La primera acción fue tomar las posiciones claves en PDVSA, de esta manera desalojaron a la Junta Directiva de Ciavaldini e impusieron a miembros del grupo tradicional de Giusti

Guaicaipuro Lameda: ¿Cómo se fraguó el Golpe de ultra derecha en PDVSA?

La historia comenzó desde el mismo día del nombramiento de Guaicaipuro Lameda como Presidente de PDVSA en octubre del 2001. Ya desde la Oficina de Presupuesto este nefasto señor, mantenía una posición de competencia con el Presidente de la República, ya que en conversaciones privadas indicaba que él era superior, era un conspirador en pañales, sin base económica o soporte político social. Su bendición fue el caer en PDVSA, es decir se le entregó al conspirador más genuino el poder que requería. Este poder lo aprovechó desde el mismo día, en combinación con el otro conspirador Oswaldo Contreras Maza, iniciaron un proceso de amalgamamiento de las fuerzas más reaccionarias internamente en PDVSA, para lo cual utilizaron a Luis Pacheco, personaje vinculado a Carlos Castillo expresidente de Maraven, a Luis Giusti y a Alberto Quirós Corradi. De inmediato se conformó una fuerza de choque ideológico en PDVSA que empezó actuar bajo bastidores para conformar corrientes de opinión y de aproximación a entes políticos en emergencia.

La primera acción fue tomar las posiciones claves en PDVSA, de esta manera desalojaron a la Junta Directiva de Ciavaldini e impusieron a miembros del grupo tradicional de Giusti: Víncenzo Panglione, Karl Mazeika y el eterno oportunista Eduardo Praselj. Luis Pacheco se ubicó en Planificación Corporativa y manejando la Oficina de la Presidencia. De esta manera ubicaron al cerebro de las operaciones del grupo golpista Luis Andrés Rojas como VP de PDVSA Gas, ya que ese era un bastión básico para el grupo de Ronald Pantín, Presidente de Enron de Venezuela y vasallo de Luis Giusti y Calderón Berti. De esta forma le ponían mano al negocio del gas y a los proyectos futuros. Colocaron al otro cabecilla, el más reaccionario y con mayor experiencia y formación político-ideológica, ya que en su vida fluctúo de la izquierda de los 60 a la ultraderecha de los 90 y el Opus del.

La segunda acción fue una política sostenida de información y de publicidad personal para Guaicaipuro Lameda, para lo cual utilizaron todos los medios disponibles en PDVSA y su organización de Asuntos Públicos, la cual con sus vínculos con los medios armaron una campaña de imagen del siniestro general, quien sin ninguna preparación gerencial, fue llevado a ser calificado como uno de los gerentes más brillantes de América latina. Fue una campaña costosa pero que se ganó el afecto pecuniario de los medios, quienes además encontraron en este militar anti-Chávez la figura de confrontación tanto con el MEM como con el Presidente mismo.

Ya en Abril-Mayo del 2001, la conspiración se transformaba en un plan real y de extensas vinculaciones. Quirós Corradi, Calderón Berti, Miguel Henrique Otero y otros se convirtieron en visitantes asiduos y asesores intelectuales de Lameda. La casa de Mary Lizardo Directora de Pequiven y casada con un militar miembro del Frente Institucional Militar, se convirtió en un centro de discusión de acciones, tanto internas como externas. De esta manera se fortalecieron los lazos con el Grupo Santa Lucía, se le dio apoyo de medios a Leopoldo López de Chacao, a Salas Feo en Carabobo, a Capriles Radonsky en Baruta, a Alfredo Peña en Caracas.

