrategia de liberación
nacional están muertos... Romper con ellos es el primer paso. Luego hay que
crear fuerzas nuevas que nada evoquen del pasado. Grupos o tendencias que no
vayan a legalizarse, que ningún vínculo tengan con el presupuesto universitario,
que no se acerquen a ninguna autoridad como no sea a la cabeza de grupos de
vecinos, de obreros o de gentes que protesten. Grupos que no vayan jamás a
elecciones y que agiten hasta donde puedan y en la forma que puedan, que no se
parezcan a nada ni pacten con nadie."
Aun cuando la toma del poder político no constituye el objeto de la
revolución indígena zapatista, lo cual conforma una de las principales y mas
interesantes características de la nueva izquierda en América Latina, la lucha
contra el poder político-militar mexicano se ha recrudecido, toda vez que la
ausencia de un enfrentamiento armado ha trasladado la lucha revolucionaria
zapatista hacia otros escenarios. En los últimos años, mas de 70 mil
efectivos militares han tomado posiciones en el estado de Chiapas para acosar y
hostigar a las comunidades indígenas, así como para prestar apoyo y
entrenamiento a grupos paramilitares para la contrainsurgencia.
Igualmente, la derecha reaccionaria ha ejercido un control total sobre los
medios de comunicación privados encubriendo la persecución, encarcelamiento y
hostigamiento de periodistas de medios alternativos. Ante la ausencia del
estado de derecho en el Estado de Chiapas, la impunidad se ha incrementado
significativamente facilitando y auspiciando la violación sistemática de los
derechos humanos. Ante la simpatía y solidaridad internacional mostrada
hacia el movimiento zapatista, las instituciones federales se han visto
obligadas a bloquear la participación de organizaciones humanitarias y de
derechos humanos impidiendo su colaboración estableciendo "alcabalas" en la
concesión de permisos y visas.
El movimiento zapatista ha logrado sobreponerse a todas las dificultades y
erguirse como una referencia democrática para la nueva izquierda en América
Latina. Recientemente, dio un paso importante hacia la consolidación de la
"democracia participativa" al instalar las juntas de buen gobierno en los
municipios autónomos rebeldes zapatistas. Las juntas de buen gobierno, que
según la reconocida antropólogo Margarita Nolasco constituyen "un proceso
irreversible", se caracterizan por "el respeto a la autonomía e independencia de
las organizaciones sociales; la promoción de formas de autogobierno y
autogestión en todo el territorio nacional, y el impulso de la rebeldía y la
resistencia civil y pacífica frente a las disposiciones del mal gobierno y los
partidos políticos." En este sentido, las juntas se abocaran a defender la
propiedad ejidal y comunal de la tierra, la protección y defensa de los recursos
naturales, la generación de trabajos dignos y salarios justos, la construcción
de viviendas dignas, la provisión de un sistema de salud pública gratuita,
garantizar la alimentación y vestido para todos y una educación laica y gratuita
para niños y jóvenes, y la promoción al respeto a la dignidad de la mujer, el
niño y el anciano. (La Jornada, 9 de Agosto de 2003) Asimismo, el ejercito
zapatista puso a disposición de las comunidades "una red de comercio básico y
convocó a formar una red de información y cultura a escalas local, regional y
nacional para demandar a los medios información veraz y balanceada, así como a
organizar la defensa y promoción de la cultura local y de las ciencias y las
artes universales."
La iniciativa institucional que toma el EZLN tras 10 años de luchas bajo la
figura de las juntas del buen gobierno, constituye un gran paso hacia la
consolidación del proceso democrático de Chiapas. De acuerdo al
intelectual Juan Bañuelos, "las nuevas juntas de buen gobierno del EZLN no sólo
proponen alternativas para solucionar los problemas de las comunidades, sino que
consolidan su poder de desarrollo y autonomía." Este camino ha sido
también transitado con éxito por el Partido de los Trabajadores de Brasil en la
ciudad de Porto Alegre.
