Una entrevista "macondica" con el presidente de Venezuela

Nota de Aporrea: Enviado por Koeyu Latinoamericano
Buenos Aires-Argentina, 01 Junio 2003


UNA ENTREVISTA "MACONDICA" CON EL PRESIDENTE DE VENEZUELA (I)

³Yo soy un militar peronista...² Un diálogo íntimo y de a ratos confesional
con un presidente que cuenta cómo llegó al peronismo en los setenta y cómo
aspira a un Mercosur con significado político, y hasta abunda en su vida
familiar, el rol de sus hijos y su estrecha relación con Fidel. Y cuenta,
como nunca antes, lo cerca que estuvo de morir ejecutado durante el golpe en
su contra.

Por Miguel Bonasso



La entrevista exclusiva que Hugo Chávez Frías brindó a Página/12 fue
macóndica en su desarrollo temporal: empezó a las 9 de la mañana del lunes
26 de mayo, se interrumpió a la hora y media porque el presidente de
Venezuela debía entrevistarse con su par argentino, Néstor Kirchner, y se
reanudó a las tres de la madrugada del martes 27, para concluir pasadas las
seis, cuando partió del hotel Four Seasons para abordar el avión
presidencial que lo llevaría a Perú y de allí a Caracas. Sin embargo, es un
documento excepcional tanto en el plano político como en el humano. Es raro
que un jefe de Estado hable de la muerte, de ciertas pesadillas reiteradas,
de las parejas que se frustran porque ³Venus no se sube al carro de Marte²,
de su relación filial con Fidel Castro o de esos ³niños² que reaparecen en
los momentos difíciles de su vida para fortalecerlo.
Es verdad que Chávez no es un jefe de Estado convencional, sino uno de esos
personajes antiprotocolares de gran carisma tipo subcomandante Marcos que
nuestro subcontinente suele parir de tanto en tanto, pero aun para un
transgresor de altura su libertad de palabra, su sentimiento a flor de piel,
lo singularizan en el mapa continental.
No existía hasta ahora un relato tan completo, casi en clave de thriller, de
los intentos por asesinarlo durante el golpe de Estado del 11 de abril del
año pasado, así como del papel jugado en la conspiración por Washington y su
embajadora Donna Hrinak.
La visión actual del continente no es menos interesante. Chávez llegó a la
Argentina en el marco de los festejos por la asunción del presidente Néstor
Kirchner y de inmediato captó el clima positivo que reinó en la ciudad:
³Creo que está naciendo un proyecto nuevo. Hay una gran expectativa, un gran
entusiasmo, voluntades desatadas. En las calles hemos visto mucha juventud y
es posible que una buena parte de esa gente movilizada sea la misma que
protestó violentamente en diciembre del 2001². Chávez bromea afirmando que
³hubo afecto a primera vista² con el nuevo presidente argentino, porque no
le parece ³muy varonil que se diga amor a primera vista². Pero se pone serio
al afirmar: ³De aquí hacia delante creo que hay que apostar por el triunfo
del presidente Kirchner (lo pronuncia Kirjner, con la Och¹ muda como se lo
enseñó el propio nombrado) y del proyecto histórico que él está encarnando
en este momento. Debo decirles que mi gobierno y yo en particular apostamos
y apostaremos duro a favor de su proyecto².
A Chávez, con su emotividad desbordante, lo ganó la expresión del argentino
cuando recibió la réplica de la espada de Bolívar que le trajo el visitante:
³Vi unos ojos emocionados, brillo en los ojos al agarrar la espada que le
estaba entregando². En otro tramo de la accidentada entrevista, el líder
venezolano elogió el discurso de la asunción en el Congreso y la sinceridad
del hombre que lo había pronunciado: ³Creo que Kirchner no es ningún actor
de reparto de un teatro, sino un ser humano auténtico y sensible,
comprometido con lo que dice. Y lo que dice es un discurso doctrinario, un
discurso patriótico, un discurso nacionalista, un discurso delineador con
algunos toques de Keynes².
En el plano de las primicias hubo dos de consideración: la voluntad de
Kirchner y Lula para que Venezuela se integre más temprano que tarde al
Mercosur y la visita de estado que Chávez realizará a la Argentina dentro de
tres o cuatro meses. ³Nos fijamos trabajar rápido. Yo le propuse al
presidente Kirchner y él estuvo de acuerdo en que yo quiero volver pronto a
Buenos Aires, pero antes de eso decidimos que pronto se comience a reunir
una comisión binacional de alto nivel. Es que tenemos que hacer un plan, un
mapa estratégico por donde encauzar una alianza estratégica
argentino-venezolana. Debe ser una alianza estratégica, no sólo un acuerdo
comercial, como decíamos anoche en la Cancillería mientras escuchábamos a
ese gran pianista y gran ser humano que es Miguel Angel Estrella.²
La primera parte de la entrevista (la sección matinal) se realizó en la
suite presidencial que ocupaba el mandatario venezolano en el antiguo Hyatt.
Concurrimos cuatro al abordaje: Ana de Skalon, el autor de esta nota, el
fotógrafo de Página/12 y Miguel Rep, que debía verlo en el encuentro de
intelectuales organizado por Luis Bilbao y Alicia Castro (que se postergó
hasta la noche) y tuvo un anticipo como colado. A Chávez le cayó muy bien el
desparpajo de Miguel. Ana también logró provecho de su exilio en Caracas
durante los años de la dictadura: el líder bolivariano le autografió un
pasaporte venezolano ya perimido y le dijo en broma: ³Puedes usarlo ahora
como pasaporte diplomático².
Hubo también un toque de nostalgia: con Ana le regalamos el video con la
entrevista que le hicimos en julio de 1992 para Channel Four de Inglaterra.
El joven comandante de paracaidistas estaba entonces preso por su alzamiento
contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez y comenzaba a generar desde la
cárcel una aureola de popularidad que en los años siguientes se volvería
imparable. El reportaje tuvo que hacerse de manera indirecta porque los
militares no nos dejaron ingresar al penal de Yare, donde Chávez y otros
oficiales del Movimiento Bolivariano estaban recluidos. Tuvimos que hacer
ingresar una pequeña cámara de video y un extenso cuestionario con su
abogado Freddy Gutiérrez. El presidente de Venezuela hace encender la
videocasetera y se ve a sí mismo, preso, proscrito y bastante más delgado,
