Vladimir Villegas, "Mi cochinito favorito", y Oscar Yánez. ¡Asuntos de clase!

Me contó un amigo que hace poco fue al Junquito. Su idea era comer cochino frito o asado. Pero primero quiso pasear con su acompañante por la larga y congestionada calle del pueblo. De metro en metro, le salían dos o tres muchachos ofreciéndoles probar el cochino frito y asado de diferentes restaurantes. Cuando llegaron al final de la caminata ya habían comido lo necesario. No hacía falta más. Ellos no pagaron nada.

Este lapso que va o ha transcurrido de 1998 hasta hoy, ha producido acontecimientos, circunstancias, saltos de talanquera, cambios inesperados y hasta inexplicables, que quienes lo hemos vivido, viniendo de la etapa anterior, ya no le queda espacio para asombrarse. Los saltos de talanquera se han dado hasta de ida y venida.

Comenzaré por recordar cómo una reina de belleza, Irene Sáez, con lo que ella significó, se convirtió en candidata a la presidencia de la república, estuvo punteando largo tiempo las encuestas y al final llegó cerca de los dos primeros y eso, por el cerco que le tendió la derecha a ella y al candidato que al final resultó ganador. Igual que como se presentó al escenario de la política de ella desapareció sin dejar rastros. Claro, debí comenzar por destacar como un militar, habiendo llamado la atención a los venezolanos por lo que habitualmente ellos hacían para llegar al poder, liderar un golpe de Estado, lo que el pueblo siempre ha rechazado, terminó siendo electo por el voto popular y el gran líder de los socialistas e izquierdistas de Venezuela y ¡cuidado que mucho más allá! La derecha cree que como ella, desde aquel día, el pueblo es golpista. ¡Cuidado! Los tiros pueden salir por la culata.

Presenciamos algo insólito en este mismo tiempo. "El caudillo" Alfaro Ucero, el último de los "Mohicanos", "Bueyes Cansados", fundadores de AD, jefe supremo del partido, siendo su candidato presidencial y ante "la amenaza" que para ellos significaba Hugo Chávez, fue víctima de un alzamiento de la Dirección Nacional, que antes le había seguido con veneración, la que le expulsó por no aceptar deponer su candidatura a favor de Enrique Salas Romer. Es decir, el ancestral sectarismo adeco se fundió y fueron a ponerse a la orden de un oligarca de Valencia. "¡Lo primero es el comer, la moral viene después!"

Hemos visto como viejos jefes guerrilleros que invirtieron bellos años de sus vidas en las montañas, siguiendo los "Pasos Perdidos", sólo por recordar a Alejo Carpentier, de Ernesto Guevara, Camilo Torres, Fidel Castro y tantos soñadores "como en el mundo han habido", terminan sus vidas sirviendo hasta de guardaespaldas a las clases que antes combatieron y al imperialismo al que desde niño identificaron como el enemigo principal.

En este período, que no es tan largo, el petróleo ha subido y bajado, causando tantos traumas o situaciones tan divergentes, como aquella de la "Gran Venezuela" de Carlos Andrés Pérez, del "ta barato dame dos", el triunfo demoledor de este CAP en su segundo período, con el 65 por ciento de los votos, y luego, sin recreo, casi sacado del poder por una inmensa y airada turba, gigantesca, sin dirección alguna, que pasó a odiarle de pronto por sentirse traicionada. Por supuesto, nos referimos a los acontecimientos llamados Caracazo.

Vimos como Fidel Castro, fue el primer jefe de Estado en condenar aquel alzamiento cuyo líder usó una como mágica expresión que lo sembró, más que el alzamiento mismo, en la mente colectiva; aquella de "Por ahora". Claro, muchos de nosotros también le condenamos porque le asociamos a un vulgar acto de cuartel. Llegó el autor de aquella frase a la presidencia por los votos y pasó a ser el mejor aliado del líder cubano y su proceso. ¡Vainas que de verdad parecieran extrañas sin serlo extrañas! ¡Los ríos, tarde o temprano, buscan sus cauces y "van a dar a la mar"!

