¿Qué hacer?: sin Chávez

De seguro en estos días: continuará floreciendo la opinión reconociendo las virtudes y los méritos del camarada Chávez y todo escrito que lleve su nombre miles de miles manos se abrirán para que miles y miles de ojos los lean; surgirán elogios que van a perdurar en la conciencia de muchos; algunos –ciertamente- lo elevarán al Cielo y otros lo idealizarán para que los nuevos tiempos tengan adelantado parte de sus volúmenes mitológicos. La historia es un conjunto de hechos y para que haya hechos transcendentales deben participar clases sociales, partidos políticos, gremios y personajes históricos. La historia no tiene demarcada una línea recta que la una -sin curvas- de comienzo a fin. En la historia –especialmente política- de las tres últimas décadas de Venezuela no se puede analizar, estudiar ni escribir dejando de lado o negándole al camarada Chávez su liderazgo que traspasó, muy pronto, las fronteras nacionales para convertirse –igualmente- en un líder internacional del llamado Tercer Mundo.  Pero el camarada Chávez solo, no es la historia, es parte de ella y donde ha jugado el papel de la personalidad histórica de los últimos lustros de la lucha política venezolana.

            El día 8 de diciembre por la noche, le habló al país, al pueblo, el Chávez de carne y hueso, al que también le corre sangre por las venas, el que tiene músculos y la misma cantidad de costillas que cualquier hombre o mujer de este mundo, el que por ser humano puede enfermarse y agravarse y requiere de operación quirúrgica y reposo, ese que igualmente es mortal pero también habló el político, el líder, ese que sabe que en un momento determinado se puede ir la vida pero que también sabe que las últimas palabras –previsiones políticas simplemente- deben ser por la unión, por la fortaleza y por la perseverancia del pensamiento revolucionario. Seguramente, muchos de los que desean que se marche temprano de este mundo guardarán silencio en espera de su muerte. Luego, será fácil descargar plumas derramando tintas para emborronar miles y miles de cuartillas tratando de canonizarlo en una biografía de esas que detrás de cada línea busca justificar su partida como una obra de Dios para que no continuara haciendo daño en la Tierra. Todo el que haya leído “El Estado y la Revolución” de Lenin no olvida jamás el primer párrafo del primer capítulo donde dice: “Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”. Por supuesto, que no estamos comparando a Marx con Chávez, pero nadie a éste –aun adversándolo con odio personal- puede negarle que sea un líder continental.

            Ciertamente, ya algunos ideólogos que adversan al camarada Chávez han comenzado a disparar sus proyectiles pensando o, tal vez, buscando aparecer –luego de muerto el líder bolivariano- como esos fiat lux que iluminaron las cabezas del pueblo venezolano en la adivinación exacta de  su futuro. Anhelan, si el desenlace es adverso a la vida del camarada Chávez y que nosotros anhelamos no sea así, los premien como los analistas inequívocos del presente. Así creen –por cierto, erróneamente- se hace progreso intelectual y se hace historia.

Estábamos el sábado en un campo celebrando un modesto convivir por ser diciembre. Había camaradas de Marea Socialista, de la UPV y del EPA. Fue un  conversatorio o diálogo muy agradable. Se contaron anécdotas pero –como casi todo en esta vida actual- obligatoriamente se cae en el terreno político, porque allí es donde se manifiestan las ideas de la lucha de clases, las relaciones entre organizaciones políticas, se expresan y se recopilan opiniones y argumentos para enriquecer el conocimiento y, entre otros elementos, hablamos del proceso y del mismo camarada Chávez. El domingo muy temprano en la mañana subieron los camaradas Chimó y Félix con la noticia de la alocución del camarada Chávez. Por supuesto, inmediatamente se tornaron tristes los rostros de todos los camaradas presentes, cada quien dijo algo sobre la materia y se decidió bajar a la ciudad para enterarnos con más detalles de la situación que ninguno de los presentes ansiaba escuchar aun cuando sabíamos de la enfermedad del Presidente. El ánimo del convivir ya no tuvo más espacio en los sentimientos de los camaradas que lo habíamos hecho el sábado por la noche. Luego de que vimos el video de la alocución del camarada Chávez, cada quien se dirigió a su hogar. Cada cerebro pensando, cada camarada andando… Y por delante: fe y esperanza que pronto salga airoso del trance en que se encuentra.

