En la mañana del 11 de septiembre de 1973, se produjo un ataque terrorista en
Santiago de Chile contra el Palacio Presidencial de La Moneda y el régimen
constitucional del presidente Salvador Allende, quien resultó asesinado por las
fuerzas militares encabezadas por el general fascista Augusto Pinochet. El
gobierno democráticamente electo de Allende fue derrocado por un cruento golpe
de Estado apoyado por la derecha reaccionaria chilena y financiado por el
Departamento de Estado norteamericano, iniciándose una de las dictaduras
militares totalitarias mas cruentas de América Latina, que con el silencio
cómplice de Estados Unidos y la Comunidad Internacional, persiguió, torturó y
asesinó a miles de ciudadanos defensores de la democracia, libertad y justicia
social.
En sus ultimas palabras, el presidente Allende aseguró tener fe en Chile y su
destino.
Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición
pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se
abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una
sociedad mejor.
En efecto, la experiencia chilena ha servido para abrir el cause de las ideas
progresistas del nuevo hombre latinoamericano. Y junto a otros grandes hombres y
mujeres de la historia, Salvador Allende "en su combate por la vida" y el pueblo
chileno en su eterna lucha por la democracia, libertad y justicia social, nos
inspiran a trabajar por una sociedad mas justa.
A ellos le dedicamos esta
edición especial de NMJ.

"A Salvador Allende en su combate por la vida"
Pablo
Milanés en "La Vida no Vale Nada" (1976)
Fuente: http://members.tripod.com/~Mictlantecuhtli/Allende/galsa.html
Qué soledad tan sola te inundaba en el momento en que tus
personales
amigos de la vida y de la muerte te rodeaban.
Qué manera de
alzarse en un abrazo el odio, la traición, la muerte, el lodo;
lo que
constituyó tu pensamiento ha muerto todo.
Qué vida quemada, qué esperanza
muerta,
qué vuelta a la nada, qué fin.
Un cielo partido, una estrella
rota, rodaban por dentro de ti.
Llegó este momento, no hay más nada te viste
empuñando un fusil.
Volaba, lejos tu pensamiento,
justo hacia el tiempo de
mensajes, de lealtades, de hacer.
Quedaba, darse todo el ejemplo,
y en
poco tiempo una nueva estrella armada hacer.
Qué manera de quedarse tan
grabada tu figura ordenando nacer,
los que te vieron u oyeron decir ya no te
olvidan.
Lindaste con Dos Ríos y Ayacucho, como un libertador en
Chacabuco,
los Andes que miraron crecerte te simbolizan.
Partías el aire,
saltaban las piedras,
surgías perfecto de allí.
Jamás un pensamiento de
pluma y palabra devino en tan fuerte adalid.
Cesó por un momento la
existencia, morías comenzando a vivir.
Volaba, lejos tu pensamiento,
justo
hacia el tiempo de mensajes, de lealtades, de hacer.
Quedaba, darse todo el
ejemplo,
y en poco tiempo una nueva estrella armada hacer.
http://www.trovacub.net/pablo/discos.html

¡NO VOY A RENUNCIAR! Estas fueron las últimas
palabras del presidente Salvador Allende transmitidas el 11 de septiembre de
1973 a las 9:10 de la mañana por Radio Magallanes.
Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a
ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis
palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para
quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile, comandantes en jefe
titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada,
más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y
lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de
carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy
a renunciar!
Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al
pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos
entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser
segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se
detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es
nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre
tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de
grandes anhelos de justicia, que empeño su palabra en que respetaría la
Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en
que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital
foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción crearon el clima para que las
Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider
y reafirmara el comandante Araya, victimas del mismo sector social que hoy
estará esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo
sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo a ustedes, sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la
campesina que creyó en nosotros, a la madre que supo de nuestra preocupación por
los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales
patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los
colegios profesionales, colegios clasistas que defendieron también las ventajas
de una sociedad capitalista.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y
su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al
intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el
fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas,
volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los
gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.
Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz
ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a
ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la
Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse
arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros
hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán
las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad
mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no
será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que
castigará la felonía, la cobardía y la traición.

LA VERDADERA MUERTE DE UN PRESIDENTE. Este es el
extraordinario relato de Gabriel García Márquez en "El Golpe y los
Gringos", sobre el asesinato del presidente Salvador Allende.

Fotografía de Allende con
casco y un fusil Kalashnikov, junto a los GAPS (Grupo de Amigos Personales), de
la que se ha tomado como la última foto de Allende. En 1973 esta fotografía ganó
el premio de World Press y el editor del diario dijo que no podía dar el nombre
del fotógrafo porque estaba preso en Chile. Al parecer, la fotografía había sido
obtenida varios meses antes, en junio de 1973, durante el fallido golpe militar
conocido como el tancazo". (Becquer Casa en "La última fotografía de Salvador
Allende") http://www.fotomundo.com/servicio/allende.shtml
A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas
desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la
legalidad.
La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo
congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla
resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una
evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.
La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema
desde el gobierno, sino desde el poder.
Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta
la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya,
una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero
y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.
Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel
Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.
El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue
herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.
Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró
llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de
oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones
Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba
esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa,
sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.
Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a
Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos
estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vió aparecer en la
escalera, Allende le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.
Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los
oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial
le destrozó la cara con la culata del fusil.
La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El
Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan
desfigurado, que la Sra. Hortencia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en
el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.
Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido
e imprevisible.
Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus
ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería
un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.
Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y
trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del
derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había
repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable
que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la
voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la
oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la
parafernalia apolillada de un sistema de mierda que el se había propuesto
aniquilar sin disparar un tiro.
El drama ocurrió en Chile, para mal de los
chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a
todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

LOS CRÍMENES DE PINOCHET. En su edición del pasado 9 de septiembre, el
diario La Jornada hace un interesantísimo recuento de los crímenes que Pinochet
nunca admitió.
1. Primeros fusilamientos: Cientos de personas son fusiladas de manera
sumaria en los días siguientes al golpe, en medio del estado de sitio y el toque
de queda.
2. Caravana de la Muerte: En octubre de 1973, casi un centenar de
sindicalistas y dirigentes de izquierda son ejecutados en Calama, Copiapó, La
Serena y otras ciudades por una "Caravana de la Muerte", que encabezó el general
Sergio Arellano.
