A 200 años del Manifiesto de Cartagena

La Etapa Bicentenaria permite la reflexión, el examen, el análisis a la luz de los grandes tiempos históricos. El 15 de diciembre se cumplirán los doscientos años de la aparición del Manifiesto de Cartagena, documento clave en la obra de Simón Bolívar.

La vigencia de este escrito, tiene vital importancia para analizar el momento actual de la Revolución Bolivariana, tanto para reafirmar los aciertos como para combatir los errores, en esta nueva etapa de la misma lucha por la independencia

Cuando asumió la presidencia el comandante Chávez, el 2 de febrero de 1999, en su discurso ante el pueblo venezolano, señaló:

“No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, rebuscar atrás, rebuscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto… Es tratar de armarnos de una visión jánica necesaria hoy, aquella visión del Dios Mitológico Jano, quien tenía una cara hacia el pasado y otra cara hacia el futuro. Así estamos los venezolanos de hoy, tenemos que mirar el pasado para tratar de desentrañar los misterios del futuro, de resolver las fórmulas para solucionar el gran drama venezolano de hoy”.

Es lo que estamos llamados a hacer los bolivarianos, ponernos sobre los hombros la carga del tiempo histórico y reimpulsarnos con la energía libertaria que ella contiene.


El Manifiesto de Cartagena

Aplastada a sangre y fuego la Primera República, Bolívar llega a Cartagena de Indias, ciudad que estaba en manos de los patriotas, el 14 de noviembre de 1812.

Pero no llega derrotado, sino dispuesto a retomar la lucha. Allí, el 15 de diciembre, presenta un documento titulado “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño”, luego conocido como Manifiesto de Cartagena.

El documento explica, según la visión de Bolívar, las causas de la pérdida de la Primera República y el plan para su reconquista. Justifica la necesidad de actuar con premura solicitando apoyo al gobierno neogranadino. El Manifiesto de Cartagena es el fundamento político del lanzamiento de una campaña militar, que posteriormente se conoció como Campaña Admirable.

El contenido de tan importante documento puede dividirse en dos partes. La primera de ellas, explica las causas de la derrota. La segunda, plantea la importancia que tiene para toda la región la tarea de liberar a Venezuela del yugo colonialista y propone cómo hacerlo.


Las causas de la caída de la Primera República

Las reflexiones de Bolívar tratan sobre problemas similares a los de la Venezuela actual. Tanto es así, que podría imaginarse al leer esas líneas, que se trata de consejos o advertencias que nos hace el Libertador, para evitar que cometamos los mismos errores que originaron la caída de la Primera República. Luego de una breve presentación, Bolívar comienza a abordar el tema:

“Permitidme que animado de un celo patriótico me atreva a dirigirme a vosotros, para indicaros ligeramente las causas que condujeron a Venezuela a su destrucción…”

Gobierno débil y tolerante: Se refería Bolívar a la actitud de “insensata debilidad” que demostró el gobierno republicano al no someter implacablemente a la ciudad de Coro, que había reaccionado contra la revolución.

“El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante…”.

Caracas podría haber sometido a Coro con extrema facilidad, pero al no hacerlo las fuerzas conservadoras consiguieron reagruparse y fortalecerse a tal punto que desde esa ciudad comenzó la ofensiva contrarrevolucionaria.

Al igual que Bolívar, el Presidente Chávez, ha reconocido el mismo problema en las filas bolivariana, sobre todo cuando se refiere a los sucesos que condujeron al golpe del 11 de abril y el sabotaje petrolero.

La falta de sentido de la realidad: El gobierno republicano, por diferentes razones, entre otras la de su carácter de clase, ya que estaba conducido por los mantuanos, trató de imponer un sistema esquivo a la confrontación con el enemigo.

Alejado del sentir de las masas populares, pulido en la retórica, pero abstracto en sus conceptos, el Gobierno republicano demostró una incapacidad supina a la hora de ejercer el poder. Al respecto Bolívar es contundente:

“Los códigos que consultaban nuestros magistrados, no eran los que podían enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos por jefes; filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados. Con semejante subversión de principios, y de cosas, el orden social se resintió extremadamente conmovido, y desde luego corrió el Estado a pasos agigantados a una disolución universal, que bien pronto se vio realizada”.