en las imágenes registradas hace once años.
Cuando concluyó la primera fase de esta nueva entrevista, Chávez nos hizo
pasar al dormitorio de la suite presidencial, donde en la cama gigantesca su
pequeña hijita Rosa Inés, que está por cumplir seis años, dormía con la
carita engullida por las grandes almohadas. El presidente quería lucirla
como cualquier padre. Los que lo conocen bien dicen que hasta ha
interrumpido actos o reuniones de Estado cuando algún asistente le pasa el
celular con las palabras mágicas: ³Rosa Inés, que quiere hablar con usted².
³Anoche disputó con Fidel porque ella quería jugar y Fidel quería hablar
conmigo², ríe el antiguo paracaidista, mientras contempla a su hija más
pequeña, la del último matrimonio. Del primero, con la mujer que lo acompañó
durante 17 años en el carro de Marte, son la mayor Rosa Virginia (25 años),
que está embarazada de un varón; María Gabriela (23), que ya lo hizo abuelo
de una nieta hace cinco años, y Hugo Rafael, que está por cumplir 20. María
Gabriela, a quien Fidel Castro llama ³la heroína², fue la que anunció al
mundo que su padre no había renunciado y estaba en peligro de muerte.
La naturalidad del dirigente venezolano impide que uno se sienta intruso en
la intimidad presidencial; él acorta distancias hasta el punto de excusarse
por el desorden reinante en la habitación. No parece táctica para seducir,
sino genuina llaneza de espíritu. Cualidad que le sirvió en su corta visita
para granjearse la simpatía de no pocos que se habían quedado en el clisé
del ³militar golpista².
En rigor, como él mismo lo confesó la noche del 25, durante la recepción a
las delegaciones extranjeras en el Palacio San Martín, es un ³militar
peronista². La influencia del ³General² lo alcanzó en Lima, en los años 70,
cuando era un joven oficial politizado que leía como una esponja y tuvo
acceso a varios libros del líder justicialista, que ³empataban² muy bien con
la corriente aún vigente de los militares latinoamericanos enrolados en un
nacionalismo popular, democrático y progresista. Como el ³Chino² Juan
Velasco Alvarado en Perú, el boliviano Juan José Torres o el legendario Omar
Torrijos en Panamá. Todos ellos, a su vez, anudaron muy buenas relaciones
con Fidel Castro. Ninguno, sin embargo, se ha situado tan cerca en el afecto
y la esperanza del líder cubano como Hugo Chávez. A sus 48 años (cumple 49
el próximo 28 de julio), el venezolano puede considerarse una suerte de hijo
político de Fidel. Ante una pregunta en ese sentido de Página/12, respondió
con otra revelación muy personal: ³Te voy a confesar algo: yo hasta hace
poco siempre le había dicho hermano, pero hace poco Fidel me mandó una carta
de puño y letra preocupado por cosas de Venezuela. Leo la carta y hacía años
que no me sentaba delante de una vieja máquina de escribir que tengo, porque
la computadora no la siento. A mí me gusta escribir en máquina de escribir
porque las teclas me hablan. Así escribí incluso poesía, teatro. Vuelvo a la
carta: pasé esa noche como cinco horas y media y le mandé una larga
respuesta. Allí hay una frase en el sentido de lo que tú dices: ODespués de
haber leído las seis páginas de tu carta; después de haber leído palabra a
palabra, letra a letra esas páginas manuscritas por tu alma, en adelante no
sabré ciertamente si llamarte hermano o padre¹. Es el padre además porque me
cuida, Ocuidado con el avión, que esto, que lo otro¹. Cuando nos encontramos
en reuniones como ésta de Buenos Aires, después del abrazo de despedida,
alguno camina tres metros y se da vuelta ¹se me olvidó tal cosa¹, como que
no queremos irnos el uno del otro, pues².
Volvemos al tema estratégico de la ampliación cuantitativa y cualitativa del
Mercosur: ¿creyó percibir un guiño de Kirchner cuando dijo en el Congreso
que el Mercosur debería ampliarse? Es, claramente, la cuestión que más le
interesa. ³Venezuela quiere ser miembro del Mercosur. Lo dije aquí en Buenos
Aires en 1998 cuando aún era presidente electo. Luego mandamos una carta y
me invitaron a una reunión en Montevideo, de presidentes del Mercosur, donde
hice el planteamiento formal. Pero luego entramos cada uno a su crisis,
pues. La comunidad andina entró en su crisis interna de falta de cohesión,
falta de visión. Porque creo que son mecanismos que fueron hechos con el
viejo enfoque neoliberal. Por ahí no van las cosas. Y el Mercosur no deja de
tener por dentro la misma semilla (tecnocrática). Yo lo he dicho: ¿cómo
vamos los jefes de Estado o de gobierno a delegar en los técnicos el destino
de la integración? Se frenan las discusiones porque los técnicos no se ponen
de acuerdo en los aranceles, en los desgravámenes, en los impuestos, en el
acumulado histórico y por ahí no vamos a ninguna parte. Tiene que ser
político, aquí se impone en todos los órdenes el retorno de la política. Si
San Martín hubiera tenido a unos técnicos calculando las dificultades del
cruce de los Andes, si Bolívar hubiera llamado a otros, jamás hubieran
llevado a cabo la gesta emancipadora que requería audacia política. El
atreverse, como lo propone San Martín al decir: OSeamos libres, lo demás no
importa nada¹. Pero, sabes qué pasa, en las últimas décadas hemos colocado a
la política a la retaguardia. Es como si un ejército fuera a la ofensiva y
colocara la caballería a la retaguardia y colocara adelante la artillería.
Hay que colocar adelante los caballos más rápidos, los más audaces, con
lanzas largas como decía Páez: es la política, con la mirada, con la
astucia, con mucha inteligencia por supuesto. Entonces sí yo he tomado esto
(la alusión en el discurso del presidente Kirchner) como un guiño, como
dices tú. También Lula lo ha dicho. En una visita que hicimos hace poco a
Pernambuco, aspiramos a que Venezuela sea parte del Mercosur.²
Sería un nuevo bloque regional de peso en la comunidad internacional, ¿pero
es posible? El presidente Chávez sonríe de manera significativa: ³Es lo que
muchos quisieran evitar. Mientras nosotros tengamos la claridad de que eso
es necesario para superar el drama que estamos viviendo... Te lo reitero,
pues: ¡Se impone el retorno de la política!²