3. Asesinato de Prats: el antecesor de Pinochet en la jefatura del
ejército, general Carlos Prats, muere asesinado junto con su esposa, Sofía
Cuthbert, al estallar una bomba en su automóvil en una calle de Buenos Aires.
4. Atentado contra Leighton: el exiliado líder democristiano Bernardo
Leighton, ex vicepresidente de Chile, resulta gravemente herido junto con su
esposa, cuando un individuo dispara contra ellos en Roma.
5. Asesinato de diplomático: el cadáver del español Carmelo Soria aparece
a los pies de un cerro de Santiago, el 16 de julio de 1976, después de ser
detenido por un comando de la Dina que encabezaba el coronel Jaime Lepe.
6. Asesinato de Letelier: el ex canciller socialista Orlando Letelier,
líder opositor en el exilio, muere junto con su secretaria Ronnie Moffit cuando
una bomba estalla bajo su automóvil en el centro de Washington, el 21 de
septiembre de 1976.
7. Los hornos de Lonquén: Tras una denuncia de la Iglesia católica son
descubiertos los cadáveres de 14 campesinos sepultados en hornos de cal en una
mina abandonada al oeste de Santiago, el 30 de noviembre de 1978.
8. Asesinato de líder gremial: El dirigente democristiano de los
transportistas, Mario Fernández López, muere en medio de torturas en un cuartel
de la CNI (sucesora de la Dina), el 18 de octubre de 1984.
9. Caso Tucapel: El líder sindical socialdemócrata Tucapel Jiménez aparece
degollado en las afueras de Santiago, el 25 de febrero de 1985, tras ser
apresado por agentes de la CNI, al mando del mayor Alvaro Corbalán.
10. Caso de los degollados: El sociólogo José Manuel Parada, el profesor
Manuel Guerrero y el dibujante publicista Santiago Nattino, miembros del
proscrito Partido Comunista, aparecen degollados el 30 de marzo de 1985.
11. Caso de los quemados: El fotógrafo Rodrigo Rojas muere quemado y la
estudiante Carmen Gloria Quintana resulta con graves lesiones, cuando una
patrulla militar los impregna en combustible, el 2 de julio de 1986.
12. Asesinato de periodista: José Carrasco, editor internacional del
semanario izquierdista Análisis, muere ametrallado el 8 de septiembre de 1986,
un día después del atentado a Pinochet en el que perecieron cinco miembros de su
escolta. En la misma acción de represalia son asesinados el obrero comunista
Felipe Rivera, el profesor Gastón Vidaurrazaga y el publicista Abraham
Muskatblit.
13. Operación Albania: Agentes de la CNI ejecutan a 12 miembros del
clandestino FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez), los días 15 y 16 de julio
de 1987, después de supuestos enfrentamientos en diferentes puntos de Santiago,
según la versión oficial. AFP

SALVADOR ALLENDE, EL CHICHO. Este es un estupendo
articulo del brillante sociólogo y catedrático brasileño Emir Sader, traducido
por Alejandra Dupuy para La Jornada de México del pasado 9 de septiembre.

Fuente: http://members.tripod.com/~Mictlantecuhtli/Allende/galsa.html
En la última imagen que tengo de él, estaba encuadrado por la misma ventana
del Palacio de la Moneda desde donde acostumbraba a dirigirse al pueblo chileno.
Sólo que esa vez el escenario era muy diferente. El palacio estaba cercado por
las fuerzas golpistas que le habían dado un ultimátum: abandonar la casa de
gobierno y rendirse, o ser bombardeado.
Allende portaba un casco que los trabajadores de las minas le habían regalado
y empuñaba un fusil soviético AK que había recibido de Fidel Castro, algo
inusual para su temperamento pacífico. Con las armas en la mano y con la vida
defendía la democracia que lo había elegido presidente de todos los chilenos.
Prefirió inmolarse en medio del bombardeado palacio presidencial, para cumplir
su palabra de que sólo saldría de allí al final del mandato que el pueblo le
había confiado, o muerto, en lugar de terminar sus días melancólicamente
exiliado.
Cuando las fuerzas de la resistencia chilena le propusieron rescatarlo del
Palacio de la Moneda, dijo que su puesto era ése, que serían otras generaciones
las que reabrirían "las grandes alamedas de la democracia en Chile". Concluía
así la limpia trayectoria de un militante socialista que había comenzado su vida
política como ministro de Salud del gobierno del Frente Popular en 1938, de
forma coherente con su profesión de médico y su dedicación a los temas de salud
pública. Tres veces candidato a la presidencia de Chile, apoyado por la
coalición socialista-comunista, terminó triunfando en 1970 cuando las otras
opciones -la derecha tradicional y el centrismo demócrata cristiano- fracasaron.
Fue elegido para llevar a la práctica, por primera vez en el mundo, un programa
de transformaciones del capitalismo al socialismo por la vía institucional de
las elecciones.
Asumió el proyecto, consciente de los riesgos y del potencial que
representaba. Era un socialista convencido de la superioridad de las soluciones
que el socialismo planteaba a la humanidad, y era respetado como tal. El Che, de
paso en una ocasión por Chile, regaló a Allende un libro suyo con la siguiente
dedicatoria: "A Salvador Allende, que lucha por otros medios, por el mismo fin,
el socialismo". Posteriormente Allende fue a rescatar, en la frontera con
Bolivia, a los sobrevivientes de la guerrilla del Che. Era un dirigente de
integridad incuestionable, que mereció el respeto de quienes en la izquierda
discrepaban con él, e incluso de sus adversarios.
Como yo vivía a sólo dos cuadras del Palacio de la Moneda, pude verlo muchas
veces cuando salía para caminar por la ciudad o dirigirse a alguna reunión,
siempre de maneras sencillas y en contacto directo con el pueblo. Su frase
preferida pertenecía a un poema de Antonio Machado: "Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar", consciente de que intentaba trazar caminos históricos,
en la construcción del socialismo, que no figuraban en los manuales.
Cercado por la "justicia" del aparato del Estado, el Parlamento, las fuerzas
armadas con un plan golpista articulado por el gobierno de Nixon y su secretario
de Estado, Kissinger, el gran empresariado y la mayor parte de los medios de
comunicación, Allende lanzó su última carta. El apoyo electoral de la izquierda,
a pesar de la crisis por el desabasto impulsado por los grandes empresarios y
por el plan de desestabilización interno articulado por el gobierno de Estados
Unidos, había crecido de 36 por ciento en 1970 a 43 por ciento en 1973. Pero aún
no contaba con la mayoría de los chilenos, ya que la centrista Democracia
Cristiana se había inclinado hacia la derecha, formando un bloque golpista
opositor. Allende decidió entonces convocar un plebiscito que dividiría a la
oposición. Esta, sin mayoría para un golpe parlamentario, se había decidido por
el golpe militar.
