A veces mi imaginación
se pone perezosa, las ideas se ausentan, se van da vacaciones. Entonces
una querida amiga fricciona apasionadamente mi corteza cerebral con
la esperanza de producir una chispa que incendie mi única neurona
creativa en funciones. En alguna que otra de esas ocasiones tiene éxito
y entonces sucede que veo lo habitual de nuevos modos.
Veo lo conocido como
por primera vez dirían algunos, veo lo desconocido como si ya
lo hubiera vivido en otra oportunidad. Una de esas veces caí en cuenta
de que nos habíamos quedado pegados con la imagen y función inicial
del cine, cuando íbamos a aquellos edificios ostentosos obligatoriamente
vestidos de traje y corbata o no nos dejaban entrar.
Era como los bailes una
distracción colectiva para los fines de semana que luego de repente,
de un día para otro dejaron de serlo. Ya no tenías que ir a la mesa
familiar a invitar a alguien a bailar arriesgándote a obtener su visto
bueno o quedar en ridículo ante las miradas de todos. Ya podías ir
al baile o al cine con los amigos y amigas sin molestas miradas adultas
que resintieran el no haberlo podido vivir.
Mi neurona alborotada
me hizo ver que el cine había seguido evolucionando y era mucho más
que aquella imagen inicial con que había quedado grabado en la hemeroteca
generacional. Podría decirse que asistíamos a la maravilla de ver
nuestras imágenes y procesos mentales, nuestra memoria e imaginación
por primera vez fuera de nuestros ojos.
Pero era mucho más aún
lo que estaba en juego, porque no solo veíamos nuestro paisaje interno
proyectado en una pantalla sino que un chorro de luz según la velocidad
a que proyectara las imágenes o fotos estáticas pegadas linealmente
unas tras otras, se convertía para nosotros en pleno movimiento evidenciando
la ilusión de nuestros sentidos al respecto.
Se apagaban las luces
y si el film era dinámico y tenía suficiente encaje con nuestra intimidad
anímica en un instante nos olvidábamos de nosotros mismos, ya habíamos
perdido la sensación de seres racionales separados pendientes de nuestro
entorno para encontrarnos inmersos en el apasionante drama. Saliendo
luego fuertemente impactados por las emociones experimentadas vívidamente
y arrastrar esa atmósfera por un tiempo considerable.
Allí ya quedaba en evidencia
aunque desapercibido en sus posibles alcances y consecuencias el poder
de ese medio audiovisual para impactarnos, alterarnos, influenciarnos
profunda y sostenidamente. Pero ya un siglo antes un señor llamado
Freud paseaba por las instituciones de insania mental de su época.
Que eran algo así como
los lugares donde se guardaban las manzanas diferentes con las que no
se sabía que hacer para que no afectaran a todas las demás. El creyó
advertir en las conductas de esas manzanas ciertos mecanismos sicológicos
pero no encontró literatura con la cual pudiera dar forma a esas sensaciones.
Tuvo que navegar a contracorriente
2 o 3000 años en el océano del tiempo para recurrir a
los griegos y romanos, 5 o 6000 luego para abrevar de las
fuentes indias y egipcias de mítico pensamiento hasta encontrar formas
suficientemente amplias y flexibles para albergar aquello que creía
estar viendo, reconociendo pese a no poder verlo.
Los llamó traumas o
complejos síquicos narcisistas, de Edipo, Electra, Tánatos, etc. Y
pese a que tuvo que luchar mucho para que sus colegas admitieran tal
posibilidad como algo más que supersticiones no demostrables científicamente,
afectó fuertemente las ideologías predominantes de su época y con
el tiempo también las legislaciones.
Hizo que algo desapercibido
en la mirada ingenua de su época identificada con el paisaje heredado,
se volviera sobre las motivaciones íntimas y consecuencias de muchas
conductas incuestionadas y consideradas hasta entonces normales, preguntándose
cual era su origen y su validez. En cierto modo podríamos entonces
considerarlo un antepasado o antecedente del cine, pues apuntaba ya
en dirección a observar y dar formas, nombres, significados a los procesos
subterráneos hasta entonces no tenidos en cuenta de nuestros guiones
conductuales.
