Revolucionarios, corrijamos el error

El 12 de octubre es el día de la Invasión Europea a América

Programa “Temas sobre el tapete” del 17 de octubre de 2007 en RNV canal 91.1. (transcripción libre de Mariela Sánchez Urdaneta ). Especial para Aporrea.org

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Hoy conversaré sobre la equivocación de celebrar el 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena. Hablaré como historiador, como revolucionario y como defensor de una historia distinta (y no de la historia manipulada que nos han enseñado e impuesto por siglos las clases dominantes). Muchas veces en este programa en particular he defendido una historia diferente de la “oficial”, he defendido nuestra identidad americana y la revisión de nuestra historia y nuestras luchas, y hoy manifiesto aquí nuevamente mi rechazo a que se quiera convertir el 12 de octubre en una fecha distinta de lo que es.

I. El 12 de octubre no fue el día de la Resistencia Indígena. El 12 de octubre es el día de la Invasión Europea a América, día a partir del cual se inicia la Conquista y el Período Colonial.

El día 12 de octubre de 1492 no hubo ninguna resistencia indígena. Este es el hecho descarnado. El 12 de octubre de 1492 llegaron las tres carabelas de Colón provenientes de España. Llegaron a una pequeña isla del Caribe. Tomaron posesión de la tierra (de una tierra que no era de ellos, que no les pertenecía) en nombre del Rey de España (su rey) y de Dios (su dios cristiano). Los indígenas habitantes de esa isla, de la manera más inocente, salieron alborozados a recibirlos y a festejarlos en la creencia de que habían llegado unos extraños dioses en unas casas flotantes, vestidos extrañamente, blancos, con barbas. En ese momento no hubo resistencia alguna, lo que hubo fue admiración, ingenuidad, inocencia porque los indígenas de ahí, de las islas vecinas y de los que vivían un poco más al Este, en el continente, no tenían la más remota idea de lo que se les venía encima: la Conquista, la esclavitud, la servidumbre, la sujeción, las enfermedades, la Colonia, la explotación pues.

Sin ninguna oposición ni resistencia por parte de los indígenas comenzó la Invasión Europea, sobre todo a partir del segundo viaje de Colón, cuando ya no se trataba de tres carabelas sin rumbo cierto sino que Colón vino con diecisiete barcos (con semillas, animales, etc.) en una auténtica expedición de conquista. Y esa Invasión Europea se tradujo, como acabo de decir, en dominio colonial, en saqueo, esclavización y explotación sistemática de los indígenas y en el comienzo de esa matanza genocida atroz que fue la Conquista de América.

Por eso he dicho que el 12 de octubre tiene un solo significado: es el día de la Invasión Europea a América, día de la llegada de los europeos a imponer su dominio en este continente; a esclavizar a los indígenas y a saquear estas nuevas tierras en nombre de su pretendido derecho a apoderarse de territorios ajenos en nombre de su Rey y en nombre del Papa y a imponer su religión, el cristianismo, considerado por ellos como la única religión, como la religión verdadera.

Esto es el hecho real del 12 de octubre y esa fecha tiene esa única significación. Ahora bien, esa fecha siempre ha sido polémica y para edulcorarla, para envolvernos en la mentira, se la hace pasar por lo que no era. A lo largo de estos siglos se han manejado diversas lecturas, todas falsas por cierto, porque sólo tratan de embellecer el hecho descarnado y real que es el 12 de octubre: el comienzo de la conquista europea de América.

Se le han dado pues diversos significados y los latinoamericanos sobre todo hemos terminado asimilando de forma pasiva esas falsas significaciones de la fecha. La primera ha sido el Día del Descubrimiento. Soberano disparate. Porque puede haber descubrimiento en las ciencias físicas, químicas o biológicas por ejemplo cuando un investigador, combinando unos conocimientos, genera un resultado o producto diferente o cuando ve a través de un microscopio por primera vez un microbio que produce tal o cual enfermedad. Se puede admitir que hay un descubrimiento en esos casos.

Pero en el contacto, en el encuentro (generalmente choque violento) de sociedades que no se han conocido entre sí previamente no hay descubrimiento o en todo caso, el descubrimiento es recíproco, mutuo. Cada uno descubre al otro y, por lo general, el más fuerte se impone. De tal manera que si el problema se reduce a esa expresión ridícula de quién vio primero al otro, es evidente que nuestros indígenas ya estaban esperando a los españoles perdidos en la playa y que nuestros indígenas vieron primero a los europeos; los europeos fueron los descubiertos por nuestros indígenas desde la costa.