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De: [email protected]

Una Entrevista "Macondica con el Presidente de Venezuela" (II)

La muerte de uñas moradas
http://www.pagina12.com.ar

Desde los sueños recurrentes, donde la muerte es una señora de uñas largas y
moradas, hasta el relato minucioso de cómo se frustró su asesinato en la
noche que estuvo preso de los golpistas, pasando por su relación con las
mujeres ("Venus no se monta en el carro de Marte", dice), sus hijos y el
propio Fidel Castro. Las confesiones de una larga madrugada.

La muerte de las uñas largas y moradas en un sueño recurrente, la muerte
real en la isla del Caribe que evita al darse vuelta y mirar cara a cara al
sicario que lo ha puesto de espaldas; las parejas frustradas porque "Venus
no se monta en el carro de Marte"; las traiciones de algunos cuadros
cercanos; la conspiración en Washington; la hija que le salva la vida con la
ayuda de Fidel Castro, el hermano-padre. O esos niños también recurrentes
que aparecen en el momento oportuno, cuando todo está perdido, para darle
fuerzas. Estas y muchas otras confesiones jamás contadas se fueron
desgranando en la continuación de la entrevista interrumpida por la mañana.
Son las tres de la madrugada cuando la guardia abre las puertas de un salón
del hotel Four Seasons, donde el presidente de Venezuela ha recibido a
intelectuales, a industriales de Techint, a militantes de centros
bolivarianos, a decenas de personas citadas a las que atiende con su
proverbial sencillez. Hay que apurarse. Falta lo mejor del reportaje, un
relato que por momentos parece de Dumas o Le Carré y empieza de manera
obvia, con este simple disparador:

-Quisiera conocer sus vivencias del golpe de abril. La intimidad del golpe.
-La intimidad... Déjame ver por dónde te comienzo a seguir una línea que no
sea simplemente un recuento de hechos. Ellos habían decidido domarme, desde
el momento en que ya se hizo visible que yo iba a ganar las elecciones. Es
decir, antes de ser presidente. Cuando las encuestas reflejaron lo que iba a
ocurrir, los sectores pudientes del país decidieron acercarse un poco, a
tratar de rodear al presidente. Y eso se incrementa una vez que asumo.
Tenían un plan, pues, de tratar de desviarme, de que no hubiera quien
llevara adelante los planes de transformación. Cuando se dan cuenta de que
no consiguen domarme, entonces se van por la vía golpista. El golpe de
Estado en Venezuela tuvo tres disparadores. El primero de ellos es el 11 de
septiembre. Eso desató una nueva actitud del gobierno de Estados Unidos, que
comenzó entonces a alentar a la oposición venezolana. Ahí hubo un cambio
notable. Producto de unas declaraciones que yo emití sobre el ataque a
Afganistán, ellos mandaron a buscar a su embajadora de entonces (Donna
Hrinak), cosa que no había ocurrido nunca en Venezuela. La mandaron a llamar
para una consulta y regresó luego con un mensaje. Yo la recibí y déjame
decirte que la embajadora, en un tono muy desafiante, agresivo, me hizo una
serie de planteamientos. Yo me vi obligado a pararla y decirle: "Embajadora,
yo le recuerdo que está hablando con el presidente de este país, hágame el
favor y se retira y cuando usted entienda cómo tiene que hablar al
presidente de un país, usted regresa". La señora salió hecha una tromba.
Todo había comenzado cuando el bombardeo de Afganistán, yo hice una
declaración que me salió del alma porque vi una foto de unos niños muertos
por una de esas bombas que llaman inteligentes. Yo vi esa foto y dije: "Así
no, terrorismo con más terrorismo no es justo esto", ¿no? Me salió muy del
alma. Ellos lo tomaron como una agresión. Ahora bien, ese fue un disparador
y metió a la oposición interna a coger vuelo; se dijeron: estamos apoyados
ahora, vamos contra Chávez. Y comenzaron a viajar mucho a Washington, a ser
recibidos allá por funcionarios y a recibir apoyo, incluso abiertamente. Yo
una vez llamé a la embajadora y le dije: "Mira, tengo informes de que
ustedes están recibiendo allá a dirigentes de la oposición y lo vengo a
plantear porque me lo dijo alguien que estuvo en una reunión". Un venezolano
que invitaron por error, porque a veces se equivocan también, y este
venezolano que no es chavista vino alarmado y le comunicó a un amigo común
lo que él le oyó decir allá a gente de la oposición, que a Chávez había que
derrocarlo o matarlo. Y lo dijeron hablando con funcionarios del Pentágono.