5. La Democracia Participativa en Brasil: desarrollo de la nueva izquierda
A partir de la fundación del "Partido de los Trabajadores" en 1979, la
"Central Única de Trabajadores" en 1983 y el Movimiento de los Trabajadores
rurales Sin Tierra en 1985, así como el surgimiento de la "Teología de la
Liberación" que inspiro la formación de "Comunidades Eclesiales de Base" y las
"Pastorales Sociales", comienza el desarrollo de una concepción democrática de
la izquierda brasilera. (Tafalla y Valenzuela, 2000) En su carta de
principios, el Partido de los Trabajadores (PT) "afirma su compromiso con la
democracia plena ejercida directamente por las masas, pues no hay socialismo sin
democracia ni democracia sin socialismo." Igualmente, en su manifiesto
de 1980, el PT se aboca por la democracia participativa al pronunciarse a favor
del pueblo para que "decida qué hacer con la riqueza producida y con los
recursos naturales del país… Para esto es necesario que las decisiones sobre la
economía sean sometidas a los intereses populares. Pero estos intereses no
prevalecerán mientras el poder político no exprese una real representación
popular, asentada en las organizaciones de base, para que se haga efectivo el
poder de decisión de los trabajadores sobre la economía y los demás niveles de
la sociedad." (Tafalla y Valenzuela, 2000)
La diversa composición político y social de la nueva izquierda brasilera
comprometida con el proceso democrático obligaba la refundación de una nueva
doctrina política que garantizara la participación política de la
sociedad. De acuerdo a Joan Tafalla y José Valenzuela (2000),
Un partido que hunde sus raíces en un suelo nutricio tan movilizado y
autoorganizado, no podía crecer con una concepción dirigista o sustituista de
las energías populares. Difícilmente podía adoptar una concepción de la
democracia formal y representativa, como han hecho diversas fuerzas de la
izquierda europea, pasando en muchos casos de los dogmas del marxismo-leninismo
al acatamiento de las fórmulas y procedimientos de la democracia representativa
sin más preocupaciones.
La propuesta de democracia participativa en Brasil es el producto de la
experiencia política expresada por el PT, sindicatos, barrios, centros
educativos y grupos cristianos de base que componen la "sociedad civil
alternativa" en asambleas participativas, e inspiradas en la experiencia
socialista. En el IV Encuentro Nacional del PT, celebrado en 1986, se
profundiza el carácter democrático y participativo en la concepción de la nueva
izquierda.
Formas de control popular y obrero, que precisan ser incentivadas desde el
inicio, como los consejos populares y las comisiones de fábrica, por ejemplo,
así como las variadas formas de poder de base, son fundamentales para el
proyecto futuro.
A diferencia del movimiento zapatista, la "democracia participativa" en
Brasil se constituyo a partir de la toma del poder político en las regiones que
facilitara su desarrollo y aplicación. La democracia participativa
impulsada por el PT comienza a desarrollarse en la practica a través de los
Presupuestos Participativos ejecutados por los Consejos Municipales en Porto
Alegre bajo la iniciativa del marxista cristiano y líder sindical del PT, Olivio
Dutra, a partir de 1989 bajo un gobierno federal adverso. Según relatan
Joan Tafalla y José Valenzuela (2000),
Cuando Dutra llegó a la “Prefeitura” (Alcaldía) se encontró en minoría
en la Cámara de Vereadores lo que llevó a los petistas a buscar el mecanismo
para desbordarla apelando a la participación directa de los ciudadanos a través
del mecanismo del Presupuesto Participativo. Encontramos así una feliz
conjunción entre la necesidad política de dar soporte popular a la gestión
municipal transformadora y las concepciones de fondo del PT sobre una democracia
que desborde los estrictos límites de la democracia representativa… Este
planteamiento chocó en principio con muchos inconvenientes. Los ciudadanos,
acostumbrados a ser tratados como menores de edad y a tener relaciones
clientelares con los políticos, inicialmente no participaban en gran número. La
prensa local, en manos de la derecha, no daba ni da ningún soporte informativo,
“ninguneaba” el proceso del OP. Las únicas noticias sobre el mismo aparecían y
aparecen cuando eran pagadas por la alcaldía. Las redes clientelares de los
partidos, al mismo tiempo, reaccionaban en contra de un procedimiento
democrático que segaba la hierba bajo sus pies y por tanto bajo los pies de un
sistema político intrínsecamente corrupto. Sin embargo, la realidad de que las
decisiones de los vecinos eran respetadas y aplicadas por la alcaldía petista, o
sea cuando se empezaron a ver las obras y realizaciones, hizo crecer
paulatinamente la participación vecinal y comenzó a romper la apatía y el
clientelismo.
