En la IV las guarimbas ya serian historia

Después de una prolongada ausencia, regresamos a esta trinchera a continuar con la batalla, que es larga y así hay que asumirla.

Durante estos días hemos estado observando los lloriqueos de los padrinos y financistas de las hordas de mercenarios paramilitares, que se empeñan en conducir al pueblo venezolano a una guarra civil, para justificar ante sus amos el mendrugo que cada día reciben según la tarifa establecida para el desarrollo de actividades terroristas, que han dejado una secuela de víctimas fatales por las cuales nadie se responsabiliza, porque los ataques de francotiradores a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, la colocación de guayas tensadas en las avenidas, para que se decapiten motorizados, trabajadores padres de familia, el lanzar aceite de motor, mezclado con jabón y agua a las avenidas y autopistas, para que rueden los motorizados y colisionen vehículos son saldos trágicos, la quema de autos y oficinas oficiales, la tranca de vías con hogueras avivadas con material tóxico, que afecta la salud de los vecinos, mientras sus autores se ocultan cobardemente tras máscaras y pasamontañas, el cobro de peaje a la ciudadanía para transitar por las calles y avenidas controladas por estos criminales, no son hechos delictivos, sino manifestaciones pacíficas y por eso el reegiimen, tiene que dejar en libertad a los detenidos infraganti o de lo contrario, el arlequín de la Casa Blanca, titiritero que los maneja a través del narco 81 de los más buscados por la DEA, va a montar en ira contra el gobierno revolucionario de Venezuela y “eso puede ser fatal.”

La verdad que cuando oímos a los hipócritas sicarios de la IV República, reclamando democracia y libertad, denunciando los supuestos abusos policiales del gobierno bolivariano y abogando por la libertad de los “inocentes y pacíficos estudiantes”, detenidos, en su mayoría con prontuario en vez de currículum, no podemos menos que sentir asco por tanta hipocresía y desvergüenza por parte de la cúpula de la MUD y demás voceros de la falange fascista criminal, que se ha puesto de manifiesto en Venezuela, desde 1999, cuando el líder supremo de la revolución bolivariana, Comandante eterno, Hugo Rafael Chávez Frías ganó con histórica mayoría la contienda por la presidencia de la república, donde Enrique “Frijolito” Salas Rommer, líder del TOCOCHA (Todos contra Chávez), quedó ridículamente bataqueado por la decisión de un pueblo que estaba harto de asesinatos en masa, saqueo, asaltos y demás delitos contra la cosa pública y los derechos humanos.

Antonio Ledezma (Abuelito Monster), Ramón Guillermo Aveledo, Henrique Capriles Radonsky, María Corina Machado, William Dávila Barrios Julio Borges y Julio Montoya, como emblemáticos “demócratas “, que tanto les gusta hablar de libertad y democracia y de las torturas y abusos del reegiiimen, contra “inocentes e indefensos estudiantes”, formados en el paramilitarismo, en las cuadras de Alvaro Uribe Velez “Alias Alvarito” y en Centroamérica, en la escuela de ARENA y otros antros, producto de los sueños de Posada Carriles, pareciera que olvidan o intentan hacer creer al pueblo, que nunca existieron los métodos conque gobernaron durante más de 40 años al país, sus mentores Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, a través de los regímenes de Acción Democrática y COPEI.

Basta con hacer un poco de memoria, para preguntarles cuantos desaparecidos, amén de los asesinados en las calles y avenidas, campos y cárceles de Venezuela, hubo durante esas cuatro décadas, con la consigna de “Disparen primero y averigüen después “ en el mandato de Rómulo Betancourt, con Carlos Andrés Pérez, como Ministro de Relaciones Interiores o la llamada “Operación Vanguardia” de Rafael Caldera en su primer período que dio licencia para matar a todos los cuerpos de seguridad, que sembraron las calles, carreteras y avenidas del país con cadáveres de venezolanos, en su inmensa mayoría inocentes, que luego eran etiquetados como delincuentes.