El segundo disparador, también en el 2001, fue la aprobación en noviembre de
las 49 leyes transformadoras, revolucionarias: ley de pesca, ley de
hidrocarburos, ley de tierras, ley de finanzas, ley de impuestos sobre la
renta, leyes para sembrar el proyecto de la Constitución.

El tercer disparador, que era consecuencia del primero y del segundo, fue el
hecho de que un grupo importante de generales de la Nación terminaron
comprometiéndose con el sector empresarial, con el sector político golpista
y sus aliados internacionales. Fíjate que en diciembre un hombre en quien yo
creí mucho, (Luis) Miquelena, un hombre de una trayectoria larga, al que
conocí estando en prisión y al salir de la cárcel formamos el partido; el
que presidió la Constituyente (imagínate tú la confianza que yo le tenía),
este hombre comenzó a quebrarse. Una noche después de un extraño viaje a
Estados Unidos a un supuesto chequeo médico que se hizo muy largo, Miquelena
-que era ministro de Interior y Justicia- vino al Palacio y me dijo así,
abiertamente: "Mira, Hugo, yo vengo a plantearte que tenemos que dar un paso
atrás con estas leyes habilitantes que aprobaste; han generado todo este
conflicto, tenemos que anularlas". "No, le dije. Es el momento de
profundizar el proyecto de transformación." Luego vino la huelga del 10 de
diciembre, de la patronal, el lock out empresarial. Comenzó enero con
movilizaciones de la oposición, la campaña mediática incendiaria, llamando a
los militares abiertamente a conspirar y luego vino el golpe de Estado. ¿Por
qué se da el golpe de Estado? La respuesta se la di, ya estando preso, a un
obispo de la Iglesia Católica que era opositor desde antes que yo fuera
presidente. En el amanecer del 12 de abril de 2002 yo llego preso al comando
del ejército y allí me encuentro con el obispo junto a los golpistas.
Entonces los generales salen del salón para debatir con (el presidente de
facto Pedro) Carmona qué iban a hacer conmigo. El obispo se me acerca y me
dice: "¿Cómo se siente Chávez?". "Bueno, monseñor, yo me siento por supuesto
muy preocupado, pero déjeme decirle que muy bien espiritualmente." "¿Ah sí?,
¿por qué se siente bien, con todo esto que ha pasado?: los muertos, el país
dividido. ¿No cree que se hubiera podido hacer un esfuerzo mayor de
consenso, de diálogo?"
Yo le respondí: "Monseñor, no me venga usted a dar aquí sermones. Yo estoy
muy claro y usted debería estarlo. Yo estoy aquí sentado, no sé si me van a
matar incluso y no sé si me pesaría, porque estoy consciente de estar aquí
por haber sido fiel a un pueblo. Yo hubiera podido entregarme a esa
oligarquía fiera; hubiera sido fácil para mí, cualquiera de estas noche de
batalla que he pasado, llamar a palacio a tres o cinco personas y decirles,
está bien, qué quieren y hubiese terminado ese conflicto. Sólo que yo
hubiese pasado a formar parte de esa columna larga de los enanos de largas
trenzas, como los llama el poeta chileno Mafud Masis en su 'Oración a Simón
Bolívar en la noche oscura de América'. Y yo no seré nunca uno de tantos
enanos de largas trenzas como hubo en esta patria. Así que por eso estoy
bien espiritualmente". La fidelidad absoluta a la esperanza del pueblo basta
para aguantar lo que haya que aguantar y eso enriquece por dentro.
Ahora, déjame decirte algo, yo hoy me siento mucho más que ayer, a pesar de
los errores que como cualquiera he cometido, porque me he probado, vencí
halagos, vencí tentaciones del poder económico; yo pudiera ser rico ahorita,
pudiese tener cuentas y casas, pudiese tener mujeres, pero yo me he
mantenido fiel y ya sé que siempre me mantendré así.

-¿Hubo real peligro de muerte esa noche?
-Claro, me iban a matar, hermano. Los generales y almirantes que habían
salido para deliberar con Carmona entran en tropel. Eran muchos, como 60.
Algunos eran amigos de toda la vida, y eso es lo que duele, ¿no? De la misma
manera que debo decirte que muchos se mantuvieron fieles: por un traidor,
cien leales. Me colocan una hoja con una renuncia ya redactada y me dicen:
"Tienes que firmar aquí". Yo les contesto: "No, ustedes se equivocan". Los
miro a todos y les digo cuatro cosas: "Yo no voy a firmar ese papel, ustedes
parece que no me conocen a mí. Tantos años juntos en este camino y ustedes
no me conocen. Yo no voy a firmar eso. Ustedes con eso podrán hacer lo que
quieran". Eran como las cuatro de la mañana del 12 de abril y entonces les
dije: "Ustedes como que no se dan cuenta de lo que están haciendo, cuando
salga el sol dentro de poco, van a tener que explicarle a este país qué es
lo que están haciendo". Ellos vuelven a insistir en que tengo que firmar la
renuncia. Les digo que ni siquiera me muestren esa hoja. Entonces uno de
ellos dijo "bueno, eso no importa", agarró el papel y se lo llevó.