En su libro sobre la experiencia de Porto Alegre, los investigadores Tarso
Genro y Ubiratán de Souza (1999) señalan que la experiencia de democracia
participativa,
No se trató simplemente de ‘incentivar’ la participación popular de forma
espontánea, ‘hacer obras’ o simplemente ‘aceitar’ los mecanismos de democracia
formal. En realidad, se creó un nuevo centro de decisiones que, junto a los
poderes Ejecutivo y Legislativo, democratizaron efectivamente la acción política
e integraron a los ciudadanos comunes a un nuevo ‘espacio público’. Este nuevo
centro de decisiones, que incidió directamente sobre el tipo y la pertinencia de
las inversiones públicas, fue fundamental para generar una distribución de los
recursos y contribuir a la socialización de la política. Distribuir los recursos
sin socializar la política no representa gran cosa y puede abrir paso a cierto
tipo de paternalismo, nocivo para la afirmación de la autonomía de los
individuos y de las organizaciones de base de la sociedad. Socializar la
política sin tocar los recursos lleva al desaliento sobre la eficacia de la
lucha política y al repliegue de la gente al ámbito cada vez más aislado de su
vida privada.
El modelo de "democracia participativa" en Brasil también ha tenido sus
detractores. Unos la ven como un sistema excluyente, donde los estratos
sociales "cómodos" y con suficientes recursos desisten de participar
políticamente. Otros críticos, la ven mas bien como un proyecto reformista
que disfrazan con contenido social debido a que el pueblo no tiene posibilidad
de acceso a los medios de producción y a la tierra, la facultad para deliberar
sobre los asuntos públicos de gran envergadura, y tampoco el poder para legislar
o ejecutar políticas, sino para sugerir el destino del presupuesto.
(Abramo, 2001) Por su parte, el analista Cuevas Noa (2003) observa que la
limitada cantidad de personas que intervienen en la elaboración del presupuesto
participativo de Porto Alegre ha reproducido los vicios del sistema
representativo facilitando los recortes en el gasto publico. Según Cuevas
Noa, al no contar con órganos de control efectivos, la participación democrática
puede ser simulada para evitar conflictos con la clase obrera y sectores
populares. Otra de las deficiencias de la democracia participativa en
Brasil, ha sido la falta de continuidad. En la municipalidad de Santo
André del estado de São Paulo, por ejemplo, el triunfo del PT permitió la
instalación de un sistema para la elaboración del presupuesto comunitario de
manera participativa, pero fue derogado cuatro años mas tarde cuando el PT
perdió las elecciones.
A pesar de las dificultades, propias de un modelo en constante edificación,
la magnifica experiencia de Porto Alegre se ha convertido en un modelo de
gestión publica, el cual ha sido imitado por otros 70 municipios de Brasil y
llevada a distintos países de Centroamérica, México, El Salvador y Venezuela,
epicentro de su consolidación.