Allende se comprometía a abandonar el gobierno si era derrotado en el
plebiscito, y consideraba que así podría mantener la institucionalidad
democrática, al entregar el gobierno al presidente del Senado, el demócrata
cristiano Eduardo Frei. Entonces, en la mañana del martes 11 de septiembre, día
en el cual Allende había convocado a una cadena de radio y televisión para
anunciar el plebiscito, se ejecuta el golpe de Estado, anticipadamente, para
evitar esa última maniobra de Allende.
Aquel día me desperté con los mismos ruidos de aviones sobrevolando el
palacio presidencial, como lo había hecho dos meses antes, a finales de junio,
en una primera tentativa de golpe, entonces frustrada. Salí y pude ver esa
última imagen de Allende, conocido como Chicho, diminutivo de Salvador en Chile.
Ya se había dirigido por última vez al pueblo chileno, por la única radio a la
que logró tener acceso, una estación de la central sindical chilena.
Luego,
desde la Universidad de Chile, a pocas cuadras de allí, pudimos ver el bombardeo
al palacio presidencial, después que Allende respondió con sonoras palabrotas la
propuesta de los golpistas para que abandonase la sede del gobierno. Caía la
democracia de más larga tradición en América Latina y con ella la posibilidad de
que un pueblo optara, por la vía institucional, por una alternativa socialista.
Queda el ejemplo de Allende que engrandece a la izquierda, mientras que para la
derecha sobra el fantasma de Pinochet y su devastadora obra de liquidación de la
democracia en el país del continente donde había echado sus más profundas
raíces.

"Allende"
Mario Benedetti

"Pagaré con mi vida la lealtad al
pueblo."
Fuente: http://members.tripod.com/~Mictlantecuhtli/Allende/galsa.html
Para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que
convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que
congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir
al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el
hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la
guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta
y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas
para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que
asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era
una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que
era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y
tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas
rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz
era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia
de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al
hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y
matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para
matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

PINOCHET Y EL ESPEJO VENEZOLANO. En este articulo publicado en América Latina en
Movimiento (ALAI,) de Ecuador el mes de Diciembre de 2002, el escritor y
periodista uruguayo radicado en México, Carlos Fazio, realiza un análisis
comparativo del golpe de Estado de 1973 contra el presidente Salvador Allende, y
el perpetrado contra el también demócrata Hugo Chávez en abril de 2002.
Fotografía de Salvador
Allende en Caracas recibido por el presidente Caldera (1972)
Fuente:
Fundación Polar www.fpolar.org.ve/encarte/fasciculo23/fasc2312.html
Ante la indiferencia del mundo y con la complicidad de los medios masivos de
comunicación, Estados Unidos está reeditando en Venezuela la política de varios
carriles que llevó al derrocamiento del presidente Salvador Allende y la Unidad
Popular (UP) en Chile, en 1973. Más allá de las particularidades propias de cada
caso, el curso de ambos acontecimientos -el proceso de desestabilización en
Chile que culminó con la sanguinaria ordalía del general Pinochet y la actual
ofensiva patronal insurreccional apoyada por una dictadura mediática en contra
el presidente Hugo Chávez en Venezuela- guarda una similitud pasmosa.
En el caso chileno, mucho antes de la victoria electoral de la UP el 4 de
septiembre de 1970 -que inauguró la llamada "vía pacífica al socialismo"-,
Washington ya había iniciado una serie de acciones desestabilizadores
encubiertas para impedir la llegada de Allende al gobierno. El 27 de junio de
1970, cuando la victoria de la UP parecía un hecho, el ubicuo y todopoderoso
secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, reunió en Washington al
Comité de los 40 (denominación tomada de la Decisión-Memorándum No. 40 del
Consejo de Seguridad Nacional) para analizar la situación chilena y diseñar una
estrategia de "bajo perfil" que incluía: 1) creación del caos económico; 2)
acciones paramilitares; 3) ofensiva de propaganda, 4) financiamiento a sectores
derechistas, y 5) divisionismo e infiltración dentro de la izquierda.
Según reconoció ante la Subcomisión de Asuntos Interamericanos de la Cámara
de Representantes de EU el ex director de la Agencia Central de Inteligencia,
Richard Helms (11.X.1973), la CIA fue autorizada a emplear 400 mil dólares para
financiar diversos medios de comunicación, entre ellos el diario El Mercurio.
"No veo por qué tendríamos que quedarnos cruzados de brazos, contemplando cómo
un país se hace comunista debido a la irresponsabilidad de su pueblo", dijo
entonces Kissinger.
El símil entre la "irresponsabilidad" de los votantes chilenos de entonces y
los venezolanos que sufragaron por Chávez es un simple detalle de la parodia
democrática. Como dice Noam Chomsky apelando a la doctrina de las elites, el
sistema está diseñado para que los países "estén gobernados por quienes lo
poseen", por el poder privado. Si los pobladores en general (la "chusma", los
"intrusos ignorantes"), cuyo papel es ser espectadores, intentan organizarse y
entrar en la escena política para participar, hay un problema. No es democracia:
es "una crisis de la democracia". La retórica de la administración Bush hoy,
como la de Nixon hace 30 años en el caso chileno, es que los venezolanos pueden
elegir su propio camino con libertad, a menos que las elecciones no den un
resultado acorde con los intereses de "seguridad nacional" de Estados Unidos. En
cuyo caso -como dice Chomsky-, Washington tiene "que restaurar las estructuras
tradicionales de poder, con la violencia si hace falta". Es lo que ocurre ahora
en Venezuela con las adaptaciones del caso. Como Chávez no es socialista ni
comunista y ni siquiera expresamente anticapitalista, sino un reformista
antineoliberal, se le construyó una imagen de "populista iluminado" y los medios
masivos bajo control monopólico se encargaron de fijar en la opinión pública la
noción "hordas chavistas" donde antes se decía "comunistas".
