Cartas del demonio al Papa

En mis recorridos habituales de cada semana, por las distintas librerías de Maracaibo −igual cuando viajo, especialmente a Caracas o al exterior− siempre hago sorprendentes hallazgos; no solamente procuro estar al día con libros nuevos e interesantes, sino que los que me parecen triviales o “livianos”, los hojeo, leo opiniones en contraportadas o solapas, así como muchas veces los prólogos. Creo que fue Cervantes quien dijo que, no hai libro malo que no tenga algo bueno. Jamás pierdo tiempo en libros como los de Harry Potter, El Señor de los Anillos o especulaciones en torno a Leonardo Da Vinci, o también obras de algunos autores que hacen mezclas un poco cursis de filosofía oriental con opiniones occidentales, sobre la vida, el amor, el sexo, la astrología o los llamados “bestseller” i los de dogmatismos e insultos políticos, o mitología bíblica. En ocasiones libros mui caros, pero preciosos en presentación i maravillosos en contenido, como por ejemplo El Universo en una cáscara de nuez de Stephen Hawking o Miles de millones de Carl Sagan (obra póstuma completada por su viuda) o algún poemario nuevo de Mario Benedetti o alguna obra de filosofía o de política internacional, seria e instructiva, me hacen gastar buen dinero. Así es como toda la vida he ido confeccionando mi “hacienda” de libros que es mi biblioteca, libros escogidos i leídos, los de rústica casi todos subrayados o los bellos en papel, ilustraciones, etc., con su colección de fichas i notas; no como hacen algunos ricos (de los pocos que compran libros) que adquieren costosas colecciones de bellos lomos de colores con letras doradas, para “decorar” de acuerdo a las cortinas que puso su mujer en la biblioteca; libros solitarios cuyas páginas se pegan porque nunca son usados o leídos.

Recientemente, escuchando en la televisión española los comentarios de Sánchez Dragó, un magnífico escritor i crítico literario de Madrid i París, me interesé por sus obras i la primera que he conseguido es Carta de Jesús al Papa que todavía no he leído, por estar en cola entre los que leo al mismo tiempo. Con los libros hago como la gente hace con los canales de televisión, pasando de uno a otro según momentáneas preferencias. Siempre he leído varios libros al mes, pero dedicarme a uno solo no puedo. Por ejemplo, mientras leo un grueso tomo de Pepe Rodríguez (escritor español, no el dinosaurio criollo) La muerte es nada (un tema que me apasiona desde que daba Ética Médica en la Universidad i trabajos que escribo sobre Eutanasia) llega un momento que me canso; entonces tomo un poemario de Neruda, de Benedetti, de Machado, de Andrés Eloy o de un poeta amigo, por ejemplo, Manuel Martínez o Camilo Balza i me siento feliz alborotando mis musas dormidas, pues estoi volviendo a la poesía. Luego de ese recreo espiritual, me voi a la obra de Stephen Hawking que he citado, porque su lectura no puede ser de “corrida” sino verdaderamente un estudio que me lleva a consultar diccionarios de física o de ciencia astronómica i me parece flotar el espacio e imaginar los agujeros negros. I finalmente (expongo esto que es la rutina de estos días) veo béisbol en la televisión mientras pinto acuarelas o alterno las entradas o “innings” con el libro Gazaperas gramaticales de Argos, el pseudónimo del colombiano Roberto Cadavid Misas, i me divierto aprendiendo o refrescando las correcciones i buenas maneras de tratar al idioma. Generalmente es mui temprano o en la noche que se hace larga por acostarme rutinariamente entre la 1:30 i 2 de la madrugada, cuando escribo en mi computadora, recibo i envío correos i navego por el mundo con Internet. Las horas libres son para mis hijas i mis amigos, a veces alegrados con algunas ayudas de Juancito el caminador o algunas cervezas. Jamás he comprendido a las personas que a veces, hablan de “matar el tiempo”. El tiempo pasa i no vuelve, pero bien aprovechado, recompensa a la vida.

Bien; como estas consideraciones me apartaron un tanto del motivo de este escrito, vuelvo al hilo del asunto, como hace con singular destreza nuestro presidente Hugo Chávez Frías que, me parece más leído e inteligente que todos sus adversarios. Volver al hilo es referirme al reciente descubrimiento de la obra de un joven escritor español Máximo Pradera, titulada Cartas del Demonio al Papa, respecto a la cual, Fernando Sánchez Dragó dice: “Si Wojtyla no contestó a Jesús, ¿responderá al demonio?”, haciendo alusión a su libro Carta de Jesús al Papa, parece que “condenado” por el Vaticano señalado de irreverente. Este libro, entonces, le quitó el puesto a otro en la cola, i lo he empezado a leer hoi mismo. La verdad es que la obra de Pradera, me resultó un libro espectacular; me lo leí, pese a mis otras obligaciones, en dos días i se lo llevé prestado a mi fraternal amigo Manuel Martínez Acuña, pasando un estupendo rato leyendo algunos capítulos. Cada capítulo comienza con referencia a una noticia sobre el Vaticano, declaraciones papales o arbitrariedades de un inquisitorial cardenal, de ultraderecha al infinito, o comentarios de prensa mundial. Fundado en eso, el Diablo, en su defensa, en su confrontación con su Enemigo (Dios) o en defensa de sus territorios de maldad que le usurpa la iglesia, escribe unas cartas llenas de verdades i de humor. Ojalá más adelante, tenga oportunidad de hacerle un comentario bien completo; por ahora, me limito a una entusiasta recomendación, especialmente para las personas que tengan una mente sin dogmas ni cucarachas cerebrales i quieran cada vez mirar con absoluta libertad i afán de conocimiento, la realidad del mundo i de la vida.

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Roberto Jiménez Maggiolo


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