El Día del Descubrimiento es una forma de manipulación: colocar al indígena como el descubierto, como el Objeto e inmediatamente convertirlo en Objeto de Conquista. El Descubrimiento no se hace para traerle regalos a los pretendidos descubiertos sino para someterlos, colonizarlos, convertirlos en siervos y esclavos. De tal manera que el Descubrimiento es el paso previo para la Conquista e implica la “declaración de inferioridad” del continente descubierto. El descubridor es el protagonista, como el investigador con el microscopio, y el descubierto es como el microbio que ha sido visto por el científico. Absoluta falsedad refutada con frecuencia pero que todavía continúa vigente en varios ámbitos.

Una segunda significación para el 12 de octubre se le dio hace alrededor de un siglo, el Día de la Raza. Disparate enorme. En primer lugar, ¿cuál raza? ¿la raza europea que vino a imponerse o la raza indígena que fue sometida y explotada? ¿o la raza africana que fue traída para reemplazar el trabajo de los indígenas y ser esclava? (Además de que el concepto de raza está totalmente devaluado, hoy no explica nada). Otro disparate utilizado con frecuencia en las escuelas y en los libros para referirse al 12 de octubre.

Una tercera significación, a partir de 1992 en el quinto centenario, se impuso para disfrazar la fecha, el Día del Encuentro de Dos Mundos o del Encuentro de Dos Culturas, nada más que un producto edulcorado causado por la protesta sistemática de los pueblos indígenas del continente. (La pregunta que nos hicimos los historiadores fue si se trataba de un Encuentro o más bien de un Encontronazo). Porque eso fue exactamente. Un choque, como ha sido todo choque entre culturas que no se conocían en el cual la cultura más fuerte, mejor armada, más poderosa, mejor parada militar y técnicamente, esclaviza y domina a la otra cultura. Así es que los Encuentros no explican nada tampoco. Los mongoles del siglo XIII descubrieron a Europa y la saquearon. (Afortunadamente para Europa los mongoles regresaron porque murió el kan supremo e iban a elegir uno nuevo).

Los europeos del siglo XV se encontraron también con África y durante los siglos siguientes se dedicaron a saquear y a esclavizar a sus habitantes. Los israelíes tienen medio siglo encontrando palestinos... y los matan para robarles su tierra y robarles sus derechos. Estados Unidos tiene cuatro años encontrando iraquíes, matándolos también para robarles su país y su petróleo. En consecuencia, el disparate del Encuentro es cínico y grotesco. ¿Acaso el 12 de octubre de 1492, en el Encuentro de Dos Culturas, se desarrolló como una suerte de congreso de antropólogos comparando sus culturas con visión amplia y discutiendo los respectivos aportes? Al contrario, fue un proceso sanguinario y genocida en el que una cultura se impuso a la otra.

Otro nombre manipulador que se le ha dado al 12 de octubre es el Día de España, el Día de la Hispanidad, el Día del Imperio Español, pues. En España la Fiesta Nacional es el 12 de octubre. Y los españoles tienen históricamente todas las razones para celebrarla como Fiesta Nacional porque es el punto de partida de su Imperio Colonial; es el punto de partida de su Siglo de Oro, el punto alto de su período de dominación, que pasó hace tiempo. Visto desde Europa (y no desde América) es el día de la Gloria Imperial de España, Día del Colonialismo Español, fecha amada por la derecha y particularmente por el franquismo, factor decisivo en destacar esa grandeza española.

¿Que los españoles celebran el 12 de octubre? Allá ellos, particularmente allá los colonizadores modernos, porque tampoco es cierto que todos los españoles lo celebran.

¿Tenemos nosotros los americanos que celebrar ese día? ¿somos acaso españoles? ¿somos acaso colonizadores de nuestros propios pueblos, como se han creído y actuado aquí las élites dominantes a lo largo de varios siglos? y los herederos de nuestros indígenas masacrados, explotados y humillados, casi exterminados, ¿es que acaso son masoquistas que deban celebrar el Día de España? ¿los herederos indígenas tienen acaso que celebrar el día que comenzaron sus antepasados a ser explotados y humillados por los europeos? y los herederos de los africanos traídos a este continente como esclavos, ¿deben celebrar el sometimiento de sus ancestros? y los mestizos que somos casi todos nosotros, ¿debemos celebrar la violación de nuestras tatarabuelas por los brutales invasores extranjeros?