Esta reflexión de Bolívar, de colosal dimensión política, orienta las líneas de acción para la actual etapa revolucionaria, sin caer en tendencias pragmáticas, nos alerta sobre el peligro de asumir actitudes filantrópicas que solo derivan en la construcción de “repúblicas aéreas”.

La impunidad. La “insensata debilidad” y la idealización política, agigantaron la impunidad. Señala Bolívar en el documento:

“De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos, e implacables enemigos, los españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo incesantemente inquieto, y promover cuantas conjuraciones les permitían formar nuestros jueces perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes, que se dirigían contra la salud pública”.

“Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar: porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina, que todavía no habíamos enteramente concluido!”.

La improvisación en el orden militar: Cuando Bolívar señala que tuvimos “sofistas por soldados”, se refiere a la total improvisación en la preparación de las fuerzas armadas, necesarias en todo momento para la defensa de la República. Así lo expresa:

“El resultado probó severamente a Venezuela el error de su cálculo; pues los milicianos que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no estando habituados a la disciplina y obediencia, fueron arrollados al comenzar la última campaña, a pesar de los heroicos y extraordinarios esfuerzos que hicieron sus jefes, por llevarlos a la victoria. Lo que causó un desaliento general en soldados y oficiales; porque es una verdad militar que sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña. El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”.

El Comandante Chávez, inspirado en los principios bolivarianos, forjó la unidad pueblo-ejército, bastión y fórmula indisoluble para enfrentar la agresión extranjera. Las Fuerza Armada Nacional Bolivariana están cada vez más preparadas, capacitadas y dispuestas a repeler cualquier ataque imperialista en suelo patrio.

Desunión: Una de las causas fundamentales de la derrota de la Primera República fue la falta de unidad, fomentada principalmente por la adopción de un sistema federal idealizado y disolvente. Las rivalidades entre las diferentes ciudades, el regionalismo vacuo y las ambiciones sectoriales anteponiéndose a los intereses de la Patria, atentaron contra la unidad necesaria que las circunstancias demandaban. Bolívar lo manifiesta a manera de sentencia:

“El espíritu de partido decidía en todo y, por consiguiente, nos desorganizó más de lo que las circunstancias hicieron. Nuestra división y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud”.

Tal sentencia del Libertador es recogida permanentemente por el Comandante Chávez: “La unidad debe ser nuestra divisa… tenemos que actuar con unidad perfecta”.

Derroche y burocratismo: Este es otro tema de total vigencia, cuando estamos luchando por un Estado eficiente, productivo y transparente. Decía Bolívar en el Manifiesto:

“La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos, y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales, dio un golpe mortal a la República”.

En las Líneas de Chávez, tituladas “¡Campaña Admirable!, ¡Patria Admirable!”, escritas en el 2010, el Comandante apuntaba en la misma dirección que el Libertador doscientos años atrás:

“… lo que nos espera en este año es combate y más combate: contra la corrupción, contra la burocracia parasitaria, contra la inseguridad, contra el derroche de todo tipo, contra los malos hábitos inoculados desde hace tanto tiempo por el capitalismo. El combate contra estas desviaciones y estos peligros, que en nada contribuyen a la consolidación de un nuevo sistema social, debe permitirnos consolidar el campo revolucionario y ampliar el espectro de nuestras alianzas para, en consecuencia, ubicar con mayor claridad al enemigo imperialista, a sus aliados en la región y a sus lacayos dentro de nuestras fronteras”.

Subestimación del enemigo: También es una lección para el tiempo presente el imperativo de nunca subestimar al enemigo. Escribía Bolívar:

“… el origen de la destrucción de Caracas… no fue otro que el desprecio con que miró aquella ciudad la existencia de un enemigo que parecía pequeño, y no lo era, considerándolo en su verdadera luz”.

Cabe recordar también aquí aquello que dijera Lenin, otro gran revolucionario:

"Si los explotadores son derrotados solamente en un país, y éste es, naturalmente, el caso típico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados”.

Ambas frases son de absoluta actualidad; la oposición al gobierno bolivariano no se reduce a la fuerza de las toldas políticas antichavistas, su fuerza está en el poder de la oligarquía venezolana, apoyada por las oligarquías de todos los países latinoamericano-caribeños y los gobiernos imperialistas del planeta, principalmente el estadounidense.

Frente a todo este poder, el Libertador, estimula a los revolucionarios a valorar igualmente sus propias fuerzas:

“… en el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política”.