Luego aquella dirección
desarrolló sus herramientas y aparatos para externalizarse y venir
a hacerse visible y vivenciable en el mundo de los sentidos. Pero si
de rescatar pensamiento antiguo, si de incluir sensaciones que habían
quedado excluidas de la siquis epocal por supersticiosas se trataba,
aquello no quedó allí.
Porque las puertas quedaron
abiertas y por ellas entraron todas las viejas religiones y sus raíces
o núcleos míticos que vinieron a visitarnos actualizándose, remozándose,
vistiéndose con la imaginería y el lenguaje de la época.
De ese modo todo lo que
el pensamiento racional, sígnico, abstracto, reflexivo creyó dejar
atrás junto con las llamas de la inquisición se actualizaba y golpeaba
nuevamente a las puertas de la conciencia, que en ese entonces, como
en gran parte aún ahora, era considerada, si es que se la consideraba,
como una resultante pasiva de su entorno.
Cuando decimos que las
religiones de antaño vinieron a visitarnos, decimos que las fuerzas,
dinamismos y presencias que la conciencia vistió en aquél entonces
de dioses, se hicieron de un modo u otro nuevamente presentes y disponibles
a la conciencia colectiva. Que lo que no por desapercibido dejaba
de condicionar nuestra siquis y conductas volvía al escenario público.
Porque cuando uno considera,
siente y cree a la Tierra como un misterioso y divino ser vivo que nos
acoge en su seno, Demeter, Gaia o la Pacha Mama, está en el mundo de
un modo muy diferente a cuando cree que es un mecanismo estúpido, insensible,
inhóspito, en el que nosotros, la inteligencia, somos un accidente.
O un planeta prisión
al que venimos castigados por no se que pecado de un tal Adán que nos
desterró del paraíso, poniéndonos por futuro el Juicio Final hacia
el cual caminamos. Un lugar donde la vida solo es lucha en que el más
fuerte o astuto se impone para fecundar hembras cuyas futuras crías
puedan heredar sus genes, repitiendo ad eternum el guión no se sabe
muy bien para qué.
Estas variadas concepciones
que la humana conciencia ha parido y proyectado sobre la pantalla del
mundo, elaborando las sensaciones globales de esa relación, podríamos
entonces también considerarlos antecedentes del cine pero cual holografías
cuatridimensionales y dodecafónicas, porque sobre todo las ha
creído, vivido y actuado. Evidenciando así las funciones sicológicas
que luego se externalizarían haciendo posibles los diferentes medios
audiovisuales y sus efectos.
Por si todavía no ha
quedado en claro de lo que hablamos quiero contarles sobre una ocasión
cuando vivía en lugares apartados de las ciudades en la frontera entre
Brasil y Venezuela. Donde no disponía de luz eléctrica ni de agua
corriente y el vecino más cercano estaba a kilómetros. Allí no había
un sistema social que se impusiera ni nada hecho que comprar.
Por ello en lugar de
sentirse presionado a encajar en formas heredadas, hechas, se experimentaba
una fuerza íntima que te impulsaba a vaciarte, volcarte en tu entorno.
Allí volví a sentir la fuerza de los vientos y tormentas acercarse,
venírseme encima desde muchos kilómetros antes sobresaltándome. Sentí
densas presencias cuasi tangibles en la oscuridad.
Pero también pude verme
proyectando sobre cuatro palos enterrados para delinear la posible vivienda,
una vida, un futuro completo. Y tras unos años, un día me encontré
mirando sorprendido el paisaje que tanto me había atraído. Luego reconocí
que la sorpresa consistía en que lo estaba percibiendo sin la carga
anímica y las expectativas que sobre él proyectaba.
Aquello me generó en
ese entonces gran extrañeza, confusión, desorientación, incertidumbre.