Por cierto, los estadounidenses que nunca se sintieron colonizados, o por lo menos hace mucho tiempo dejaron de sentirse colonizados, empezaron a sentirse y a actuar ellos mismos como colonizadores (ahora como imperialistas), esos estadounidenses que se han sentido siempre Pueblo Elegido, Nuevo Israel, dueños del mundo, del Destino Manifiesto, hace tiempo que se sacudieron el problema. En Estados Unidos se celebra, muy de paso, con un desfile, el Día de Colón, día que no los compromete. Además, en 1892, Estados Unidos decidió de una vez por todas que América del Norte había sido descubierta por los vikingos, vale decir, que los estadounidenses fueron descubiertos por rubios nórdicos y no por morenos españoles y con ello borraron el problema de identidad.

Pero el problema de nuestra identidad ha consistido en creernos europeos (hasta los que tienen la piel más obscura), en que somos y actuamos como europeos. El caso extremo es el de los dominicanos frente a los haitianos. Los dominicanos, de piel bastante obscura (los indios fueron exterminados y sólo una minoría de la población tiene la piel más clara), comparados con los haitianos (que la tienen más obscura porque son prácticamente un país de población negra), los dominicanos se sienten europeos cristianos y a los haitianos los ven como a africanos, vuduistas, paganos. A esos niveles de perversión ha llegado esta manipulación con el mestizaje.

Hoy se trata de hacernos creer gringos. No. Nosotros no somos gringos ni europeos. Nosotros somos otra humanidad, como decía Bolívar a comienzos del siglo XIX. Y celebramos todavía el 12 de octubre porque aún nos creemos conquistadores a cuenta de ser blancos o mestizos. Tienen que venir entonces los descendientes de las poblaciones indígenas o los descendientes de los africanos traídos como esclavos a poner en evidencia lo contrario, a hacernos ver lo que realmente fue el 12 de octubre.

¿Qué habría que celebrar el 12 de octubre? ¿La lengua? ¡Se ha repetido mucho que el 12 de octubre nos trajeron el español como “regalo”! ¿Cuál lengua? ¿es que los indígenas eran mudos y no tenían lenguas? ¿estaban mudos esperando que llegaran los españoles a enseñarlos a hablar? (Por supuesto que algunos indígenas sí terminaban mudos porque los europeos le cortaban la lengua por rebeldes). Sabemos que en el continente americano había una riqueza extraordinaria de lenguas para esa fecha y discutir cuál lengua es superior, si el español es más bello que el náhualt, el maya o cualquier otra, es otro disparate. Las lenguas son sencillamente diferentes y corresponden a sus mundos, de tal manera que afirmar que una lengua es superior a otra es padecer una visión eurocéntrica y justificadora de la Conquista y la Colonia.

Además, ¿qué podían traer los españoles que no fuera su propio idioma? ¿es que eran políglotas desenvolviéndose con fluidez en varias lenguas y escogieron el español en un congreso? ¿o simplemente los españoles trajeron la única lengua que eran capaces de hablar? Y que por cierto hablaban mal y escribían peor. La ignorancia de los conquistadores es brutal, descarnada. (Las conquistas no se hacen con científicos sociales, sabios ni artistas; las hacen soldados, comerciantes, desplazados, mercenarios que no forman precisamente la expresión más refinada e intelectual de un país). A América no vinieron los españoles más cultos del Reino ni tampoco los misioneros más sobresalientes y vinieron conquistadores analfabetas, empezando por Pizarro quien era, además, un asaltante.

Pero sí trajeron el cristianismo. Mejor: los españoles trajeron un seudo capitalismo envuelto en mantos de cristianismo. Se ha argumentado que la imposición del cristianismo fue, según la historia oficial, la Conquista Espiritual de América. Otra falsedad enorme que encubre a aquellos misioneros que vinieron a este continente a demostrar la superioridad de su religión, haciéndolos ver y considerar como personas que convencían pacíficamente a los indígenas de que la religión cristiana era la mejor... Es cierto que hubo algunos misioneros relativamente pacíficos (aunque siempre envenenados con su superioridad ideológica, su eurocentrismo, siempre considerando las demás religiones como diabólicas), pero el hecho real es que la conquista material, la matanza, el genocidio, logró la destrucción de los templos y la desorganización de las culturas para poder imponer a sangre y fuego el cristianismo a los indígenas. Esta es la realidad. Esa Conquista Espiritual mediante la cual los españoles llevaron el cristianismo a América, justifica y convalida el genocidio de la Conquista de América. Una lectura más falsa y cínica del 12 de octubre.

