La noticia

Los ciudadanos de este pequeño país llamado Venezuela estamos mal acostumbrados a privilegiar las noticias políticas y de misses, sobre aquellas que sí son realmente trascendentes.

Los políticos de toda “realea” nos han querido colocar su accionar como centro de su oscuro mundillo. Las cuitas y traiciones palaciegas, las puñaladas traperas y demás fechorías, como saltos de talanqueras, paquetazos, sobornos y un largo etcétera de triquiñuelas, se tapan con otro escándalo siempre más turbulento.

Pero los ciudadanos sencillos, laboriosos y respetuosos seguimos en nuestra cotidianidad construyendo a contracorriente y por encima del empecinamiento politiquero, la vida y sus maravillas.

Que un presidente regrese al país para morir cristianamente es una noticia importante mas no debe ser el fin del mundo. Otro vendrá, mejor o peor. Que sea coronada otra miss mundo o miss universo, resulta agradable a los ojos y de comentario de fin de semana. Pero también pasa.

Lo que sí resulta noticioso es saber diariamente de las decenas de asesinatos y muertes que pueden ser evitadas. De los miles de asaltos, extorsiones y secuestros que ocurren y muy pocos son resueltos. Nada tan espantosamente noticioso como las miles de toneladas de alimentos que el gobierno permitió que se pudrieran y a la fecha no existen funcionarios sancionados.

O el injusto encarcelamiento de los policías y comisarios, como también los crímenes políticos ocurridos en los años ´60 y ‘70s. Es justicia real, clara y ejemplarizante lo que el ciudadano exige.

También aquellos cuantos, creo que más de media docena, de intentos de asesinatos presidenciales y que todavía no exista una información clara y contundente sobre esos delicados señalamientos. En un país con un Estado responsable, todos, tanto los grupos a favor o en contra, políticamente hablando, cierran filas en defensa de la majestad presidencial y aportan información para esclarecer semejante afrenta contra la institucionalidad. Pero tanto oficialistas como opositores callan o tergiversan el centro, el sentido moral y ético para asumir posturas complacientes o de interés partidista.

Noticia alarmante debieran ser las escuelas que están en situación deplorable en varios estados del país, o la insuficiencia presupuestaria a las universidades republicanas, públicas, autónomas y democráticas, acosadas por un gobierno militarista, autoritario y mentiroso.

Información para salir a manifestar y denunciar es la dramática infraestructura del transporte terrestre público, que ha causado tragedias, como en Barquisimeto con los llamados “rapiditos” o en Puerto Ordaz con las “perreras”, vehículos que son muestra de una sociedad sometida al vejamen constante por gobiernos estadales y municipales claramente ineptos que maltratan constantemente la dignidad del ciudadano.

Ya es insostenible para el venezolano tener que leer o escuchar noticias donde se privilegia el tema político como noticia única en la Venezuela actual.

Mientras los medios de comunicación se acoplan a esta mala práctica de convertir en noticia lo menos significativo, el “show” como circo romano acelera su carcajada dejando tras de sí a las marionetas, tanto del lado rojo como del azul, que corean lo que detrás de bambalinas varios “adelantados” guionistas escriben para que no se noten las costuras de un día a día plagado de riesgo, dramatismo y llanto, donde madres, padres, abuelos, hijas de esta llamada familia venezolana deben transitar para sobrevivir el espacio minado donde habitamos.

Pero aún y a riesgo de parecer repetitivo tengo absoluta seguridad de saber que la sociedad venezolana, los ciudadanos mayoritariamente decentes, sabremos superar esta tragedia moral y ética que la actividad política ha querido enlodar. Siempre habrá ciudadanos que muestran senderos donde transitar un mejor destino.

Y esto último resulta el centro de la angustia del venezolano de siempre: el camino de moralidad y ética que nos quieren arrebatar los cerca de 200 mil malandros, asesinos y secuestradores, mejor armados y organizados que las policías, y unos pocos políticos complacientes, colaboracionistas, quienes intentan imponer un estado de incertidumbre y desconfianza en la población.

Ante esa fácil vida y rostro de falsa carcajada, que sea la solidaridad, la unión de las mayorías decentes, el estudio y el trabajo constantes y dignos lo que brille e ilumine esta oscuridad donde quieren reinar los falsos y demagogos políticos con sus noticias trasnochadas y decadentes.

(*) [email protected] / @camilodeasis

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Juan Guerrero


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