6. La Revolución Bolivariana: hacia la consolidación de la nueva
izquierda
Desde 1958 y hasta finales de siglo, el sistema político venezolano estuvo
basado exclusivamente en la "democracia representativa", que a pesar de sus
tropiezos y vicios estructurales permitió la celebración de elecciones "justas y
libres" para elegir al Presidente de la Republica y representantes del
pueblo. La libertad de expresión, el acceso a la información alternativa y
la autonomía para asociarse en partidos políticos y asociaciones civiles
pudieron sobrevivir a pesar dela presión política y militar que se ejerció
contra estos derechos. De acuerdo al criterio de poliarquía del
catedrático Robert Dahl, estos elementos constituyen un sistema
democrático. Sin embargo, el sistema político venezolano de la era del
puntofijista puede ser definido mas bien como una "democracia delegativa"
(O'Donnell, 1996), caracterizada por la presencia de instituciones obsoletas con
ninguna representación legitima o participación de la sociedad en su
funcionamiento y conducción. El sistema puntofijista, como se conoció a la
red clientelar y corrupta que mantuvo el sistema de "democracia representativa",
también concentró el poder exclusivamente en el brazo ejecutivo de los partidos
políticos tradicionales, que distribuyeron sus prácticas clientelares hacia todo
el sistema político, económico y social, e incluso cultural, de Venezuela.
Contrario al principio de "balance de poderes", el único obstáculo a los deseos
del presidente y su aparato partidista era su estadía en el poder; cualquier
otro impedimento era resuelto por decreto y mediante la suspensión de las
garantías constitucionales.
La sostenibilidad del sistema la garantizaba los altos precios del petróleo,
por lo que su declive progresivo, aunado a la expansión de la población y la
incapacidad de la elite política de poner fin a los vicios del sistema
permitiendo la participación de la ciudadanía en la conducción del Estado,
produjo una enorme grieta entre la sociedad y la vieja clase
política-empresarial que originó los primeros intentos insurreccionales por
tomar el poder político. En este contexto, surge la alternativa política
del actual presidente de Venezuela basaba en la toma del poder político por vía
electoral, y desde el poder, facilitar los cambios sociales que demandaba la
población venezolana. Pero sobretodo, permitirle a ésta su participación directa
en la conducción del Estado. Desde el poder, el presidente Chávez impulsó
la conformación de una Asamblea Constituyente que transformara el Estado y sus
instituciones; y en este sentido propuso el "equilibrio político" a través de la
conformación de un Estado eficiente que promoviera y estimulara el desarrollo,
la paz, la justicia social, la seguridad jurídica, la genuina representación de
la sociedad en el poder legislativo y la participación de los ciudadanos en la
elaboración, aplicación y control de las políticas públicas.
Lo que podría parecer una contradicción con la nueva concepción de izquierda
en América Latina, la toma del poder político como parte esencial de la
propuesta bolivariana significó mas bien el medio, y no el fin, del proceso
revolucionario. Es precisamente por ello que diversos analistas políticos,
especialmente los de la "izquierda exquisita", han manifestado que con la toma
del poder político Chávez no ha logrado revolución alguna ya que el mecanismo
interno del Estado ha permanecido inalterable. Esta "confusión" filosófica
del proceso bolivariano se debe a que lejos de plantearse los nuevos retos
políticos en el contexto internacional actual, analizan la revolución
bolivariana desde la concepción leninista que estudiaron y practicaron en su
juventud militante. La toma del poder político significo para el proceso
bolivariano la edificación de un conjunto de principios, derechos y garantías
recogidas en la Constitución Nacional que trascendiera la coyuntura política y
que fueran asumidas por el pueblo como cultura política. La Constitución
Nacional constituye el punto de partida de la consolidación de la nueva
izquierda; esta diseñada para desconcentrar el poder y redistribuirlo entre las
nuevas instituciones, la sociedad civil organizada e individuos, en la medida en
que estos se conviertan en actores y no objetos de la democracia, como es el
caso en el modelo representativo. El texto constitucional viene a ser el
instrumento de las transformaciones políticas, económicas y sociales de
Venezuela.