La pregunta que uno se hace nuevamente: ¿es el cristianismo la religión verdadera? En pleno siglo XXI, ¿todavía vamos a creer que el cristianismo es la verdadera religión? ¿es que acaso existe alguna religión que sea verdadera? ¿La verdadera religión? y las demás religiones, ¿son falsas entonces? ¿y qué piensan hoy sobre esto los budistas, qué creen hoy los shintoistas, los musulmanes y los judíos sobre que el cristianismo sea la verdadera religión? ¿todas sus religiones entonces son falsas y la verdadera es el cristianismo? Por la visión imperial que tienen (así como los estadounidenses tienen su Destino Manifiesto), el cristianismo cree que tiene el derecho a dominar el mundo completo porque esa es la verdadera religión. ¡Y ni siquiera es la religión mayoritaria del mundo!

¿Hasta cuándo repetiremos los disparates justificadores de matanzas, cruzadas y genocidio? ¿Hasta cuándo, para imponer una religión supuestamente verdadera, justificaremos el genocidio perpetrado? Porque lo cometido durante el siglo XVI en América es el mayor de todos los genocidios en la historia de la Humanidad.

Ahora examinemos lo siguiente. El genocidio no fue siempre sistemático. Los españoles no vinieron a matar a los indígenas, vinieron a esclavizarlos, a ponerlos a trabajar para enriquecerse ellos pero, eso sí, a quienes se resistían, los mataban. La primera fase de la Conquista fue absolutamente brutal y bárbara. Aparte de que también trajeron enfermedades frente a las cuales los indígenas no tenían resistencia como el sarampión, la viruela, la gripe, provocando epidemias que aniquilaron a millones de indígenas.

El resultado directo e indirecto de esa Conquista, el resultado querido o no, fue la muerte de cerca de ochenta millones de indígenas del continente americano, lo que representa casi la cuarta parte de la población mundial de aquel entonces (que apenas sobrepasaba los cuatrocientos millones). Esa fue la realidad.

Algo más antes de terminar de revisar estas lecturas falseadoras de la conquista europea: el mestizaje. Resulta ahora que el gran mérito de la Conquista, lo que la justifica, es el mestizaje. Otra farsa. ¿Es que los españoles vinieron aquí a “mestizarse”? ¿acaso llegaron con un proyecto de integración para unirse a las culturas que encontraran? ¿dónde ha pasado eso? El mestizaje ha sido la realidad de la historia de la Humanidad. No hay pueblo “puro”. Todos los pueblos son mestizos porque se han mezclado a través del comercio, de violaciones, de invasiones, generalmente de coexistencias violentas. Dejemos claro que todos los pueblos se han mezclado en todas partes del planeta. (Cuando los pueblos parecidos se mezclan, se nota menos; cuando unos pueblos se mezclan con otros de piel diferente, con facciones distintas, se nota más; por ejemplo, la mezcla de los pueblos europeos blancos se nota menos que cuando se trata de poblaciones blancas con poblaciones negras o cobrizas, se nota mucho más).

El mestizaje es la norma de la Humanidad. Toda la Humanidad es mestiza. Y hay que estar orgullosos de esa mezcla porque ha enriquecido las culturas.

Sin embargo, ¿los españoles vinieron a enriquecer culturas y mestizarse o simplemente vinieron armados con un proyecto de dominación? Y recordemos que como no vinieron con sus mujeres (como lo hicieron los colonizadores de América del Norte, que sí fueron a exterminar y a masacrar a los indios), se mezclaron con las mujeres indias primero y más tarde con las mujeres negras. (Como pasa siempre que han estado hombres solos, aventureros, en países extranjeros).

Otra pregunta. El mestizaje en América ¿fue voluntario o fue forzoso? ¿quién imponía el emparejamiento mestizo? ¿es que acaso los indios o los negros escogían a las mujeres españolas o portuguesas para casarse con ellas? ¿o era al revés? ¿no eran justamente los hombres europeos quienes violaban y se apoderaban de las mujeres indias o de sus esclavas negras y tenían hijos con ellas? Hubo sí excepciones al comienzo de la Conquista, sobre todo en México y Perú porque, en términos de la visión monárquica europea, eran considerados grandes imperios y, como en los imperios hay nobleza y aristocracia, los invasores ignorantes querían casarse con princesas indias mexicanas o peruanas. Pero fueron pocos casos porque tampoco había muchas princesas. De manera que el modelo del mestizaje fue el de la sujeción, el de la violación, la dominación sistemática y el sometimiento de las mujeres indígenas.

