Sindéresis

Las obsesiones de Andrés Velázquez

Después y enseguidita que Chávez comenzó una reguera de triunfos electorales en favor de la revolución, el insondable Andrés no pega una. Siendo gobernador de Bolívar y apuntalado por importantes bastiones que hoy comulgan con la revolución, entre ellos el flamante gobernador electo de Anzoátegui Aristóbulo Istúriz, el iracundo Andrés había osado montarse en Miraflores y dicen que hasta logró el número para tal fin, pero que en la chiquita se le aguó el guarapo en el camino de un reclamo que jamás concretó. Casi enseguida y guiado por una incontrolable ambición de poder el inefable Andrés, se remontaba a sus cuitas de gobernante en Bolívar y como bólido despepitado se fue a Anzoátegui a quererle chapotear la victoria electoral a su antiguo copartidario del Causa R, Alexis Rosas, recibiendo de parte de ese estado donde algún día naciera por sus orillas del Orinoco, una aplastante derrota. Y posteriormente ya desprendido de cualquier matiz revolucionaria, anda como volantín sin rabo, buscando con obsesión deliberada, alguna poltrona de poder donde pueda hacer gala de sus pretensiones. Y por eso desde hace ya unos ocho años busca acomodar sus sentaderas en el mismo sitio donde algún tiempo y en dos oportunidades las posó.

No teniendo esta vez apoyo de los factores de la revolución, se transformó el indescriptible Andrés, por obra y gracia de su ambivalente personalidad política, en un contumaz contrarrevolucionario aliado a los componentes más desprovistos de alguna acción ligada a los principios de emancipación popular. Y ahora, aprovechando una circunstancia que desenlazó algunos factores de unidad revolucionaria en Bolívar y aliado a quienes en el pasado reciente le injuriaban y perseguían por mantener posiciones que con obstinación hoy reniega, logra un porcentaje importante de votos, pero que no le permite apostarse en la gobernación. Y entregado el escrutinio final del CNE, dice que no los reconoce. Ni siquiera sus copartidarios de Bolívar le han hecho caso a tal denuesto. Todo esto demuestra que el vuelto de las traiciones es el proscripción política. Pero además los tiempos del tunante Andrés pasaron porque él mismo ha hecho lo indecible por desfilar rapidito a la indiferencia de la historia.

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