El 16 de septiembre de 1970, ante la eventualidad de que Allende fuera
ratificado como presidente por el Congreso chileno, Kissinger expuso a la
prensa, en Chicago, su famosa "teoría del dominó": si surgía en Chile un régimen
comunista, Argentina, Bolivia y Perú podrían seguir ese ejemplo. Desde entonces,
y con base en la decisión del presidente Nixon de que un régimen allendista en
Chile era inaceptable para EU, la doctrina Kissinger y la CIA utilizaron los
"carriles uno y dos" (ambas operaciones secretas), donde se establecía "la
solución militar", sin el conocimiento de la Comisión de los 40, del
Departamento de Estado y de la embajada estadunidense en Santiago.
La conspiración de Kissinger, la CIA y la empresa multinacional ITT
(InternationalTelephone & Telegraph) -a la que se sumaron la Anaconda Copper
y la KennecottCopper- fue un largo proceso que duró tres años, y que incluyó un
boicot económico, un bloqueo invisible dirigido a "estrangular económicamente" a
Chile y la subversión en el ejército. Hoy, la "teoría del dominó" de Kissinger
es asimilable al peligro que representa para la "seguridad nacional" de EU el
"eje del mal" que se formaría ante la eventualidad de una alianza estratégica
entre Luiz I. Lula da Silva (Brasil), Lucio Gutiérrez (Ecuador) y Hugo Chávez
(Venezuela), bloque del que se beneficiaría Fidel Castro (Cuba) y que a corto
plazo podría sumar al Frente Amplio de Uruguay. Otra razón para apresurar el
golpe en Venezuela.
La ofensiva desestabilizadora de Washington contra la UP incluyó, además, el
primero de diciembre de 1971, la marcha de las cacerolas, forma de movilización
ideológica protagonizada por las mujeres de clase media y alta de Santiago. El
famoso cacerolazo, organizado por la organización pantalla Poder Femenino -como
expresión de masas de la derecha momia- fue, en realidad, un "invento" de la CIA
que había sido utilizado por primera vez en Brasil, en 1963, en contra del
gobierno de Joao Goulart. La marcha de las cacerolas contó con la colaboración
del Partido Nacional, del movimiento neonazi Patria y Libertad y de la
Democracia Cristiana.
En septiembre de 1972, la CIA financió el paro de los transportistas y de
otros gremios patronales en un intento por provocar la caída de Allende por
medio del boicot económico, el terrorismo y el desorden público. El llamado Plan
Septiembre puso en práctica una técnica que, bajo un contenido de masas, se
basaba en el "gremialismo" de los patrones y en la "resistencia civil" de la
burguesía radicalizada. Igual que ocurre hoy en Venezuela. Entonces, el
embajador estadunidense Nathaniel Davis envió un cable secreto al presidente
Nixon donde le informaba que "para proteger los intereses de la oposición, la
confrontación puede resultar inevitable" (11.10.1972).
El 9 de octubre de ese año, la Confederación Nacional de Dueños de Camiones
comenzó un "paro indefinido" al que se sumaron otros gremios patronales del
comercio y la pequeña industria, que fue combinado con acciones terroristas y
bloqueos de carretera. Igual que ocurre ahora en Venezuela con el "paro
petrolero" de la Coordinadora Democrática - subrepticiamente apoyada por César
Gaviria, el peón de Washington bajo cobertura de la OEA-, los gremios patronales
financiados por la CIA presentaron al gobierno de la Unidad Popular el llamado
Pliego de Chile, que "tendrá que aceptar íntegramente para que el país,
paralizado de norte a sur, vuelva a la normalidad".
Los golpistas chilenos también utilizaron contra Allende "la lucha de
poderes". "A la luz del derecho y la moral, nadie está obligado a respetar ni
obedecer a un gobierno que deja de ser legítimo", fue la argumentación de
quienes promovieron un golpe blanco contra Allende desde el Senado y la Suprema
Corte, utilizando la "juridicidad" como máscara del engranaje sedicioso. La
misma argumentación sobre la "ilegitimidad" de Chávez en Venezuela que alienta
el golpe constitucional. La "lucha de poderes" incluyó también la subversión y
el complot en las filas del ejército chileno, que provocó el alzamiento del 29
de junio de 1973 -el tancazo, como se conoce el alzamiento del Regimiento
Blindado número 2- que, sofocado por el gobierno, fue el preludio del sangriento
golpe de Estado de Augusto Pinochet.
Como en octubre del año anterior, el 25 de julio de 1973 de nuevo los
camioneros cesaron actividades, cercaron y casi paralizaron Santiago y
Valparaíso. A comienzos de agosto se sumaron al paro otros gremios patronales y
Poder Femenino realizó otra marcha de las cacerolas. El 10 de septiembre, un día
antes del golpe, el Comando Multigremial de los sectores patronales señaló, por
conducto del abogado Jaime Guzmán, miembro del OpusDei y ligado al movimiento
fascista Patria y Libertad: "La hora de la rectificación ya pasó". El
empresariado industrial y los grupos financieros aliados de Washington habían
dictado la sentencia de muerte de Allende. Las "fuerzas vivas", "democráticas",
preparaban una nueva Operación Yakarta.
"Unos conspiran y otros quieren dar ropaje constitucional a la sedición",
había advertido el presidente Allende. Pero ya era tarde. Como dijo Pinochet,
"ha llegado la hora de que Chile tome un baño purificador". El desenlace es de
todos conocido. Allende se inmoló y la "purificación" instrumentada por los
militares golpistas fue avalada por el director de la CIA, William Colby, ante
un comité secreto de la Cámara de Representantes: dijo que los fusilamientos en
Chile eran "beneficiosos" pues evitaban el estallido de una guerra civil.
Después se supo que Colby había destinado a la prensa golpista chilena un millón
y medio de dólares; la mitad se los embolsó la empresa El Mercurio, la cadena de
diarios de Agustín Edwards, socio de la familia Rockefeller.
Según The New
York Times, la CIA destinó a la oposición antiallendista 8 millones de dólares
entre 1971 y 1973; la mayor parte de esos recursos fue para financiar la huelga
patronal de los camioneros y a los medios de prensa escrita, radial y
televisiva. Todo está documentado. Hoy la tragedia se repite en Venezuela con la
pasividad y/o la complicidad de los "demócratas" del mundo. Si triunfan los
golpistas vendrá un nuevo Pinochet y habrá una nueva "purificación". Pero de
nada valdrá decir después "yo no sabía".

