Empleados públicos en revolución dentro de la Revolución

Ministerios heredados de la cuarta son uno de nuestros enemigos, burocracia y sabotaje, desidia, mala atención, desgano y odio por parte de miles de funcionarios adecos y copeyanos que en su época obtuvieron cargos fijos.

Trabajar en una institución del gobierno es, porque si, trabajar para que se cumpla la gestión del partido que está  al mando del destino del país.

La dignidad y autoestima de un opositor que trabaje en un cargo público del gobierno elegido deben obligarle a dos alternativas:

  1. Como profesional asume el cumplimiento de sus tareas dejando de lado su parecer personal y aceptando que su deber es dar cumplimiento a la gestión del gobierno que eligió la mayoría.
  1. Renunciar a su cargo por no compartir la ideología que ganó democráticamente el derecho a gobernar.

No se puede aceptar al funcionario agazapado que se amarra a su cargo para entorpecer las acciones de las políticas públicas, para sabotearlas, para maltratar al pueblo y convertirse en un gestor político contrario al gobierno que le paga su salario, es decir en enemigo de la revolución que la destruye desde adentro y además cobra un sueldo.

Son muchos. Son muchos los que a diario destruyen ante el pueblo la imagen de nuestro gobierno, los que sabotean, los que retardan los procesos, los que pierden documentos, los que maltratan al pueblo que pide alguna ayuda, los que además, siguen guisando, cobrando comisiones por trámites o robando los bienes nacionales.

Quien trabaje para el gobierno, trabaja para la revolución, quiéralo o no lo quiera, para eso se le paga.

Digno será quien no se esconde detrás de un color político, se disfraza de revolucionario para ser un mantenido que además escupe contra la mano que lo alimenta.

La culpa es nuestra, lo digo.

Si hay que limpiar nuestras instituciones de estos terribles infiltrados, porque todas y todos los que trabajan en ministerios, escuelas, hospitales o instituciones tienen el deber de brindar amor, comprensión, ayuda, apoyo y acompañamiento al pueblo que se acerca a solicitar cualquier ayuda.

En un momento histórico en que se enfrentan dos modelos radicalmente opuestos, es un deber abrir procedimientos ante el ministerio del trabajo a los ineficaces, a los reposeros, a los burócratas, a los saboteadores y los canallas, de baja moral que quieren seguir  sus corruptelas.

No es una cacería de brujas, no. Es una actitud de vigilancia social, revolucionaria y efectiva, sobre el trabajo que realice cada funcionario. Es una actitud radicalmente exigente contra quien no haga su trabajo. Si es de oposición y cumple sus tareas, bienvenido, aquí no lo vamos a botar, si es de oposición y está saboteando a cada momento de cualquier manera, ese funcionario debe recibir sus tres llamados de atención y una amonestación hasta que delante del Ministerio del Poder Popular del Trabajo, se haga efectiva su destitución.

¡Chávez vive, la lucha sigue!

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