Lameda por su parte continuaba su trabajo con el sector militar, centrándose su proceso de conversión en Efraín Vásquez Velasco, como inspector General del Ejercito y luego como Comandante General, de igual manera lo hizo con el Gral. Rosendo, lo cual hacía en conjunto con Oswaldo Contreras Maza (a Rosendo le emplearon una hija en la empresa INTESA, la cual manejaba Contreras Maza), esas acciones tuvieron poco eco, de modo que volvieron sus esfuerzos hacia el sector civil, para lo cual Eduardo Praselj y Mary Lizardo contactaron al exdictador Carmona Estanga, desarrollándose una alianza que empezó a agregar elementos de diferentes sectores, militares y civiles. A partir de ese momento Luis Andrés Rojas y Francisco Bustillos, se convirtieron en los comunicadores base, para contactar gente tanto en el gobierno como en el sector petrolero y financiero externo.

El gobierno a través de sus elementos de inteligencia le empezó a seguir los pasos a Lameda y sus actividades subversivas, se descubrió en detalle lo del financiamiento del Grupo Santa Lucia, lo de las reuniones en New York, con Kissinger, con Luis Giusti en Washington, con Carlos Andrés Pérez en Miami, con dueños de medios, con alta oficialidad del ejército y la Marina, lo que aceleró su salida en febrero del 2001, después de un periodo de conspiración velada de 5 meses, en el cual no se comunicaba con el Presidente, hasta ese momento venía desarrollando un trabajo de captación de Francisco Uson Ramírez en Ocepre y luego en MinFinanzas (con la ayuda de Francisco Bustillos como intermediario con elementos del sector gobierno).

Por su parte Edgar Paredes y Eduardo Praselj, estrechaban sus vínculos con Carmona Estanga y otros elementos en Fedecámaras y Asoquim, desarrollando una estrategia de ataque en conjunto con los medios, en contra del Acuerdo de Cooperación Energética con Cuba, y en contra de la permanencia de Venezuela en la OPEP. Para esto involucraron a Pedro Palma y a Herrera Vaillant, los cuales empezaron en conjunto a hacer un trabajo de propaganda activa con miembros de la Embajada Americana, Ia cual se transformó en un bloque de acción de este sector en representación de algunas multinacionales petroleras, a través del bufete Mendoza Palacios, para lo cual Oscar Murillo el consultor Jurídico de PDVSA estableció un plan de acción de ataque a la nueva ley de Hidrocarburos, en defensa de los contratos de la apertura petrolera. Entretanto Contreras Maza a través de relaciones publicas de CITGO abría fuegos en Washington en contra del gobierno venezolana de Chávez y establecía los vínculos con el grupo conspirador, con la coordinación de Luis Pacheco y Luis Andrés Rojas y el amplio uso de Intesa y de SAIO en los USA, para contactos a distintos niveles de gobierno y grupos de presión. Murillo respondía básicamente a las instrucciones de Eduardo Praselj y de Carmona Estanga, quienes conformaron el frente anti-ley de hidrocarburos.

Con la salida de Lameda en febrero del 2002, (antes de su salida dijo "si me sacan de aquí les paro a PDVSA"), estas acciones pasaron a subversión abierta, con lo cual Lameda y su grupo (Luis Andrés Rojas, Edgar Paredes, Mary Lizardo, Francisco Bustillos, Eduardo Praselj, Oscar Murillo, Armando Izquierdo y Luis Pacheco) arrancaron con el Plan de desestabilización de PDVSA, el cual comenzaron con el proceso de convencer a grupos de ejecutivos respecto a la acción de solicitar el regreso de Lameda o tomar acciones obstructivas en la empresa, la excusa utilizada posteriormente fue la designación de la Nueva Junta Directiva (que incluía 3 claros exponentes del Chavismo en PDVSA, como directores internos, incluyendo Argenis Rodríguez, siendo este y Edgar Paredes archienernigos políticos, mas el caso de Rafael Ramírez quien tiene en Luis Andrés Rojas su archienemigo político), esto representaba la pérdida de la primera fuente de financiamiento del grupo golpista conformado alrededor de Lameda y Carmona Estanca, así como del grupo Santa Lucia. Negocios de Venoco se vieron a riesgo, incluyendo su rol en nuevos proyectos en negociaciones clandestinas con la filial de PDVSA, Proesca.

