¡Benedicto, mijo!, deja la mula y el buey en paz

“Los tres reyes magos,

la mula y el buey,

fueron los que vieron

al niño nacer”

Aguinaldo venezolano.



-“Si los comunistas saben que tienes dos gallina, te quitan una.”

-“No me cansaré de decirle a Chávez, con mis hijos no te metas y no permitiré que me los quite.”

Así, con esos cuentos chinos, como todo el mundo sabe, sataniza la derecha al presidente Chávez, y le gana un buen espacio en donde alguna gente, cada vez menos, amontonan los odios. No dice nada, calla, hace MUD, cuando de aquello hacen sus mesías y respetables referentes.

Un tiempo atrás, la muy respetable, noble y linajuda Academia Española de la Lengua, tomó en un cenáculo, unas medidas de las cuales ya nadie se acuerda, ni quienes a ese aquelarre concurrieron. Pero que implicaba que los venezolanos, por ejemplo, ya no volviésemos a decir de “v” de vaca, sino como los españoles y el Banco Provincial, “uve”. Ordenar borrar de nuestro léxico también por mampuesto lo de “b” de burro y lo doble ve (W) y, en esta caso, decir como si fuésemos súbditos del rey de copas llenas, Juan Carlos de Borbón, “doble uve”.

Menos mal que tuvimos a Bolívar y a Bello, quienes nos enseñaron a no pararle a la realeza ni siquiera en asuntos de la lengua, menos si una pea loca y desquiciada, hace que alguien grite en un foro de Jefes de Estado, a un digno mandatario, “¿Por qué no te callas?”. A esos, todos, abusos y autoritarias imposiciones no les paramos ni habrá quien lo haga. Tampoco en una España donde, como dijese Beltold Brecht, hoy se ha puesto de manifiesto que “lo primero es el comer”.

Pero en materia de abusos, el Papa Benedicto, uno sabe si eso le viene de su juventud, tiempos de la “grandeza alemana” de la segunda guerra, está en abierta competencia con Obama. Sólo que éste lo hace sobre “la misma tierra”, como escribiese Gallegos y aquél en los lares del cielo y los divinos lugares del catolicismo. Por esto de la competencia, Benedicto que se fijó en la mula y en el buey, como mal colocados al lado del niño divino y afeando el paisaje, sin entender el sentido poético, no mira ni oye hacia Gaza, mientras los sionistas les atosigan a bombas, sobre todo a los niños.

Lo primero que hizo, sin consultarle a nadie, pues no cree en eso de lo participativo y derecho de la gente, sino como el chivo que más mea, fue cerrar para “sècula secolorum”, para siempre, el limbo. Ya uno no tiene donde guarecerse cuando le preguntan algo y no lo recuerda a tiempo, tampoco los niños sin haber ido a la pila bautismal. Es decir, por cerrar ese espacio que uno imaginaba tan lindo como el cielo, que eliminó de un plumazo y sin preaviso, como el capitalismo europeo que anda sacando a la gente de sus casas, mandó a la calle a un montón de carajitos y quienes vienen atrás sin camino qué tomar.

Pero ahora, en estos días, cuando la navidad se avecina, el Papa Benedicto, ha publicado un libro sobre la niñez de Jesús, en el cual saca del humilde y reducido espacio a mula y buey. Es probable, habrá que averiguarlo, que hasta eliminó el pesebre. Es lógico pensarlo así.

¿Qué hiciste Benedicto? ¡Me quitaste el buey, la mula y el pesebre! ¿Qué hago ahora en navidad? ¿Adorno un Play Station?

Como son dos, mula y buey, Benedicto no los quitó a los dos; porque dos es el número fatídico, y entonces mi aguinaldo de este año y de ahora en adelante, quedará mocho y sin cachos, como “la cabra mocha de Josefita Camacho”. Pero quedarán los reyes. Pero eso lo decidió él solito, sin asamblea popular; le parece que Jesús, un niño de la alta, no puede aparecer entre aquellos animales, pero si entre reyes.

Quizás esté pensando en llamar para poner en el nacimiento del Vaticano, donde antes estaba la mula, a la señora Merkel, la Canciller, quien no es reina pero sí quien hoy más manda en Europa, y al rey de copas llenas, en el puesto del buey, para que Melchor, Gaspar y Baltasar tengan mejor compañía, pero no en pesebre, sino en espacio digno de reyes de pacotilla.

Ante todo eso la MUD, además se hace la indiferente y sorda. No escucha, no se entera, nada reclama a Benedicto, ni siquiera que deje de ocuparse de la mula y el buey y meta ojo a los pedófilos.

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