Tiuna el cacique defensor aborigen

Su tribu denominada como “Los Caracas” se organizó y se militarizó para defender la tierra y la dignidad de la libertad del hombre. Ningún otro caudillo aborigen logró emularle; era el jefe de las grandes hazañas guerreras para la salvación de esta tierra. Tiuna que en lengua caribe significa “luz del amanecer” o “deidad del agua”, está aquí con nosotros en este nuevo momento, viene a despertar el tiempo dormido porque él es historia y viene a salir de las sombras. Aquí lo tienen, estuvo todo el tiempo sin herencia ni nombre, reducido a los escombros de la historia, conózcanlo y háganselo saber al mundo, que nosotros supuestos salvajes, combatimos contra los demonios que vinieron enviados por Dios. Yo lo invite esta noche para que me corrija si me equivoco y ahora escúchenme todos porque así vivió y murió mi hermano Tiuna, “el cacique de los ojos pardos y el corazón de niño”.

Regresemos a la tempestad de aquella época cuando los hijos del infierno (los españoles) llegaron a estas tierras, cuando vinieron a convertirnos en piedra de lamentos, en espantos y custodias de miedos. Levanta tu pecho aborigen y toma todo el aire de este espacio para que no tiemble mi boca y para que la palabra que diga toda sea un hecho de tu propia historia.

Mi hermano Tiuna nació en el útero de esta tierra, cerca del valle, donde el inmenso río Guaire atraviesa como una línea toda esa infinita zona denominada como Los Caracas. Desde joven se dio a conocer y a respetar. Sus inicios fueron de origen deportivos, compitió en aquellos eventos de lucha, de cuerpo a cuerpo, que se acostumbró por cierto en todas las tribus de esta hermosa región, venció a todos y empató con el más audaz y guerrero de aquellos tiempos como lo fue Guaicaipuro. Aprendió con maestría a fabricar sus propias armas; se hizo diestro en el manejo del arco, su flecha y su macana fueron el terror para aquellos hombres infernales.

Tiuna era como el viento estaba en todas partes, su movilidad era asombrosa y su sola presencia constituía la esperanza para la victoria, era el año de 1568, ya la sangre surcaba la tierra por donde quiera y la muerte se hizo líder y compañera. Tiuna se entera del vil asesinato del cacique Guaicaipuro, la moral aborigen esta deprimida en su máxima expresión y para levantarla ordena que vengan todos los caciques y les dice:

- Nos encontramos desorientados ante el asesinato de nuestro jefe, todo muere bajo el odio y la usurpación del pie invasor. La destrucción de todo lo nuestro es ya una permanencia que no debemos tolerar. La unión de todas nuestras tribus es indispensable para borrar todas las cicatrices que llevamos en el alma.

Era necesario lavar aquella insólita violencia, la época necesitaba una abertura para que los aborígenes pudieran respirar y esa no podía ser sino la defensa para abrirse a la vida.

Tiuna logra su mayor obra, hacerse cacique de Los Caracas, su poder lo extiende desde la serenísima y recién fundada Villa de Santiago de León, hasta las riberas de zona barloventeña por el oriente, por el centro hasta los mismos limites de la tierra de Salamanca, hoy Valles del Tuy incluyendo todas las faldas denominadas como Fila de Mariches, pacta con Cubimacuri, Chicuramay, Amaipuro, la resistencia libertaria. Hubo un instante en que esta región fue atacada sin clemencia y constantemente, destrozando a muchos de sus baluartes defensores. La moral aborigen comenzó a deprimirse y se corrió la voz que el temible capitán Diego García de Paredes y el general Gutiérrez de la Peña, llegarían a la parte denominada como el “Sotavento del Valle de los Guayabos” hoy Catia La Mar con hombres y armas. Tiuna acababa de librar la batalla del Guaire en defensa de la “Villa de San Francisco”, fundada por el mestizo Fajardo, allí derrotó aplastantemente las huestes hispanas dirigidas por el aguerrido capitán Bernaldez y su lugarteniente Juan Burgos. Tiuna ordena todos sus guerreros y juntándose con Amaipuro en lengua caribe “ponzoña de abeja”, se disponen desde su sitio marchar hacia “Sotavento del Valle de los Guayabos” en temerario recorrido y en una aventura sin precedentes, sorprende al terrible caballero extremeño Garci-González de Silva, vencedor del prestigioso cacique Yoraco que en lengua caribe significaba “zorro” o “diablo”. La batalla duró cuatro horas, Garci-González de Silva no alcanzó el camino de los españoles y tuvo que atravesar las sierras del Guaraira Ripano (Hoy cerro Ávila)y huir hacia el territorio de los Teques. Tiuna no quiso perseguirlo pues bien sabía que era necesario no permitir la llegada de García de Paredes porque eso significaba el fin de todos y prosiguió su ruta.

Tiuna y sus guerreros llegaron con dos días de anticipación, esto por supuesto logró que la acción defensiva se llevara con una táctica de audacia increíble. Tiuna ordenó a sus guerreros hacer una trinchera que atravesara toda la playa, encima fueron cubiertas por enormes palmas y sobre ellas se regó de nuevo toda la arena dando una visión de que todo estaba correctamente y luego sus hombres se apostaron en los frondosos cocotales cubiertos de palmas y los demás en cubierta pero escondidos en árboles y otros sumergidos muy sutilmente con arena de la misma playa. Diego García de Paredes venia de Barlovento, su velero comenzó acercarse al sitio donde era esperado por el valeroso cacique y sus guerreros. Ya el atardecer parecía extenderse cuando pisaron tierra, desembarcaron todas las municiones y de inmediato comenzaron adentrarse hacia donde estaba la inmensa trinchera invisible, en su base se habían sembrado miles de lanzas y flechas, cuando ya estaban cerca, la vanguardia indígena comenzó el ataque como si ellos también vinieran del mar hacia adentro. Espantados los hombres de García de Paredes huyen despavoridos pero van directamente a la trampa mortal y los que logran salir de allí son rematados a macanasos por la defensiva aborigen. García de Paredes, salva milagrosamente su vida por haberse quedado con algunos hombres en aquel velero quien arrea las velas y huye mar adentro.