Seríamos muy falsos –además demostrar no estar incursos en análisis políticos- si dijéramos que nada sabíamos sobre si existía o no un camarada dirigente del proceso que ya estaba previsto como –usando lenguaje de béisbol- bateador emergente en el turno del camarada Chávez. Incluso, es completamente cierto, sabíamos que era el camarada Nicolás Maduro sin haberlo escuchado jamás de la boca ni del camarada Chávez ni de ningún alto dirigente del Proceso Bolivariano o del PSUV. A nosotros no nos agarró por sorpresa el anuncio del bateador emergente, porque algo conocíamos –sin tener acceso a ninguna información de ningún cuerpo de seguridad ni venezolano, ni cubano ni de ninguna otra latitud- que la enfermedad del camarada Chávez le iba a hacer anunciar al país algo extremadamente doloroso para todos y todas quienes nos solidarizamos con el Proceso Bolivariano y con él, que lo lidera, tal como fue lo de la nueva operación por presencia de células cancerígenas en su cuerpo. La sorpresa –en torno al anuncio del bateador emergente- nos agarró fue en el sentido que lo hizo ahora en diciembre y nosotros pensábamos que sería luego de asumir la Presidencia para su nuevo período de Gobierno. Ojalá nadie se burle de nosotros acusándonos de querer darnos de adivinos. Sencillamente: estamos diciendo lo que para nosotros es verdad, producto de análisis, discusiones y reflexiones donde –incluso- hubo participación de camaradas de otras organizaciones políticas.

La alocución del camarada Chávez hace inevitable que se produzca una tormenta de opiniones e incluso de muchísimas especulaciones. Mientras millones y millones de personas en el mundo oran o rezan, miles de miles de personas escriben sus opiniones. El camarada Chávez es un líder, por lo tanto una buena parte del mundo tiene que ocuparse de todo cuanto le acontezca en su vida. Pero en este momento, nosotros como UPV (Lara) y EPA al lado de nuestra plegaria de materialismo histórico por su salud y su pronto retorno al país para que continúe al frente del Gobierno, estamos obligados a expresar algunas ideas en relación al ¿qué hacer?, cuando ya el camarada Chávez no pueda seguir ejerciendo la Presidencia de la República.

            Lo primero: lo primerito, en que debe tenerse claridad y comprometerse todas las fuerzas que apoyan al camarada Chávez es en que el Proceso Revolucionario debe continuar, debe seguir avanzado, superando obstáculos, enderezando entuertos, emendando sinrazones, satisfaciendo esperanzas y deudas con el pueblo. Desviarse de ese camino significa: poner la guillotina sobre el cuello del Proceso Bolivariano. Nadie podrá justificar, partiendo de la ausencia del camarada Chávez, una razón para abandonar la nave revolucionaria. El mar puede parecernos infinito pero es finito en aquel puerto donde su avance y desarrollo ya no puede tener vuelta atrás. Allí comienza una nueva fase.

            Lo segundo: reestructurar, de pies a cabeza y de cabeza a los pies, el Gran Polo Patriótico. Este no puede continuar siendo una suma interminable de organismos de los partidos políticos, organizaciones sociales, gremios y personas. No, debe ser una superestructura que genere política para el Gobierno y para el pueblo; que funcione como dirección política y no como  un seudónimo cuantitativo para procesos electorales.

            Lo tercero: que las políticas económicas estratégicas sean antes bien debatidas, analizadas y reflexionadas tanto en el nivel del Gobierno como del Gran Polo Patriótico y con la alta dirigencia sindical que acompaña al proceso Bolivariano. No olvidemos que las políticaseconómicas no dependen de las buenas voluntades de los gobernantes sino de realidades nacionales e internacionales.

            Pudiéramos señalar otras sugerencias pero sabemos que en el país hay dirigencias políticas que lo harían muchísimo mejor que nosotros. Por eso nos limitamos a tres como punto de partida para que se reflexione sobre ¿qué hacer?, en caso de que el camarada Chávez no pueda seguir al frente del Gobierno, del Estado, del PSUV, del Gran Polo Patriótico y del Proceso Bolivariano. Queremos en demasía que eso no suceda. Deseamos que el camarada Chávez no solo salga bien del trance de salud que padece sino que regrese pronto y siga guiando el timón.


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