Porque resultaba que las referencias de vida de que creía disponer
no estaban para nada en el paisaje y sí totalmente en mi conciencia,
en mi paisaje interno. Pero con el tiempo y los paisajes que se iban
desgastando y sustituyendo unos a otros comprendí que en ese fenómeno
de proyección reconocido en la experiencia, estaba la posibilidad
de superar lo que a veces me hacía creer unido y otras separado de
mi paisaje generando intentos, conductas en consecuencia.
Creando sueños y paisajes
futuros que me traerían la felicidad o la imposibilidad de lograrlo
me ocasionaría sufrimiento, con sus consiguientes e infaltables enemigos
que me lo dificultaban y amigos que me apoyaban y ayudaban. Estos son
los antecedentes cinematográficos que reconozco en la vida de hoy.
Hoy creo que lo que hemos
aprendido de ese fenómeno sicológico-audiovisual ha convertido al
mundo en un gigantesco cinematógrafo o reality show. Los medios de
comunicación están en capacidad de producir imágenes que impacten
la siquis, sus hábitos, creencias ingenuas, produciendo efectos programados
anticipadamente.
Por tanto, toda humana
producción aunque no lo notemos tiene muy poco de ingenua, pues está
pensada, premeditada para reproducir efectos específicos. Cuando vemos
un noticiero, entrevista, novela, comercial, estamos presenciando guiones
y argumentos producidos en laboratorio para propiciar y defender ciertas
opiniones, intenciones, intereses.
Pero lo mismo sucede
cuando asistimos a un discurso o manifestación, porque el cine comienza
en nuestra mente, en los paisajes y expectativas que proyectamos sobre
el mundo desapercibidamente. Así por ejemplo se nos culpa preventivamente
de lo que otras intenciones están haciendo, para escamotear y hacer
pasar desapercibido su accionar y anticipar acusaciones. El que acusa
primero acusa mejor y tiene más probabilidades de ser creído o al
menos genera la duda paralizante.
Un precedente claro es
el de los estudiantes que salieron a defender a RCTV, el canal al que
el estado representando a su pueblo, dueño del espectro de ondas electromagnéticas
decidió no renovarle su concesión. Entonces comenzó la representación
de un libreto, gingle, slogan publicitario elaborado para vender su
producto en el mercado de consumo, como un disco o una novela más.
Que quedó en plena evidencia
cuando luego de protestar por la falta de libertad de expresión fueron
invitados inesperadamente a exponer sus argumentos y debatirlos en la
Asamblea Legislativa, máximo órgano del Poder Popular constituido,
a ejercer plenamente sus derechos participativos y protagónicos democráticos.
Entonces tras ejecutar paso por paso el guión elaborado por una empresa
de publicidad, se retiraron abandonándolo por olvido.
Haciéndose así del
conocimiento de todos, desvirtuando la farsa y sus efectos. Lo cual
activó un debate verdadero entre los mismos estudiantes que hasta entonces
no habían tenido o encontrado un espacio de participación y aporte.
Otro ejemplo es aquello
del maletín con 800.000 dólares. Esta semana en Venezuela aparecieron
documentos donde ya se trata de cuando menos 6 maletines, más de 5
millones de dólares provistos por empresas y bancos nacionales e internacionales
para una conspiración en toda la regla. Allí se programa como infiltrar
las instituciones bolivarianas y hacerlas aparecer ineficientes y corruptas.
Aparecen los representantes
con nombres y números de cédulas y las cantidades que se asignan para
cada tarea. El objetivo es hacer fracasar la reforma constitucional
y los consejos comunales que se propone ahora incluir cual Poder Popular,
sexto poder en la constitución. Si no hay nada que denunciar pues se
lo inventa y se manifiesta en las calles con la presencia siempre programada
de los medios de comunicación prestos a divulgar la farsa.
¿Quién dice la verdad?