UNA DIFERENCIA. Un gran amigo chileno-venezolano me comentaba la gran
similitud que hubo entre el "pinochetazo" del 11 de septiembre de 1973 en Chile,
y la "carmonada" del 11 de abril de 2002 en Venezuela. Como testigo presencial
de ambos hechos, mi amigo se asombraba por la exactitud de las palabras,
decretos, arrogancia y prepotencia que rodeaba a los miliares, politiqueros y
medios de comunicación reaccionarios en ambos escenarios. Mi amigo también
reconoció la reacción de indignación que tuvo el pueblo venezolano cuando salió
a las calles para defender la democracia, tal y como también lo hizo el pueblo
chileno el 11 de septiembre de 1973.
Sin embargo, "solo hubo una diferencia", me dice.
"En Chile, el ejercito salió a masacrar al pueblo. En Venezuela, la FAN salió
a defenderlo."
En efecto, la causa principal de que ambos episodios históricos tuvieran un
desenlace distinto, a pesar de la gran similitud con que la derecha actuó para
derrocar los regímenes constitucionales de Chile y Venezuela, fue la actuación
del ejercito ante la coyuntura política, el cual estuvo regido por las
características inherentes a la filosofía política y composición social del
estamento militar de ambos países.
En Chile, el ejercito de Pinochet que derrocó al presidente Allende se formó
bajo la influencia del prusianismo militar. En su trabajo "Prusianisno militar, poder y
castigo corporal", el analista Juan Domingo Silva asegura que "la
introducción del modelo militar prusiano en la estructura militar de Chile, en
particular en el Ejército, tiene a la base el objetivo de reforzar un cuerpo
armado, que sea ideológica y orgánicamente funcional a la estructura
económico-política dominante." Incluso el propio Pinochet afirma que el Ejército
y las milicias chilenas de aquel entonces, "serian pilares esenciales, junto a
otros estamentos como el religioso, el político y el administrativo, sobre los
cuales se construirá el nuevo Estado".
Cuando a principios del siglo XX el oficial prusiano Emil Körner (1910) se
encargó de reconstruir el ejercito chileno, observó que "el Ejército, lejos de
ser una mezcla de todas las clases de la sociedad, se componía de las personas
que no tenían capacidad o vocación para otra ocupación... era corriente la
bebida y el juego además del vicio de la ‘camaradería’ -convivencia con mujeres
sin mediar matrimonio-...”. Para Silva, esta reflexión "estaba cargada del
clasismo que caracteriza a nuestra fuerzas armadas. Al revisar la composición de
la oficialidad, se ataca contra quienes procedían de la tropa cuyo ascenso lo
habían conseguido gracias a muchas muestras de capacidad en la guerra, pero que
mantenían los mismos vicios de su sector de origen." En este sentido, Körner
admitía que el oficial de mas valor era el formado en la Escuela Militar que
además del arte militar, inculcaba "disciplina y conciencia de los altos deberes
del status de oficial."
Para Silva, no existe duda de la gran influencia de los elementos ideológicos
del militarismo prusiano-alemán en el ejercito chileno, entre los cuales
destacan:
a. El aislamiento de casta del cuerpo de oficiales ante el conjunto de
clases, capas y fracciones sociales, como asimismo de la gran masa de soldados;
b. un sistema de órdenes que hicieron receptivo al soldado para luchar en
una guerra injusta, como para reprimir toda disidencia interior mismo de la
formación social alemana, llegando incluso a combatir por intereses ajenos y a
ofrendar la vida por ello;
c. un espíritu de sumisión de corte militar, el cual llegó a penetrar
todos los tejidos de la sociedad;
d. una deformación de la economía, situación que llegó a obstaculizar el
desarrollo multifacético de las fuerzas productivas en sus más diversas áreas; y
e. una ideología de guerra que tuvo como misión justificar, desde un punto
de vista estratégico, la agresión bélica y las acciones de tipo colonialistas”.
Al respecto, Quiroga y Maldonado señalan que "el trabajo de Emil Körner tuvo
una enorme importancia en la aparición de la cosmovisión de los militares. En
esta visión, plagada de colonialismo, racismo y de encendida admiración por el
ideario prusiano, se encuentran los principales pensamientos que van a irradiar
al interior de las Fuerzas Armadas y especialmente en el Ejército."
En cambio, el proceso que privó en la constitución de la Fuerza Armada
Nacional que defendió el régimen constitucional de Venezuela tras el golpe de
Estado del 11 de abril de 2002, fue diametralmente opuesto al chileno. La FAN no
se formó bajo las ideas reaccionarias y ultra conservadoras que marcó la
identidad del ejercito chileno y tantos otros de América Latina, sino bajo "un
ideario nacional, patriótico y revolucionario, visto con simpatía por las
fuerzas de Izquierda y por amplios sectores del pueblo." (Fernández, 2003)
En su trabajo "Venezuela: una
revolución sui géneris", Marta Harnecker (2003) relata que a partir de la
generación de oficiales contemporáneos al presidente Chávez, se comienzan a
producir enormes transformaciones en la idiosincrasia y pensamiento de los
militares venezolanos formados en la Académica Militar. El Plan Andrés Bello,
por ejemplo, elevó la docencia a grado universitario permitiendo que los
oficiales estudiarán ciencias políticas y otras carreras en el área de las
ciencias sociales. Irremediablemente, esto acercó a los militares a la realidad
política del país, a conocer las ideas políticas progresistas de pensadores
venezolanos y extranjeros, a intercambiar conocimiento con otros estudiantes
universitarios del mundo civil, y a estudiar a estrategas militares como
Clausewitz y Mao Tse Tung. Según cuenta Harnecker, el joven soldado Hugo Chávez
fue impactado por las ideas de Mao que sostienen que "la moral de la tropa es
mucho más importante que cualquier sofisticado medio tecnológico; o que el
pueblo es al ejército como el agua al pez."
Esta nueva generación de oficiales surgió en ausencia de conflicto, cuando
los movimientos guerrilleros se habían adherido al programa de pacificación del
gobierno de Caldera. De acuerdo a Harnecker, "eran muy pocos los núcleos
guerrilleros que persistían, por lo tanto no tuvieron que actuar contra la
guerrilla, y por el contrario, cuando recorrían las zonas campesinas donde éstas
podían refugiarse, no encontraban guerrilleros sino la inmensa pobreza de esas
zonas… los militares venezolanos ven detrás de la pobreza a la oligarquía
venezolana que acapara las riquezas y a los Estados Unidos, vocacionados para
sembrarla."
No obstante, la característica mas resaltante de la FAN que contribuyó
enormemente a la rebelión cívico-militar que derrocó la breve tiranía de Carmona
y la derecha ultra reaccionaria, es su composición social popular que permitió
la estrecha identificación y compenetración Pueblo-FAN. Los oficiales eran
pueblo y el pueblo se confundía con los oficiales.