En su preámbulo, la Constitución Nacional establece para la nueva
republica,
Una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y
pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide
los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien
común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para
esta y las futuras generaciones...
El resto del texto esta edificado bajo el principio democrático de
participación publica en el quehacer nacional.
Artículo 6. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las
entidades políticas que la componen es y será siempre democrático,
participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y
de mandatos revocables.
Artículo 62. Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de
participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus
representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación,
ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el
protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como
colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la
generación de las condiciones más favorables para su práctica.
Artículo 70. Son medios de participación y protagonismo del pueblo en
ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el
referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas
legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de
ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre
otros; y en lo social y económico: las instancias de atención ciudadana, la
autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las
de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás
formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la
solidaridad.
Artículo 166. En cada Estado se creará un Consejo de Planificación y
Coordinación de Políticas Públicas, presidido por el Gobernador o Gobernadora e
integrado por los Alcaldes o Alcaldesas, los directores o directoras estadales
de los ministerios; y una representación de los legisladores elegidos o
legisladoras elegidas por el Estado a la Asamblea Nacional, del Consejo
Legislativo, de los concejales o concejalas y de las comunidades organizadas,
incluyendo las indígenas donde las hubiere. El mismo funcionará y se organizará
de acuerdo con lo que determine la ley.
Artículo 168 (…) Las actuaciones del Municipio en el ámbito de sus
competencias se cumplirán incorporando la participación ciudadana al proceso de
definición y ejecución de la gestión pública y al control y evaluación de sus
resultados, en forma efectiva, suficiente y oportuna, conforme a la ley.
Artículo 184. La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los
Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos
vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de
su capacidad para prestarlos, promoviendo:
1. La transferencia de servicios en materia de salud, educación, vivienda,
deporte, cultura, programas sociales, ambiente, mantenimiento de áreas
industriales, mantenimiento y conservación de áreas urbanas, prevención y
protección vecinal, construcción de obras y prestación de servicios públicos. A
tal efecto, podrán establecer convenios cuyos contenidos estarán orientados por
los principios de interdependencia, coordinación, cooperación y
corresponsabilidad.
2. La participación de las comunidades y de ciudadanos o ciudadanas, a través
de las asociaciones vecinales y organizaciones no gubernamentales, en la
formulación de propuestas de inversión ante las autoridades estadales y
municipales encargadas de la elaboración de los respectivos planes de inversión,
así como en la ejecución, evaluación y control de obras, programas sociales y
servicios públicos en su jurisdicción.
3. La participación en los procesos económicos estimulando las expresiones de
la economía social, tales como cooperativas, cajas de ahorro, mutuales y otras
formas asociativas.
4. La participación de los trabajadores o trabajadoras y comunidades en la
gestión de las empresas públicas mediante mecanismos autogestionarios y
cogestionarios.
5. La creación de organizaciones, cooperativas y empresas comunales de
servicios, como fuentes generadoras de empleo y de bienestar social, Asamblea
Nacional Constituyente propendiendo a su permanencia mediante el diseño de
políticas en las cuales aquellas tengan participación.
6. La creación de nuevos sujetos de descentralización a nivel de las
parroquias, las comunidades, los barrios y las vecindades a los fines de
garantizar el principio de la corresponsabilidad en la gestión pública de los
gobiernos locales y estadales y desarrollar procesos autogestionarios y
cogestionarios en la administración y control de los servicios públicos
estadales y municipales.
7. La participación de las comunidades en actividades de acercamiento a los
establecimientos penales y de vinculación de éstos con la
población.