La oportunidad fue aprovechada extensa e inmediatamente, como coadyudante de la crisis política generada por el paro del 10 de Diciembre, el llamado de Carmona Estanga y de Carlos Ortega a Lameda, fue que ahora el papel era de PDVSA y que había que actuar. De ahí se pasó a la constitución de un Comando de Dirección del golpe en PDVSA, para lo cual se organizaron militarmente mediante la figura de un Estado Mayor (Mary Lizardo, Edgar Paredes. Ignacio Layrisse, Luis Pacheco, Francisco Bustillos, Nelson Nava, Luis Andrés Rojas, Oscar Murillo, Armando Izquierdo, y Eduardo Praselj). Estos a su vez se constituyeron en jefes de Comandos por negocios, desarrollando el mecanismo de un Comando de operaciones, para lo cual utilizaron a subordinados de nivel medio pero claramente identificados políticamente con las fuerzas golpistas y de afinidad extensa con Proyecto Venezuela, Primero Justicia, Opus Dei y Tradición, familia y Propiedad: Juan Santana, Juan Fernández, Horacio Medina, Luis Pulgar, Eduardo Rosell, Ciro Izarra, Rogelio Lozada, Iván Crespo, Heberto Navarro y Mary Mogollón) Estos se convirtieron en los responsables de la estructuración de asambleas por edificio, su alcance era metropolitano, buscando elementos de más bajos niveles para asumir vocerías que calaran hacia abajo, es cuando se incorporan otros empleados del más bajo nivel, como Edgar Quijano, Ignacio Villamizar, Edgar Eguí, María Elisa Hemández, María Elena Sainé, Nelson Ruiz y Gonzalo Feijoo, todos con fuerte adscripción política a partidos de oposición.

La primera función fue el engaño a la mayoría de los empleados de las nóminas mayor y Ejecutiva, y desarrollo de rumores falsos sobre supuesta intervención política de PDVSA, que vendrían gerentes y supervisores de la calle, del partido quinta república, que a PDVSA la iban a saquear, que se iban a bajar los salarios, que vendrían despidos en masa de personal no afecto al gobierno, etc. En base a esto crearon una unidad, que de inmediato transformaron en fuerza política desestabilizadora, recurriendo al argumento final de parar la industria ya que la sociedad civil así lo pedía para poder salir de Chávez, en este momento es cuando se declaran abiertamente como no negociadores, ya que el verdadero problema no eran las designaciones sino el cumplimiento de la fase final del Complot montado por Lameda, Edgar Paredes junto a Mary Lizardo y su marido, Francisco Bustillos, Juan Fernández, Luis Pacheco, Elías Santana, Carmona Estanga, Herrera Vaillant, Ouirós Corradi, Calderón Berti, Ronald Pantin, Leopoldo López, Leonor Mendoza de López, Carlos Ortega, Karl Mazeika, Eduardo Praselj y Vincenzo Paglione, más el ala militar controlada por Lameda como eran Vásquez Velasco, Rosendo, Martínez de la GN, y Alfredo Peña. Juan Fernández manejó con Mary Mogollón y Horacio Medina con Marcos Rossi, la campaña fascista de amedrentamiento y chantaje a los trabajadores neutrales en el conflicto, les amenazaban con despidos, como traidores, les amenazaban la familia, como en Paraguaná y en Puerto La Cruz. Ragelio Lozada dirigía las operaciones en Carabobo, en conjunto con el gobernador Salas Feo y un grupo de Proyecto Venezuela, fue en Valencia en donde se tomó la decisión de parar la refinería El Palito, para lo cual Edgar Paredes solicitó el apoyo de Salas Feo y Lameda se comunicaba con el comandante de la guarnición de Carabobo, hubo discusiones acaloradas y Lameda se dirigió al Comandante del Ejercito y a cuadros en la Guardia nacional, para impedir acciones en contra de huelguistas.

