¡Cardenal, renuncie! Por divisionista e insidioso

   En verdad, la mayoría poco sabíamos,  por no decir nada, de Urosa Savino, hasta que le nombraron Cardenal. Le escuchamos por primera vez expresarse largamente, aquel domingo, ya ungido por el Papa, previa anuencia del gobierno venezolano, como demanda el Concordato entre el Estado nuestro y la llamada Santa Sede, un domingo en el programa de José Vicente. Por lo que allí habló, llegamos a creer, como también quien le entrevistó, que vendrían momentos diferentes en las relaciones entre la alta jerarquía de la  iglesia católica y el gobierno venezolano. Imaginamos que atrás quedaría  la tirantez entre ambas instituciones por la descarada parcialización a favor del golpe de estado de abril, la huelga patronal y paro petrolero de quienes dominaban en la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). El contertulio de Rangel, aquel domingo, dio muestras de amplitud, cordialidad, propiciador de entendimientos y sobre todo deseo de servir de puente entre oposición y gobierno para la búsqueda de acuerdos mínimos posibles. En fin de cuentas, creímos había llegado un cardenal que procuraría contener el afán de algunos obispos influyentes como Luckert, Porras, por sólo nombrar dos, de actuar como factores políticos opositores a ultranza y golpistas de oficio. Tanto nos encandilamos que, dimos por bueno el gesto del gobierno de aceptar aquel nombramiento.

             “De ahora en adelante”, dijimos nosotros, engañados por aquella actuación, “se impondrá una conducta en el seno de la alta jerarquía eclesiástica de conformidad a lo que es su deber ciudadano y hasta “divino”, servir de mediadora entre las fuerzas que se baten por el destino nacional.”

            Por supuesto, eso mismo pensaron las autoridades venezolanas del obispo Urosa Savino, después de haber conversado largamente con él y escuchar de sus labios sus promesas. Las mismas que expuso en aquella entrevista en el programa de José Vicente, ya nombrado Cardenal. No se esperaba se comportase a favor del gobierno sino simplemente como imparcial y agente del entendimiento.

            Pero no tardó, quien fuese obispo de Valencia, en quitarse la careta y ponerse al frente de quienes desde la CEV, hacían oposición irracional y hasta golpista al gobierno de Venezuela. Lo que nos mostró que a éste había engañado, quizás hasta a quienes en la Santa Sede le promovieron, por el solo afán de lograr le nombrasen Cardenal. Por eso, ahora cuando de manera simulada se exhibe como candidato a Papa, aunque se muera “del susto” si  le eligen, como declaró a una periodista, no hace más que dar muestras de su desmedida ambición, poco interés por la paz, tranquilidad de los venezolanos, unidad de la iglesia de la cual forma parte y es nada más y nada menos que Cardenal.

            Este Cardenal, ahora cuando el presidente Chávez llega a Venezuela, habiendo de por medio un permiso de la AN, no sólo para salir a Cuba, como dijo alguien, sino para recuperar la salud y condiciones necesarias para reincorporarse a sus labores, porque el hecho “sobrevenido” sigue vigente, plantea a coro con la oposición que el presidente debe juramentarse.

           Ese juramento lo vinculan a la obligatoriedad de Chávez a reincorporarse al ejercicio del cargo o caso contrario, sea declarado de ausente absoluto o presente su renuncia para llamar a nuevas elecciones.

          El cardenal por lo anterior, hace referencia a la renuncia del Papa y  agrega, “Yo creo que cuando alguien no está en condiciones…, es natural que se haga a un lado…”. Es decir, Urosa plantea que Chávez, renuncie al permiso de la AN para curarse y proceda ya a juramentarse, o renuncie al cargo. Justamente lo mismo que sostiene el bando opositor.

         Con esa posición partidista, repetidora de la línea de la MUD y los partidos que la integran, Urosa contribuye descaradamente a dividir al país, a los católicos y para más pecados, da banderas a “las manitas blancas” para embochinchar al país. Mañana mismo, veremos a ese grupo encadenándose en cualquier parte, en  correspondencia con lo que Urosa Savino ha ordenado. Sobre todo cuando la absurda protesta ante la embajada de Cuba quedó sin sustento. La de ahora será en pro de “juramentación ya o renuncia”.

            Por lo anteriormente denunciado sobre la conducta del alto prelado o purpurado, uno no cae en excesos ni acto de irrespeto si demanda que renuncie. Pues no otra cosa puede exigírsele de quien se aleja de sus deberes convirtiéndose en portavoz de la parte opositora, dividiendo al país, a la iglesia, conformada por un universo de partidarios y adversarios del gobierno e incitando a desórdenes y actos contra la tranquilidad ciudadana.

            ¡Renuncie Cardenal! Usted no merece la representación que ejerce y que alcanzó haciendo trampa.

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