El modelo de mestizaje fue Paraguay, llamado por los propios españoles del el siglo XVI, el “Paraíso de Mahoma” porque ahí se practicaba la poliginia o la poligamia en todo caso. Los conquistadores tenían harenes de treinta o cuarenta mujeres indias, que eran sus sirvientas. Generalmente las viejas y consideradas feas eran sólo sirvientas y las más jóvenes –además de ser sirvientas- eran amantes de los conquistadores. Hasta que hacia la mitad del siglo llegó la Iglesia a imponer orden (a acabar con ese relajo, como decían los misioneros) y a imponer que los conquistadores se casasen con mujeres españolas, que habían traído. Aunque el mestizaje continuó de manera solapada, clandestina.

Mestizaje equivale en este caso a sujeción, a imposición. Salvo algunos momentos en el que las mujeres indígenas pudieron sentirse deslumbradas por la armadura de algún conquistador por ejemplo, el mestizaje era uno de los pocos mecanismos de ascenso social que se podía dar en esa sociedad colonial que se estaba construyendo. La relación concubinaria de una indígena o de una negra con un conquistador significaba la posibilidad de liberarse de la esclavitud, sobre todo en la persona de sus hijos, y sobre todo de hijos varones que pudieran ser otra cosa que esclavos o liberarse de la servidumbre.

II. ¿Y qué es lo que pasa actualmente en Venezuela? Lo que sucede es que se ha comenzado a celebrar desde hace unos años, producto de una iniciativa del presidente Chávez, ese mismo 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena.

Pero ocurre que así es un error histórico, otra falsedad. Y acabo de demostrarlo con el examen de los argumentos expuestos en torno a la fecha 12 de octubre porque en esa iniciativa se mezclan dos elementos opuestos. Uno, es la necesidad de conmemorar, de celebrar la Resistencia Indígena a la Conquista; la necesidad de celebrar la lucha heroica de los indígenas por su tierra, sus valores, sus mujeres, sus dioses y sus sociedades y esto ¡quién lo puede negar! Es válido, digno, y nadie que no sea un cipayo o que se crea un colonizador español trasnochado puede negar o condenar la Resistencia Indígena a la Conquista. Hay que celebrar y rescatar la historia de las luchas indígenas y hay que plantearse la historia del continente americano en términos de esa revalorización de las luchas indígenas y las luchas de los esclavos africanos contra la Conquista. Esto es absolutamente válido.

Dos, lo que no es coherente es la fecha: el 12 de octubre. La fecha escogida para la celebración es una fecha falsa y lo que se consigue con ello forzosamente es cambiar los hechos, ponerlos a significar lo que no fueron, lo que no son. Y los hechos no pueden cambiarse. La historia parte, fundamentalmente, de los hechos y esos hechos tienen en su momento una significación determinada y nadie, por muy buena voluntad que tenga, puede aspirar tres o cuatro siglos después contrariarle la significación.

Como historiador, como persona que debe basarse en los hechos, no puedo menos que criticar que se pretenda convertir una fecha (con la mejor intención del mundo) en lo que no es. Una cosa es defender lo que haya que defender y otra cosa es amarrar esa defensa, atarla, a una fecha que tiene otra significación y que nos mantiene atados también a los valores reales de esa fecha, que no son los que queremos destacar los revolucionarios. Esto revela una contradicción seria. Lo he dicho antes y lo repito ahora. El presidente Chávez habla con toda razón de recuperar, de replantear, de reescribir nuestra historia porque la historia de las luchas de nuestros antepasados (todos: indios, blancos, negros, mestizos), es parte de nuestra memoria y de nuestra identidad. De una identidad y de una memoria que queremos rescatar para reconstruir nuestros valores, para recrearlos y para fundamentar en ellos nuestra Soberanía, que es lo que estamos planteándonos como objetivo de estas luchas.

Pero no se hace historia manipulando las fechas intentando transformarlas en lo que no son. Así sólo se produce un híbrido entre la nueva y la vieja historia, que falsea y manipula la verdad. No podemos dejar de criticar a quienes falsean la historia para imponernos lecturas como ésta del 12 de octubre, aun cuando se haga con la mejor intención. Porque seguimos amarrados al 12 de octubre y esa no es la fecha que queremos celebrar.

