Pedagogía Política

De astronauta a saltimbanqui

“El talento sin probidad
es un azote”.

Simón Bolívar.

Embajador de Venezuela en República Dominicana, durante el Gobierno Bolivariano, hasta el 12 de abril de 2002, cuando se pronunció en apoyo a Pedro “El Breve” Carmona. Se radicó en Caracas para buscar su reacomodo, pero no al lado del proceso revolucionario porque ya estaba rayado y tenía que recomenzar su escalada para lo que le deparara el turbulento escenario político venezolano. Empezó ese mismo año con un cargo que él consideró de poca monta, pero que lo mantendría, aunque de manera modesta, en el ambiente; esta vez cultural: la Presidencia de la Fundación Zuliana para la Cultura fue el primer peldaño. Cumplido este tramo, se viene a Maracaibo, donde salta a la Presidencia de la Academia de la Historia del estado Zulia, cargo que también consideró de poca monta para sus hasta ahora frustradas aspiraciones. El mullido colchón de los gobiernitos de “Montes Kiú” Rosales y Pablito “el heredero” se constituyeron -en tanto- en trampolín de sus fantasías.

El preámbulo viene a colación porque hoy recibí uno más de los tantos artículos de poco asunto -por supuesto, no esperados y menos deseados- de este personaje de la fauna política, oportunista y trepadora, que abunda en la política venezolana. Me refiero a alguien que Cósimo Mandrillo calificaría como “... un mono que salta de un bando a otro, como si estuviese colgando de una liana...” Ese ubicuo personaje, otrora militante de la juventud socialcristiana en sus años de estudiante de Derecho, en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de LUZ, donde se graduó de abogado en 1971, luego de Licenciado en Relaciones Internacionales, en la UCV; Doctor en Derecho por LUZ, en 1977; y más tarde postgraduado en Ciencia Política, en el Instituto Universitario “Antonio Gramsci” de Roma. Ha sido curador de obras financiadas por banqueros, devenido en historiador y cultivador de una sólida cultura intelectual y profesional, dedicado a la búsqueda de cargos ostentosos que alcanza por las ¿”virtudes”? ya señaladas, con carrera diplomática durante la IV República: Embajador en la tierra de Juan Bosch, por nombramiento que le hiciese aquel ingenuo Chávez del año 2000, además de profesor en diversas universidades, en áreas de sus especialidades.

En el artículo en comento, que titula “Otro bochorno”, se solaza con atrevidas descalificaciones: “...Por eso, al nombrar a Elías Jaua como Canciller en un decreto presidencial, donde la firma del Jefe del Estado se pone en duda, es otro bochorno para la República, tocándole ejercer las funciones, cuando Venezuela es catalogada hoy como una especie de Estado Vasallo, pues las decisiones sobre su política exterior las toma Cuba”. ¿Dónde se originan tales calificativos? ¿Se deben a su creatividad intelectual? Julio Portillo desempeñó funciones de Embajador por más de dos años en el Gobierno Bolivariano. ¿Estaba enterado del programa de gobierno ofertado por el “arañero de Sabaneta” y de otros aspectos de su vida? Por supuesto que sí. Conocía del alzamiento militar liderado por el Teniente Coronel Hugo Chávez en 1992; también de la famosa expresión “...¡por ahora!...”; de su prisión en Yare; de su recibimiento con honores de Jefe de Estado en el Aeropuerto “José Martí” de La Habana, por Fidel Castro y otros dignatarios de la Cuba Revolucionaria (que esta isla caribeña se declaró en 1962: “...Socialista y Primer Territorio Libre de América...”), en 1994; de la ciclópea campaña pre y electoral de Chávez por todo el territorio nacional, desde 1996 hasta el 6 de diciembre de 1998; de los avatares de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1999; de la aprobación popular de la Constitución Bolivariana en el referendo del 15 de diciembre de ese mismo año; que fue testigo de excepción de la Cumbre de Caracas en el 2000, cuando se celebró el Acuerdo de Cooperación Energética entre Cuba y Venezuela; de las 49 leyes revolucionarias aprobadas el 13 de noviembre de 2001, en el marco de la Ley Habilitante...

Sí, sí..., claro que estuvo al tanto de hacia dónde iba la gesta del militar desdoblado en Presidente; pero nada de eso lo perturbó en su escalada hacia la meta trazada por él hasta colmar sus ambiciones; y el logro fue la Embajada del Gobierno Bolivariano en República Dominicana. ¡Al carrizo con sus principios e ideologías socialcristianas! Todo estuvo a su medida, hasta que el 11 de abril se produjo el golpe de Estado; y el 12 de abril de 2002, cuando todavía no se habían apagado los aplausos por la autojuramentación de Pedro “el breve” Carmona como Dictador de la República de Venezuela, pegó un brinco desde Santo Domingo hasta el Palacio de Miraflores. Vino a ponerse a la orden del sátrapa, quizás buscando la Cancillería, pero ahí ya estaba una ficha del Opus Dei: “Pepe” Rodríguez Iturbe. El 13 le cayó como una catástrofe y ya no pudo retractarse. Había metido la pata hasta la cintura, estaba consciente de ello. Los logros alcanzados se habían esfumado en un santiamén.

Creo que Julito no midió el alcance de sus aseveraciones en el artículo en comento, cuando dice, refiriéndose al Canciller venezolano: “...En la antigüedad guardaba la justicia y los archivos reales. En la edad media era la mano, el ojo y la oreja del rey. Se requieren (sic) grandes condiciones de habilidad, serenidad, instinto, nobleza y cultura para ser canciller. Que lo digan Talleyrand, Metternich ... Kissinger ... Condoleezza Rice y tantos otros...”.
Al mencionar con el calificativo de cancilleres notables a Henry Kissinger y Condoleezza Rice, gestores de innumerables genocidios en países del Tercer Mundo, entre ellos, el derrocamiento de Salvador Allende, la Guerra de Vietnam, el horripilante Plan Cóndor, la destrucción de Afganistán e Irak y asaltos a otros países, se retrata el Dr. Portillo en su espectral vesanía.

¿Por qué Julio Portillo Fuenmayor, otrora líder de los “astronautas” socialcristianos hace tan atrevidas, impertinentes e inoportunas afirmaciones? Si en los años postreros de la IV devino en “saltinbanqui”, por obra y gracia de su actitud oportunista-trepadora. Por supuesto, ahora añora, anhela los cargos allende los mares, no importa con qué gobierno. A sus 68 años de edad, escasas posibilidades tiene de acceder en el resto de lo que le queda de vida a cargos diplomáticos, no al menos en este gobierno, porque su pretendido descalabro de la Revolución Bolivariana no lo verá mientras exista. ¡Error de cálculo, pajarito!

¡Sí, Julito, estoy convencido de que te has condenado tú mismo a vivir el resto de tus días en el ostracismo político, en la miseria política!

¡Culpechávez!

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