En PDVSA Edgar Paredes, en contacto permanente con Eduardo Praselj, manipulando a otros altos ejecutivos, lo cual creó serias diferencias, se apoderó del proceso de decisiones en Refinación y Comercio iniciando el plan de subversión final que consistió en: Paralización de refinerías, cierre de suministro local de gasolinas, paralización de terminales de embarque, paralización de procesos de aprobación de cartas de crédito para salida de buques, suministro en aviación, con lo cual lograron la fase de caos acordada con Elías Santana, y revisada por Lameda con su grupo de militares comprometidos. Elías Santana acordó mover el centro de acción de la Plaza Altamira al Edificio de Chuao de PDVSA, y se inició el plan de la marcha al palacio de Miraflores una vez que se consolidase el paro general acuerdo logrado entre Carmona, Ortega y Lameda, la señal era la declaratoria de paro indefinido. Ya desde el inicio del conflicto en PDVSA, Armando izquierdo, Luis Pacheco y Edgar Paredes en conjunto con Carmona aseguraron la participación activa de Globovisión en cada acción planificada por el grupo golpista. El enlace con los medios eran Mary Mogollón y Carlos Caraballo, quienes daban el aviso y los detalles al contacto en cada medio comprometido.

Las relaciones con la Embajada Americana la manejaban Luis Pacheco y Edgar Paredes, era un ir y venir más llamadas, el contacto era un militar de apellido Macanon, cuadrando el soporte de ésta, se reunieron con Shapiro e indicaron al grupo conspirador que con sus sonrisas describían el éxito de sus gestiones y punto (quedó el compromiso del apoyo "tácito" a las acciones definitivas). Este vinculo con la embajada se manejaba desde Washington, con el grupo ex-Pdvsa allá, los cuales se movían con senadores, con el FMI y con grupos de la ultraderecha en el Congreso, más los militares tanto de la embajada como los comprometidos, controlados por Lameda.

Las operaciones de producción no se paraban, tanto Nicklas como Vieitna, mantenían el criterio de que una cosa era el reclamo por respetar la meritocrácia y otro el usar a PDVSA para conspirar contra el gobierno a través de acciones destructivas o de chantaje económico que al final afectaban a todo el país. Por otra parte afloraron los intereses particulares y de negocios de los dirigentes de la protesta en PDVSA, claramente era el grupo de Maraven, conectado a Luis Giusti, a Ronald Pantin y a Quirós Corradi. La clave era retener el control comercial y de contratación de la industria.

La vinculación del conflicto PDVSA con Fedecámaras y la llamada Sociedad Civil (Elías Santana) fue ideada por Eduardo Praselj y Luis Pacheco, actuando como coordinadores o emisarios de detalle Luis Andrés Rojas y Juan Fernández. Carmona delegó esto en Eduardo Praselj, con quien ya había acordado su rol como Ministro de Energía y Minas del nuevo gobierno a instalarse, pero que PDVSA debía responder. Este grupo ideó un plan de contingencia de los ciudadanos para aguantar la escasez de gasolina y gas. Lameda por su parte llega a un acuerdo con el grupo militar en cuanto a que este proceso no sería mayor de 3 días, y que la efectividad del mismo concluía con la toma de Miraflores, a lo cual los militares le indicaron que no intervendrían a menos que se desatase una represión incontrolada por parte del presidente Chávez y sus fuerzas leales. Es aquí donde entra a jugar un papel crucial la coordinación entre Juan Fernández, Simonovis de la Alcaldía metropolitana y funcionarios de PCP de PDVSA adverso a su jefe Pérez Issa. El acuerdo entre estos y Lameda fue que si había muertos entonces el Comando del Ejército retiraría el apoyo al presidente a través del retiro de su casa Militar. El asunto era como tener o ofrecer los muertos a los militares comprometidos, es aquí donde Edgar Paredes y Juan Fernández ofrecen llevar la marcha desde Chuao a Miraflores, pero acordando con Elías Santana un llamado a concentración en Chuao, como fase previa, en realidad lo que se quería era ganar tiempo para la toma de posiciones de los elementos saboteadores en el centro de Caracas, ya que las alcaldías habían fallado en la coordinación de esto con los elementos comprometidos de la casa militar.