El pasado 18 de noviembre el antichavista Samir Kabbabe escribe un articulo
sumamente interesante sobre el proceso bolivariano en el área de la salud que da
cuenta de las potencialidades que surgen a través de la democracia
participativa. Acertadamente, Kabbabe explica como "los representantes de
una comunidad dada tendrían participación en los diseños de programas de salud,
en la supervisión de la ejecución presupuestaria y en la planificación y
funcionamiento de los servicios…. [determinar] qué tipo de atención médica,
cuáles especialistas contratar, cuáles programas de vacunación, prevención y
educación para cumplir con los objetivos en salud. Habría sentido de
pertenencia y participación ciudadana y podría acabarse con la indolencia y los
tantos vicios que tienen colapsados los costosos e ineficientes servicios de
salud de los cuales dispone nuestra población." No obstante, el fantasma
"castrocomunista" toma posesión del análisis de Kabbabe, quien convierte un
excelente articulo en una burda propaganda de la oposición contra la
"cubanización de la salud" por "las dudas [que] surgen por algunas cosas que nos
ha mostrado la clase gobernante actual con su concepción centralista, sectaria y
partidista." A pesar de este desafortunado desenlace, el articulo de
Kabbabe comparte la filosofía revolucionaria del proceso bolivariano que
contempla la participación activa de las comunidades en la elaboración,
implementación y vigilancia de políticas publicas que afecten su entorno
inmediato. Asimismo, Kabbabe hace un llamado oportuno a sus copartidarios
de la oposición para que se preste mayor atención a estos aspectos que la
"diatriba diaria" ha puesto en el ultimo lugar de las prioridades, aunque en el
largo plazo implique la consolidación de la revolución bolivariana que la clase
oligarca que ha aprovechado la democracia representativa para asaltar el poder y
sus instituciones ha tratado de evitar por cualquier vía.
Las dificultades que atraviesa la revolución bolivariana no son pocas.
De acuerdo al catedrático Heinz Dieterich (Franco, 2002), además de la
ineficiencia gerencial del Estado venezolano, hasta el Golpe de Estado del 11 de
abril de 2002 el movimiento de masas no se había logrado articular y organizar
de manera efectiva.
Después del 11 de abril, empieza un proceso de radicalización de las masas
que el presidente Chávez estimula, como dijo en la reunión de los trabajadores
municipales, hace poco: "ustedes deben formar un movimiento obrero
revolucionario, popular, autónomo, no sometido a ningún partido o Estado…" (…)
ante el proceso de autoorganización de las masas y su radicalización, el
presidente dice: "Adelante…"
En este sentido, el modelo de democracia participativa que nutre la
revolución bolivariana aun debe resolver los mecanismos para desarrollar el
contenido constitucional y la capacidad de interacción de las instituciones con
los ciudadanos y como incluir a estos de forma significativa en sus nuevas
formas de deliberación que garanticen su continuidad. También es
pertinente descifrar la confrontación entre el debate publico y la acción
gubernamental, y como obtener resultados razonables y expeditos en áreas
complejas y de interés nacional. Fundamentalmente, es necesario definir
una estrategia para el desarrollo del capital social que garantice la
participación razonada.
7. Construyendo el Capital Social.
De acuerdo al catedrático Robert Putman (1995), el capital social se
caracteriza por el conjunto de relaciones productivas entre personas basadas en
expectativas comunes, valores compartidos y un sentido de confianza mutuo. Para
Putman, el capital social "se refiere a las conexiones entre individuos -- redes
sociales y normas de reciprocidad y confianza que emergen de ellas." La
estructura de las instituciones y organizaciones formales o informales como
agencias gubernamentales, federaciones de negocios y asociaciones de vecinos, en
donde la gente interactúa y coopera, le dan forma al capital social.