Eramos muchachos en la época de las rebeliones cívico militares contra la dictadura civil de Rómulo Betancourt, que gobernó cinco años con las garantías suspendidas y no podemos olvidar aquel tétrico regodeo del caudillo guatireño, en un mitin en el silencio (Caracas) a propósito de anunciar que había sido aplastada una rebelión armada en el Oriente del país: recordamos que frente a una masa delirante y sedienta de sangre que le aplaudía a rabiar anunciaba, palabras más, palabras menos: Un grupo de oficiales retirados y activos de las Fuerzas Armadas, en complicidad de civiles, intentaron asaltar una guarnición militar y tuvieron la respuesta del gobierno democrática, “Casi todos quedaron tendidos en el sitio y los que no están presos. Tenemos presos a más de mil dirigentes de los partidos Comunista y MIR y seguirán presos, los estudiantes que están presos por conspirar seguirán presos y los profesores universitario, que pretendieron utilizar sus cátedras para la subversión están presos y seguirán presos. Era tanto el odio y manipulación de este mal llamado “Padre de la Democracia”, había insuflado al pueblo embrutecido, que recién salía de una dictadura, que a cada arenga cargada de odio, cultura de muerte y represión que pronunciaba el orador desde la tribuna, anunciando los centenares de muertos y miles de prisioneros, los aplausos rompían el silencio y la ola humana, se cimbraba y agitaba como si estuviera celebrando la más alegre de las fiestas. Era un circo romano, con el César anunciando los que debían morir en su honor.

Eso ocurrió en el primer quinquenio de la democracia, nacida de la traición al pueblo victorioso del 23 de enero de 1958. Luego vendrían 35 años más de crímenes y exterminio contra la izquierda venezolana, al punto que fue Raúl Leoni (El Presidente bueno), quien inauguró la figura de las desapariciones forzosas, como forma de lucha contra los revolucionarios que le adversábamos de frente, no enmascarados ni disfrazados. Esta figura fue tal, que luego la asumieron los militares que implantaron sus dictaduras en el Cono Sur (Brasil, Argentina y Pinochet en Chile). De esa práctica están en el ambiente los nombres de Jorge Rodríguez (Padre) “Carorita” para los amigos que compartíamos sus luchas, los hermanos Pasquier, Noel Rodríguez, Soto Rojas, Alberto Lovera y paremos de contar. Para cerrar con broche de oro, este recordatorio a los sicarios de la IV que ahora de la dan de santitos demócratas, les recordamos “El Caracazo” donde entre el 27 de Febrero y el 10 de marzo aproximadamente de 1989, hubo más de cuatro mil muertos, producto del fuego de metralla en las calles y avenidas de Caracas y otras ciudades del país, a las cuales fueron lanzados como jaurías batallones de soldados trasladados desde guarniciones del interior del país, con orden de disparar a todo lo que se moviera frente a ellos. Este fue el mecanismo para sofocar la rebelión civil espontanea, provocada por la hambruna y privaciones que trajo el paquetazo neoliberal del Fondo Monetario Internacional, aplicado a trocha y moche, en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez; contra quien se rebelarían los militares jóvenes y patriotas del MBR 200, liderados por el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías el 4F de 1992, para con aquel “Por ahora” rotular el inexorable destino socialista de nuestra patria. Mientras tanto en el gobierno socialista, humanista y tolerante, legado de nuestro amado comandante y dirigido por el obrero Nicolás Maduro, presidente constitucional, una oposición criminal desbocada al servicio del Pentágono y del paramilitarismo colombiano, asesina, mata y chantajea y apenas si son detenidos a la luz del día y con todas las garantías constitucionales, para ser presentados en tribunales, quienes son capturados en flagrancia. Ahora podrán entender, porque el titulo de este artículo: En la IV las guarimbas ya serían historia.


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