¿Eficiencia revolucionaria? aquí mismito en Venezuela…!

Como la totalidad de los temas que el comandante Chávez ha venido fijando en el debate político nacional e internacional desde hace poco más de 20 años, el relativo a la “eficiencia revolucionaria” no será la excepción, al punto tal que sólo el buscador Google registra aproximadamente 1.950.000 resultados sobre el tema al 1° de diciembre de 2012, es decir, en menos de seis meses de referencia.

No es para menos, pues las venezolanas y venezolanos sin distingo de estrato socioeconómico ni posición ideológica, venimos añorando desde hace muchísimo tiempo que las instituciones públicas y privadas funcionen adecuadamente, que presten los servicios y produzcan los bienes con la calidad y eficiencia que nos merecemos, cualquiera sea la rama y/o sector económico en que se encuentren.

Sin embargo consideramos que sería mezquino de nuestra parte, y por tanto impropio de un universitario, máxime de quienes nos asumimos revolucionarios, desconocer que en nuestra realidad concreta en construcción desde 1999, se viene gestando un afán por vivir mejor y una conciencia de nuestro pueblo en torno a sus derechos, el mismo afán que desde el Gobierno Revolucionario se ha puesto para que las cosas funcionen.

Dos fenómenos muy “típicamente criollos” tal vez sean las causas que nos impiden ver los resultados de tal afán: por una parte nuestra costumbre creada (“cuasi cultura” diría alguien), de quejarnos permanentemente de la propia realidad, aún por cosas que no han ocurrido pero que nuestro “imaginario especulativo” da por cierto que se producirán. Por otra parte está la llamada “poca memoria histórica” del venezolano, que aparentemente nos hace olvidar bien pronto algunos sucesos de ocurrencia relativamente reciente, en función del “ahorita mismo”.

Estamos convencidos que ambos “fenómenos” son mecanismos de dominación, inoculados en nuestro cotidiano devenir con objetivos muy precisos y claros: el primero orientado a la auto-desvalorización de nuestras capacidades endógenas, fortalecida mediante una sensación de añoranza permanente por lo exógeno e importado, como el famoso “ta´ barato” mayamero de los años ´70 y ´80 del siglo XX, así como la frasecita afirmando que “en Europa o USA no es así”, pedir de “la marca importada”, o sentenciar que “por eso somos subdesarrollados”, todas en conjunto destinadas a descalificar lo autóctono y preferir lo extranjero (aún mintiendo descaradamente), para imponernos un modelo de vida que no nos pertenece y al cual no pertenecemos, pero que nos cautiva por prometernos “una mejor vida”.

El otro objetivo, el vinculado a la memoria colectiva, se orienta a reforzar al anterior aunque con sus propias intenciones, adicionales a la mera descalificación, para intentar repetir los desafueros cuartorepublicanos, basado en el natural temor o rechazo al cambio que tenemos los seres humanos, más evidente entre quienes están sumidos en la ignorancia, cualquiera sea su nivel y/o estatus socioeconómico. Por ello se recurre al viejo especular de que “todo tiempo pasado fue mejor”, “los adecos robaban pero dejaban robar”, “antes estábamos unidos”, o aquella de “estaba mejor cuando era privada”, ésta última para referirse a alguna empresa nacionalizada.

Pues bien, con el tema de la “eficiencia” andamos igualmente como locos buscando “experiencias exitosas extrapolables” de Argentina, Cuba, Brasil, Rusia, Irán y otros países hermanos, olvidando ya cuando Robinson nos dijo que “inventamos o erramos”, pero que en todo caso que sean nuestros errores, con nuestra propia realidad concreta a transformar. No se trata de despreciar la ayuda y vivencias de los pueblos hermanos, especialmente con quienes compartimos similitudes culturales y ambientales. Se trata de que miremos hacia adentro y nos demos cuenta que ya no sólo es el Metro de Caracas, que sigue funcionando muy bien y ahora mejor.

Queremos destacar solo dos instituciones que fueron íconos de ineficiencia y corruptelas durante la IV República, a las que nuestra mezquindad no puede ni debe quitarles los méritos de su transformación y ejemplar eficiencia actual. Nos referimos al INTTT y al IPAS-ME por ser tal vez las más conocidas, aunque sabemos que hay muchas más.

Sin embargo en Venezuela es raro quien no haya requerido realizar un trámite por traspaso de vehículo, por licencia de conducir o similar, e igualmente son pocos quienes no tengan vínculos con el ámbito educativo de manera directa o por algún familiar docente u otra relación con el magisterio, razón por la cual tomamos estos casos por demás simbólicos, habida cuenta que en la actualidad podríamos decir que son modelos de eficiencia pública, fácilmente observables y multiplicables en nuestras instituciones.

Damos testimonio, por ejemplo, que ya no son necesarios los tétricos gestores para legalizar la documentación de un vehículo y que sólo se requieren 12 minutos para renovar la licencia. Por otra parte parte, salvo contadas excepciones de quienes jamás aceptarán “un ojo bonito en cara ajena”, las y los afiliados al IPAS-ME debemos reconocer cómo ha mejorado la atención y la capacidad de respuesta de nuestro instituto durante los últimos 10 años, fundamentalmente en materia de créditos hipotecarios, turismo, salud y otros servicios.

Estamos conscientes que en algunos casos es porque “lo extraordinario se está haciendo cotidiano”, o tal vez porque “cuando somos lluvia no vemos llover”, pero consideramos necesario asumir que sí hay muchos avances en la eficiencia revolucionaria “aquí mismito de Venezuela”…

El autor es: Economista Agrícola. Profesor de la UPT “Argelia Laya”

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