El 12 de octubre es, en todo caso, el Día de la Inocencia Indígena, Día del Sometimiento Pasivo de los Indígenas, eso fue lo que pasó el 12 de octubre. Basta leer el Diario de Colón, conservado por el Padre de Las Casas, para encontrar las descripciones que hacen de la ingenuidad, la gentileza de los indígenas con los europeos y también de lo que ya empieza el propio Colón a pensar en relación con esos indígenas pasivos, tranquilos, domésticos, ignorantes (se les muestran las espadas y las agarran por los filos cortándose los dedos), que son cobardes -dice él- como unas gallinas, que unos diez españoles pueden dominar a diez mil indígenas, ya los ve esclavos, ya los ve sometidos; y los indígenas por otro lado tratando de ayudar gentilmente a los europeos sin saber lo que se les estaba viniendo encima... Eso fue el 12 de octubre, día que queremos convertir ahora en día de la lucha y la rebelión, de la Resistencia Indígena.

Claro que hubo Resistencia Indígena pero vino después. Y es justamente lo que debemos revaluar, redescubrir y exaltar: la fecha real en que comenzó la Resistencia Indígena.

III. Hay que contar cuándo y cómo empezó la Resistencia Indígena.

La Resistencia Indígena empezó meses después. La carabela principal de Colón, la Santa María, encalló prácticamente el Día de Navidad de 1492, cerca de la costa de Haití. Era la isla que él había bautizado abusivamente La Española. Y como no podía regresar con todos sus hombres en las otras dos pequeñas carabelas, recogieron lo que se salvó del naufragio, sacaron todo de la carabela (Colón apunta que los indios dieron un ejemplo de honradez) y por orden de Colón, construyeron un fuerte. Como era el día de Navidad lo llamaron el Fuerte de Navidad, dejando ahí a treinta y nueve de sus hombres con todo tipo de alimentos y pertrechos para que fueran la primera avanzada de los europeos en estas tierras, con instrucciones de que demostraran que eran los nuevos amos, que trataran de conseguir oro y que lo pusieran a resguardo. Así se formó el primer fuerte español en tierra americana.

Cuando regresó Colón en su segundo viaje, en noviembre de 1493, casi un año más tarde, intuyó que algo raro pasaba, se acercaron a la zona, encontraron unos cadáveres con barbas (españoles) flotando putrefactos, los indios no salieron a recibirlos, en la noche no se atrevieron a desembarcar. Al día siguiente una canoa se acercó al barco y después de que vieron a Colón, subieron. Según la descripción conservada en diarios de ese segundo viaje, en la canoa venía un primo de Guacanagarix (cacique de la isla que había sido el más servil con los españoles, traicionando a sus hermanos indígenas: el primer cipayo americano pues) y ese indio tranquilizaba a Colón diciéndole que en el Fuerte no había pasado nada, únicamente que unos españoles habían peleado y se habían entrematado y otros se habían ido hacia el interior llevándose a unas mujeres indias. Fueron a buscar a Guacanagarix, llegaron donde estaba, vieron la aldea un poco destruida y a él en una hamaca con el muslo de la pierna amarrado. Se convencieron los invasores de que algo pasaba al revisar la herida y encontrar una irritación de piel.

Y descubrieron la verdad. Uno de los caciques más combativos y valientes de la isla (hoy Haití) Caonabó, cacique de Maguana que se hacía respetar, había organizado a todos sus hombres y encabezado una expedición que enfrentó a los españoles, los fue eliminando en diversas escaramuzas y terminó quemando el Fuerte de Navidad y matando a los invasores que estaban dentro. Y como Guacanagarix –el primer cipayo- se mantuvo en contra de lo que hacía Caonabó, le quemó la aldea.

Ése fue el comienzo de la Resistencia Indígena en el continente americano a mediados de enero de 1493. ¿Las razones del asalto al Fuerte de Navidad? Que los treinta y nueve españoles (la primera colonia en América) se dedicaron a explotar a los indios, a robar y violar a las mujeres, a arrancarles el oro y algunos se fueron al interior a buscarlo ellos mismos, prefigurándose así lo que sería la política de la conquista europea en América.