Eso no es lo importante sino quien dispone de la mayor cantidad de medios
de comunicación y machaca todo el día para desinformar impidiendo
que cualquier nueva dirección o interés gane terreno. Porque a fin
de cuentas nadie se entera de lo que no se informa, lo que no se publicita
no se vende. Es de ese modo como se nos mantiene sumidos en la incertidumbre,
desorientados y en consecuencia incapaces de iniciativa, paralizados.
A fin de cuentas no es
diferente a lo que se hizo con el alcohol y el cigarrillo. Nadie lo
inventó, ya estaba allí sucediendo, solo se lo utilizó convenientemente
para que redituara a ciertos intereses. Igual sucede hoy con las drogas,
prostitución, delincuencia, terrorismo. Con toda actividad humana ingenua,
se la intenciona y tecnifica, se la perfecciona y direcciona desde intereses
predominantes, desde el poder operante.
Esto sucede en todos
los ámbitos, la salud, la educación, la industrialización. Y gracias
a ello es que los países del tercer mundo pueden aspirar a recibir
transferencias de tecnología y recorrer el camino de la industrialización
en tiempo presente, evitando en lo posible los errores de aprendizaje
que el primer mundo arrastra cual inercia de los hábitos adquiridos
en tal desarrollo gradual o histórico generacional.
No sabemos en todo caso
si la conciencia colectiva, los pueblos pueden adaptarse a un cambio
veloz de sus hábitos y creencias, a que ritmo pueden asimilar toda
esa nueva información y convertirla en un ejercicio eficiente. Lo que
si comienza a quedar en claro es que estamos a las puertas de la cinematografía
mundial del siglo XXI.
Ahora los pueblos empiezan
a comprender que el acelerado ritmo de cambio por acumulación y aceleración
de experiencia y conocimiento histórico social, produce desorden interno
creciente en el modelo organizativo social, en la película proyectada,
por lo cual se abre la posibilidad de caer en cuenta o ver ese modelo
que hasta entonces resultó tácito, hipnótico.
Por tanto la constitución
y sus leyes no son sino el guión y argumento del futuro que nos elegimos
dar, que pintamos y escribimos para darnos dirección de lo que hemos
de construir conjuntamente. Y que por ende podemos cambiar cuantas veces
la experiencia nos muestre necesario sin pedir permiso a nadie más
que a nuestra necesidad y decisión.
Ese es el motivo y la
función de reformar nuestra constitución para darle una dirección
de igualdad, fraternidad, libertad y justicia a nuestro ejercicio socioeconómico
democrático y participativo. Así que desde ahora todos somos directores,
productores y protagonistas de nuestras proyecciones y únicos responsables
de que sean buenas, mediocres o sumamente aburridas.
Así pues sabiéndolo
o no, dioses intemporales, líderes históricos o simples mortales
sin pena ni gloria mediante, pareciera que es parte de nuestras capacidades
la de hacernos películas que proyectamos sobre el escenario natural
intentando darle valores, significados, sentidos, direcciones conductuales
que allanen nuestro deambular al garete en el océano del tiempo.
Lo interesante está
en saberlo y hacerlo conciente, intencionalmente. Reconociendo que no
estamos entrampados ni impotentes cual pasivas y sufridas víctimas
en coyunturas temporales heredadas, esclavos de mecánicos cursos de
acontecimientos. Sino que siempre hemos sido creadores de películas
y/o paisajes que cambian los cursos agotados de acción
Nos dijeron que la historia
se había muerto, que los ideales humanos no tenían cabida en el mundo
de la economía, que el modelo final ya estaba presente. Lo mismo creíamos
y esperábamos en Venezuela desde que comenzaron los cambios, que en
algún momento volveríamos a “la normalidad”.
Pero nunca sucedió.
Y eso es justamente la revolución. Somos y estamos viviendo la revolución,
nos estamos revolucionando. Somos la meca del cine del siglo XXI, escritores,
directores, productores y actores de los nuevos guiones y argumentos
escenográficos por representar y vivir. Poetas que aman la realidad
que construyen, que traen a ser. Porque haciéndolo nos vamos liberando
del determinismo de los guiones heredados.
michelbalivo@yahoo.com.ar