13 de abril de 2002:
fotografía de soldados en el Palacio Presidencial de Miraflores saludando al
pueblo con la señalando la victoria sobre el breve régimen dictatorial de
Carmona. www.antiescualidos.com
13 de abril de 2002:
fotografía de soldado saludando una marcha del pueblo que exigía el retorno del
presidente constitucional, Hugo Chávez. www.antiescualidos.com
Tal como lo afirma Harnecker, en Venezuela no existe la "casta militar." Con
contadas excepciones, el servicio militar "obligatorio" en Venezuela solo lo
hacían los pobres forzados por la recluta o por necesidad. Nuestra clase media y
media alta con acceso a la red política clientelar puntofjisista, era demasiado
exquisita como para permitirle a un hijo vestir la prenda militar y servir a la
nación. En este contexto, los muchachos de familias de pocos recursos lograron
cursar la carrera militar y obtener altos cargos.
Es precisamente esta identificación con lo popular que hizo que el "Caracazo"
de 1989, donde mas de mil ciudadanos perdieron la vida por ordenes directas del
corrupto Carlos Andrés Pérez, causara una gran conmoción en la generación de
militares contemporáneos al presidente Chávez, quienes rechazaron ser utilizados
como instrumentos de represión. Según Harnecker, "algunos comandantes más
conscientes se negaron a usar sus tropas para reprimir al pueblo. Un militar
entrevistado por mí me contó como él al ver al pueblo hambriento saqueando un
supermercado se decidió a poner disciplina al saqueo. Llamó a la gente a
organizarse en colas (filas) para obtener determinados productos: la cola de la
carne, la del arroz, la de los productos lácteos; pero no dejó que se llevaran
las máquinas de contabilidad, porque ese no era una necesidad de la gente sino
que era aprovecharse de la situación para robar."
En este sentido, los jóvenes soldados que el glorioso 13 de abril rescataron
el Palacio Presidencial de Miraflores y le abrieron sus puertas al pueblo, han
asimilado las hermosas palabras del Libertador Simón Bolívar que han venido
escuchando reiteradamente de la boca del presidente Chávez desde el 4 de febrero
de 1992 cuando todavía eran unos niños.
"Maldito sea el Soldado que vuelve las armas contra su pueblo."
Maldito Pinochet….

RECETA CHILENA PARA DERROCAR A CHAVEZ. A 30 años del ataque terrorista
orquestado por el Departamento de Estado norteamericano contra el régimen
constitucional del presidente Salvador Allende que instauró una de las
dictaduras totalitarias mas salvajes del continente, las garras del norte
vuelven a posarse sobre la soberanía de América Latina para corromper su
libertad y democracia. Esta vez, la Ingerencia
Intolerable de la administración Bush sobre la política interna de Venezuela
nos debe llenar de indignación, y alertar sobre su intención de aplicar la Receta Chilena para derrocar a
Chávez. (Pedro Fernández. Revista Punto Final, 2003)
Venezuela vive horas decisivas para el gobierno del presidente Hugo Chávez.
La oposición -en que se dan la mano el empresariado, los medios de comunicación,
los partidos socialdemócrata y democratacristiano (derrotados por Chávez en
1998) y el Departamento de Estado norteamericano-, ha fracasado hasta ahora en
sus intentos por provocar un golpe de Estado. Un paro nacional el 10 de
diciembre del año pasado y sucesivas declaraciones públicas de tres oficiales de
la fuerza aérea, la Guardia Nacional y la marina -rodeados de espectacular
publicidad- no fueron suficientes para provocar una crisis y producir la caída
de Chávez. Los opositores buscan ahora apoyo más explícito de Estados Unidos y
trabajan en la línea de organizar una huelga general. Sin embargo, para eso
necesitan asegurar la participación de los trabajadores de Petróleos de
Venezuela (Pdvsa), la poderosa empresa estatal que es la llave maestra de la
economía venezolana.
Siguiendo un libreto desestabilizador -que repite en lo esencial el aplicado
en Chile en los años 70-, la oposición venezolana ha ganado presencia en la
calle - en los barrios de la clase alta caraqueña-, aunque los partidarios del
gobierno han replicado con manifestaciones masivas. Han firmado también un
documento, Bases para un Acuerdo Democrático, que pretende ser el esbozo de un
programa de nuevo gobierno. Amplificado por una aplastante propaganda, puesto
que la oposición controla casi todos los medios de comunicación, el documento
fue firmado por Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, organización que
agrupa a los empresarios; Carlos Ortega, presidente de la CTV (central de
trabajadores), militante del partido Acción Democrática; y el sacerdote Luis
Ugalde, rector de la Universidad Católica (la Iglesia no se atrevió a aumentar
el nivel de su presencia en el pacto opositor). Este grupo tiene el propósito de
viajar a Washington invitado por el Instituto Republicano. Será acompañado de
dirigentes de los partidos opositores Acción Democrática y Copei. El objetivo
-nada difícil- es obtener un espaldarazo para el intento de derrocar a Chávez.
El terreno está abonado en Washington: tanto el secretario de Estado, Colin
Powell, como el director de la CIA, George Tenet, han formulado declaraciones
que revelan abierta animosidad contra el gobierno venezolano.
Si la huelga general no prospera, los opositores de Chávez piensan apelar a
la vía institucional ya que existen mecanismos en la propia Constitución que
permiten remover al presidente de la República. En la Asamblea Nacional la
diferencia entre gobierno y oposición es sólo de diez votos a favor del
Movimiento V República, sustento político de Chávez. La conspiración -que cuenta
con fondos ilimitados- cree posible alcanzar un acuerdo con algunos diputados
del MVR, mediante presión, promesas o soborno.
Por otra parte, la Constitución bolivariana de 1999 señala (artículo 27) que
"todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables". Puede
hacerse a la mitad del período del funcionario -en este caso el presidente
Chávez-, mediante un plebiscito convocado por el 20% de los electores inscritos.
Estas variantes aparecen en el camino de una conspiración que no ha logrado
empujar a las FF.AA. al golpe de Estado. La reticencia militar no sólo se
explica por el apoyo indudable que el gobierno tiene en amplios sectores
militares que participan lealmente en la "revolución democrática y bolivariana"
de Chávez, sino también por circunstancias históricas. Los militares tienen
motivos sobrados para sospechar de la utilización que de ellos quisieran hacer
los partidos opositores. En especial recelan de Acción Democrática.