También presenciamos como hasta los adecos optaron por sacar a Pérez del poder para que le sucediese primero su compañero Octavio Lepage y luego Ramón J. Velásquez; sus compañeros a CAP expulsaron del partido por los mismos motivos que le sacaron del gobierno y ahora, en esta etapa, los participantes en aquellos hechos contra "el gocho", se exhiben como de nuevo admiradores y hasta adeptos del entonces depuesto presidente. ¡Hemos visto de todo! ¡No obstante lo afirmado anteriormente, hay otras cosas que siguen siendo extrañas!

Supimos de Oscar Yanes, un periodista y bohemio caraqueño, ganador de varios premios en su oficio, quien después de haber sido hasta corresponsal de guerra, coqueteó con la farándula. Fue un hombre siempre de la derecha venezolana y si se quiere coherente. Es más, no sé si soy injusto al decir que "presumió de buen gourmet", como Gonzalo Barrios y terminó su trabajo en la televisión convertido en propagandista de los restaurantes de lujo de la vida caraqueña. Sucumbió, diría yo, admitiendo el tinte irónico y asumiéndolo responsablemente, como vendedor de comida, después de haber sido uno de los buenos periodistas del país. Pero lo grave no fue eso, sino que no tenía necesidad de hacerlo, porque fue un personaje del agrado del oficialismo, dueños de diarios y canales de televisión, pese a que tuviese alguna u otra vez sus encontronazos con AD. Los viejos miembros de este partido deben recordarle con agrado cuando entrevistando al Dr. Jaime Lusinchi, entonces candidato presidencial enfrentado al Dr. Caldera Rodríguez, respaldado por Copei y Yanes; éste, irónicamente, le echó en cara al primero su condición de hijo natural, lo que según se entendió entonces a éste catapultó en las encuestas por el generoso concepto que el venezolano ha tenido sobre personajes que de ese origen llegan tan lejos.

No obstante, lo que Yanes decidió hacer en nada afectó a quienes éramos en su tiempo jóvenes y nunca le tuvimos, ni siquiera de lejos, como aliado o compañero de ruta. Que no es la hoja de ruta de la MUD.

Ahora estamos viendo a Ramos Allup, como emerger del pasado, salir entre brumas, oloroso a naftalina, llegar a presidente de la Asamblea Nacional y comenzar a soñar con Miraflores. Como que se anunciase, no habiendo agua, un aluvión de momias.

-"Si quieres comer cochino asado o frito, sin ir al Junquito, acércate a mi cochinito favorito".

Con ese pregón, Vladimir Villegas, se exhibe en televisión después de haber estado en el PCV, MAS y hasta en el chavismo. ¿Cómo entender este rol de ahora a quien en el chavismo llegó tan lejos y alto? No lo entiendo; ni podría entenderlo aunque se me quite lo bruto. Entiendo que se haya ido; eso sí.

Con Chávez, uno todavía no se explica, como otras tantas cosas, llegó tan lejos; Vice Canciller para el Medio Oriente, Asia y Oceanía; además, embajador en México y Brasil. También constituyentista y diputado. Fue una figura de bajo nivel del MAS. Claro no olvidamos que sus orígenes pudieron ayudarle a ese rápido escalamiento. Un novel periodista, que para uno sólo era uno de los hijos del legendario dirigente sindical Cruz Villegas. Fue pues un privilegiado que cuando sintió temblar el piso, quizás su pequeño piso o espacio, olvidó sus ancestros, guerreros indomables y dio el salto hacia las filas que antes dijo combatir y los suyos combatieron. En su programa, por mucho que finja, o se tongonee, no puede ocultar sus recientes amores; está pues tanto como enamorado nuevo; feliz, atento y servicial. Le cabe bien aquello de "por mucho que te tongonees siempre se te ve el bojote".

Pero Vladimir, no puede comer a gusto, como mis amigos que fueron al Junquito. No, su viaje, aunque no lo crea, lo paga caro. Todos sabemos como la derecha cobra y ha cobrado, lo diremos así para no herir u ofender, como está a la moda, a quienes cambian su "hoja de ruta". Vladimir ya no es periodista; No lo es porque perdió hasta el don de la objetividad y equilibrio. Además, ahora, vende de todo y dije de todo. Se volvió o le volvieron vendedor, entre otras cosas, de comida, como Yanes. Este, comida de restaurantes de lujo; Vladimir "cochinito frito o asado como en el Junquito". Eso sí, lo reconozco, lo percibo feliz, como nunca antes lo fue.

¡Díganme ahora si estas cosas no son para asombrarse!


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Eligio Damas


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