Luego me llevan a un sitio de reclusión dentro del fuerte Tiuna, al
regimiento de la policía militar. Y, a propósito del fuerte Tiuna, les
cuento algo que he dicho poco en verdad. Cuando yo decido entregarme (unas
horas antes, en el Palacio de Miraflores), en contra de la opinión de José
Vicente (Rangel), le digo: "Yo me voy a ir a fuerte Tiuna para ver qué pasa
allá". Pero lo que hay en el fondo de esa expresión es que yo iba como un
pez a su propia agua. Yo ahí me hice hombre, ahí me hice rebelde, conozco
cada cuadra, cada esquina. Y las eché de menos cuando salí de prisión y
entregué el uniforme. Debo decirles que de cuando en cuando el desierto
pega, el desierto pega, ustedes cruzaron el desierto y lo saben: entonces
fue el divorcio, los hijos pequeños lejos, enamorarme de nuevo y tampoco,
porque yo andaba en batalla... Una noche, con una botella de vino, le conté
mis penas al general Jacinto Pérez Arcay, que era comandante cuando yo era
cadete y me encendió la llama bolivariana. Un maestro de esos que uno tiene
toda la vida. Le digo que terminé con la amada, que ella me ama y yo la amo
pero no se puede porque ella quiere vivir, quiere playa y quiere fines de
semana...

-¿Era su primera mujer?
-No, era la segunda. Yo estaba divorciado de la primera, que me acompañó
durante 17 años y es la madre de María, de Rosa y de Hugo. Le cuento la pena
a este buen general, maestro y filósofo, que es muy severo en el análisis
pero profundo y me dice: "Hugo, ¿de qué te quejas, no te acuerdas de lo que
dijo Bolívar?". Ya al final de su vida Bolívar le dijo a Perú de Lacroix que
si María Teresa, su mujer, que se murió de unas fiebres muy jovencita, no se
hubiese muerto, él no hubiese sido más que alcalde de San Mateo. Así me dijo
Pérez Arcay y agregó: "Tú andas en el carro de Marte, Venus no se monta en
ese carro". Yo creo que sí se monta a veces, ¿no? Tú ves a Fidel y sus
soledades y entonces entiendes: es difícil el amor, la pareja en estas
circunstancias. Me ha pasado de nuevo, otro matrimonio e igual la tormenta
que lo rompe y ahí está esa Rosa Inés hermosa... (su debilidad, la hija
menor de seis años).

Les decía: fui a Fuerte Tiuna, como a mi propia agua. Como había ido en
secreto cuando salí de prisión en 1994. En 1994, 1995, yo estaba perseguido
y no tenía ni dónde vivir, dormía en una camita prestada en la casa de una
viejita que era la mamá de un oficial. La viejita se atrevió a alojarme,
porque casa donde yo iba, casa que era vigilada. Presionaban con llamadas
anónimas amenazando con destrozar a Chávez. La idea era aislarme de todo
contexto, de toda posibilidad, mientras las organizaciones avanzaban por
otro lado. No tenía ni carro. Un buen día, en mi cumpleaños del año '94,
unos amigos me trajeron una torta y me hicieron salir a la calle: "Mira
Hugo, ven a ver el regalo que te trajimos". Y era una camioneta usada, una
Toyota de esas Samurai, pero buena, ¿no? Empecé a recorrer el país con esa
camioneta, como siempre fortalecido, aunque de vez en cuando el sol del
desierto pega duro, y en esos momentos, cuando me sentía débil, yo buscaba
algún oficial activo, que fuese como Pérez Arcay, general, o coronel, y le
decía mira, vale, llévame a Fuerte Tiuna. Como no me dejaban entrar a Fuerte
Tiuna, ni a ningún cuartel, yo entraba a Fuerte Tiuna en un carro manejado
por un oficial al que no le pedían identificación y yo atrás, como leyendo
un periódico, pasaba. Y entonces yo le decía al oficial, mira, vale, damos
la vuelta por allá, párate ahí. Yo me iba donde un arbolito, yo me bajaba
ahí dos o tres minutos, daba unas vueltas por el fuerte y salía fortalecido.
No se lo dije la noche del golpe a José Vicente, pero yo quizá de modo
inconsciente quería ir al Fuerte Tiuna en vez de quedarme en palacio
resistiendo, porque los golpistas me llamaban que se venga a Fuerte Tiuna,
que se entregue aquí. Bueno, vamos y entonces, en efecto, comenzó a
funcionar algo.

Recuerdo que cuando llego hay un capitán o un teniente que lo ponen en la
puerta y siento que el muchacho me está mirando y yo lo miro. Primera señal.
Luego viene otro, se asoma y me dice tome esta piedra y frótela (esas
piedras de cuarzo que usan para la energía). Luego viene un tercero y le
digo: Consígueme un televisor, para ver qué está pasando ahí afuera, para
ver qué es lo que están diciendo por ahí en la TV, entonces el muchacho me
consigue un televisor y me pongo a verlo. Veo entonces que todos los canales
privados, porque el 8 (público) estaba fuera del aire, están leyendo que ha
renunciado irrevocablemente el presidente de la república y ha destituido al
vicepresidente Diosdado Cabello. Veo eso y pienso: "Estoy muerto, estoy
muerto, la única forma que yo no desmienta eso más nunca es que me van a
matar". Entonces le digo al teniente: "mira consígueme un celular por ahí",
y el muchacho me lo consigue, el muchacho me lo consigue. Llamo a Palacio y
llamo a mamá y a papá, y no responden; llamo a un hermano, tampoco, llamo a
mi hija María, que estaba escondida en una casa de playa del novio de su
hermana Rosa, que ahora es el marido.

