El caso Chávez: carta de un ateo a Dios

La verdad, tenía mucho tiempo con el deseo de dirigirme a ti por medio de la presente para hacer de tu conocimiento algunos asuntos que siempre he tenido pendientes contigo.

En primer término, alguien debe decirte de las dudas que has sembrado por acá ¿Sabes cuántos niños en otros países siguen yéndose a la cama sin comer y cuántos de ellos deambulan por las calles, avenidas y caminos expuestos a ser víctimas de la maldad?

Para tu conocimiento las más recientes estadísticas arrojan cifras trágicas: Hasta en los países desarrollados -al parecer tus preferidos- han aumentado las cifras del hambre y mientras tanto crecen las dudas de si existes o no, que si usas turbante, que si son necesarios los recontorsionismos del Talmud para llegar hasta ti, que si eres una entidad cuántica, que si los asuntos de la Tierra no tienen que ver contigo, que si eres una manifestación de la energía cósmica o que sencillamente te recoges los crespos, sentado en tu peinadora en la galaxia de Andrómeda.

A mi particularmente de lo místico trascendental de la vida lo único que me queda es la Pregunta Existencial: ¿Qué carajo viene después de la vida?. Y déjame decirte que cada vez me convenzo más que la respuesta es la Nada, así mismo, sin nihilismos: la Nada, la evaporación del oxígeno y el retorno a la Ley de Lomonosov “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma” ¿Viste? Esa es La Nada a la que me refiero. Como ves, de la muerte “el gran enigma” ya no me va quedando más que la cruda realidad que te desdice.

Para ser conciso, ya que no dispongo de toda la eternidad -como algunos por ahí- para andar manguareando por el universo sin hacer nada; te comento que ni siquiera te has encargado de las religiones -asunto bastante relacionado contigo- y que has dejado enteramente en manos de los hombres, para que, por ejemplo: en vísperas de cada Navidad cristiana anden los sionistas, disfrazados con el manto de Yahveh echándole fósforo encendido a los palestinos, como si se tratase del tubo de escape del carro de Ezequiel.

Y no digamos de los protervos de El Vaticano, que desde que murió Jesús, aquél muchacho de Nazareth que dejaste a la deriva en el Gólgota ¿te acuerdas?, el mismo que mientras te gritaba desesperado que lo habías abandonado, tu le entregabas una patente de corso a los que dicen tener las mejores relaciones contigo -tus intermediarios fariseos- para que en tu nombre pudieran destrozar una de las manifestaciones más fascinantes de la evolución de la materia, como lo es la vida humana, que aunque imperfecta, no deja de tener indiscutibles atisbos de inteligencia... Humanos que en su delirio de angustiada soledad se hacen llamar tus hijos.

La verdad es que ya no sé si por tu desidia o por tus malas intervenciones llenaste la historia de incalculable número de tragedias, de no se sabe cuántos millones de litros de sangre, millones de toneladas de carne indígena podrida en los socavones de la codicia, ni cuánta carne africana hundida en los buques negreros, ni los millones de decibeles perdidos en los gritos de dolor de los explotados, que en medio de su sufrimiento alzaban sus rostros para mirar al cielo, a ver si en el último minuto te apiadabas de ellos y cambiabas el guión, pero según algunos, tienes mala caligrafía y peor ortografía... De allí que nunca se han entendido bien tus instrucciones.

Y bueno, dado que no tengo las más mínimas intenciones de extenderme para contarte de asuntos de los cuales, por lo visto, jamás te percataste, quiero ir al grano: Te cuento que existe un país llamado Venezuela, cuyo pueblo padeció las peores penurias que se podían desprender de la maldad y que un buen día y siguiendo las terrenas enseñanzas de Bolívar, otro muchacho -esta vez de los llanos magníficos de este país y con el mismo talante de Cristo y el Quijote- decidió, por su cuenta arreglar las cosas por aquí y, la tarea le está saliendo bastante bien. Fíjate que hasta millones de seres humanos de este planeta están abriendo sus ojos, percatándose de que es posible construir el reino del Hombre en la Tierra.

Él en este momento está en La Habana recuperándose de una seria intervención quirúrgica.

De eso quería hablarte y, comentarte que nunca jamás tu reputación se había visto en situación más delicada como hasta ahora y advertirte que tengas cuidado con dar un paso en falso, pues por aquí no te quitan los ojos de encima, así que aunque sea por esta vez haz tu trabajo bien hecho, que nosotros, mientras tanto nos encargaremos de esto por aquí, hasta que él vuelva.

Hazlo en el nombre de nosotros y en especial del tuyo mismo...

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