Comercio Exterior contraproducente sin eficaz Control Fronterizo

La envergadura del problema económico

actual no ha sido bien valorada.

La entrega de dólares[1] a manos llenas a los enemigos regulares del proceso revolucionario, la falta de controles eficaces para el Comercio Exterior, la propensión al corrompimiento burocrático-grande y perverso legado de la IV República-, flojedad judicial, etc., todas esas fallas administrativas se hallan en descarada armonía con el sistema capitalista que ha hecho del subsidio al consumo de los pobres el mejor camino para entorpecer dicho proceso y, además, enriquecer más a la empresa privada en sus diferentes rangos de capital.

Económicamente hablando, vender más barato es el mejor estímulo para incrementar la clientela capitalista que comprende la interna y la externa. En nuestro país la mejor forma de encarecer los precios en el mercado interno ha sido subsidiar las mercancías de la cesta básica sin contar con suficientes y eficaces controles fronterizos regularizadores del Comercio Exterior. A pesar del subsidio, el pobre y la clase media siguen comprando a precios no subsidiados, a precios más bien requetencarecid, salvo esporádicas y puntuales ofertas paliativas de algunos bienes de la cesta básica sólo suministrada para una pequeña parte de los consumidores y en buena parte para los llamados bachaqueros practicantes del contrabando de extracción , un fenómeno derivado, precisamente, de nuestras fallas en el Comercio Exterior.

Con pasmosa indiferencia gubernamental, he citado en varias oportunidades la eficacia de los controles del Comercio Exterior Inglés durante los comienzos exitosos de su Primera Revolución industrial[2]. No podemos seguir subsidiando en beneficio de esos comerciantes irregulares. El dólar subsidiado debe desaparecer sin mayores protocolos dilatorios, salvo para las compras directas que haga el Estado* directamente y haga entregas directas al consumidor bajo formas de distribución radicalmente distintas alas fracasadas formas actuales del mercadeo mediante grandes centros de distribución al detal que ha beneficiado más a los comerciantes a que a los destinatarios del subsidio en cuestión.

Por sus cuatro costados, una frontera como la de Venezuela impone en la actualidad una especial atención de vigilancia, regulación, cortapisas de variada índole y, particularmente, severísimas mediadas a sus infractores.

Las famosas murallas China y de Berlín son un buen ejemplo de un eficaz control fronterizo, ambas de naturaleza ideológica y económica. De poco sirve una regulación comercial si no se cuenta con eficaces controles para su debido cumplimiento.

Los castigos a los infractores de las regulaciones del Comercio Exterior no pueden seguir siendo aplicados con la lenidad, marcada elasticidad e indiferenciación rayana en impunidad porque la situación de carestía y baja oferta del Mercado Interno nos está conduciendo a una pobreza, a una angustia y a un malestar familiar a todas luces causadas por el descontrol e ineficiencia manifiestos en materia de subsidios en el Comercio Exterior, pero, sobre todo, el mantenimiento de un subsidio al consumidor de menores ingresos mediante unas paridades cambiarias a las que se acogen legalmente los exportadores formales e informales[3], como si tuviéramos una empresa privada que pudiera haber hecho de ese incentivo a las exportaciones su gran estímulo para desarrollarse, traer dólares no petroleros al país y hacer más ricos a sus capitalistas.

El susidio mediante la entrega d dólares preferenciales a los propios capitalistas ha sido un craso error ya que los bajos precios de compra para las mercancías involucradas en su fabricación o importaciones se convierten en el mejor estímulo para un fabricante e importador para incrementar sin límite sus ganancias al revender sus mercancía en el mercado que le garantice mayores ganancias con mayores precios para ellas.

El marcaje de precios de la oferta para el Mercado Interior tiene como referencias prácticas los precios del mercado interior colombiano para la poca producción nacional, y la ilícita paridad cambiaria del llamada "dólartoday" para las mercancía total o parcialmente importadas.

De muy poco sirven las regulaciones oficiales de precios ya que el mercado privado no responde a leyes jurídicas, sino a las económicas[4]. Mientras no se tenga claro que las leyes económicas privan sobre las jurídicas, seguiremos yendo de yerro en yerro.

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* El Estado tiene los dólares; no necesita regulaciones paritarias: el Estado requiere dólares para sus importaciones dioritas y el Banco Central se los suministra.

14/02/2016 06:45:36 a.m


[1] Venezuela, pudiéramos decirlo, es el único país del mundo que hasta ahora ha convertido su Comercio Exterior en el más contraproducente estímulo a nuestras exportaciones no petroleras. Estas, en lugar de traducirse en entrada de más divisas, han sido y siguen siendo todo lo contrario. Súmesele el agravante de que es la causa principal de la actual carestía de la vida.

[2] Al infractor que pillaban exportando una oveja-materia prima textil-le amputaban de inmediato su mano izquierda; si reincidía, la otra mano, y de reincidía, la cabeza se la separaban de su cuerpo.

[3] Una embajadora colombina llegó a decirnos que la culpa del daño causado a la población venezolana mediante el contrabando de extracción hacia su país tenía como causa directa el subsidio a la compra de dólares petroleros. Es duro reconocer que le asistió toda la verdad aunque la forma como se expresó, o así lo recogió la mediática derechista, no fue la más convincente.

[4] Tales regulaciones al mercado son consideradas intervencionistas ya que la economía burguesa sólo responde directa o indirectamente, mediata o inmediatamente, a la formación de precios sujeta al libremercado; esto no es una asunto político ni ideológico, es inherente a la estructura económica, base, todavía, de nuestra sociedad.

 

 


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Manuel C. Martínez


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