El acuerdo inicial era que con la toma de Miraflores los militares comprometidos, (aquí el rol de Contreras Maza y su influencia en Rosendo fueron piezas claves) colocarían a Lameda como Presidente de una junta cívico militar, con participación de Fedecámaras, PDVSA (Eduardo Prasalj y Edgar Paredes, Ellas Santana, Efraín Vásquez Velasco, Molina Tamayo y Damiani Bustillos) . Esto era un golpe dentro de un golpe porque acuerdos entre los líderes de las acciones y PDVSA habían sido con Carmona, y el rol de Lameda era de obtener compromisos en el ejército. Lameda exigía en todo momento que los partidos políticos con excepción de Primero Justicia, no tuvieran ningún tipo de participación en el proceso de estructuración el gobierno provisional, ya que esa era una condición de sus amigos militares. Al final Lameda se convertió en un agitador de calle, mientras que la política estaba en otros círculos en esas horas, lo que hizo que Pedro Carmona se impusiera, aunque entregando PDVSA a Lameda, quien señaló que "eran mejor 16 millones de bolos al mes, que 1 millón de dolores de cabeza", sin embargo toda la mañana del Viernes 12 estuvo reunido con Pérez Recao y Romero, asegurando que tanto la CTV como las partidos estuviesen fuera, no aceptaba un decreto distinto al ya planificado con el entorno íntimo de Carmona Estanga, lo consideraba vital para mantener el precario apoyo de un reducido grupo de generares en la conspiración.

Los eventos de violencia y las muertes no quedaron claramente establecidos como muertos por represión del gobierno, ya que la GN no actuó con fuego en Miraflores, la casa Militar se abstuvo, de modo que el esfuerzo de atención se concentró en los que disparaban desde el puente de la Urdaneta hacia la policía metropolitana colocada en la Baralt. Esto creó confusión en el mando militar de los comprometidos y la duda paralizó el proceso de toma de Miraflores. Los medios cumplieron con su plan de secuestro de imágenes y Lameda se desplazó de jefe comprometido en jefe comprometido exigiendo cumplir su garantía de intervención si habían muertos. Vásquez dudó deteniendo el proceso. Lameda después de la escaramuza sobre quien era el candidato a Presidente, llevó a Carmona a Fuerte Tiuna y requerían que Chávez fuese trasladado preso al mismo para su salida del país, la negativa de firmar una renuncia creó una discusión sobre aspectos legales y constitucionales que retardó las acciones de toma militar. Al final los militares comprendieron que estaban develados y dejaron la responsabilidad en Lameda y en Carmona en cuanto la conformación del gobierno, de ahí la posición de Lameda frente a Carmona de que el decreto debería ser "certero e indiscutible", ya que no respondía por la subversión que vendría de ser débiles ante las masas o turbas chavistas. De ahí en adelante sabemos la historia.

Lo mas triste de todo esto es que después de esta acción criminal, este grupo se hace ahora el loco y pretende interactuar con el gobierno, dizque sobre una base "institucional". Hay que recordar la actuación de Edgar Paredes en los eventos del Viernes 12 de Abril, cuando se consideraban en la cúspide del poder, indicando que se rompían los contratos con Cuba, que nos salíamos de la OPEP, que se designaba nueva Junta Directiva de manera ilegal. El eterno personaje tipo Richeliue, Eduardo Praselj, aseguraba la cartera de Energía y Minas, Francisco Bustillos el manejo de las Finanzas de PDVSA, Juan Fernández se ofreció como Viceministro de Relaciones Exteriores, Lameda se apoderó de PDVSA. Estos señores ahora indican que fueron engañados, que su discusión era institucional, que se les fue la boca, que era la emoción de un triunfo pírrico, etc. Estos conspiradores criminales de ultraderecha deben ser juzgados penalmente por sus daños al país y a la Industria.


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