"No se miente cuando se dice una cosa falsa en la que
se
cree o de la que se tiene la opinión de que es verdadera."
San
Agustín
Durante la cuarta cruzada que arrasa Constantinopla en 1204, Baudolino
- novela del brillante filósofo italiano Umberto Eco – logra salvar la vida del
canciller Nicetas Coniates y su familia. Desde un refugio donde esperan el
momento oportuno para escapar, Baudolino relata la historia de su vida,
la cual no es mas que una sucesión de mentiras que terminan por convertirse en
su propia verdad.
La mentira es producto de un acto intencional. San Agustín señalaba que
"no hay mentira, por más que se diga, sin la intención, el deseo o la
voluntad explícita de engañar." (Oeuvres de Saint Augustin, 1937-1948) El
mentiroso debe tener conciencia de sus falsas aserciones. No obstante, la
mentira puede llegar a engañar a quien la dice. En "Verdad y Política" (1968),
Hannah Arendt destaca lo difícil que es mentir sin mentirse a sí mismo;
"cuanto más éxito tiene un mentiroso, más probable resulta que sea víctima de
sus propias invenciones." Pero cuando la deformación de la realidad se hace
estrambótica y evidente, la mentira comienza a desmoronarse por si misma, tal y
como ocurrió con el "firmazo" del pasado 2 de febrero.
De acuerdo a Carlos Ocaríz, del ultraconservador Primero Justicia, la
oposición recolectó "40 millones de firmas" (Ultimas
Noticias, 4 de febrero de 2002), resultado que obtiene luego de multiplicar
por 10 planillas - en lugar de dividir - las cifras preliminares que ofreció en
exclusiva la vicepresidente de Fedecamaras y vocero oficial de la Coordinadora
Democrática, Albis Muñoz. Asimismo, Gerardo Blyde aseguró que el 60% de estas
rubricas - 24 millones - provenían de las zonas populares del país. (Unión
Radio, 3 de febrero de 2003); mientras que Antonio Ledezma afirmaba que con las
780 mil firmas que se recogieron previamente se lograba "más del 60% de los
electores del registro electoral permanente." (El Nacional, 4 de febrero
de 2002) Sin embargo, la empresa Súmate, encargada de contabilizar y auditar las
firmas, no se atrevió a suministrar resultado alguno, y aunque prometió dar el
total no auditado en 48 horas, la Coordinadora Democrática le "pidió" que no
revelara las cifras "hasta que culmine el proceso de recolección", (Últimas
Noticias, 6 de Febrero de 2003) el cual podría extenderse
indefinidamente.
No obstante, el objeto de esta mentira no es engañar al gobierno y sus
simpatizantes, sino contener el impacto del fracaso del paro en una masa
opositora agobiada que ya comienza a revisar su apoyo a quienes la embarcaron en
una aventura golpista.
En un excelente articulo publicado en The New York Times el pasado 3 de
febrero, Juan Forero señala que después haber contado con un fabuloso plan para
forzar la renuncia de Chávez, la oposición sufría una "irritable derrota", y que
a partir de ahora concentraría sus esfuerzos en negociar con el gobierno unas
elecciones "que Chávez muy bien podría ganar." Forero cita al escritor Alberto
Garrido, quien sostiene que el "firmazo" no fue mas que un "clímax emocional"
que sirvió para que la oposición evitara "reconocer que su estrategia estuvo
siempre equivocada." Por su parte, Scot Wilson del Washington Post (4 de
febrero de 2002) manifiesta que el levantamiento del paro "hizo oficial lo
que ya venia ocurriendo por semanas: la erosión del apoyo del sector privado a
un! paro financieramente devastador." Para Wilson, el "éxito" del paro que
anuncia la Coordinadora Democrática contrasta con la rabia de empresarios
venezolanos, quienes estarían reconsiderando su apoyo a la oposición.
Ante esta situación nada mejor que "40 millones de firmas" para
"insuflarle al opositor común y corriente un cierto hálito de esperanza" (A.
Agudelo, El Mundo, 6 de Febrero de 2003), y como ocurrió con Baudolino,
darle sentido a su existencia.
Antonio Guillermo García Danglades
Internacionalista
agd67@hotmail.com