Hugo Chávez no ha sido el primer militar venezolano en intentar -el 4 de
febrero de 1992- derrocar a un gobierno del socialdemócrata partido Acción
Democrática (AD). A diferencia de lo que suele ocurrir en América Latina, tanto
el movimiento de Chávez como los anteriores contra AD no se guiaban por
principios conservadores ni representaban tampoco intereses oligárquicos. Por el
contrario, se inspiraban en un ideario nacional, patriótico y revolucionario,
visto con simpatía por las fuerzas de Izquierda y por amplios sectores del
pueblo. En ese sentido el fracasado golpe del 92 contra el gobierno de Carlos
Andrés Pérez, caudillo de Acción Democrática, de alguna manera hizo suya una
presencia democrática e incluso revolucionaria de larga tradición en las FF.AA.
venezolanas. Su composición social, netamente popular, caracteriza al ejército
venezolano. Esto ha permitido que las ideas progresistas encuentren en parte de
la oficialidad venezolana menor resistencia que en otros ejércitos también
orientados y penetrados por el Pentágono, como el chileno, cuya oficialidad
proviene mayoritariamente de las clases altas comprometidas con el sistema
dominante y los intereses imperialistas. Bajo el gobierno del fundador de AD,
Rómulo Betancourt, por ejemplo, estallaron dos rebeliones militares de signo
popular: el 4 de mayo y el 2 de junio de 1961 en Carúpano y Puerto Cabello.
En el primero participaron efectivos de la Infantería de Marina y de la
Guardia Nacional (policía militarizada), encabezados por el capitán de corbeta
Jesús Teodoro Molina Villegas, el mayor Pedro Vega Castejón y otros oficiales.
En Puerto Cabello se alzaron la Infantería de Marina y buques de la escuadra al
mando de los capitanes de navío Manuel Ponte Rodríguez, Pedro Medina Silva y
Víctor Hugo Morales. Esos movimientos acusaban a Betancourt de "entreguista" a
los norteamericanos y de traicionar las aspiraciones de justicia social del
pueblo venezolano. Los levantamientos fueron sofocados a sangre y fuego pero
muchos de esos militares se incorporaron luego a la lucha guerrillera que
impulsaban el Partido Comunista y el MIR. Esta última era una organización
desprendida de Acción Democrática, el partido en el gobierno.
En agosto de 1962, desde la cárcel de Ciudad Bolívar, el capitán Molina
Villegas, jefe de la rebelión de Carúpano, escribió un manifiesto que señalaba:
"El 4 de mayo le dije a la nación, en compañía de un grupo de patriotas
oficiales, que también en el ejército venezolano existen hombres de uniforme que
no hacen caso omiso al hambre y la miseria que agobia a nuestro pueblo... Nos
rebelamos porque este gobierno (el de Betancourt) ha desencadenado la opresión y
la anarquía, porque ha dejado de ser eminentemente popular..." Por su parte, el
capitán de navío Ponte Rodríguez, jefe del alzamiento de Puerto Cabello,
prisionero en el Cuartel San Carlos de Caracas, escribió: "Allí (en Puerto
Cabello) se puso de manifiesto que los sectores progresistas de las fuerzas
armadas están llamadas por una necesidad histórica a tomar parte activa en el
proceso de liberación nacional que se desarrolla en Venezuela... Los oficiales
han ido comprendiendo que el gobierno utiliza la bandera del anticomunismo para
continuar el proceso de entrega del país al imperialismo yanqui... Los oficiales
de las fuerzas armadas van abriendo los ojos a medida que aumenta esa crisis,
pues ellos no pueden estar alejados de la realidad nacional, cuando saben que es
el pueblo quien ha puesto en sus manos las armas para que defiendan nuestras
riquezas y los intereses de las masas trabajadoras, y no es posible que ahora
sigan empleando esas armas contra quienes se las confiaron honradamente..."
El 20 de febrero de 1963 esos oficiales dieron otro paso al frente y firmaron
el acta de fundación de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (Faln), que
optaba por la lucha armada. El PC y el MIR ya tenían dos frentes guerrilleros
rurales en Falcón y El Charal. En el ámbito urbano operaban las Unidades
Tácticas de Combate (UTC). El capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez se
convirtió en comandante nacional de las Faln cuyo objetivo era "establecer un
gobierno revolucionario, nacionalista y democrático". Frente a la acusación de
que pretendían repetir en Venezuela la revolución cubana, el capitán Ponte
señaló: "No pretendemos parecernos a nadie, luchamos por una revolución
democrática, patriótica, nacionalista y antifeudal". Entre los fundadores de las
Faln figuraban el capitán de fragata Pedro Medina Silva, el capitán de corbeta
Molina Villegas y el mayor Pedro Vega (de las rebeliones de Carúpano y Puerto
Cabello), el teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal y el mayor Manuel
Azuaje, ambos del ejército, en representación de la Unión Cívico-Militar. Los
otros fundadores fueron los comandantes de los dos frentes guerrilleros: Douglas
Bravo (que en la actualidad dirige un grupo de extrema izquierda, Bandera Roja,
opositor a Chávez), y Juan Vicente Cabezas.(1)
Las Faln se dotaron de una dirección política: el Frente de Liberación
Nacional (FLN). Allí participaban el PC, el MIR y sectores revolucionarios de
los partidos de gobierno, AD y Unión Republicana Democrática (URD). El dirigente
más destacado de URD en las Faln era el periodista y diputado, Fabricio Ojeda,
que más tarde fue asesinado en dependencias del Ministerio de Defensa. Fabricio
Ojeda gozaba de enorme prestigio: había encabezado la clandestina Junta
Patriótica que el 23 de enero de 1958, mediante una insurrección popular apoyada
a último momento por las fuerzas armadas, derrocó a la dictadura del general
Marcos Pérez Jiménez. Hasta el día anterior Fabricio Ojeda cumplía
rutinariamente su trabajo de reportero del diario "El Nacional" en el Palacio de
Miraflores(2), sede del gobierno, entrevistando con frecuencia al dictador, a
sus ministros y hasta al temido Pedro Estrada, jefe de la policía política del
régimen.