Las instituciones estructuradas horizontalmente favorecen la acción colectiva
e impulsan la participación comunitaria, ya que la autoridad y las
responsabilidades son compartidas localmente. Al contrario, las instituciones
tradicionalmente jerárquicas y conservadoras pueden ser mas bien un obstáculo
para la construcción del capital social debido a que la estructura vertical es
permeable a la interferencia del establecimiento político y económico, quienes
podrían tender acceso frecuente al tren directivo en el ejecutivo, parlamento y
sistema judicial, y de esa manera influenciar el proceso político en detrimento
de la vasta mayoría. Construir capital social es, entonces, sujeto de la función
e interacción de mecanismos de participación construidos alrededor de
instituciones y organizaciones. De acuerdo a Stephan Baas (1998), la estructura
horizontal de las instituciones impulsa la participación social: "localizado el
proceso de acumulación de capital social por medio de la movilización de
capacidades de autoayuda, progresivo desarrollo de habilidades y destrezas, y
movilización local de recursos (ahorro, conocimiento tradicional) para mejorar
los recursos humanos, naturales y económicos, así como su poder político, de los
miembros de un grupo." De esta manera, el conjunto de instituciones y
organizaciones formales e informales, y las comunidades, se benefician de unan
reducción substancial de costos en el envió y acceso de los servicios.
La confianza social y las redes comunitarias como las asociaciones de
vecinos, clubes deportivos y cooperativas que crean los individuos para resolver
problemas comunes también forma parte del capital social. Estas redes
impulsan las normas de reciprocidad, facilitan la coordinación y la comunicación
dentro y fuera de la comunidad, y apoyan sistemas de relaciones mutuas basados
en el concepto de compartir. De acuerdo a Steve Spear (1998), el capital
social complementa la regeneración comunitaria, las cuales han estado
concentrada hasta hoy mas que todo en capital físico y humano. La creación de
capital social y humano a través de la construcción de amistad, solidaridad,
colaboración y confianza mutua puede determinar el desarrollo de la capacidad
institucional y democrática en beneficio del colectivo.
Conclusión
La nueva izquierda no es reformista, como es la pretensión de la clase
política socialdemócrata venezolana, sino revolucionaria. En lugar de luchar por
la toma del poder político, vieja concepción leninista y objetivo principal de
la "democracia representativa", la nueva izquierda se apoya en la "democracia
participativa" para hacer que desde abajo las comunidades logren diseñar,
implementar y vigilar las políticas publicas dirigidas a mejorar su entorno
inmediato. En este sentido, la disminución acelerada de la explotación, la
reivindicación de los derechos humanos y la justicia e inclusión social se
convierten en consecuencia directa de la participación ciudadana y no de las
promesas electorales de la burocracia representativa, que en lugar de responder
al colectivo, impone de manera vertical las políticas que solo benefician al
aparato político-empresarial neocorporativista que financia y sostiene su poder
político.
Esta nueva concepción de la izquierda surge como respuesta al fracaso del
sistema totalitario soviético, y se ha venido construyendo a partir del
alzamiento zapatista y del proceso democrático brasilero, que de la mano del
Partido de los Trabajadores, institucionalizó su practica en Porto Alegre. En
este sentido, la revolución Bolivariana en Venezuela le ha dado carácter
constitucional a la nueva izquierda, convirtiéndola en la alternativa política
de América Latina frente al contexto internacional actual.
Para Heinz Dieterich (en Franco, 2002), "cuando cayó el sandinismo en el 89,
por las políticas de Washington, todos estábamos un poco deprimidos, pero con la
revolución bolivariana venezolana, regresó la esperanza de la Patria Grande en
toda nuestra América." En efecto, la revolución Bolivariana representa la etapa
mas acabada de un proceso histórico hacia la integración y desarrollo
latinoamericano que inicio Miranda, Bolívar, Sucre y Martí.
No obstante, la consolidación de la nueva propuesta política de izquierda
sustentada en la participación activa de la sociedad, solo será efectiva en la
medida en que se haga de manera razonada, por lo que el gran reto de la
nueva izquierda ya no es solo construir la "democracia participativa" como
propuesta política, sino construir redes sociales que garanticen la
participación de la sociedad en la conducción del Estado mas allá de los
partidos y la burocracia estatal, y edificar el capital social que haga viable y
sostenible el diseño, implementación y vigilancia de las políticas publicas que
motoricen las transformaciones sociales.
Antonio Guillermo García Danglades
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Septiembre, 2003
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