Devaluación y/o Ajuste Económico

Si algo es realmente complejo es pretender justificar ante el pueblo medidas económicas que afectan directamente su poder adquisitivo.

La devaluación y/o ajustes económicos han sido históricamente enemigos de los sectores más vulnerables, es decir, la clase trabajadora.

Por tanto, pretender que la población venezolana acepte medidas tan impopulares es pedirle un acto de altruismo, así como subestimar su nivel de conciencia de política y de clase.

Más allá de cualquier explicación técnica-política para justificar las medidas, el día a día del ciudadano de a pie, le indica que la vida se está encareciendo y que los avances económicos que se muestran chocan estrepitosamente con su realidad; más aún, el desamparo que sienten ante la “zafra” especulativa es notoria.

Perciben con honda preocupación que el eslabón más débil de la cadena de comercialización (el consumidor-trabajador) está a la buena de Dios o, lo que es peor, del seudoproductor.

Ahora bien, el Gobierno Bolivariano de Venezuela está en la obligación de crear mecanismos eficientes y transparentes que honren la confianza que depositó el pueblo, para que dirigieran los destinos de la Patria de Bolívar.

No puede tolerarse que la ineficiencia estatal entierre el sueño Bolivariano ni mucho menos que manos inescrupulosas se aprovechen de los recursos del pueblo.

No es fácil aceptar (por más confianza y afecto que se tenga con el proceso bolivariano) que las divisas que otorga el Estado a los “comerciantes y productores” del país sean desviadas para fines distintos a los solicitados; peor aún que compren con divisas reguladas para venderlas luego a precios especulativos.

Es intolerable que existan “agentes cambiarios” paralelos al oficial tan “extremadamente eficientes”, así como que seudosfuncionarios contribuyan a robustecer el mercado paralelo y especulativo.

Si se hace un pequeñísimo análisis sobre a quienes se les otorga las divisas, nos daremos cuenta que no es precisamente a la clase trabajadora sino a los sectores más pudientes de la sociedad, e incluso nos atrevemos a afirmar que son ellos los primeros en atacar las medidas.

Pero no por las mismas razones que el pueblo las crítica, sino porque ven enturbiado lo que considera un “buen negocio”.

Por último, debe tenerse en cuenta que si los controles de cambio no son eficientemente rigurosos, viviremos nuevamente esta amarga historia.


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Politólogo


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