"María, cómo estás", María tiene mucho de mí; Fidel la llama la heroína.
Rosa, la mayor, se pone a llorar, Rosa es muy sensible. María me dice como
animándome: "Papá, otra vez preso, qué broma tú, dónde estás". "No, mi vida,
estoy en el Fuerte Tiuna. Mira María, óyeme, llámate a alguien, llama a
Fidel si puedes." "¿Y qué le digo?" "Dile que no he renunciado, que yo estoy
preso y que me van a matar, pero que yo no he renunciado." Y la niña con
mucho aplomo me dice: "Papá, tranquilo". Y, en efecto, ella logró hablar con
Fidel y Fidel la saca al mundo. "Papá no ha renunciado, Papá es un
presidente prisionero." Rompió el cerco mediático por La Habana, fíjate.

Luego los hechos van desencadenándose, el pueblo empieza a movilizarse. Los
militares patriotas en Fuerte Tiuna empiezan a hacer planes para rescatarme.
Sabían -de eso me entero yo luego- que Carmona da la orden a unos almirantes
y a unos generales de que debo amanecer muerto pero que me apliquen la ley
de fuga, que parezca un accidente. Eso lo oyeron mesoneros (mozos) que se
habían quedado ahí, en Miraflores. Como para estos señorones los mesoneros
no son gente, no repararon en ellos y en los soldados que se habían quedado
y que oyeron cuando Carmona dio la orden a unos generales y unos almirantes.
Uno de los mesoneros empieza a llamar a oficiales leales y avisa: "Mira,
acaban de dar la orden de matar al presidente". Los oficiales empiezan a
moverse pero no pueden impedir que me saquen del Fuerte Tiuna en la noche y
me lleven a la bahía de Turiamo. Allí me iban a matar, allí me iban a matar.
Incluso ¿sabes de quién me acordé yo, ahora que estoy en la Argentina? Del
Che, porque yo sentí la muerte, yo dije hasta aquí llegué. Como ves (el
presidente Chávez se abre la camisa y saca un crucifijo de metal que lleva
colgado), cargo el Cristo que me había dado Pérez Arcay cuando iba saliendo.
"Lleva este Cristo", me dijo y yo lo cargaba cuando me bajé del helicóptero
en la base naval de Turiamo, donde estuvieron a punto de asesinarme.
Al bajar del helicóptero y empezar a caminar observé un conflicto entre los
militares que me custodiaban. Dos de ellos estaban ahí para matarme, pero
otros no, otros eran constitucionalistas. En el momento en que están por
cumplir la orden y yo estoy parado así, uno de los mercenarios estos me da
la vuelta y se pone por detrás y yo pienso "éste me la va a dar por la
espalda". Yo volteo y le veo la cara: "Mira lo que vas a hacer", le digo, y
en ese instante salta un muchacho oficial por mi costado y dice: "Si matan
al presidente, aquí nos matamos todos". Eso neutralizó a estos dos
mercenarios y me salvó la vida. Después llegó otro oficial y me dijo:
"Tranquilo, aquí vamos a buscarle dónde dormir", y me buscaron un catre de
cuartel. Sentí que el peligro de muerte había pasado. Luego se
desencadenaron los hechos y me trasladaron a la isla de Orchila, en el
Caribe venezolano. Allí hay otra base naval. Pero antes de eso, ahí mismo en
Turiamo, ya los muchachos de Marina estaban haciendo planes para detener a
los jefes de la base y llevarme por tierra a (la guarnición de) Maracay,
donde estaba firme el general (Raúl) Baduel. A todo eso yo había pedido un
short y una franela (camiseta) para ir a caminar cuando saliera el sol. Me
dieron permiso y se pegaron a mí, trotando. "Tranquilo -me decían- que
Maracay está en la calle y el general Baduel está firme."

