Pa’ tras ni para coger impulso

Una idea o un sentimiento nuevo cuestan fatiga el que se formen en el cerebro fascista de los individuos de la MUD y su combo, porque tienen que abrirse largo paso y tal vez contra las ideas y los sentimientos ya existentes. Por esto son personajes íntimamente conservadores, y a menudo, cuando han cambiado las cosas profundamente en torno de ellos, siguen considerándolas con las ideas que tenían acerca de su estado precedente. Así como ciertos locos se encuentran por la mañana como a primer objeto a una mujer y ven en todas las personas, durante el día todo, la cara de la tal mujer, así cuando estos sujetos se han formado una cierta idea de un fenómeno dado, mantienen aquella idea durante largo tiempo, después de haber cambiado totalmente el fenómeno: lo ve como era en un principio.

El socialismo, en efecto, provoca un movimiento en la dirección y en la vida social, como no los provoca doctrina alguna; el socialismo no es nada más que la explicación y teorización de un movimiento que en virtud de internas necesidades se está produciendo en el seno del pueblo venezolano. El socialismo es la conciencia del proceso que, por lo regular, se cumple inconscientemente en las entrañas de las masas, y la conciencia de un proceso cualquiera no lo provoca. Lo propio del pueblo es acomodar el ambiente a sí, hacerse un mundo, y no acomodarse al que encuentra hecho. Si hubiéramos siempre seguido este segundo sistema no saldríamos nunca del miserable estado en que estábamos. La tendencia a acomodarse al ambiente, a hacerse al mundo tal cual lo encontramos constituido, es la fuerza de la tradición, así como el impulso a hacernos un mundo, a modificar el que nos recibe, es la fuerza del progreso.

Porque no hay proceso alguno vigoroso y fuerte que no llegue a conciencia. Creer que el socialismo, es decir, una doctrina científica, hace el movimiento del pueblo, es como creer que las teologías hacen las religiones. Tiene, sin embargo, profunda utilidad la doctrina. Y así el socialismo puede servir para corregir desviaciones del movimiento social de emancipación. Más entiéndase bien que, así como las reglas y normas que se deducen, también los principios que de las doctrinas socialistas se saquen para encauzar y regular el movimiento, son nada más que inferencias de ese movimiento; es el mismo movimiento social el que se corrige y encauza por medio de los que lo estudian con buena fe y sana intención.

Cuando se tiene la desgracia de tener personajes como esos fascistas, y otros “demócratas” que a las veces hablan de socialismo y no saben ni vislumbran lo que es, ni se preocupan de aprenderlo; cuando se tiene la desgracia de tener opinadores de oficio o periodistas tarifados que despotrican, a cuenta de la “democracia representativa” y todas las estupideces para uso de la politiquería; cuando se tienen todas estas desgracias y muchas más, es el pueblo el encargado de propulsar con sus exigencias el progreso, de abrirle los ojos a los ciegos, de deshacer la estúpida labor de los politiqueros.

Esto a fin de que establezcan comparaciones todos los positivistas que andan todavía dándoles vueltas a la lucha por la vida, la selección, la sobrevivencia del más apto, y otras cosas análogas, muy razonables, muy exactas, muy fecundas cuando se las entiende bien y por derecho, y nada más que superficialidades o brutalidades cuando se las entiende a lo burgués satisfecho, es decir, a lo animal. Todos ustedes olvidan el ambiente social y olvidan que lo que más diferencia al hombre de los demás animales es su mayor actitud para acomodarse el ambiente, crearse el medio, en vez de someterse pasivamente a él.

Con tales sujetos nada progresa ni se remueve, sino con los que enseñan, quieren y hacen; son los que tienen el hábito de la iniciativa libre: ellos crean para los demás vida y cultura y riqueza, en vez de envilecerse en el parasitismo social.

¡Sigamos siempre juntos –con– Chávez!
¡Hasta la Victoria Siempre y Patria socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

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