Quise resumir la gesta de Caonabó, cacique haitiano de la Maguana, primer héroe de la Resistencia Indígena y primer vencedor de los españoles porque, si queremos conmemorar la Resistencia Indígena, es importante que en lugar del 12 de octubre celebremos la fecha aproximada en que tuvo lugar la quema del Fuerte de Navidad, encabezando Caonabó a los indios rebeldes, revolucionarios, defensores de su tierra y de su manera de vivir. Tenemos que reencontrarnos con Caonabó, debemos recuperar su figura y su lucha heroica contra los españoles.

Como era de esperarse, Caonabó tuvo un fin trágico. Al año siguiente, cuando los españoles se instalaron en la isla nuevamente, se dedicaron a buscarlo para capturarlo. Alonso de Ojeda (conocedor de toda triquiñuela y trampa), fue el encargado de la misión. Y lo logró de una manera ingenua (hasta un indígena valiente y combativo como Caonabó se dejaba apabullar por la superioridad tecnológica de los españoles) cayendo en la trampa. Ojeda le ofreció un pacto. Caonabó acudió. Ojeda le ofreció unas esposas de latón (aleación que estimaban mucho los indígenas) pintadas de dorado, vistosas, y le dijo que eso usaban los Reyes de España en sus fiestas. Ingenuamente Caonabó puso las manos, Ojeda (montado en un caballo porque iba a haber un desfile) lo atrapó y arrancó a galopar con él esposado. Prisionero Caonabó, Ojeda se lo entrega a Colón. Cuentan los historiadores y lo recoge el padre de Las Casas, que el cacique estuvo un tiempo preso en la casa donde vivía Colón y que, cuando éste llegaba al lugar, los conquistadores y los indígenas ya sometidos, se levantaban y le hacían una reverencia a Colón por ser el Almirante, el líder político. El único que no se levantaba era Caonabó pero en cambio sí se levantaba cuando entraba Ojeda. Interrogado un día sobre por qué se levantaba frente al vasallo, respondió que ese vasallo había tenido el valor de salir a pelear con él mientras que el jefe se había quedado en su casa. Finalmente Colón, dispuesto a dar una lección, lo hizo embarcar a España encadenado pero el barco naufragó y Caonabó murió ahogado y encadenado.

Caonabó fue el primer resistente indígena, el primer héroe de la Resistencia Indígena, el primer vencedor de los españoles, uno de los primeros indios capturados alevosamente por los invasores y el primer indígena que murió ahogado, justamente por la crueldad de los conquistadores. Este es el héroe indígena que he tratado de reivindicar en frecuentes oportunidades y quisiera que se le comience a dar el merecido reconocimiento a Caonabó en el proyecto actual de reivindicar la Resistencia Indígena y a sus protagonistas.

Insisto en afirmar en que las fechas no pueden voltearse, no se le puede cambiar el significado a los hechos. Cito varios casos para ilustrarlo. No se puede decir que una batalla que se perdió fue una batalla que se ganó. Nosotros nunca podremos celebrar las batallas de La Puerta porque todas las ganó Boves. Nosotros celebramos la batalla de Carabobo, que sí la ganamos nosotros. Los españoles no pueden celebrar la batalla de Carabobo diciendo que ahí ellos lograron derrotar a los patriotas. No, porque con esa batalla logramos nosotros la Independencia de Venezuela.

Uno no puede cambiarle el significado a las fechas. ¿Es que los franceses pueden celebrar la fecha en que Hitler entró a París y los hizo firmar (en Compiègnes en el mismo vagón de la I Guerra Mundial donde había sido humillada Alemania en 1918) aquella infame Capitulación? ¿Francia puede celebrar ese día como el día que comenzó la Resistencia Francesa contra la Ocupación Alemana? No. La Resistencia Francesa comenzó después; aquel fue el día de la humillación a Francia. ¿Es que los japoneses pueden celebrar el 6 y el 9 de agosto –cuando Estados Unidos les lanzó las dos bombas atómicas- diciendo que esas son fechas del triunfo de Japón o, al contrario, fechas de humillación y derrota del Japón?

Es verdad que se puede convertir una derrota en una victoria. Sí, pero en tiempos distintos. ¿Por qué los revolucionarios venezolanos celebramos el 13 de abril y no celebramos el 11 de abril? ¡Ah! Porque el 11 fue la derrota, el Golpe de Estado de Carmona, el 11 fue el triunfo de la derecha fascista. El 13 fue la victoria del Pueblo y la reposición de Chávez en el poder gracias a esa lucha del Pueblo y de algunos militares constitucionalistas, progresistas o revolucionarios. El 11 es la fecha que celebran los escuálidos y no se les ocurre celebrar el 13 de abril porque fue su derrota: había triunfado el Pueblo venezolano frente al fascismo.

