Mi palabra

Mototaxistas en dos tiempos

"Busca siempre un quehacer;
cuando lo tengas no pienses
en otra cosa que en hacerlo bien."
Tales de Mileto

El miércoles a las once de la mañana, pasé por la parte de atrás de la sede principal de la C.A.N.T.V, un edificio emblemático de la ciudad de Acarigua; estaban en ese momento en una parada de moto-taxi, ubicada en una acera muy amplia: 9 jóvenes muy tranquilos con sus chalecos, que los identifica como trabajadores de esa nueva modalidad para los desempleados; cuatro se encontraban sentados en un banco de hierro, dos parados y tres jugando con unas monedas, tirándolas hacía un objetivo colocado en el suelo, como si estuvieran en el barrio donde viven. El instinto que nunca puedo controlar, me hizo dirigirles unas cortas palabras sin medir las consecuencias, tratando de orientarlos en su actividad; más o menos lo siguiente: “Mis amigos, así no estamos dando ningún ejemplo, jugando en la calle, entorpeciendo el libre transitar de los peatones, ustedes son unos trabajadores”; uno de los que estaba jugando, me respondió con mucho respeto sin levantar la mirada: “Para que, si de todas maneras nos dicen, que somos unos vagos”.

Las palabras de este joven, sirven para escudriñar la autoestima de estas personas, quienes cumplen con una valiosa y peligrosa tarea: en primer lugar ayudan a solucionar un grave problema de transporte y en segundo lugar ejercen un honroso trabajo para la manutención propia y en muchos casos de una familia formada a muy temprana edad; los usuarios y los prestadores del servicio son personas de pocos recursos de los barrios humildes, donde se concentra el mayor porcentaje de desempleados, algunos no terminan la educación primaria, ni pensar en la secundaria a pesar de todas las facilidades prestadas por el estado, porque primero está la alimentación (El estómago) por sobre todas las cosas y además la calle está sumamente difícil.

En repetidas oportunidades he visto la actitud de algunos de estos motorizados con su chaleco, haciendo piruetas en las calles, como verdaderos artistas de circo; la mayoría de las veces andan desafiando el peligro sin acordarse de la responsabilidad que tienen al salir a cumplir su oficio y por eso dejan una mala impresión ante los transeúntes; no creo que el trabajo influya en la manera de pensar de un gran sector de la colectiva, aunque no faltan las descalificaciones, la maldad y la mala intención al momento de juzgar el comportamiento de quienes nos rodean; lo digo con conocimiento de causa; en cierta ocasión un comunicador social se atrevió a calificarme como un zángano, que nunca había trabajado, porque para él, lo que yo hacía no significaba nada: estuve 35 años en la calle pregonando el periodo del partido comunista, muchas veces jugándome la vida, enfrentado las injusticias; a la par de esa actividad cumplía varias funciones en el supermercado “el palito” del fallecido Germán Sánchez, de quien aprendí, que poco importa el dinero, sino la persona.

Estoy consciente del comportamiento de estos trabajadores; no hay un sitio donde presten ese servicio, que no se hayan convertido en un peligro para la ciudadanía y para su propia integridad física por la manera tan desaforada para conducir, llegando al extremo de atropellar a personas en la puerta de la casa, como sucedió en la población de Ospino; parece que desde el mismo momento, que salen del hogar se persignan y rezan un “rosario”: “ Sálvese quien pueda, porque camarón que se duerme se lo lleva la corriente” andan como alma que se la lleva el diablo, como dicen los católicos.

¿Quién detiene la desbordada anarquía de los moto-taxistas? Nadie más que ellos, tienen la brillante oportunidad de hacerse respetar; tomar consciencia de su responsabilidad, andar con la mayor prudencia posible a la hora de conducir; de lo contrario seguirá el coro de voces calificándolos, como unos vagos, que salen a la calle a ganarse el dinero sin importarles la vida de los demás. La expresión del joven, cuando trate de orientarlo es una muestra de rebeldía e inconformidad antes algunas expresiones que llegan a sus oídos sin poder rechazarlas.

Las alcaldías conjuntamente con la inspectoría del tránsito en todos los municipios deben canalizar las inquietudes de estos jóvenes; hacerle frente a un problema con políticas educativas, haciéndoles ver de la urgente necesidad de acatar las leyes que rigen para conducir, para evitar la cantidad de personas malogradas con las motos y en muchos casos mutiladas, incapacitados para seguir laborando, convirtiéndose en una pesada carga para los familiares. Todos estos jóvenes trabajadores deben entender una valiosa enseñanza del comunicador social Víctor Pouchet: "El Trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento".

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