-Baduel es compañero suyo de promoción, ¿no?
-Yo le llevo un año, pero es como si lo fuera. Es un hermano de muchos años
Baduel... Yo me sentía ya adueñándome de la situación; había sargentos que
me obedecían y listos para cuando capturar a los coroneles y los capitanes
de navío, cuando les dieran la orden. Me decían: "Ahí tenemos camiones, en
dos horas estamos en Maracay". Sin embargo yo les dije: "Aguanten muchachos,
esperen que llegue la noche. Estén pendientes con Maracay, comunicándose con
los paracaidistas". Los paracaidistas ya sabían que yo estaba en Turiamo,
así que ya me tenían ubicado y haciendo planes. Entonces me llevan a la
Orchila, adonde mandaron al cardenal y a unos militares golpistas. El
cardenal me dijo que yo debería colaborar y firmar la renuncia. Yo después
me entero por qué: desde Washington pedían copia de la renuncia firmada. Hay
una carta que envía el encargado de negocios de Venezuela diciendo que lo
llamaron del Departamento de Estado ese día y le dijeron que el gobierno
norteamericano veía con buenos ojos el gobierno de transición pero que
necesitaban urgentemente la renuncia firmada. Entonces los golpistas
mandaron al cardenal para que a nombre de Dios me pidiera un sacrificio más
por el país. Incluso tenían un avión listo allí para que yo fuera donde
quisiera.
Yo había decidido no irme y estábamos en eso cuando anuncian que vienen los
paracaidistas, que viene un escuadrón de helicópteros a la isla a
rescatarme. Yo me doy cuenta de que la situación ha comenzado a cambiar
porque el mismo almirante que era el jefe de mis captores en esa isla viene
de repente a hablar conmigo, se para firme y me dice "señor presidente". Y
yo me dije: "Aaayyy, algo está pasando en el continente". Antes observo que
los muchachos de la Marina que me están custodiando comienzan a adoptar
posiciones de combate en torno a la casa donde yo estaba, allí en la playa.
Veo unos comandos que empiezan a perderse a buscar visores nocturnos y a
establecer posiciones defensivas. Entonces yo les digo, ya medio dueño de la
situación: "¿Qué es lo que están haciendo ustedes allí?". "Bueno, no mi
comandante, el almirante dio la orden de que asumiéramos posición de
defensa". "Llámame al almirante", le digo. El cardenal y los dos coroneles
están ahí cuando el almirante viene, se para firme, y me dice "ordene, señor
presidente". Ahí todos entendimos y el cardenal se puso blanco. Entonces me
dice el almirante: "Presidente, le pido que me atienda en privado". Me paro,
pido permiso al señor cardenal, me voy con el almirante, le pongo la mano en
el hombro y le digo: "¿qué te pasa?". "No, comandante, que la situación allá
está muy difícil en verdad, el pueblo está en la calle, yo estoy cumpliendo
órdenes, pero cuente con su vida, yo estoy aquí para protegerlo." "¿Para
protegerme de quién?" Me dice: "Baduel está con los paracaidistas, vienen en
el aire y no quiero muertos allí, si usted puede llámelo y hable con él".
Pido comunicarme por radio, Baduel no venía, pero venía otro general y otro
almirante. No hubo un disparo, ellos sencillamente se entregaron, entregaron
las armas y me liberaron allí mismo.
(En ese momento entró al salón donde se hacía la entrevista María Gabriela,
la segunda hija del presidente Chávez, una muchacha morena de 22 años, a la
que el líder venezolano -visiblemente orgulloso- le hizo repetir la historia
del llamado a Fidel Castro que él mismo nos había contado.)
María, señalando a su padre: Nosotros estábamos escondidos y él nos llamó.
Mi hermana lloraba muchísimo. Yo soy muy llorona también, pero ese día yo
dije, no, no tengo que llorar. Cuando agarré el teléfono, nos echamos a dar
bromas, ¿te acuerdas, papá? "¡Qué cosas, pórtate bien!" Luego de echar
bromas ahí, él me dijo: "No he renunciado". Yo le dije que en la televisión
estaban mostrando su renuncia, me contestó que era mentira y que me
comunicara con alguien. Llama a tu tío, me dijo, pero no era sencillo, todos
estábamos escondidos. Apenas suelto ese teléfono empiezo a llorar. Pero
luego reaccioné y empecé a buscar a Fidel hasta que logré hablar con él, y
Fidel me dijo de hablar con Randy Alonso, que es el conductor de la mesa
redonda, y Randy me entrevistó.

Chávez, abrazándola: Fidel la llama la heroína. Te digo otra cosa, conversar
con mis hijas María y Rosa a mí me dio mucha fuerza. En un momento en que yo
estaba como resignado a lo que fuese, comienzo a reaccionar, a responderme a
mí mismo, a ponerme de pie y a decir esto no ha terminado. Hay un efecto
sobre mí, chico, que tiene que ver con los niños. Había ahí una enfermera en
Turiamo que me fue a chequear en la noche del 12, antes que me llevaran a
Orchila, ella me toma la presión, descalzo, en shorts, y me dice: "Mi mamá y
yo que lo queremos tanto, pero quién iba a pensar que lo conocería así,
tanto que yo quise conocerlo". Y me cuenta, entre lágrimas, que tenía un
niño. Se va y me deja tocado. Empiezan a aparecerme niños y empiezo yo a
pensar en los niños, sobre todo en los niños pobres, en manos de esta
caterva de traidores gobernando. Me voy al baño y lloro, lloro mucho, pero
salgo de ese baño de pie otra vez. Me digo: "No, esto no puede quedarse así"
y empiezo a reaccionar. Ahora tú sabes que a mí me ha pasado eso de los
niños varias veces. Yo tengo un sueño recurrente con la muerte. El más claro
que recuerdo lo soñé cuando fui a Pernambuco a un encuentro con Lula. Un
sueño muy clarito, parecía una película. Soñé que estaba por allí y que
salía la muerte buscándome. Se estaba llevando gente y andaba por mí.
Entonces yo digo "voy a enfrentar a esta muerte. Una mujer elegante, madura
pero no fea, con largas uñas moradas". Empiezo a hablar con ella: "Ah,
bueno, me vas a llevar", como resignado pues, y de repente yo le pregunto a
la muerte: "Bueno, qué es lo que estás pensando que pasó, qué hay que
hacer". De pronto pasa un niño y la visión del niño me hace reaccionar
contra la muerte y le digo: "no, no, no, oye, ¿qué derecho tienes tú para
llevarme a mí, qué voy a hacer después con esos niños?". Y me escapo,
entonces me convierto en un avión que va volando. En un avión así angosto, y
un ala choca y no cae, sin ala sigue volando y detrás venía, ahora sí, el
monstruo, y el avión yo sé que se metió en un pajo pero yo me escapé al fin,
porque luego, como en una película, aparezco en un pueblo, caminando,
pensando "me escapé". Pero de repente en la esquina la veo parada. "¡Coño,
está la muerte otra vez!" Entonces veo ya no es la muerte, es la misma
mujer, pero me sonríe y está con un niño. Yo, un poco temeroso me acerco,
"te presento a mi hijo", y ahí terminó el sueño. Yo lo he soñado como dos o
tres veces, o sea que aquí por dentro hay una fuerza que me dan esos niños,
una fuerza que se resiste a ser derrotada o a morir.

