Odios escuálidos , ¡De dragones de Komodo a Mimi Lazo!

Menos mal que los dragones de Komodo o Comodo, no se hallan por aquí. Se les encuentra en Indonesia Central, que es como donde se devuelve el viento y, por ser especie en extinción, se hallan encerrados en parques. Es poco probable que los escuálidos imiten, al rey de España, quien la tomó por matar elefantes; está bastante cerca,

Porque si aquí existiesen esos dragones y anduviesen por allí, como cualquier lagarto o iguana, ya hubiesen salido patotas o patrullas, porque en este caso no puede hablarse de hordas, a cazarles inmisericordemente. Con tal que por aquello de a falta de pan, buenas son tortas, no la cojan salir en sus grandes camionetas a espaturrar cuanto animal les sugiera los ahora célebres dragones. La Guardia Nacional y los cuidadores de parques deben ponerse pilas.

Por culpa de Diosdado, a quien se le ocurrió compararlos con esos lagartos de gran tamaño y peso, pero como animal al fin sin malas intenciones, ni odios, aumentó la larga lista de cosas, animales, personas, todo cuanto peso tenga y ocupe lugar en el espacio, como los satélites Simón Bolívar y Miranda que giran allá arriba y no se les ve, que los escuálidos odian.

A los cubanos, Fidel y hasta al Che Guevara, llegaron a aceptar, quienes ahora, se les conoce como escuálidos, con afecto. Hasta se crearon empresas que organizaban viajes a Cuba para y por personas de las que componen a aquel sector, lo que es lo mismo con bastante plata, en busca de salud. No ponían en dudas, que pese al anti imperialismo de Castro y sus diferencias con los gringos, en la isla había cosas buenas, como el sistema de salud o la medicina, educación y deporte. Hasta celebraban, como suyos, los éxitos cubanos en los juegos olímpicos, donde lograron adueñarse del tercer lugar. Lo que para un país de América Latina y más una pequeña isla, era hasta para ellos, una portentosa hazaña. Cuando Castro aquí venìa, hacían colas y antesalas enormes para tener el placer de saludarle y hasta fotografiarse con èl.

-“Chama, chamo, si te quieres curar del vitíligo, vete a Cuba. Es más, no vayas al médico, deprimido y asustado, como quien no quiere; ve en un tour de salud, conoces aquella bella isla, te bañas en sus playas, visitas “la bodeguita del medio” y “El Tropicana”, te tomas unas cuantas cubas libres y de paso vienes sin esos lamparazos o caratosidades”.

Al “Che”, le llevaban en el pecho y en la espalda. Collares, zarcillos portaban elegantes damas y la calcomanía con su rostro no faltaba en una camioneta cara. Le creían muerto, pero la magia del arañero contador de historias, trajo al argentino vigoroso y radiante a la vida. Amor y adoración se transformaron en odio nuevamente.

Todo ese amor y admiración cambio por culpa del “arañero”, que aparte de querer cambiarnos, estrechó su amistad, nuestra amistad, con Cuba. Por eso, el odio se aposentó en sus almas y Cuba pagó la vaina. Esa medicina no sirve como tampoco nada de lo de allí.

A Alì Primera, cuando creyéndole muerto, le tuvieron de sus cantantes preferidos y música adorable. Las televisoras daban un ojo de la cara para que el paraguanero se presentase en ellas; sólo que él no quiso, porque pensó con razón que eso quitaba peso y valor a su mensaje. Prefirió crear su empresa disquera “Cigarrón” y hacer sus presentaciones personales exitosas.

Porque Chávez se puso a hacer lo que en su canto se cansó de pedir Alì, el fervor por el canto de éste, en los ahora denominados escuálidos, se transformó en odio. Votaron sus “casetes”, discos de acetato y hasta los aparatos donde antes le escucharon con placer.

¡Cosa extraña! Por ese mismo odio, que los volvió confusos, empezaron a aplaudir a Soledad Bravo, quien siguió cantando lo mismo; al Che, Fidel y Quinto Regimiento, canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y toda la trova cubana, simplemente por manifestar rechazo a Chávez, hasta que como suele sucederle a los advenedizos, la tiraron al olvido, o la cantante no pudo aprenderse otras melodías.

Odian al cáncer, lo que natural es; pero su odio aumenta cuando ese cáncer no mata a quien odian. A médicos que pueden salvar a Chàvez y a todo esa inmensa multitud que llora, reza y pone toda su fuerza vital, espiritual en cadena para derrotar un cáncer. Porque odian a quien no han podido ganar en buena lid y lo que es màs, como Cristo, reparte panes a granel.

Tiene tanto odio y por tantas cosas, que han tenido que comprimirlo al máximo para que en el cuerpo o ¿alma? le quepa y abrir espacio a lo que venga.

Como a Mimí Lazo, la bella rubia actriz. Amada de todos por buena en el escenario, buena de las buenas, exuberante, atrayente, por demás exòtica y exquisitamente desenfadada. Pero a Mimí, le rindió un homenaje Jorge Rodríguez, a nombre de la Alcaldía de Caracas y ella asistió gustosa y feliz. En pleno acto, una voz, salida de la multitud, gritó con amor ¡viva Chávez! y la linda rubia, respondió con un saludo cordial al presidente y un deseo ferviente porque recupere su salud.

Rayos, truenos y centellas estallaron y bajaron del Olimpo escuálido y a Mimí, aunque parezca absurdo e incomprensible, por ciertos indicios, la pusieron en la misma lista donde se hallan los dragones de Komodo, pobres animales “que no saben lo que hacen.”

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