Pedagogía económica

Verdades sobre costos, precios y salarios


¿Por qué ante una devaluación de nuestro signo monetario, nos empeñamos en sancionar que hemos perdido una capacidad de ingreso, o adquisitiva, en la misma proporción? Recién leo en la prensa que los trabajadores del gremio de los educadores ahora ganarán un 46,5% menos. Por ejemplo, si teníamos un salario de 3.000 bolívares, nuestra capacidad adquisitiva queda reducida a 1.605 bolívares, por lo que el nuevo salario debe fijarse en no menos de Bs 4.395,00. Se presume, en consecuencia, que la totalidad de nuestra cesta de consumo, léase verduras, hortalizas, frutas, granos, sardinas, atún, huevos, carnes, incluyendo los servicios de agua, gas, aseo urbano, teléfonos, electricidad, salud, educación, transporte, se incrementarán en, al menos, 45,5%, proporción de la reciente devaluación. Ello significaría que todo eso se adquiere con dólares a 6,30 Bs.


Nada más erróneo. Y lo es tanto más en cuanto que no más del 30% del consumo nacional es importado, por lo que las autoridades deben poner el mayor de los énfasis en controlar el alza desbordada de los precios. Póngase por caso el aumento del pan, en cuya confección forman parte en su estructura de costos el trigo y la levadura importados en una proporción que no alcanza el 40%. El resto de los costos, o sea el 60%, está representado por insumos nacionales: mano de obra, electricidad, gas, amortización del capital invertido en los equipos, teléfonos, papel y bolsas de envolver, etc. De manera que el incremento del precio de este rubro no debería alcanzar más allá del 40% de ese 46,5% de la devaluación, es decir, un aumento del 18,60%. De manera que si un kg de pan tenía un costo de Bs 20,00, su nuevo precio no debe exceder de 23,72 Bs el kg. Por supuesto que el panadero pretenderá, tal como recomienda Julio Andrés Borges, que el kg se fije en Bs 40,00, es decir, un incremento del 100 por ciento.


Y la proporción del incremento del salario mínimo, en mi opinión, debe estar en el orden del 5% por encima del último índice inflacionario que fue del 20%. De esa manera, el salario mínimo, que está en Bs 2047, debe fijarse en no menos de Bs. 2.558,75, o sea un aumento de Bs. 511,75.


Por supuesto que habrá una incidencia en los costos que gravitará sobre los precios. Sólo que estos precios deben estar calculados en función de la estructura de costos de los bienes y servicios de consumo de los venezolanos. Se está dando el caso de incremento de los precios de más del 100 por ciento en productos 100 por ciento venezolanos, tal es el caso del atún, pescado en aguas venezolanas, procesado en el país, con ingredientes criollos, la hojalata del envase es nacional, entonces, ¿a qué atribuir el aumento si no es a la especulación?. Y así aumentan en proporciones exorbitantes el plátano, la yuca, la lechoza, la patilla, el mango, el níspero, el melón, y otros vegetales como la cebolla, el cebollín, el cilantro, el perejil, el pimentón, el ají... De estos productos, sólo una pequeñísima proporción que corresponde a los insumos para la preparación de alimentos concentrados para animales y fertilizantes para la preparación de los suelos, es importada, proporción que por lo general no excede del 30%, es decir. 13,95% de ese 46,6% de la devaluación. Es por todo lo anterior que consideramos oportuna, adecuada y pertinente, la decisión de regular los huevos, el pollo, el atún, los vegetales, los cereales, las carnes... Y es que la especulación es un delito, por lo que los especuladores no merecen otro calificativo que el de delincuentes.


Un capítulo aparte es el transporte y la especulación con los respuestos de todo tipo de vehículos. Mano dura con las casas importadoras y expendedoras de los mismos. Una ley que contemple sanciones ejemplarizantes, que se cumpla, donde no campee la impunidad, es de aprobación impostergable. Con todo, estimamos necesaria una reforma tributaria, y el incremento del IVA para los bienes y servicios suntuarios. Que quien más gane pague más. El pobre del salario mínimo no tiene porqué pagar la misma alícuota del IVA que la gente de la clase media alta y de la clase alta, o sea aquéllos que ganan el equivalente a ocho, diez, doce y más salarios mínimos.


En el margen entre costos y precios, la ganancia está incluida, sólo que ésta es, no tan solo sobre estimada, sino que se hace en forma grosera, abusiva. No lo hacen los verdaderos productores, los empresarios mercantiles sanos, sino aquéllos para quienes la “economía de puertos”es el gran, negocio.

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