Los americanos que no somos colonizados, los que no nos creemos colonizadores, los que no nos creemos españoles, tenemos que olvidarnos del 12 de octubre y salir de la trampa del 12 de octubre. ¿Todavía vamos a seguir, para este sexto centenario, sometidos y amarrados al 12 de octubre celebrando una fecha que no debemos celebrar? No se trata de disfrazarla ni de cambiar el nombre a nombre de la mejor de las causas. No. Porque la mejor de las causas se contamina, se falsea, si se la celebra en esa fecha. Esa es la fecha del triunfo del colonialismo europeo y de la invasión de América, fecha de inicio de la conquista sanguinaria y brutal de este continente.

Que el 12 de octubre lo siga celebrando la España oficial, realista, reaccionaria y franquista que vive de los sueños imperiales de Carlos V y Felipe II; que lo celebren ellos. Ojalá el Pueblo español en algún momento cambien esa fecha a otra que podamos compartir y no este 12 de octubre que significó para América el avasallamiento de pueblos enteros imponiéndoles su voluntad explotadora.

Pero los latinoamericanos no podemos seguir atados al carro del colonialismo y del imperialismo, al carro de la invasión europea, al Día de la Raza (para disfrazar la colonización) o del Descubrimiento (para disfrazar la colonización), al Día del Encuentro de Dos Mundos (para disfrazar la colonización), cambiando simplemente el nombre. Ahora en Venezuela le ponemos Día de la Resistencia Indígena y seguimos atados a la misma fecha, que significa todo lo contrario de lo que se quiere reconstruir sobre la Resistencia Indígena.

Si se tratase de que es un día “feriado” con todo lo que ello implica, cambiémoslo por otro día “feriado” a mediados de enero, fecha probable en que se produjo la rebelión de Caonabó y comencemos a rendirle honores al primer héroe indígena haitiano y americano uniendo simultáneamente la idea de celebrar la Resistencia Indígena con la de ceñirse a lo que la fecha significa.

Si se argumenta que no se conoce el día exacto de la destrucción del Fuerte de Navidad (sólo aproximadamente sabemos que ocurrió hacia mediados de enero de 1493) se le puede responder que la fecha del 12 de octubre tampoco está clara históricamente hablando. ¿Fue el 11 o 12 de octubre? Lo he contado en otras ocasiones: los Reyes Católicos de España habían ofrecido un premio de diez mil maravedíes al primero de la expedición que viera tierra. Y todos hemos escuchado desde niños que el primero que vio tierra fue un marino de Triana, llamado Rodrigo, y que gritó tierra la madrugada del 12 de octubre. En consecuencia, de acuerdo a la promesa de los Reyes, Rodrigo de Triana se había ganado el premio de diez mil maravedíes. Pero resulta que Colón, místico y religioso pero profundamente ambicioso, le robó el premio a Rodrigo. Conservado por el padre de Las Casas, Colón dijo que la noche del 11 de octubre, a golpe de diez u once de la noche, él había visto a lo lejos unas candelitas que subían y bajaban. Resulta que con el cuento de las candelitas le robó el premio al marinero Rodrigo de Triana. Si bien el premio no era por ver candelitas sino por ver tierra, Colón lo cobró. ¿Qué día habría que celebrar según los hechos: el 12 cuando Rodrigo vio y gritó ¡tierra! en la madrugada o el 11 cuando Colón en la noche vio unas candelitas que subían y bajaban? Nótese pues que el 12 de octubre tampoco es una fecha “segura”.

(Se cuenta una simpática historia -probablemente sin mucha base- según la cual Rodrigo de Triana, al saber que Colón le robó el premio de diez mil maravedíes (un premio muy digno en aquella época) se fue de España al norte de África –dominado por los musulmanes-, se quedó a vivir ahí y se convirtió al Islam. Con lo cual quedaría entonces que el verdadero descubridor de América -en el enfoque europocentrista- no fue un cristiano sino un moro; alguien que era musulmán y no cristiano).

Con estos comentarios adicionales (complementarios a los que he expuesto en otras ocasiones) llamo de nuevo a que nos despeguemos definitivamente del 12 de octubre y a que combinemos la lucha por rescatar y reivindicar la Resistencia Indígena con una fecha que sí le corresponda, que tenga significación real.


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