El día que Bolívar jugó carnaval

1 Regresar a la cuna es reencontrarse. En su última visita a Caracas, Bolívar vuelve a ser integrador. El 3 de septiembre de 1826 salta sobre su montura en Lima y cabalga millar y medio de leguas juntando tropas.

No es visita de cortesía. Los caudillos locales conspiran para desmembrar la Gran Colombia en lo que el Libertador llamó "republiquitas". Es el bolivarianismo sin Bolívar. Éste cabalga afiebrado por Pamplona y llega a Maracaibo. El 16 de diciembre escribe al general Mariano Montilla, intendente de Cartagena: "Venezuela arde en guerra civil (...). Los partidos y las partidas se baten por todas partes. Yo parto pasado mañana con las tropas que he sacado de aquí para irme a poner entre Páez y Briceño, que manda en Puerto Cabello". De seguidas pide el envío al puerto del batallón Callao, "porque no tomará partido sino por quien lo mande".


2 Bolívar vuelve a ser unificador. Ante su prestigio y el renombre de sus milicias calla la algarada. Apenas Páez, cabeza del proyecto secesionista, se atreve a dirigírsele sin reconocer su investidura. El 23 de diciembre Bolívar lo fulmina en carta desde Coro: "La proclama de Ud. dice que vengo como un ciudadano: ¿qué podré yo hacer como un ciudadano? ¿Cómo podré yo apartarme de los deberes de magistrado? ¿Quién ha disuelto a Colombia con respecto a mí y con respecto a las leyes? (...). No es posible general, que Ud. me quiera ver humillado por causa de una banda de tránsfugas que nunca hemos visto en los combates". Buenas son razones, si se apoyan en batallones El 3 de enero recibe en Puerto Cabello el decreto de Páez que reconoce su autoridad, anula la convocatoria de un congreso separatista y admite la de una convención grancolombiana "que se ocupe de las reformas reclamadas por los pueblos para decidir de la suerte de la República".


3 Bolívar vuelve a ser mito viviente. El miércoles 10 enero entra en Caracas en carroza triunfal. Según el cónsul británico, sir Robert Ker Porter, "Las ventanas, balcones y plataformas provisionales estaban atestadas de damas luciendo sus más ricos y alegres atuendos -ornados con todo tipos de flores- y no pocas libaciones de agua de rosas fueron derramadas en ambos héroes y los dolmanes de sus dorados uniformes.

Muchas de las damas derramaban lágrimas de alegría, e idénticos sentimientos humedecían incluso las mejillas color de arena de sus hermanas de piel más oscura.

Bolívar guardaba un continente solemne pero afable inclinándose ante todos, y ocasionalmente quitándose el sombrero". En la Catedral se ofició un Tedeum. De allí, atestigua sir Robert, "caminó a su propia mansión, donde multitudes de parientes y amigos esperaban su llegada, con varios etcéteras alegóricos de banderas e inscripciones portadas por ninfas, cupidos y otros emblemas de sus méritos y del pacífico regreso a Venezuela".


4 Bolívar vuelve a ser ciudadano. El sábado 13 de enero la municipalidad le ofrece un banquete. Diluvian discursos que lo califican de inmortal, del más grande héroe de la época y del universo, de merecedor de honores divinos. La niña María de la Paz Caraballo Rubí le ofrece dos coronas. El Libertador responde: "Dos coronas me presenta un ángel: esta de flores representa los derechos de los colombianos: esta corona corresponde al pueblo. Esta otra es de laureles, corresponde al ejército libertador: todos habéis sido soldados del ejército: todos sois libertadores: esta corona es vuestra".

Acto seguido, las arroja a pueblo y soldados. Apunta el imperturbable sir Robert Ker Porter: "En ese instante, brillaron lágrimas en los ojos de Su Excelencia".


5 Bolívar vuelve a ser niño. El 26 de febrero, domingo de Carnaval, el solemne sir Robert se encierra en su casa pues llega "la desagradable temporada en la que esta gente ataca a los peatones con huevos llenos de fluidos de distintas especies y los cubre sans respect enteramente con harina, almidón y otros polvos molestos". El lunes consigna que Bolívar está en casa del general del general Ibarra donde, "se me dice, luce una chaqueta blanca, y se une al escandaloso lanzamiento de huevos y otros deportes del festival como si fuera un muchacho de 18 años".


6 Bolívar vuelve a ser enamorado. El 10 de marzo, mientras sir Robert le esboza un retrato, el Libertador cuenta que acompañado sólo de un oficial y un asistente, cabalgando para unirse con una partida de revolucionarios se detuvo en un hato para que las monturas descansaran. La seductora hija del dueño le propuso que pasara la noche, con la promesa de visitarlo en su habitación a las diez. Varias horas se debatió el prócer entre el placer y el deber: al verificar en su reloj que eran las ocho, saltó de la cama y ordenó ensillar. Así se salvó de caer prisionero de una partida de veinte dragones realistas que la malvada coqueta había idoabuscar.


7 Bolívar vuelve a ser custodio de las leyes.

Trata de poner orden en la Hacienda, donde las autoridades se han repartido una deuda pública de 71 millones de dólares. Por otra parte, el petrimetre Valdés vive en "estricta intimidad" con el francés Marquise, y lo asesina a cuchilladas para robarlo. El Libertador deplora que "tenemos tantos parientes, compadres y comadres y hay tantos subterfugios en la ley que, mientras tales absurdos e injustos sentimientos se permitan, así como la desviación ligada a ellos, la justicia no se administrará imparcialmente. Por tanto, temo que no será castigado".

Condenado a muerte el lechuguino, el Libertador rechaza las presiones alegando que "No hace más que dos días tres valientes soldados que pelearon por la Libertad de su país murieron; por un crimen trivial en comparación con los muchos del señor Valdés, y ni una mano se levantó ni una lágrima se derramó para interceder por sus vidas -no- no quiero oír hablar más de piedad". El petrimetre marcha hacia su destino. Bolívar deja Caracas hacia el suyo, más terrible: la desintegración de su obra a manos de subordinados traidores.


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