(Chávez bosteza, está agotado después de una jornada interminable. Pregunta
la hora. Nos da vergüenza decirlo: las cinco y media de la mañana. Atrasó la
salida del avión presidencial para cumplir su promesa de la mañana. Aunque
todos estamos destruidos, Hugo Chávez quiere agregar algo, que también tiene
que ver con la señora de las uñas moradas, a la que ha burlado con el
hermano-padre que es Fidel Castro.)

La llamada de Fidel fue definitiva para mí. Llamó a las 12.05 de la noche
del 11 de abril, cuando yo estaba en el dilema de resistirme o entregarme.
No sé cómo entró al Palacio de Miraflores la llamada de Fidel, porque los
teléfonos estaban saturados y saboteados. Fidel me pregunta cómo está la
situación. Le comento rápidamente y entonces me dice: "Mira, te voy a decir
algo, salva a tu gente y sálvate tú, haz lo que tengas que hacer, negocia
con dignidad, no te vayas a inmolar, Chávez, porque esto no termina ahí. No
te vayas a inmolar".
Al rato sale del hotel, con la comitiva y la custodia. Rosa Inés, su nena
mimada, camina a su lado. Los dos van muertos de risa. Si la mirada logra
abstraerse de la escolta, nadie diría que es el odiado e idolatrado Hugo
Chávez. Sino un hombre del pueblo que le va sonriendo a su hija de seis
años.

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Buenos Aires-Argentina, 01 Junio 2003

GOBERNABILIDAD, PETROLEO Y REFERENDUM POLITICO
Balance de situación en Venezuela
Por Miguel Bonasso
http://www.pagina12.com.ar

Hugo Chávez le dijo a Página/12 que la situación de gobernabilidad ha
mejorado de manera notable en Venezuela, con relación a diciembre del año
pasado, cuando la oposición lanzó el golpe petrolero. El presidente
venezolano habló del tema del referéndum un par de días antes de sentarse a
negociar con la oposición. Y utilizó una metáfora futbolera muy expresiva:
el no piensa apoyar a los que quieren derribarlo, si lo consiguen deberá ser
dentro del marco constitucional.
³Desde que empezó la oposición pidiendo la renuncia y desestabilizando el
país, nosotros dijimos, pero bueno, aquí hay una Constitución. Reconozcan
que aquí hay una vía para tratar de removerme del gobierno antes de que
termine mi mandato. Ellos tienen que esperar que se cumpla la mitad del
período y cumplir con una serie de requisitos. Ahora, es muy positivo que
una oposición desesperada que tomó el camino del golpismo al fin acepte, y
vaya a firmar pasado mañana (por el jueves último) un acuerdo con el
gobierno, donde reconozcan que la salida electoral pacífica es la que señala
la Constitución de un referéndum revocatorio. Es bueno aclararlo porque de
manera mediática se ha generado confusión y algunos piensan que nosotros
firmamos un compromiso para ir al referéndum revocatorio. Yo no voy a llamar
a revocatorio contra mí mismo, no voy a meterme en el equipo contrario.
Hazme tú los goles que yo me voy a preocupar por defender mi arquería. Ellos
se comprometen a seguir la vía de la revocatoria: tendrán que recoger las
firmas, tendrán que instalarse, habrá que verificar si las firmas son
válidas. Entonces será el Consejo Electoral el que convoque, pero solo
después del 19 de agosto.²
³Ese es un paso muy positivo que refleja cómo la situación ha venido
retornando para validar el marco constitucional. En cuanto a la estructura
económico-social, allí tuvimos bastantes dificultades. Ahora fíjate,
nosotros cuando comenzó la huelga petrolera estábamos produciendo 0 barriles
de petróleo.
²No exportábamos un solo barril, no teníamos un solo barco que se moviera.
Hoy, apenas cuatro meses después, estamos produciendo más de 3 millones de
barriles diarios. Hemos recuperado la empresa de manera total, hemos
despedido 17 mil gerentes y técnicos (que estuvieron en la huelga). Algunos
simplemente abandonaron su trabajo. Las reservas de divisas se están
recuperando gracias al control de cambios (estamos por encima de los 16 mil
millones de dólares), hemos comenzado a bajar la inflación que se disparó en
el 2002 como producto de todo ese desastre y el país entra en una nueva
etapa.²
³Hay un nuevo impulso a la inversión, hemos recuperado la inyección de
recursos a la infraestructura, reactivando carreteras que estaban
paralizadas, además de la construcción de viviendas. Hemos reactivado el
crédito agrícola y hemos firmado un convenio con la banca privada por el
cual esta se compromete a dejar 500 mil millones de bolívares para el
crédito a la pequeña y mediana empresa. La situación no es color de rosa,
desde luego, pero ha mejorado sustancialmente con lo que ocurría hace cinco
meses.²

Enviado por
Revista Koeyu Latinoamericano
Caracas, Venezuela

[email protected]

http://www.koeyu.com/


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Miguel Bonasso / Página 12 Argentina


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