Maestra, no quiero aprender la "P"

No puedo quedarme dormido, doy vueltas en la cama, miro el techo, le cuento los agujeros, por donde se mete la luna y el agua cuando llueve. Me volteo y me asomo para ver los zapatos nuevos y el uniforme colgado en el clavito. Esta noche es lenta como la noche que se llevaron a Pedro, mi hermano, tengo un susto en la barriga y tengo miedo de aprender la ¨P¨.

Cuando llegamos esta tarde, mi mamá entró rápido para la cocina, montó la perolita del café con un poquito que había quedado de la mañana, se lo tomó, se puso las manos en la cabeza, se apoyó en la pared y rompió a llorar; siempre llora después de tomar café. Entró la señora Blanca.

¿María cómo dejaste a Pedro?
Bien, dentro de lo posible-, le contestó mi mamá, secándose la cara con el trapito de agarrar las ollas. Buscó en el cuarto el pantalón, la camisa del uniforme y la plancha, mientras la señora Blanca le hablaba.
¿Y eso, por fin le pudiste comprar el uniforme?
Sí, por fin le pude comprar el uniforme, mañana le toca ir para la escuela, vamos a ver si la maestra lo aguanta-, le respondió mi mamá.

Seguramente, cuando mi mamá me fue a inscribir, se lo dijo a la maestra, que yo era insoportable, que todo el día me la pasaba en la calle jugando pelota, porque ella siempre me dice que me gusta lo malo, que salimos igual a mi papá.

-¡Vamos a ver si a este le gusta estudiar!.., y no se escapa de la escuela para ir a matar pájaros, como hacía Pedro.

La señora Blanca me puso las manos en la cabeza, me sacudió los cabellos y comentó en voz baja:
- ¡ Estos muchachos sí que echan vaina!-, y se fue.

Mientras mi mamá planchaba yo recordaba lo que mi hermano me había dicho en la mañana: Chamo, mañana vas pa` la escuela, ¡qué arrecho! Se puso como triste, se calló un ratico y después me contó:

- “A mí me gustaba la escuela; siempre que pasaba por allí me quedaba viendo a los muchachos jugando en la cancha. La noche antes de ir a la escuela estaba contento, mi mamá me había planchado el uniforme y tenía zapatos nuevos, me tocó la maestra LUISA ¡ Maestra p`arrecha!

¡Mira tú, métete la camisa por dentro, amárrate las trenzas y ponte en la fila!
¿Yo?
¡Sí, tú!

Todos los días, antes de entrar al salón, se paraba como un soldado... bueno, después de hablar y reírse con los otros maestros, se ponía seria y comenzaba a dar gritos.

-¡ Pedro cállate, haz la fila! ¡Métete la camisa por dentro, amárrate las trenzas! ¡ Mira mijito deja de hablar! ¡ No van a entrar hasta que no se callen y formen como es debido!

Después, en el salón, llenaba la pizarra de letras y decía:
-¡Saquen el cuaderno, el lápiz, y copien!

Al salir, se paraba en la puerta y nos decía:
- ¡A ver si mañana hacen algo, hoy se portaron malísimo! ¡ Tú, Pedro, eres un desastre, a ver si te acomodas!

Repetí el primer grado, no aprendí a leer, ni a escribir, ni a copiar. La maestra siempre le mandaba notas en el cuaderno a mi mamá: “El niño no sabe leer, el niño no quiso hacer nada, el niño no se supo la lección”.

Al principio, se las enseñaba a mi mamá, pero como me caía a palos, después, arrancaba la hoja. Una vez la maestra le mandó un mensaje: “Ayude al niño con las lecciones”. Esa no la arranqué, pensé que me podía ser útil. Cuando logró descifrar el mensaje, -porque mi mamá no sabe leer muy bien que se diga-, se sentó conmigo y una tabla en la mano.

-Mira Pedro, por lo menos apréndete la “P” de Pedro, o la de palo, el que vas a llevar si no prestas atención.

Y eso fue verdad, he llevado el palo parejo.
Esa “p” me ha atormentado la vida.
Peleas, Policía, PTJ, Putas, y todo por la “P”.
Por “P” de ¡Pendejo!
Por no querer estudiar,
por “P” de Parrandero, de Peleador,
ahora me toca pagar con “P” de Preso.

Pedro se había quedado con todas las ilusiones de la vida, allí trancado, pero ahora sin la “P” de poder salir.

Maestra, ¿Será que yo voy a ser como Pedro? ¿Y, usted, como su maestra..., que nunca vieron nada bueno en él y él nunca vio nada bueno en la Escuela?

Ahora, montado en mi cama, agachándome a cada rato para ver mis zapatos nuevos y volteando a ver mi uniforme colgado en el clavito, pienso en usted... ¿Será que me va a recibir con una sonrisa cada mañana?.... Que me tome de la mano cuando esté perdido, que me abrace cuando me vea triste o cuando logre descubrir que me encanta aprender... ¿Será maestra, que usted tenga para nosotros un hermoso salón, lleno de cuentos, libros bonitos y figuras en la pared?... Me dejará usar mis colores nuevos, podré pintar mi casita, mi mata de mango y mi perrito. Maestra, será que tú le escribirás a mi mamá para decirle:

“Cada día el niño aprende algo nuevo.
La felicito señora, tiene un hijo maravilloso”.

Maestra, ¿Será que me encontraré en la cartelera mi nombre, mi foto con una palabrota “BIENVENIDOS NIÑOS”, amantes de la buena lectura, trabajadores, estudiosos, prósperos, productivos, participativos? Así conoceré otras palabras por “P”, y conoceré la “S” de solidaridad, de sabiduría: la “L” de libertad y la “F” de felicidad...!!

¡Buenas noches maestra, hasta mañana!

En memoria de Daniel
a quien le mataron su cuerpo,
quince días después
de salir de la cárcel,
y le asesinaron su espíritu,
mucho antes.

A los padres,
a los maestros,
con el propósito de que abonen la tierra,
siempre con palabras dulces
en sus corazones;
arranquen con cuidado la maleza,
y rieguen con sabiduría
las bondades de los niños.
Ellos son maravillosos!!!.

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