Contra las matrices electorales

Un análisis desde la ciencia política

Se ha levantado una matriz de análisis de las elecciones del domingo pasado, según la cual una inmensa cantidad de chavistas saltaron la talanquera y votaron por Capriles. Este análisis ha sido divulgado incluso por escritores, analistas y estudiosos identificados con el chavismo. Sin embargo es completamente erróneo.

Efectivamente el chavismo perdió 609.510 votos con respecto a 2012, mientras que la oposición aumentó su votación en 772.559 votos. Pero de ese dato global no se deduce que los 609.510 votos y ni siquiera “una inmensa mayoría” como señaló un analista (1) haya votado por Capriles. Una primera aproximación a los resultados electorales más allá del total nacional nos permite observar que el chavismo disminuyó su votación en todos los estados y la oposición la aumentó también en todos los estados. Pero en ambos casos eso no fue uniforme. Es decir, el chavismo no perdió votos de la misma manera y en la misma proporción en todos los estados ni la oposición aumentó su votación de la misma manera y en la misma proporción en todos lados. Este es un primer indicio de que contar como salta-talanquera a los chavistas que dejaron de votar por Maduro el domingo pasado es erróneo.

Desde el punto de vista metodológico debemos decir que lo que es verdad para el todo es verdad para las partes de ese todo. Si se produjo ese trasvase de votos del chavismo a la oposición a nivel nacional, debemos esperar que eso se vea reflejado en las regiones. De haber diferencias entre el patrón o la tendencia nacional con la tendencia en las regiones es porque hay factores operando en esas regiones que hacen posible esa diferencia.

Y lo que observamos cuando vamos al detalle por estados es que la mayor desproporción entre descenso del chavismo y aumento de la oposición se produjo en los estados más poblados, más urbanizados, más industrializados. Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Lara, Miranda y Zulia fueron los estados que mostraron mayor desproporción. Es decir, en algunos casos la disminución del chavismo fue más o menos similar al aumento de votos de la oposición (lo que podría llevar a seguir pensando en la tesis del salta-talanquerismo). Tales son los casos, por ejemplo, de Trujillo, donde el chavismo perdió 18.159 votos y la oposición aumentó 17.254 votos, y Vargas, donde el chavismo perdió 8.494 votos y la oposición ganó 10.010 con respecto a octubre de 2012.

Pero en los estados mencionados más arriba las diferencias son grandes: en todos los casos la oposición ganó más de 16.000 por encima de los que perdió el chavismo con respecto a las elecciones de octubre. Veamos: en Anzoátegui el chavismo perdió 26.374 y la oposición ganó 46.340 (una diferencia de 19.966) ; en Bolívar, el chavismo perdió 36.050 votos y la oposición ganó 52.859 (16.809 de diferencia); en Carabobo el chavismo perdió 41.619 y la oposición ganó 58.012 votos (diferencia de 16.393); en Miranda el chavismo perdió 34.108 y la oposición ganó 50.712 votos (una diferencia de 16.604); y en Zulia el chavismo perdió 93.661 y la oposición ganó 117.257 votos (23.596 de diferencia).

Como se ve, ese aumento de la votación de la oposición se produce en los estados más poblados, más urbanizados, más industrializados. Incluso, cuando vamos más al detalle en esos estados vemos que los grandes aumentos de la oposición y las pérdidas del chavismo se producen en los municipios y zonas capitalinas y con mayor presencia de población urbana y mayores sectores de clases medias. No sucede así en los llamados municipios foráneos ni en las poblaciones pequeñas.

La hipótesis que postulamos aquí es que sectores afectos a la oposición habían dejado de votar en octubre pero sí lo hicieron el pasado 14 de abril, mientras que sectores que votaron por Chávez en octubre dejaron de hacerlo por Maduro y prefirieron abstenerse el domingo pasado. Esta hipótesis se refuerza en un fenómenos que se viene observando en la Venezuela de los últimos años: el llamado clivaje de clase o voto de clase: en Venezuela las clases bajas y medias-bajas votan mayoritariamente al chavismo, mientras que las clases altas y medias-altas votan mayoritariamente a la oposición. (Esto no quiere decir que no haya personas de las clases bajas y medias-bajas que voten por la oposición o gente de las clases alta y media-alta que voten por el chavismo.)

Alguien pudiera argumentar que en esos casos no sólo hubo saltos de talanquera, sino que se le sumaron muchos más que antes no habían votado. No se puede negar que efectivamente hay gente que cambia su voto de una elección a otra y Venezuela no escapa a ello. Sin embargo, ese fenómeno es más bien excepcional. La ciencia política y en especial la sociología electoral han encontrado desde hace más de medio siglo que esto afecta a un porcentaje relativamente muy bajo del padrón electoral y es un fenómenos que tiende a anularse, por cuanto los cambios de un partido a otro son relativamente proporcionales a los que se producen en la dirección contraria.

Sin embargo, podemos suponer que el trasvase de votos del chavismo a la oposición fue mayor que el de la oposición al chavismo. Hasta ahora no se ha medido y quizás ya sea muy difícil medir el impacto de la muerte del presidente Chávez en ese hecho. Ya desde el año pasado algunos expertos en análisis político y estudios de opinión sostenían que sólo un acontecimiento de magnitudes catastróficas podría hacer cambiar las tendencias detectadas por ellos en sus estudios de opinión y que apuntaban al triunfo del presidente Chávez, para ese entonces candidato a la reelección. Pero en 2013 la muerte del presidente Chávez se presenta entonces como ese acontecimiento catastrófico que podía hacer cambiar las tendencias, las preferencias y consecuentemente el voto de los electores o de una parte importante del electorado venezolano.

Sumemos a todo lo anterior, aunque su impacto sea residual y no determinante (habrá que esperar los estudios de opinión y ver si hay alguna medición de este fenómeno), el hecho de que muchos simpatizantes de la oposición se abstuvieron en octubre al considerar que no había oportunidad de derrotar a Chávez. Pero con el presidente Chávez ya fallecido y por lo tanto fuera de la contienda para esos electores las elecciones del domingo se presentaban como una verdadera opción de alcanzar el poder y desalojar al chavismo de la presidencia de Venezuela.

Con respecto a los chavistas, la estrategia de la campaña electoral de la oposición consistió en promover la abstención en sectores de este electorado. Para ello pusieron en escena frases como “Maduro no es Chávez” e insistieron con analistas y formadores de opinión para apuntalar la matriz de que “la votación del chavismo baja cuando Chávez no se presenta en la contienda”. Una vez más, esto sólo será posible afirmarlo o sostenerlo con mayor propiedad cuando los estudios de opinión presenten sus mediciones, en el supuesto de que incluyan estos issues o ítems en su batería de preguntas a la población.

Por otro lado, sería interesante obtener del Consejo Nacional Electoral información acerca de cuántas personas se abstuvieron en octubre e hicieron lo mismo el 14 de abril. Porque para postular que 700.00 chavistas se voltearon y votaron por Capriles, quienes se abstuvieron en octubre tendrían que ser los mismos que se abstuvieron el domingo pasado.

La ciencia política venezolana y en especial los estudios electorales deben dejar de ser tan coyunturalistas y sacudirse ese yugo de los medios de comunicación que lleva, por un lado a utilizar en esos estudios categorías que son meramente periodísticas (los ni-ni, por ejemplo), y por el otro a los analistas políticos a creerse vedettes que deben luchar por minutos en el espectro radioeléctrico (de la Tv o de la radio) o centímetros en la prensa escrita.

(1). Salim Lamrani: “25 verdades sobre las elecciones presidenciales en Venezuela”. En Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166841).

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