El botín es inmenso y el triunfo es definitivo. Tiuna y Amaipuro se hacen fuertes y devuelven la moral y el valor a todos los aborígenes. Son recibidos en los Valles de Santiago como héroes y libertadores. Después de muchos sacrificios Tiuna reúne, perfecciona y unifica sus fuerzas defensivas y las rima a una actividad verdaderamente heroica, por primera vez se organiza un importante contingente de guerreros veteranos. Y es aquí cuando ve que ya todo esta listo y que la decisión de su hombres está bajo el calido entusiasmo del fervor patriótico y es por supuesto el momento de lanzarse a la reconquista de toda esta amada tierra.

Tiuna planifica el primer paso para salvar su tribu la cual esta atravesada por un cerco de hierro cernido sobre toda la extensidad de Las Vegas del Guaire, de la Señora de la Chiquinquirá (lo que es hoy todo el Paraíso), él sabe que sino destruye esta posición dominada por la invasión española va a perder a Sierra Ancha o grande, sitio de mucho cultivo ( cerro del Ávila). Su estrategia unificadora logra una rápida aceptación, Guicamacuto, en lengua caribe “cesto de espinas” o “púas”, se une con su tribu y guerreros y cede toda su extensión marina para la preparación y ejercitación de los nobles combatientes. El cacique Aricabuto, en lengua caribe “palma de pronunciados tallos” le reconoce como jefe supremo de la organización libertaria y así sucesivamente la mayoría de caciques de aquel momento se unifican pues todos tienen absoluta fe en su fuerza y en la seguridad de la acción a desarrollar. Tiuna es enérgico y disciplinado conducta que transmite con toda potencia a sus compañeros. Su sentido de mando y organización no tiene discusión. Organiza ordenados cuadros tácticos, para así poder simultáneamente atacar en varios sitios a un mismo tiempo y logra bajo su férreo mando aglutinar a más de cuatro mil aborígenes. La agricultura esta en pleno apogeo, la yuca y el maíz son abundantes, su repartición equitativa es para todos y a su vez logra una operación para que lo que exceda vaya a los depósitos subterráneos para cuando comience la guerra. En la mente del jefe de los ojos pardos y corazón de niño esta programado toda la línea accionaría que librará a los suyos del yugo esclavista.

Atacar por sorpresa, dominar de inmediato todo territorio recobrado, formando nuevos caciques y nuevas tribus extendiéndose hasta todo el litoral, cerrando el camino de la costa para enfrentarse luego, al cubrirla por los cuatro puntos cardinales, con la naciente Villa de Santiago de León. Tiuna era en ese momento el León de los Caracas, el defensor de todo este valle, él sabe que va a dar el triunfo contundente a los suyos y que va a echar de una vez por todas a aquellos hijos del infierno.

Cálculos, proyectos, tácticas y estrategias están ya listos y verificados. Pero el destino blanco que oye sin escuchar llega hasta los oídos del enemigo y estos como siempre proceden con el engaño y la coacción de la codicia; se valen de otro aborigen con mentalidad mercenaria y lo preparan para dar un golpe fatal a los sueños de libertad, Mapunare, “araña mortal”, se entrega en las manos de la traición y logra la amistad del valeroso Tiuna.

Sin pensar en la sombra negra que vendría a cubrir a su gente, este apostata vil y cobarde decide acabar con Tiuna y prepara su plan. Una noche, después de los entrenamientos y las danzas de rigor, el cacique se retira solo y sin guardaespaldas a descansar a su bohío. Clandestinamente Mapunare logra evadirse de la gente que aun esta atenta a los finales del rito, cautelosamente se filtra sin ver visto y logra llegar al bohío de aquel caudillo insuperable, el cobarde tiembla y piensa, pero a la vez sabe que es la oportunidad de su vida. Todo está oscuro, en puntillas atraviesa hasta donde se divisa el cuerpo del guerrero y sin dar tiempo alza la mano derecha apretando un enorme puñal. Tiuna siente el ruido de aquel viento feroz y cuando se endereza, la mano asesina clava el puñal en la parte izquierda cerca del corazón.

- ¡Ay! ¡Cobarde! ¡Traidor!

Tiuna logra levantarse con el puñal clavado en la tetilla y comienza una lucha atroz, su arrojo es de tal valor que logra con su fuerza hercúlea estrangular a aquel asolapado mercenario. Las sombras de la noche se hacen cómplices de aquella tragedia para desgracia de su pueblo, Tiuna agarra por la cabellera al mercenario y lo lleva hasta donde esta toda su gente, allí ante el asombro de todos lo tira a sus pies y dice:

- Sólo de esta forma pudieron acabar conmigo los españoles.

Y ante todos sus hombres se desploma también sin vida el más audaz y titánico de nuestros libertadores.

Esta tragedia creció con el dolor más grande, porque después solo vino la sumisión y la resignación de todos, a los hijos del infierno. Así fue de triste la historia de Tiuna el cacique de los ojos pardos y corazón de niño. Que hoy 12 de Octubre, día de la resistencia aborigen, es necesario decir su historia a todas las generaciones, y recalcar que aquí no descansa un pasado, aquí está toda la sangre libre de todos los siglos.

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