Pérez Jiménez, último dictador militar en la historia contemporánea de
Venezuela, fue originalmente un aliado de Rómulo Betancourt. Juntos dirigieron
el golpe militar del 18 de octubre de 1945 que derrocó al gobierno progresista
del general Isaías Medina Angarita. Esto abrió paso a la elección democrática
del novelista Rómulo Gallegos como presidente de la República. Pero el gobierno
de Gallegos duró muy poco. El 24 de noviembre de 1948 fue derrocado por Pérez
Jiménez. La dictadura militar duró diez años, reprimió duramente a la oposición
y miles de venezolanos fueron lanzados al exilio. La insurrección popular del 23
de enero de 1958, organizada por la Junta Patriótica que presidía Fabricio
Ojeda, instaló un gobierno provisional encabezado por el contralmirante Wolfgang
Larrazábal y con presencia empresarial. Esto cerró el paso a conquistas
populares que fueron postergadas. Sin embargo, el gobierno de Larrazábal
-recogiendo un profundo sentir popular con origen en una histórica hermandad
venezolano-cubana-, apoyó con armas y recursos al Movimiento 26 de Julio de
Fidel Castro, que aún combatía en la Sierra Maestra. El gobierno provisional,
asimismo, aumentó la participación del Estado en la explotación del petróleo.
Las siguientes elecciones presidenciales dieron la victoria a Betancourt y a
su partido, AD. Había nacido el llamado Pacto de Punto Fijo para compartir el
gobierno entre los partidos que habían sufrido prolongada ilegalización, salvo
el PC que fue excluido. El gobierno de Betancourt -contemporáneo del triunfo de
la revolución cubana- se caracterizó por su anticomunismo y adhesión
incondicional a las políticas norteamericanas, frustrando las expectativas del
pueblo. En ese marco se desencadenó la lucha guerrillera y se produjeron los
alzamientos militares de Carúpano y Puerto Cabello. El Pacto de Punto Fijo tuvo
corta duración al romper URD la coalición. De ese partido provienen José Vicente
Rangel, importante figura del gobierno de Chávez, y Luis Miquilena, hasta hace
poco ministro del Interior y ex presidente de la Asamblea Constituyente.
Tanto Betancourt como su sucesor, Raúl Leoni, también de AD, consiguieron
mantener la adhesión institucional de las FF.AA. y volcarlas a la lucha contra
las Faln. La represión policial fue despiadada. La dirigió en su primera fase el
ministro del Interior, Carlos Andrés Pérez, que heredaría el liderazgo de AD a
la muerte de Betancourt. Los gobiernos de AD (Betancourt, Leoni, Carlos Andrés
Pérez, Jaime Lusinchi y nuevamente C.A. Pérez) se turnaron con los de Copei
(Rafael Caldera, Luis Herrera Campins y otra vez Caldera), hasta la irrupción en
escena del teniente coronel Hugo Chávez. En las elecciones del 6 de diciembre de
1998, Chávez y su Movimiento V República barrieron con los partidos
tradicionales, AD y Copei, alcanzando casi el 57% de los votos. Desde entonces
Chávez ha ganado otras cinco elecciones y plebiscitos, incluyendo el de la nueva
Constitución de 1999.
En la época de las rebeliones revolucionarias de Carúpano y Puerto Cabello,
Chávez sólo era un niño pobre del villorrio de Sabaneta, en los llanos
venezolanos. Apenas tenía siete años y su sueño era ser beisbolista profesional.
Sin embargo, como militar, le tocó participar en la lucha que el ejército
libraba contra los últimos focos de una guerrilla ya derrotada. Pero sus ideas
estaban lejos del pensamiento conservador y pro imperialista. En 1978 ascendió a
teniente y empezó a conspirar con otros oficiales: "No queríamos unirnos ni a
las guerrillas ni a la llamada democracia", ha dicho sobre esos años.
Chávez había creado un pequeño grupo (tres soldados, dos sargentos y él
mismo) al que dieron el pretencioso nombre de Ejército de Liberación del Pueblo
de Venezuela. Se limitaron a esconder unas cuantas granadas de mano y a esperar
tiempos mejores. En 1982 el grupo aumentó -pero no mucho-, tomando el nombre, no
menos pretensioso, de Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200).
Chávez entretanto conoció militares que proyectaban una nueva dimensión del rol
de los ejércitos en América Latina: Juan Velasco Alvarado en Perú y Omar
Torrijos en Panamá, líderes populares, nacionalistas y antimperialistas. El
factor detonante del MBR-200 fue el "caracazo" de 1989: el 27 de febrero de ese
año, a poco de asumir el presidente Carlos Andrés Pérez, estalló un
levantamiento espontáneo del pueblo que se inició como protesta por el aumento
de tarifas del transporte urbano y del precio de la gasolina. El segundo
gobierno de Pérez satisfacía, así, las exigencias del Fondo Monetario
Internacional. El "caracazo" duró cuatro días durante los cuales fueron
saqueados más de cinco mil establecimientos comerciales. Pérez ordenó al
ejército y a la Guardia Nacional reprimir sin contemplaciones, dejando más de
300 muertos y 500 heridos. El MBR-200 en que participaba Chávez, reaccionó
indignado y se dispuso a pasar de las palabras a los hechos. Así se gestó la
rebelión del 4 de febrero de 1992 que encabezó Chávez, seguida por otra de altos
oficiales de la fuerza aérea y la marina el 27 de noviembre del mismo año.
Carlos Andrés Pérez, no obstante, consiguió terminar su mandato, y fue
reemplazado por Rafael Caldera del socialcristiano partido Copei. El suyo sería
el último gobierno del Pacto de Punto Fijo que había durado cuarenta años. Ese
período se caracterizó por una escandalosa corrupción que dilapidó miles de
millones de dólares. Un país que podría tener los niveles de vida de Suecia o
Noruega, quedaba con el 80% de su población sumida en la pobreza.
(1) Sobre el origen y objetivos de la lucha armada en Venezuela puede
consultarse "Venezuela, Okey", Manuel Cabieses Donoso, Ediciones del Litoral,
Santiago, 1963.
(2) El presidente Chávez ha anunciado que el centenario Palacio de
Miraflores será convertido en la Universidad Popular Bolivariana. (En su lugar,
la Universidad Bolivariana de Venezuela fue inaugurada a mediados de 2003 en los
edificios administrativos de PDVSA en Caracas, y otra sede fue inaugurada en la
ciudad de Maracaibo.)

Los conceptos aquí emitidos son de la entera responsabilidad del autor.
Para comentarios, observaciones, preguntas y sugerencias, enviar un correo
electrónico a Eugenio Carrasco: ecarrasco48@hotmail.com