La ignorancia: Ni bien instalada la Primera República, la conspiración comenzó a actuar, siendo sus principales portavoces los sacerdotes reaccionarios. En aquella época, uno de los factores principales en la formación de la opinión pública era la prédica de los religiosos. La tarea que hoy cumplen los medios de comunicación, era realizada a comienzos del Siglo XIX por los representantes de la Iglesia. Después del terremoto de Caracas, en 1812, los curas reaccionarios culpar a los republicanos, acusándolos de ser los causantes de aquella catástrofe por haber ofendido a Dios y al Rey. La ignorancia, madre de la superchería, hizo que una importante fracción del pueblo se asustara y abandonara la causa de la República. Señalaba Bolívar en el documento:

“La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas: y en la introducción de los enemigos en el país; abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los promotores de la guerra civil. Sin embargo, debemos confesar ingenuamente, que estos traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente se les acusa porque la impunidad de los delitos era absoluta…”.

Nuevamente Bolívar trae el tema de la impunidad como una de las causas de la derrota. La impunidad y la ignorancia facilitaban la penetración de las ideas retrógradas.

Autocrítica, diagnóstico y plan

En síntesis, Bolívar, en la Carta de Jamaica realizaba un certero análisis sobre los factores que influyeron en la caída de la Primera República, pero no se reducía a lo que hoy llamaríamos autocrítica, sino que proponía un plan para la recuperación del territorio americano perdido.

El objetivo concreto de este documento era lograr el apoyo para realizar la campaña libertadora. Para que se viera como una empresa viable, era necesario partir de un análisis objetivo de los hechos, una autocrítica rigurosa y sincera, de un diagnóstico sobre bases materiales verificables.

Lo principal del Plan de reconquista del territorio venezolano, consistía en asumir una táctica ofensiva, contraatacar contundentemente antes que el enemigo consolidara sus posiciones.

Una acción similar a la que el pueblo y las fuerzas armadas patriotas, espontáneamente, realizaron en la gesta de abril de 2002.

Bolívar aclara que una táctica defensiva solo alargaría la agonía, le daría fuerza al enemigo y no despejaría los peligros de una nueva derrota.

“Además, es un principio del arte que toda guerra defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene; pues lo debilita sin esperanza de indemnizarlo; y que las hostilidades en el territorio enemigo, siempre son provechosas, por el bien que resulta del mal contrario; así, no debemos, por ningún motivo, emplear la defensiva”.

La correcta táctica de la ofensiva revolucionaria, deberá mantenerse permanentemente frente al constante acoso de los enemigos internos y externos de la revolución bolivariana.

El objetivo claro

El Manifiesto de Cartagena finalizaba con una convocatoria a la acción:

“Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos”.

El objetivo político del plan de Bolívar no era otro que el de alcanzar la independencia de Venezuela reinstalando la República. Todavía el Libertador tendría que hacer su propio “camino de Damasco” para comprender que sólo se lograría el éxito, al incorporar las reivindicaciones sociales de las masas populares al proyecto independentista.

La finalidad política estaba correctamente enunciada por Bolívar, pero los medios elegidos para cumplir ese objetivo todavía estaban difusos.

Aunque comprendía que el camino era la Revolución, Bolívar todavía no había arribado a la conclusión que orientaría su acción en los años siguientes: que era imprescindible levantar las banderas de la justicia social para incorporar a los sectores populares a la gesta independentista.

Pero Bolívar ya no es el mantuano de antaño, en sus profundas reflexiones comienza a despejar la incógnita. Las enseñanzas de Simón Rodríguez, la lectura de los pensadores revolucionarios de la época y, poco más tarde, los consejos de Alejandro Petión, serán determinantes para pulir la estrategia.

Con la caída de la Segunda República, Bolívar comprenderá, que las lanzas de los llaneros de Boves no se empuñaban contra las ideas de Independencia y Libertad, sino que realmente se rebelaban contra aquellos que veían como representantes directos de trescientos años de colonialismo y explotación, de injusticia y esclavitud.

A partir de ese momento el Libertador comienza a desarrollar una clara política de justicia social, combate la esclavitud, libera al indio del tributo, propone el reparto de tierras entre los patriotas combatientes y el pueblo. Ha llegado el momento en que el Bolívar revolucionario transitará los caminos de triunfo que lo condujeron desde el Orinoco hasta el Potosí.

A doscientos años del Manifiesto de Cartagena, la voz de Bolívar sigue dándonos enseñanzas.

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