Reflexiones sobre la (in) seguridad en Venezuela (XXVIII)

Caso Robert Serra: ideas iniciales para reflexionar en contexto

1.    Doloroso e indignante el asesinato de cualquier venezolano, sea quien sea, y en Venezuela son cientos de casos. Discutir las cifras de homicidios a estas alturas pareciera ser poco útil, la cifra oficial es de una tasa de 39 por 100.000 habitantes, ésta supera en mucho la tasa mundial que es de 6,9. Más allá de las afirmaciones sobre su disminución respecto a años anteriores, este dato sigue siendo preocupante.

2.    El perfil de las víctimas de la violencia homicida en el país, según las Encuestas Nacionales de Victimización (ENV) (2006 y 2009), tiene tres características: hombre (90,5%), joven adulto entre 25 y 44 años (53,26%) y pobre (87,22%). Son cientos de potenciales Robert Serra que perdemos anualmente en el país.

3.    Un 79,48% de los casos de homicidios son consecuencia del uso de armas de fuego, solo en un 13,41% de los casos se utilizaron armas blancas (ENV 2009). Es decir, los homicidios cometidos con armas blancas son poco comunes.

4.    En 2014 las empresas de comunicación han informado de diversos casos de descuartizamientos algunos de ellos realizados en pleno centro de Caracas. No se conocen estudios serios y especializados sobre estos casos en el país, lo que abre un abanico infinito para la especulación desinformada e interesada. Lo cierto es que no son casos comunes, por el contrario, son más afines con la cultura “traqueta”, “narco” y “paramilitar” proveniente de Colombia y México. Estos hechos deben ser analizados en conjunto para tratar de encontrar patrones en común, al menos para detectar debilidades y fortalezas en materia de seguridad ciudadana y prevención de este tipo de eventos.

5.    A todo lo anterior deben sumarse los conatos de violencia política que se dieron entre febrero y mayo del presente año, en los que murieron 42 personas (32 civiles y 10 funcionarios vinculados a la seguridad ciudadana) y 817 resultaron lesionadas (aproximadamente un 30% de las mimas funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado). Esto de alguna manera se vincula con los recientes videos de Lorent Gómez Saleh, donde explica los planes para llevar a cabo asesinatos selectivos de cuadros medios del gobierno para generar una crisis política (en Caracas “neutralizarían a unos 05”). La guinda de la torta la coloca Ernesto Samper, ex presidente de Colombia y actual Secretario General de la UNASUR, al señalar el asesinato de Serra como una muestra de la infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela.

6.    De esta manera los problemas que padecemos todos con la violencia homicida común pueden ser fácilmente instrumentalizados por sectores políticos extremistas, que sacan provecho de cualquier inestabilidad institucional en el país para tomar al Estado como botín. La violencia delictiva le brinda un universo de posibilidades a la violencia política. Es importante reducir la primera para evitar que pueda prosperar la segunda.

7.    Preocupan algunas reacciones en las redes sociales de intolerancia política e incitación al odio, es inconcebible que se celebre o justifique el asesinato de un ser humano. Las ideas abonan el terreno para las acciones. Si bien los dirigentes políticos deben contribuir a la construcción de una cultura de debate y de reconocimiento del otro, cada uno de nosotros como ciudadanos también debemos dar nuestro aporte para que no se imponga expresión alguna de violencia política en nuestro país.

8.    El manejo mediático y discursivo del caso de Robert Serra debe ser llevado prudentemente, el asesinato de personajes con alto poder de reclamo social, en especial si son cercanos al poder político, envía un mensaje sumamente negativo a todos. El Estado debe transmitir solidez y estabilidad institucional a la población, en el marco del Estado de Derecho, no solo en su discurso, sino también en sus acciones. Los dirigentes deben cuidarse, sí, pero ellos deben primero proteger a la población que es la que sufre la violencia delictiva. Debe cuidar de no meter en el mismo saco a toda la oposición y criminalizar de manera genérica a toda la disidencia. La oposición también tendrá que hacer lo suyo y deslindarse de todo grupo extremista que intente implantar la violencia política en el país, si estos sectores lograsen sus propósitos, perderíamos todos.


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Keymer Ávila

Abogado graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Máster en Criminología y Sociología Jurídico Penal, UB (Catalunya). Investigador y Profesor de Criminología en la UCV.
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