¿Qué planifica el ministro de planificación?

    Acabo de leer, diría con demasiado detenimiento, lo que es poco habitual en mí, cuando se trata de asuntos que ocupan a esos “técnicos de la economía”, un artículo muy reciente de Víctor Álvarez, titulado algo así como, lo que revela mi descuido, “las 25 medidas que le faltaron a Maduro”. Pero antes de referirme a su contenido, que no lo haré, lo advierto, con pretensiones rigurosas porque nada sé del asunto, apenas me guío por mi vieja  intuición y unas más añejas ideas que me formé a lo largo de la vida, me ocuparé primero de lo relacionado con lo que dice el título. Por lo que a Víctor Álvarez le dejaré para mi próximo trabajo, sería muy largo tratar las dos cosas en uno solo.

             Sé que en Venezuela hay un ministro de planificación. Lo sè porque el presidente Maduro lo dice a cada instante, como consciente que es muy difícil que los venezolanos siquiera lo imaginemos. Le nombra, elogia al máximo y los camarógrafos de televisión al aludido enfocan un tiempo hasta detenido, como para que no nos quede duda. Es posible que ese proceder de quienes manejan las cámaras, incluyendo los respectivos directores, se corresponda con el interés presidencial. No sé si el empeño presidencial le hace justicia al funcionario o procura que nos demos cuenta que lo nuestro está planificado, medido, mensurado, calculado, lo que sería intentar convencernos que lo que vemos, padecemos o mejor vivimos no es producto del azar. Hay una guerra, pero hay de este lado un jefe de guerreros de la economía que combate sin tregua a quienes nos atacan. ¡Què serìa de nosotros sin èl!, pareciera sugerirnos el presidente. Sólo que pareciera ser que quien planifica desde el otro bando tiene mejores instrumentos, recursos humanos, más real o en definitiva en materia de planificar está “sobrao”. ¡Claro! Estando los gringos de por medio, es como un combate entre Goliat y David. Pero este Goliat como que ya se sabe la historia de la honda, gomera o como decimos los orientales “la china” y la piedrita.

           No obstante, el presidente sabe que gobierno sin ministro de planificación no es sòlo cuestión de mal gusto, sino de navegante que viaja sin instrumentos, al ojo por ciento. No inspira confianza.

           Pero si en verdad el presidente Maduro no pusiese tanto empeño en recordarnos que hay un ministro de planificación es poco probable que el común de la gente, de la cual formamos parte, supiésemos ese como secreto de nuestro gobierno. Antes se decía, que cada gobierno, de eso acusaron a Betancourt, tenía su brujo en el palacio para neutralizar la brujerìa que sobre èl lanzaban sus adversarios. No por azar, al de Guatire, le llamaron “el gran gurú”.

           Pues no hay duda que bachaqueo, escasez, inflación, baja producción, extracción, viejo, antaño derroche de divisas,  trampas de empresas de maletín, dólares entregados al empresario tal como para traer ampollas, reingresados luego al mercado para venderlos a dólar to day, política monetaria impuesta desde fuera y tan enredada como pelea de perros, en fin lo que nuestra economía es, nuestra cotidianidad,  todo es planificado. Pero no creo tengamos para eso un ministro de planificación ni que este de aquello sea autor. El gobierno no planifica eso; lo que sí es cierto es que no puede impedirlo. El sector oficial, según Maduro, planifica, que no es lo que vemos y sentimos; pero  no sabemos exactamente qué y para qué; pues repito, sòlo vemos y sentimos lo que del otro lado planifican. Por supuesto no dudo que el gobierno planifica, sólo que ignoramos los detalles. En todo caso, doy gracias a Dios que exista ese funcionario porque, en caso contrario, no sé que sería de nosotros. Menos mal.

              Por lo anterior y sabiendo muy bien que Maduro está para servir a los venezolanos que padecemos los efectos de la planificación opositora que mal se siente, uno en verdad cree que el ministro a quien se refiere y las cámaras toman mientras él sonríe hasta con modestia, más bien está en otra cosa. Para decirlo mejor, creo que el ministro de planificación, estrictamente hablando, que como tal debería ser un funcionario del gobierno, no està para este mundo. Si es lo contrario, entonces tendría uno que admitir que tiene el bate quebrado, no planifica y si lo hace, el verdadero, el que sirve a quienes trazan el ritmo de la economía, esa que tiene que ver con la vida diaria de la gente común, lo poncha cada vez que se aparece por el home.

             ¿Qué planifica el ministro de planificación, ese que Maduro elogia y sonríe modesto y la tele le toma para que uno le vea y crea que en verdad lo es? ¿Acaso se la pasa todo el día pintando castillitos en el aire? Porque uno “no le ve el queso a la tostada”. Firma, refirma, contra refirma convenios, en eso viene desde hace años y nunca se perciben beneficios o por lo menos resultados que aminoren lo que de verdad planifican en el otro frente. A menos que trabaje para las generaciones de cuando el planeta haya sucumbido.

            Claro, es posible que un simple maestro de escuela, como quien esto escribe, no tenga idea que es un ministro de planificación; menos si lo que él hace nada o poco tiene que ver con nuestra vida cotidiana.

          Con repetir que quiero que me digan y aclaren què hace ese ministro, qué planifica, qué hace por nosotros, qué relación hay entre nuestros avatares y sueños y sus desvelos, dejo esto para hablar de Víctor Álvarez. Aunque quiero enfatizar que sólo se que existe ese ministro en el discurso presidencial. Tengo un amigo, escritor de estos medios, que suele elogiar el empeño del ministro de planificación de hacer que planifiquemos, pero por lo que vemos y lo que mi amigo mismo dice, la “cabra siempre tira al monte” y al venezolano le encantan “las paradas”, porque lo azaroso está muy vinculado a nuestra forma de vida; es hasta como más poético. Si no, veamos como nuestra revolución bolivariana, ha estado apegada a esa ancestral tradición aunque tenga ministro de planificación. Por algo los venezolanos hemos hecho casi una consigna aquello de “como vayamos viendo vamos haciendo”. “Nadie nos quita lo bailao”. ¿El estado de esas empresas nacionalizadas, confiscadas, expropiadas, compradas en efectivo o fiadas y al final cerradas y quebradas son producto de la planificación, el azar o una parada mal cazada, un tiro a lo que salga?


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Eligio Damas


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